La moral disonante


La moralidad excesiva es una amenaza para las democracias (Pablo Malo)

En musica llamamos disonancia al sonido simultáneo de dos o tres notas que parece que no encajan entre sí, sucede con las segundas y séptimas aumentadas y disminuidas, es decir con aquellos intervalos de segunda o de séptima como por ejemplo el Do y el Re o el Do y el Si, sea natural o bemol. La mejor manera de comprender qué es una disonancia es pulsar la nota Do junto al Do#, notará cierta repugnancia en su oido, eso es una disonancia.

Ahora bien, las disonancias para que sean disonancias de verdad hay que oírlas aisladas del conjunto, por separado, porque son dependientes del contexto y en ciertos entornos son muy agradables, así como las consonancias dan una percepción de algo acabado, cerrado y que gusta al oido, la disonancia aparece como algo abierto, suspensivo, misterioso. Una forma de entrenar su oido a las disonancias es oír a Erilk Satie, el maestro de las séptimas mayores.

Pero también existen las disonancias cognitivas que pueden definirse como la tensión o desarmonía interna del sistema de ideas, creencias y emociones (cogniciones) que percibe una persona que tiene al mismo tiempo dos pensamientos que están en conflicto, o por un comportamiento que entra en conflicto con sus creencias. Es decir, el término se refiere a la percepción de incompatibilidad de dos cogniciones simultáneas, todo lo cual puede impactar sobre sus actitudes. Ese doble pensar tan humano que nos lleva a contradicciones entre lo que somos y lo que nos gustaría ser, la esencia de lo neurótico es esta disonancia y lo conflictos que genera sobre todo y por decirlo en términos conductuales, conflictos de atracción-evitación.

Y por supuesto podemos hablar también de disarmonías morales pero para eso tenemos que definir qué es la moral y de dónde proceden los sentimientos morales y más allá de eso qué diferencia existe con la ética.

La moral es una serie de reglas impuestas por un grupo determinado para el control de los individuos, con el fin de asegurar la cooperación, su origen es tan antiguo como la humanidad: reglamentar sobre todo la codicia (el robo), la sexualidad (sobre todo la de la mujer y el adulterio) y el crimen en general. La moral evolucionó pues a través de reglas religiosas o políticas de cumplimiento obligado y que lleva aparejada una sanción o castigo: la pena de muerte, la cárcel o el exilio, en los casos menores multas económicas. Lo importante es comprender que la moral es siempre una imposición del grupo al individuo.

La ética como la palabra «etología» procede del vocablo griego ethos y efectivamente, esta palabra hace referencia al lenguaje común -en contraposición al pathos de las pasiones- pero también (costumbre) está emparentada con la latina mor-is que significa lo mismo, es decir los usos y costumbres (la virtud y los valores) que llevamos y compartimos con nuestro grupo para vivir en sociedad y eludir los conflictos. El conjunto de reglas que gobiernan nuestra vida en común. Sin embargo entre nosotros cabe hacer una distinción, la ética es individual y de poco fiar por ser sobornable, la moral es colectiva, grupal y es de alguna forma implacable con sus derivadas: la vergüenza, la exclusión y la culpa. En este sentido la ética tiene una dimensión más psicológica y está de alguna manera individualizada, mientras que la moral la tiene más social y tiene una carácter mas normativo.

De lo que se trata en amos casos es de favorecer la supervivencia y la indemnidad de los individuos y también de sus modos de orientarse en la vida, sus elecciones y opiniones y su idiosincrasia. La ética tiene un mandato «No hacer daño» y otros colaterales como ayudar a sobrevivir a cualquier ser vivo de nuestra especie, mientras que la moral vigila por los intereses del grupo y de la supervivencia del mismo en un plano mucho más colectivo. Para la moral lo que interesa es el grupo, para la ética lo que interesa es el individuo.

No es raro pues que individuo y grupo vivan en una continua tensión puesto que a veces lo que es letal para el grupo puede ser considerado como vital para el individuo. La mayor parte de las veces sin embargo, ética y moral conviven sin particulares disonancias. Por ejemplo el homicidio es una actividad prohibida y perseguida por la moral y el derecho y también está penado éticamente.

Pero no siempre sucede así y me propongo poner algunos ejemplos de qué sucede cuando los individuos rotulamos un problema como moral que en realidad corresponde tratarlo como ético y viceversa. Pero antes me gustaría señalar que la moral es anterior a la ética individual y evolucionó como conducta como una forma de minimizar las ganancias de los tramposos y de castigar a los infractores. La dialéctica entre grupo e individuo se encuentra además en el  centro de la biología evolucionista, aun hoy existe una discusión sobre si la unidad evolutiva de las especies es el gen como propone Dawkins o el grupo como propone E. O. Wilson entre otros y lo cierto es que existen pruebas tanto en un sentido como en otro.

Lo moral según Freud.-

Aunque este post está presidido por una carátula de un libro de Kahneman, en realidad es para recordar que gran parte de las ideas que recoge en su libro «Pensar rápido, pensar despacio» puede ser aplicado a los dilemas que planea la moral en su doble acepción, la que le da en este articulo titulado «Them, They, Theirs» de Richard Hanania, un articulo que se plantea porque algunas personas consideran más reprobables los insultos racistas que la violación o la transfobia que el asesinato. Lo que se plantea el autor de este articulo -basándose en algunas ideas de Daniel Kahneman- es qué ha sucedido en nuestro mundo para que una cuestión de pronombres sea más perseguible y cancelable que un crimen o que incluso un genocidio.

Para entender este dilema hemos de comprender que nuestro sistema moral es dual, como casi todo en nuestra mente, No quiero decir que tengamos una doble moral sino -como veremos más abajo- que la moral puede invertirse. Pues procede del grupo y es el grupo quien la gobierna a través de la ventana de Overton.

Según Freud el Superyó tiene al menos dos partes: el Yo ideal y el Ideal del Yo. Una parte del Superyó es consciente y otra parte inconsciente.

El Yo ideal es el Yo al servicio del Ello (del placer), es decir de los instintos-pulsiones. En el extremo es el Superyó del psicópata: «es bueno lo que para mi es bueno, es bueno lo que me proporciona placer». En el centro: es bueno lo que todo el mundo piensa que es bueno, hay que ser como los demás creen que hemos de ser. La moral socialdemócrata con todos sus rastros «buenistas» es un buen ejemplo de ello: «Es bueno que sea así luego es así

i».

Las ideas feministas, la tolerancia a los disidentes sexuales, el animalismo, el veganismo, el matrimonio entre homosexuales, el aborto, nos parecen hoy tolerables porque hemos sido entrenados por Overton.

La falacia moralista es una buena apoyatura de esta instancia psíquica que efectivamente es moral aunque enfocada hacia nuestros intereses que en este caso tienen que ver con nuestra reputación pública.  Y a la mayor parte de las personas les gusta sentir que son buenos e incluso se ha hablado de exhibicionismo moral, (postureo) es por eso que los dictámenes de la mayoría social se siguen sin crítica. Es verdad porque es bueno que así sea.

El Ideal del Yo, por el contrario es la parte punitiva del Superyó, es la que nos castiga cuando nos desviamos de la norma social, la responsable de la culpa y del remordimiento individuales. Cuando hacemos algo que sabemos «malo» o no damos la talla que nos exigimos nos castiga de una u otra forma: con ideas culpables o con malestares corporales, con caídas intempestivas o con accidentes. «Es bueno que sea así porque ciertas coerciones son necesarias para la vida en comun».

El Ideal del Yo es el representante de la primera instancia punitiva que conocimos en nuestra infancia, representante de la madre o del padre. En otro lugar hablé de cómo nos identificamos con esa instancia dependiendo de nuestras figuras parentales y de los mecanismos que usamos para defendernos de sus embates. El Ideal del Yo es un potente inhibidor de la agresión.

Lo importante es comprender que mientras el Yo Ideal sigue el rastro del principio del placer (ser bueno por el placer y las ventajas de serlo), el Ideal del Yo es una instancia antiinstintiva que censura y castiga ese mismo placer. Mientras que el Yo ideal es una fuerza pro-narcisista el Ideal del Yo es profundamente anti-narcisista y se opone a la grandiosidad del Yo tan típica en ellos. Es por así decir su antítesis, la pócima anti-narcisista por naturaleza.

Dicho en palabras de Kahneman diríamos que hay un Superyó que recuerda y un Superyó que vive día a día. Pero para mi lo importante y lo que explica que la mayor parte de la población siga los dictados de su «Yo ideal» es que esta parte moral no es punitiva sino hedonística, algo así como ser buenos porque quiero que los demás crean que soy bueno y que pienso como ellos». es por eso que los individuos que siguen esta regla son mucho mas conformistas de lo que parecen y por supuesto mucho más influenciables que los inconformistas que siguen el dictado superyoico.

Ahora bien nuestra vida transcurre en esa dialéctica buscando su equilibrio: atendemos a esos dos amos que nos gobiernan desde la cuna: «esto no se hace» o «hay que compartir y ayudar a los demás», cooperar y competir: se trata de dos mandatos que el individuo ha de lograr reunir en una conducta o cognición individualizada.

El Colgado del Tarot.-

Volvamos ahora a las preguntas que se hace Richard Hanania en su articulo, ¿Cómo es posible que la moral woke, la moral actual progresista haya pervertido de tal modo la escala de valores tradicional hasta el punto de que pequeñas agresiones se consideren merecedoras de grandes castigos?¿Cómo explicar que un crimen contra un negro o una mujer tenga más relevancia moral y distinta sanción a si la víctima es un hombre blanco heterosexual? ¿Cómo explicar que Macron y las autoridades francesas culpen a los aficionados del Liverpool de ser los causantes del caos que pudimos presenciar en la final de la Champions?

Estoy seguro de que si hablara con un progresista en una habitación cerrada, ambos llegaríamos al consenso de que asesinar es más grave que insultar o que violar mujeres es más grave que ser racista. El asunto es que al salir de la habitación volvería el disenso: él seria capaz de encontrar razones morales por las que sancionar con la exclusión a quien diverja mínimamente de su discurso mientras que hará oídos sordos a las graves conductas que ponen en riesgo la intimidad de las mujeres o la vida de los ciudadanos.

Siempre me viene a la memoria una frase que oia en mi pueblo cuando hacian toros y habia alguna cogida en el ruedo:-

-¿A quién ha cogido el toro?

-A nadie, a un forastero.

Un forastero es efectivamente uno de ellos, no uno de nosotros y por tanto no necesita nuestra ayuda o solidaridad, ni siquiera nuestra preocupación. Así funciona la mente humana y esa es nuestra mayor vulnerabilidad a las ingenierías sociales.

No es difícil pues entender que la moral puede ponerse patas arriba, pues tal y como decía Jung, «lo que está dentro es lo opuesto a lo que está fuera». De eso habla ese arquetipo que en el Tarot toma el nombre del Colgado. No es solo una detención, una espera, un seguir haciendo lo que se hacía ayer, es simplemente darle la vuelta a un argumento moral.

Ese es el argumento que defendió Macron el día de la final de la Champions y ese es el argumento hedonístico que sigue la mayor parte de la población en los estertores del liberalismo, pues el liberalismo no puede ejercer de Superyó de la población pero funciona bien como señuelo de todos los vicios.

Son las disonancias morales las que terminaron con la República romana y lo serán de nuevo en nuestro mundo.

Contra el relativismo moral

3 comentarios en “La moral disonante

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