Los zombies de tu mente (II)


Los que leyeron el post anterior recordarán que propuse pensar a los eneatipos como zombies, pero esto merece una explicación previa: un zombie es un personaje ficticio que puede conceptualizarse como un muerto-vivo, algo que parece un oxímoron puesto que «vivo» parece lo opuesto a lo «muerto». Sin embargo esta es una trampa de nuestro lenguaje categorial, en realidad lo opuesto a lo vivo es lo no-vivo, aquello que no ha llegado a ser. La muerte es el destino de lo vivo pero no su opuesto. Lo opuesto de la vida no es la muerte, sino aquello que no nació, lo que no llegó a estar vivo. Todos nosotros y todos los seres vivos somos contingentes, un minuto antes de la fecundación que -entre un espermatozoide y un ovulo se produce-, ya no tendría el mismo resultado y es posible que no tuviera ninguno. Yo no tengo hermanos y eso es lo opuesto a la vida que se derramó en mí y me hizo por eso contingente, no somos necesarios, somos producto del azar.

Un zombie visto desde el punto de vista neurocientífico -como propone Eagleman- es como un virus, no está vivo ni muerto, pero tiene una propiedad de los seres vivos: la reproducción, para lo que necesita una célula viva a la que inyectar su ADN para perpetuarse dentro del ADN colonizado. Para nuestro propósito, el zombie es una metáfora de algo vivo que funciona independientemente de nuestra voluntad y que además de eso carece de conciencia propia. Algo así como una rutina de programación si preferimos la metáfora del ordenador.

Es por eso que propongo ver a los eneatipos cómo zombies, como subprogramas. A partir de ahora llamaré zombies a estos programas que en realidad son rutinas cerebrales autónomas que evolucionaron independientemente unas de otras con el fin de proteger al individuo, a la especie y a su grupo social.

Recordemos esos nueve zombies:

Un zombie se forma con el contacto del sujeto y su medio ambiente y resulta en un fenómeno que es en realidad la fusión de un elemento agonista con su antagonista: una herida emocional junto a la estrategia de amortiguación puesta a punto para equilibrar el sistema. Así el perfeccionismo del eneatipo I es el resultado de la confluencia de dos factores, por un lado la experiencia de imperfección, de escaso valor, y la contraestrategia cognitiva asociada que seria una formación reactiva, el perfeccionismo sería la defensa actualizada de ese sentimiento de escaso valor o de imperfección. El fenómeno -algo que viene de fuera- seria la herida emocional, resultante de la impresión que el individuo recibe de su medio ambiente, la estrategia seria el amortiguador antagonista, pero ahí no queda la cosa, puesto que cada uno de esos fenómenos se arboriza a través de ciertas redes semánticas relacionadas con el zombie original, el grafo original. Así el zombie «juez» está relacionado con el zombie «perfeccionismo» y también con el eneatipo 8, el justiciero. Y es por eso que el criticismo, la condenación del otro (acusación) y la duda sobre las equivocaciones tienen relación semántica con ese zombie.

Veamos más de cerca del zombie 3 (Seductor). ¿Para qué queremos seducir?

Seducir es una manera de competir establecida socialmente y bien distinta a la competencia agonística, por eso se llama competencia hedonística, sobre todo en aquellos que dependen de la opinión de los demás a la hora de autoevaluarse. Pero uno puede seducir por muchas razones:

1.- Para conseguir sexo o pareja.

2.- Para medrar en el trabajo y adquirir estatus

3.- Para tener éxito profesional o en cualquier ambito.

4.- Para conseguir reconocimiento.

El eneatipo 3, necesita reconocimiento -pues no fue suficientemente reconocido o quizá abandonado a su suerte- y es por eso que utiliza la seducción para obtenerlo. Agonista y antagonista otra vez y otra vez un árbol semántico. Todos esos propósitos pertenecen al zombie seductor, están relacionados semánticamente con él. El seductor puede ser desde un psicópata, hasta una persona muy meritoria, pasando por tramposos, aduladores o exhibicionistas. El que seduce persigue un propósito y es su pretensión de medrar en una determinada actividad o bien cuando se refiere a otra persona: obtener la atención completa de la misma.

Del mismo modo sucede en la patología. Observemos un síntoma muy común: la ansiedad. La ansiedad es un síntoma co-ocurrente en múltiples trastornos e incluso en situaciones de personas normales y corrientes. Lo podemos encontrar en otros zombies, como la depresión, la obsesión, la fobia social, la agorafobia, el trastorno de pánico, el pensamiento rumiativo y en muchas condiciones normales de la vida como la ansiedad social (el miedo a la exclusión), la anticipación de un examen o una prueba esencial, etc. Lo importante es retener que «ansiedad» es un zombie central, un grafo muy importante porque tiene muchos enlaces a otros zombies y muchas reentradas, de tal manera que tiñe y destiñe el panorama mental según y con quien se alíe en un momento determinado.

Lo importante es comprender que disponemos de muchos zombies, millares y que se activan o desactivan según la función que el Yo desempeñe. Yo no activo los mismos zombies, cuando estoy con mi familia, que cuando estoy de viaje, o cuando salgo de fiesta con mis amigos o cuando doy una conferencia en la universidad. Y no lo son mis zombies activos, pero yo soy el mismo, es decir mantengo una conciencia de unidad y de estructura que es permanente sean cuales sean los zombies empleados para la ocasión.

Dicho de otra forma: cuando adquirimos ciertos roles activamos distintos zombies, a no ser que estemos embriagados o drogados. es interesante señalar que el alcohol disuelve momentaneamente los enlaces entre zombies, lo que nos lleva a hablar de dos zombies muy importantes: la alegria y la pena. La mayor parte de nosotros pensamos que la alegria y la pena son dos emociones opuestas , lo que nos lleva ahora a ver qué cosa es eso de los opuestos.

También es importante señalar que la dualidad radical de la esquizofrenia o la polaridad entre zombies hermanos como la alegría-pena, son los fenómenos extremos de esta dicotomías.

Dualidad y polaridad de la mente.

El Todo es la suma de las partes siempre y cuando las partes no se conozcan entre sí (Almudena Grandes)

Polaridad y dualidad son dos conceptos bien distintos y que dan lugar a patologías mentales diferentes, en el primer caso el más conocido ejemplo es el trastorno bipolar, en el segundo caso la esquizofrenia.

Tal y como puede leerse en este post existe una diferencia entre dualidad y polaridad.

Pero para que ambas emociones se puedan integrar o recombinar  es necesario que la una no reniegue de la otra, La alegria evolucionó de forma bien dstinta a la pena. La alegria es probablemente mucho más antigua que la pena pues se ha relacionado con la fiesta, con la celebración que los primitivos llevaban a cabo cuando cobraban buenas piezas y podian prever provisiones para el futuro y un largo invierno. La pena por el contrario precisó de la aparición de vínculos afectivos entre las personas que les hicieran llevar a cabo duelos ante las perdidas. Para que aparezca la pena es necesario que el individuo sepa que su ser querido (probablemente un hijo) se ha perdido para siempre, que la muerte es irreversible, algo que nos impulsa a retirar esfuerzos por lo que ya no puede arreglarse. En este sentido la pena es una señalización de algo importante que se perdió y efectivamente la alegría es el antídoto de la pena que en cualquier caso no debe contemplarse como opuestos irreconciliables sino como zombies relacionados. Sin la pena seriamos muy vulnerables y no podríamos despegarnos de aquello que nos ofrece protección o seguridad pero nos protegería de la depresión. Podríamos -sin pena- ser dependientes o psicópatas pero no depresivos. Si tenemos capacidad para deprimirnos es porque somos capaces de sentir pena, no solo por las perdidas reales sino también por las perdidas simbólicas, del mismo modo sucede con la ansiedad (que es en realidad un mecanismo de detección de amenazas). Podemos sentirnos amenazados por la proximidad de un examen: se trata de un disparador simbólico.

En suma pena y alegría están relacionadas son emociones (zombies) relacionados por fuertes enlaces. Sin embargo es necesario señalar que si bien la alegria controla a la pena, la pena en realidad no controla a la alegria sino a la rabia como podemos ver en este esquema de MTC (medicina tradicional china):

Para nosotros los occidentales ,-acostumbrados como estamos al pensamiento categorial (sean o no opuestos)- nos resulta difícil entender la forma en que se relacionan los opuestos como la alegría y la pena. ¿Cómo interactuan unas emociones con sus opuestas?

Hay dos formas de imaginarlas y las dos son falsas, la primera es «una después de la otra», es decir la forma secuencial. La segunda forma de imaginarnoslo es «o una o la otra», es decir la alegria colapsaria la pena o viceversa.

Lo cierto es que ninguna de estas formas de pensar refleja  de modo convincente lo que sucede en la realidad: la alegria no neutraliza la pena del mismo modo que el frio neutraliza el calor o el azucar lo amargo del café, tampoco colapsa la posibilidad de sentir pena, antes al contrario en la alegría está el germen de la pena, su momento energético esta vez si, colapsado pero con la posibilidad de expansión-contracción.La alegria y la pena (la vida y la muerte, el placer y el dolor) son los dos polos de una misma realidad: los planes de la vida y la alternancia de los arquetipos de la destrucción y la reparación.

Hay en la alegría un rastro de pena, todos ustedes pueden experimentar esta dulce y sosegada emoción alguna vez.

Lo que parece que sucede es más bien una relación de retroalimentación y más allá de eso una realimentación con reentrada por decirlo en terminologia neurocibernetica. El verbo mas utilizado en la MTC (medicina tradicional china) es que una emoción «controla», «nutre» o «desgasta. Se trata pues de tres formas de interacción.» En el caso que nos ocupa la alegría controlaria (pondría limites) a la pena.

¿Pero que significa controlar?

Controlar significa inhibir, poner limites, en este sentido la alegría inhibiría o limitaría la expresión de la pena que a su vez inhibiría o limitaría la expresión de la rabia pero que seria alimentada (nutrida) por la Tierra (reflexión) y a su vez alimentaria (nutriria) al Agua (miedo). Estos circuitos no son simples circuitos de realimentación sino que precisan de conexiones suplementarias o de reentrada procedentes del medio tanto externo como interno.

Estas reentradas son hiperconexiones neuronales transversales que se forman a través de las significaciones y la mentalizacion del sentido que realiza constantemente nuestra mente y que se imprime en el cerebro en forma de nuevas conexiones. Son precisamente estas conexiones las que se encuentran inhábiles o averiadas en el trastorno bipolar.

Por eso:

Es por eso que lo que importa es como se relacionan los zombies entre si, el misterio se encuentra en los enlaces, en las formas en que estos zombies interactuan entre si, bien a traves de la nutrición (refuerzo), la oposición agonística (desgaste) o el control (inhibición).

3 comentarios en “Los zombies de tu mente (II)

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