Las tres plataformas del amor


Es muy posible que la siguiente afirmación que voy a hacer, cree en usted cierta disonancia: «El amor no nos viene de serie», pero no se venga abajo y siga leyendo mis argumentos. El amor no nos viene de serie, lo que nos viene de serie, en nosotros los mamíferos es el apego. El apego puede definirse como una serie de reflejos innatos como el hozar, el reflejo de prensión o el mamar. Pero el apego tiene también una parte conductual que consiste en:

  • Esforzarse por mantener la proximidad con la persona con la que se está vinculada
  • Resistirse a la separación sintiendo ansiedad, desolación y abandono ante la pérdida
  • Mantener un contacto sensorial privilegiado con la figura de apego
  • Usar la figura de apego como base de seguridad desde la cual poder explorar el mundo físico y social
  • Refugiarse en la figura de apego en momentos de tristeza, temor o malestar, buscando en ella apoyo y bienestar emocional.

Pero este conglomerado de conductas no son el amor tal y como nos lo representamos los adultos, tampoco tiene nada que ver con lo sexual como supuso Freud sino con la preservación. Efectivamente los niños de corta edad no pueden amar, pues el amor es un aprendizaje, algo que va constelándose en la conciencia a través de sucesivos pases cronobiológicos. Aprendemos a amar del mismo modo que aprendemos cualquier otra cosa. Las creencias por ejemplo son un aprendizaje versátil, tanto como el amor que goza de un privilegio dinámico como veremos más tarde.

El amor necesitará dos condiciones para que pueda aprenderse, necesita en primer lugar a un amador, es decir alguien que ame al niño, su cuidador principal, la madre y otras figuras alternativas, aunque solo la madre activó su apego de forma simultánea con el niño favoreciendo así la satisfacción de sus necesidades. Todo adulto contiene este dispositivo de apego que puede activar o desactivar según ciertos gatillos y que incluye la agresión: en toda la escala animal se ha observado que el parto y el mantenimiento del nido requieren la activación de la agresión de defensa, esto explica la depresión y la psicosis post parto pues el parto y el puerperio son los principales gatillos que activan esta función, pero la madre no dirá que siente apego por su bebé, dirá que lo ama y es verdad que -en el mejor de los casos- la madre ama a su bebé, pues sus sistemas de apego entran en resonancia prácticamente desde el embarazo.

La primera plataforma.-

La primera plataforma equivale a nuestro cerebro profundo, tallo cerebral, ganglios basales y hipotálamo. En esta plataforma se encuentran lo que hemos conocido con la palabra instintos: el de preservación y el reproductivo. Hoy los psicólogos evolucionistas tienden a contemplarlos simultáneamente a través del concepto de fitness, pero nosotros vamos a verlos como en la época clásica: formaciones nerviosas que pueden estimularse, inhibirse o dirigirse a partir de estímulos externos o internos y cuyo fin es la supervivencia del individuo o la especie (Tinbergen). En esta plataforma existen además varios zombies que actúan por separado, el zombie de la lucha y la huida, el zombie sexual-aproximación, el zombie del hambre, o el de la agresión por nombrar solo a los más importantes y que comparten tanto agenticidad, como finalidad.

La primera plataforma lo que lleva a cabo de una forma pulsátil (a través de gatillos) es un volcado de datos (dump) a la segunda plataforma. De abajo-arriba y de detrás adelante.

En la primera plataforma no hay amor, sino apego y agresión fuertemente indiferenciados.

La segunda plataforma.-

La segunda plataforma es el cerebro medio o límbico, bien conocido como cerebro emocional, sobre todo a través de la amigdala y en nucleo accumbens y caudado a través del concepto de saliencia (preferencia), Los datos volcados sufren un proceso de etiquetado, es decir se convierten en metadatos que llevan una señal (esto es agradable, o esto es desagradable, esto me gusta o esto no me gusta). Los niños comienzan a obtener placer del movimiento, del juego, de la compañía de otros niños, etc. Y al mismo tiempo siguen recibiendo amor y más que eso sabe que su madre -a su vez- también ama a otros, a su padre y a sus hermanos.

Lo importante es refutar la idea freudiana de que los niños compiten con su padre para acostarse con su madre. En realidad los niños compiten con sus hermanos por la teta materna, por ser el preferido, por obtener ventajas y prebendas en su comparación con los otros hermanos. Los niños no quieren matar a su padre sino a sus hermanos, esos son los verdaderos rivales (efecto Westermarck) . Aquí vemos como el deseo de amor viene acompañado de celos con los hermanos, competividad o rivalidad. Vemos cómo la necesidad de amor -inagotable- viene filtrada por la agresión, así permanecerán unidas a veces para siempre, otras veces lograran separarse no sin antes llegar a la tercera plataforma que en realidad es la más moderna y frontal.

En la segunda plataforma hay preferencias y placeres, sensualidad y por supuesto toda la parafernalia del apego, pero todavía no hay amor pero puede haber compulsión u obsesión.

La tercera plataforma.-

Los datos volcados por la primera plataforma y tras su etiquetado emocional pasan a la corteza cerebral, es decir a nuestro cerebro lógico racional. Su función es hacer inteligible, lo sensible. Aquí ya podemos observar al amor en su pleno dominio, pues el amor es un sentimiento, no una emoción, es decir es en parte emoción y en parte idea. Lleva una impronta de pulsión, una etiqueta de emoción y una idea, es decir de cognición. Aquí ya podemos decir «te quiero» y no solo «te deseo» o «tengo ganas de» o «me gusta esto o lo otro»: las preferencias que forjan cualquier etiquetado.

Entre estos tres niveles pueden haber incoherencias, disonancias pero también coherencias y buenas amistades y excepciones. Por ejemplo puedo amar lo que me gusta y no solo lo que me conviene, puedo tener relaciones sexuales placenteras con mi pareja o con cualquier otra, con o sin amor, o pueden quedar rastros de agresión, celos, sospechas, en cualquiera de estos sucesivos pasos.

Pero lo que me interesa plantear en este post es la función que el amor lleva a cabo como síntesis dialéctica entre contrarios.

Suelen decir los filósofos de la mente que nuestro psíquismo es dual, pero ahora me propongo desmentir esta idea. En realidad somos trinitarios y solo somos duales en el sentido de que nuestra conciencia no haya alcanzado la suficiente elevación para construir ese «tertium inter pares» que opera como síntesis de agonistas y antagonistas. De no ser por el amor ¿cómo conseguiríamos disociar estos afectos que nos vienen de serie en la primera plataforma como apego y agresión? El amor en este sentido sirve para regular agonistas y antagonistas y a la evz para segmentar los afectos, del mismo modo que las comidas segmentan el día y los domingos segmentan la semana. Los carnavales segmentan la rutina y los aniversarios segmentan los años.

Es decir, construir diferencias sensibles y a veces sutiles entre cosas parecidas, el amor a un amigo, el amor a un niño o el amor a una pareja.

De lo contrario percibiríamos las atracciones o preferencias como iguales, los afectos sin matices, los días como iguales (como les sucede a los depresivos) y a todo el mundo igual a si mismo, sin conexión o vinculo afectivo, solo el sexo podría subsistir en un mundo así pero excluiría a todos aquellos no interesantes para tal fin. Sin amor no seriamos capaces de separar a seres queridos (comenzando por los parientes) de los indiferentes. A los niños de los adultos.

El amor añade una tercera dimensión a los conflictos esperables entre afectos de escalada y desescalada. A través del amor sabemos que es posible amar de distintas maneras, nuestro trabajo o profesión, nuestros amigos, nuestras parejas, nuestros hijos a nuestros padres, etc. Lo interesante es que esta segmentación da lugar a distintos tipos de amor: lo que se siente por un hijo no es lo mismo que lo que se siente por un compañero o pareja. Pero no es que existan distintas formas de amar sino que el amor, la emergencia del amor establece una nueva taxonomía, pues el amor es eso, algo que emergió del apego biológico que nos viene de serie, algo que se seleccionó positivamente por la evolución que garantizaba no solo la supervivencia (que tenia suficiente con el apego) sino que se fundió con el sexo dando lugar a una nueva semántica amorosa, escalando en una nueva dimensión y construyendo otros tipos de amor.

Así sabemos que el amor nos introduce en un mundo muy complejo de relaciones y de escenarios, podemos amar a alguien sin sexo (y por la misma razón tener sexo sin amor), que hay personas prohibidas o consagradas que no están disponibles, etc. El amor lleva consigo una ética del amor y del cuidado que respeta lo sagrado pues su origen es desconocido, por eso llamamos sagrado a ese segmento de lo desconocido. Pues seguimos sin saber porque amamos lo que amamos, al menos en ese tipo de amor que llamamos romántico.

Sin embargo el origen del amor, lo que le hace necesario para ordenar la diversidad de afectos complejos con los que vamos a lidiar en nuestra vida, es precisamente su carácter de atalaya reguladora de afectos incoercibles o en discordia (el amor regula el sexo y la agresión) pues proceden de lo más profundo de nuestra mítica necesidad que no es solo una necesidad de alimentación, sino de contacto, de poder compartir con alguien lo más preciado de nuestra subjetividad.

En mi próximo post hablaré de los destinos del amor

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