Una molécula prodigiosa (II)


Cuando Albert Hofmann -que andaba investigando sobre los alcaloides del cornezuelo de centeno-, tropezó en 1943 con lo que él mismo llamó LSD-25 y se intoxicó por contacto con esta sustancia, supo inmediatamente que había descubierto algo muy importante, algo disruptivo.

Sandoz tuvo entonces un problema: encontrar un nicho de actividad clínica para su nueva sustancia. ¿Qué patologías podría tratar la LSD? ¿Merecía la pena comercializarla? como habían hecho con multitud de medicamentos orientados hacia las hemorragias uterinas, la migraña, la circulación cerebral y otros usos. No es de extrañar pues que el laboratorio difundiera sus hallazgos y proporcionara a las universidades y clínicas de todo el mundo, las muestras necesarias para su investigación. Y lo cierto es que no fueron demasiado escrupulosos para su difusión: cualquiera que pidiera muestras les eran proporcionadas por el laboratorio. De manera que en la década de los 50 hubo una verdadera explosión de estudios mas o menos controlados por parte de unos investigadores entusiasmados por la evidencia cada vez más intensa sobre la capacidad de esta molécula para proporcionar cierto tipo de experiencias -llamémosle de momento- inusuales.

El principal problema que planteaban estos estudios controlados era que el doble ciego era difícil de implementar, aquellos que hayan leído el post anterior ya habrán comprendido que los efectos del LSD dependen mucho de las condiciones iniciales en que se produce la toma del fármaco: actitud y escenario son mucho mas importantes que el efecto químico propiamente dicho, así la mayor parte de los estudios llevados a cabo no empleaban el doble ciego con placebo sino con otros psicofármacos de la serie dopaminérgica como el metilfenidato (Ritalin). Así y todo existe un verdadero arsenal de evidencia frente al hecho de que la nueva molécula tenia actividad frente a un buen numero de patologías psiquiátricas, como el alcoholismo crónico y no solo eso sino su uso en psicoterapia que comenzó por los hallazgos de Stanislaw Groff.

Esta bibliografía ha sido aplastada y enterrada por el acoso político y psiquiátrico que se produjo cerca de los 70. Efectivamente, el stablishment psiquiátrico supuso siempre que lo que la LSD provocaba era una psicosis tóxica, algo parecido al delirium tremens. La equivalencia entre el delirium tremens y la intoxicación por LSD parece estar relacionada con las alucinaciones de animales. Sin embargo esta teoría hoy sabemos que es falsa, la intoxicación por LSD en realidad no tiene nada que ver con las psicosis tóxicas a pesar de que es un magnifico observatorio para construir una teoria sobre las psicosis en particular con la esquizofrenia.

Lo cierto es que existe cierto solapamiento entre la locura y los estados que hoy llamamos misticos, algo que he llevado en algunos post de este blog:

Se trata de posts que dediqué a indagar en las diferencias entre el genio y la locura y tambien entre esa extraña coincidencia entre arte, locura, creatividad o estilos visionarios de algunas personas que catalogamos como místicas y que han congregado esfuerzos entre los distintos y diversos investigadores que se han terminado por agrupar en dos grandes bandos:

  • Los que creen que genio, locura, creatividad o estilos místicos son equivalentes (Lenz 1979).
  • Y los que creen que se trata de fenómenos bien distintos como Arietti (1967).

El estado de cosas tal y como revelan las investigaciones de múltiples autoridades en el tema son las siguientes conclusiones:

  • El proceso creativo, los arrebatos místicos o el talento artístico tienen cierto parecido con las enfermedades mentales y existe un solapamiento evidente entre ellos y ellas.
  • Parece sin embargo que la eclosión de una enfermedad mental inhibe y destruye las potencialidades creadoras de las personas que las sufren disminuyendo y aun clausurando la actividad artistica «per se».

Lo que nos lleva a una profunda contradicción ¿es o no es la enfermedad mental o algunas de sus características condición para llevar a cabo una tarea creadora, revolucionaria, reformadora o artística? ¿Como conjugar los hallazgos de unos y otros si parece que ambos extremos, aun contradictorios, responden a la verdad?

Fueron los psicoanalistas los primeros en hablar de una regresión al servicio del Yo, es decir una regresión momentánea y adaptada que no destruía las conexiones con el principio de realidad y que permitían al sujeto volver sanos y salvos después de una excursión seguramente liberadora a su estadío normal de conciencia que suele ser siempre el lógico-racional. Algo de esto sucede con ciertas experiencias psicodélicas causadas por drogas, se trata de regresiones con red. Algo parecido a la psicolisis, es decir a una disolución transitoria del Yo. ¿No es eso lo que los budistas proponen como remedio al sufrimiento humano?

Sin embargo y tal como el propio Arietti señala, el diagnóstico de psicosis es posible en el caso de ciertos creadores o místicos pues el elemento de fanatismo se encuentra compartido tanto en los enfermos mentales paranoicos como en los reformadores, sin embargo en estos ultimos es notable la ausencia de amargura y resentimiento.

Para Arietti la distinción entre ambos puede hacerse desde la clinica:

  • Las alucinaciones de los místicos suelen ser visuales y no auditivas (verbales).
  • Las alucinaciones invocan a personas protectoras y no amenazadoras o torturantes.
  • Su contenido suele ser grato.
  • Se experimenta un profundo aumento de la autoestima.
  • Un imporante sentido de misión.
  • Insight especiales y significativos.
  • Experiencias que aportan conocimiento.

Lo cierto es que es verdad que tanto en las experiencias psicóticas como místicas existen elementos que proceden de estadíos suprareales como prepersonales, las invenciones de los delirantes, el sentimiento de haber sido escogido por la divinidad para una importante tarea, la identificación con la divinidad misma,  las inspiraciones delirantes de los paranoicos, las torturas psicosomáticas y cenestesias delirantes, la hiperconexión con poderes sobrenaturales e invisibles son producciones que en su mayor parte no pueden ser explicadas a través de la regresión simple a la infancia e invocan una infiltración de niveles supra o transreales. Al mismo tiempo es imposible desconocer que muchos místicos presentan severas patologias narcisisticas, megalomanías irreducibles que proceden de los niveles más bajos de la evolución de la conciencia, lo que nos permite aventurar la hipótesis de que ambas poblaciones -psicóticos y místicos- pueden compartir experiencias «pre» y experiencias «trans» sin dudar de que ambas experiencias son distintas y que pueden identificarse clinicamente.

Más allá de eso es posible aventurar que la psicosis es un atajo a la propia evolución de la conciencia y que sucede más frecuentemente al alcanzar el desarrollo egoico o lógico-racional. Todo parece indicar que este estadío es un cuello de botella evolutivo que provoca atascos en la evolución individual hacia el nivel superior (el meme verde en la terminologia de Wilber) porque supone el abandono de determinadas certezas basadas en el egocentrismo, el etnocentrismo y el paso a una ecología mundocentrica, donde el Yo y el Tu quedan obsoletos por el nosotros y el Todos.

Significa que cuando una estructura egoico-racional se tambalea se abren compuertas por arriba y por abajo, las de arriba inspiran determinadas cogniciones transreales que pueden resultar amenazantes o incomprensibles a la vez que el flujo regresivo impele al individuo hacia abajo en busca de seguridad y quizá también en busca de la ignorancia primordial. Lo que importa es pues la experiencia subjetiva que podrá ser benefactora o amenazante en función del psiquismo de cada cual.

Efectivamente, LSD provoca alucinaciones visuales pero también sinestesias y palinopsias y lo que sabemos hasta ahora es que tiene un enorme potencial de cambio en nuestra concepción de la salud mental, pues lo cierto es que nuestras tecnologías actuales dejan mucho que desear, tanto las psicoterapias verbales, demasiado largas y penosas junto a los tratamientos psiquiátricos siempre insuficientes e impredecibles, por eso algunos piensan que el modelo de Groff es el modelo en el que se inspirarán los tratamientos psiquiátricos en el futuro incluyendo una psicoterapia inmersiva de corta duración. ¿Qué pensaría usted si una sola dosis de un psiquedélico como la LSD pudiera resolverle una depresión en una sola sesión?

¿Son los psiquedélicos los psicofarmacos del futuro?

Lo creo siempre que hayamos aprendido algo de los errores del pasado sobre lo que hablaré en el próximo post. El conflicto está entre la ciencia y la espiritualidad, entre lo objetivo y lo subjetivo.

Hoffman tenía razón, la terapia con LSD puede ser una tecnología disruptiva, algo que envía al museo de los horrores cientificos la mayor parte de las tecnologías anteriores. Piense en lo que representó el motor de explosión para el final de las caballerias, o la luz eléctrica para la iluminación con gasógeno o la imprenta para los copistas. Es disruptivo todo aquello que liquida los modos tecnlógicos anteriores en cualquier ámbito. Y es evidente que los psiquedélicos amenazan a la industria farmacéutica actual, ese es un peligro sobre el que volveré más adelante.

Bibliografía.-

El articulo de Wilber titulado «Esquizofrenia y misticismo» publicado en «El proyecto Atman» está completo en la red, aqui.

Arietti, S. The intrapsychic self: feeling cognition and creativity in health and mental illnes. In New York mental books 1967.

Arietti, S: Creativity: the magic shyntesis. Ney York Mental Books, 1976.

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