Drogas, espiritualidad, psiquedélicos y pánico moral (I)


A Michael Pollan ya le conocía y había hablado de él, aqui en este post sobre «El dilema del omnivoro», su ultima entrega es la que me anima a escribir esta serie de post donde seguiré su rastro critico para plantear mi opinión sobre el tema de las drogas y al mismo tiempo divulgar algunas cuestiones relacionadas con su uso, tanto médico como recreativo. De su libro -que es en realidad una historia critica sobre los psiquedélicos- me ha gustado todo salvo su titulo: «cambiar la mente», no es tan fácil y puede estar haciendo publicidad de algo que en realidad el libro trata de desmentir.

La mayor parte de la gente está en contra de las drogas sin que sepan bien a qué se refieren con esa palabra, para una persona común, droga es todo aquella sustancia ilegal que se consume por motivos de dependencia o de simple diversión, pero no las que les prescribe el médico, todo el mundo está de acuerdo en que las drogas son malas, generan adicción y degradan moral y sanitariamente a las personas que las consumen (algo que por desgracia es verdad). Dicho de otra manera: las drogas tienen mala prensa a pesar de que estamos constantemente tomando drogas, vale la pena decir ahora que la droga más consumida en nuestro país son los antidepresivos y los ansiolíticos. ¿Son estos principios drogas? Claro que lo son, pero la mayor parte de la gente considera que aquellas drogas que son consumidas por razones médicas no son en esencia drogas. La denominación de droga queda así para las sustancias ilegales.

En realidad hay muchos fármacos que tienen efectos sobre el SNC, de manera que como aviso a mis lectores hablaré de drogas cuando hable de cualquier principio activo con efectos en el cerebro. Pero lo que a mi me interesa en este momento es separar a los psiquedélicos de las drogas en general, para ello tendré que empezar por definir qué es y qué no es un psiquedélico.

No todas las drogas que tomamos -aunque tengan efectos en el SNC- nos proporcionan experiencias psicodélicas. Las benzodiacepinas, el tabaco, el alcohol, el café o los antidepresivos tienen efectos sobre el cerebro pero de su uso no se deriva una experiencia psicodélica. Pueden ser excitantes o sedantes y a veces las dos cosas a la vez, a veces tienen incluso efectos paradójicos como el tabaco (excitan si estamos aburridos o nos relajan si estamos excitados).

Otras drogas ilegales como el MDMA (éxtasis), la cocaína, las anfetaminas, la ketamina o los opiaceos tienen efectos psicotrópicos pero no psicodélicos, por eso se les llama psicomiméticos porque provocan efectos similares a la locura (a la psicosis), aunque la mayor parte de ellas se quedan en simples moduladores de la excitación-sedación. De sobra son conocidos los efectos sobre el dolor de los opiáceos, o sobre el cansacio o fatiga de la cocaína. Lo que caracteriza a estas drogas es que generan adicción, tolerancia y síndrome de abstinencia del mismo modo que el alcohol, el tabaco, las benzodiacepinas (tranquilizantes) y algunos antidepresivos.

Una buena definición de qué es un psiquedélico seria decir que con independencia de su mecanismo de acción (casi siempre subordinado a la serotonina) genera experiencias de tipo místico. Dicho de otra manera generan experiencias de tipo no-dual.

Para entender mejor que es esto de una experiencia no-dual invito a mis lectores a leer el articulo que llamé «Una doble conciencia» donde encontrará las razones por las que nosotros los humanos somos duales, y los efectos que el lenguaje ha tenido en nuestro registro anímico. Como ese articulo es bastante largo os haré un resumen rapido:

El sueño (nuestro sueños) son un ejemplo de conciencia no-dual.

Participante y participado.-

Los sueños son la manifestación mas doméstica, reiterada y conocida de nuestro inconsciente, sea lo que esto sea (otros hablan de consciencia primigencia) cuando se proyecta en la consciencia. Aparecen en nuestra consciencia onirica salvas de ondas REM a 40Hz (igual que en la vigilia) en paquetes de pocos minutos y se repiten a lo largo de la noche, unas veces los recordamos y otras veces se olvidan pues no llegaron a grabarse en la memoria a corto plazo. Lo más interesante de los sueños es que plantean una encrucijada epistémica fundamental: somos sus autores y sus espectadores simultánemente.  El dilema sujeto-objeto desaparece y vuelve a aparecer en la vigila.

Participamos en el sueño y somos participados por él, luego cuando los recordamos o los narramos a alguien emerge esta contradicción: no reconocemos nuestra autoría, no nos reconocemos en el guión de esa película que proyectamos ante nuestros ojos.

Pero no es sólo en los sueños donde podemos observar esa mente escindida que conocemos con el nombre de autoconsciencia. Nuestra mente parece estar diseñada para eliminar todos aquellos elementos  que no resuenan con nuestra mente vigil, algo asi como si el cerebro se encargara de borrar aquello que considera ruido. Y el ruido es siempre el rumor de fondo del inconsciente, es decir de nuestros rastros de consciencia prepersonal. Nuestra conciencia permanece casi siempre entornada. Como si un filtro impidiera manifestarse aquello que se manifiesta en los sueños o en la conciencia infantil, ese asombro de ver algo por primera vez. Recordemos esto para entender porqué las experiencias psiquedélicas son denominadas «viajes». Pues es en el viaje cuando vemos algo por primera vez..

Ser participante y participado (sujeto u objeto) es el subproducto de la Gran Escisión, es decir una de las consecuencias de tener una conciencia doble, como esas bolas de helado que se superponen en un mismo cucurucho y que ya Freud señaló a través del concepto de Spaltung y más adelante Lacan simbolizó con su idea del sujeto barrado ($).

Un sujeto es algo distinto a lo que Freud llamó el Yo, un sujeto es sobre todo un Yo dividido por el lenguaje, dividido y alienado pues el lenguaje aliena al sujeto subordinándolo a unas reglas arbitrarias y supuestamente consensuadas que dan lugar a notables desencuentros. La idea de que es el lenguaje el que barra al Yo y lo convierte en Sujeto es una teorización lacaniana que implica la idea más fácilmente comprensible de que en nuestra mente coinciden al menos dos tipos de consciencia . Una conciencia que hemos llamado prepersonal, recursiva o autoconsciencia superpuesta a una consciencia primordial: se trata de lo inconsciente.

Consciente e inconsciente componen pues nuestra consciencia dual.

El inconsciente o la conciencia primigenia.-

Hubo un tiempo en que el mundo estuvo más vivo que el que nosotros nos representamos hoy y lo estaba porque el mundo y nuestro interior eran la misma cosa, sin separación. Y esa etapa donde no había separación entre el mundo y nosotros duró eones de tiempo, es precisamente esa la razón por la que el inconsciente nos persigue constantemente, siempre esta ahí, haciendo de las suyas, es mucho mas antiguo que nuestra mente autoconsciente. El inconsciente tiene mucha más potencia que nuestra consciencia autorecursiva (egoico-racional), pero a cambio esta ultima «apaga» y obtura la posibilidad de vislumbrarla, del mismo modo que la luz del sol nos impide ver las estrellas. Y sin embargo están ahí.

Y si podemos tener experiencias no-duales es porqué disponemos de un registro enterrado que algunas drogas pueden amplificar y proporcionarnos una experiencia no-dual que es lo mismo que decir una disolución del Yo o si se prefiere un reseteo del cerebro. Este reseteo es fugaz, significa que dura un cierto numero de horas y luego se vuelve a la conciencia normal, sin embargo deja en los sujetos que lo han experimentado una impronta que pueden recuperar conscientemente si la experiencia tuvo el suficiente calado para recordarla con placer.

Estas drogas son fundamentalmente el LSD-25, la psilobicina y la mescalina. Una sustancia de síntesis, el LSD derivada del cornezuelo de centeno y sustancias naturales sintetizadas por ciertos hongos. El cannabis a través el alcaloide THC pero no del cannabidiol, se encuentra a medio camino entre una droga psicomimética y psicodélica es decir es capaz de generar psicosis prolongadas a la vez que tienen propiedades médicas más que conocidas. Lo interesante de estas drogas es que no generan dependencia, ni abstinencia ni tolerancia. Pero lo cierto es que pueden provocar estados psicóticos. ¿Por qué?

Más arriba sugerí que los efectos de estas drogas dependen del tipo de experiencia que proporcionan y no tanto de su efecto químico. Una de las cosas que más llamaron la atención a sus exploradores fue que el efecto no era siempre el mismo. Debemos a Alfred Hubbard, el protocolo que lleva su nombre y que caracteriza la evidencia de que sus efectos dependen de dos variables: Actitud y escenario. A lo que yo añadiría otra: la edad. Los sujetos jóvenes son más vulnerables que aquellos adultos que ya han cimentado su psiquismo y que son los que no suelen naufragar a la experiencia psiquedelica.

Actitud significa que lo que se haya leído, lo que se sepa, el pánico moral social, los prejuicios y temores, las sugestiones recibidas y en suma lo que el sujeto piense sobre lo que va a suceder junto con lo que puede haber de amenazador en su inconsciente tiene mucho que ver con la experiencia que tendrá y que esta experiencia puede ser liberadora o aterradora. El escenario se refiere a cómo se consume el psicodélico, no es lo mismo tomarlo en un bosque con arroyos y flores alrededor que en una discoteca, con un acompañante o guía o solo. Actitud y escenario tienen mucho que ver con sus efectos y seguro que volveré mas adelante sobre esta cuestión cuando plantee qué es eso de una experiencia espiritual.

Los psiquiatras que saben sobre esta cuestión se dividen en dos grupos: 1) los que piensan que la experiencia psiquedélica es una psicosis tóxica y los que piensan que es un experiencia mística, es decir los que consideran el modelo psicomimético y los que consideran el modelo psicodélico que parece que poco a poco va siendo sustituido por el modelo enteogenico.

En el próximo post exploraré las razones por las que casi 20 años de investigación y evidencias médicas fue ninguenada por los gobiernos a partir de la declaración de guerra que hizo Nixon a las drogas y que todavía se prolonga hasta nuestros días. El lector podrá observar como la investigación médica sobre este asunto comenzó en los 50 y se prolongó hasta 1970 aproximadamente y podrá comprobar el papel que en el futuro podremos obtener del uso médico de estas sustancias. Pues hay una buena noticia y es que actualmente se está volviendo a investigar sobre los efectos que estas drogas pueden proporcionar a la medicina y sobre todo a nuestra especialidad, la Psiquiatría.

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