Bios y Zoé


Dicen que para aprender a pensar hay que conocer el griego antiguo y es verdad que algunos idiomas contienen más recursos cognitivos que otros, el alemán -aseguran algunos- es el ideal para filosofar. Si cuento esto es porque me ha llamado la atención que la palabra «vida» en nuestro idioma carece de matices, así o se está vivo o se está muerto, pero la verdad del asunto es que no es necesario estar vivo para estar animado, el sol, el viento, el agua, el fuego, lo volcanes y los tornados no están vivos pero están animados, del mismo modo en el relato de ciencia ficción de Stanislaw Lem.titulado «Solaris», aparece una entidad que parece estar viva aunque es de carácter mineral, en cualquier caso animada aunque inorgánica. Hablamos entonces de fenómenos naturales que nos muestran su poderío, su fuerza destructiva, su ambivalencia,

Y es por eso que los griegos tienen dos palabras para nombrar a la vida. Una es «Bios» que se refiere a la vida de los seres individuales sean personas, animales o vegetales y otra es la palabra «Zoé» que se refiere a la vida colectiva, a la vida de la especie. O también:

Bios hace referencia a la manera de vivir propia de un individuo o de un grupo al estilo que le es propio; zoé, en cambio, al hecho de vivir común a todos los vivientes. Y los griegos distinguían el espacio propio de cada una de estas vidas: mientras la casa era el lugar propio de la bios, la polis lo era de la zoé«.

Pero existe otra manera de leerlo, y lo veremos mejor sí contemplamos las relaciones que existen entre bios y zoé. ¿Cómo se relacionan ambos tipos de vida? Echemos mano a una imagen: la del collar de perlas, cada uno de nosotros o de criatura viviente es una perla que se engancha a un hilo que en un sentido relativo podemos considerar inacabable y que llamamos vida que además posee una energía propia. La especie es inmortal, el individuo es mortal. Bios es encarnación mientras que Zoé es reencarnación, una rueda continua de elementos que se organizarán después en sociedades, culturas o comunidades a fin de reproducir el mandato de la zoé. Pues eso es la zoé, un imperativo que se replica a través de una unidad fértil (macho y hembra).

Las relaciones entre naturaleza y cultura no han terminado de dar resultados a la ciencia que en cualquier caso -ante cualquier dilema científico o médico- se plantearán cuantos de los hechos observados son naturales es decir innatos y cuantos de ellos son adquiridos, es decir aprendidos durante la bios individual. Lo cierto es que esta manera de pensar las relaciones nurture-culture nos llevan a un callejón sin salida, no se trata de porcentajes: naturaleza y cultura son la misma cosa con alguna vuelta de tuerca más en el caso de la cultura. La cultura, la bios es una reducción de la naturaleza, la zoé. Lo orgánico es una reducción de lo inorgánico.

La cultura emergió para domesticar a la naturaleza, para controlar sus excesos, su explosividad, su incierta destructividad y su caprichosidad. Es verdad que junto a esta dimensión de separatividad existe también una dimensión de belleza, de conjunción, de unidad. Basta ver ahora, todos los días esos ríos de lava que emergen de un volcán de la Palma para caer en la cuenta de que la naturaleza es ambivalente, puede ser destructiva al tiempo que podemos quedar extasiados contemplando ese despliegue de fuego y lava que convoca turistas a contemplarlo. La naturaleza penetra y atraviesa la cultura y contiene excesos que no son metabolizables. Lo que caracteriza a la cultura es la imposibilidad de domesticar sus desechos y sus excesos. Es por eso que la cultura no tiene más remedio que mimetizar a la naturaleza, los ingenieros trazan embalses y nuevos cursos a los ríos para aprovechar el cauce natural de los ríos para nuestras necesidades agrícolas pero las periódicas inundaciones vuelven a poner las cosas en su sitio. El arte trata de apresar la belleza de las formas pero pierde la batalla contra la belleza de lo real, es por eso que los artistas ya no tratan de apresar lo real y se pasaron al expresionismo que trata de nombrar la bios, es decir la subjetividad. Construimos casas de madera u hormigón que parecen ser de papel cuando se desatan esas fuerzas naturales como podemos ver hoy en Kentucky asolado por un tornado. ¿Quién no ha visto en TV esos ríos de lava tragándose construcciones, viviendas y pueblos enteros?

A todos nos gusta pasar un día al aire libre, pasear por el campo, tomar el sol, y respirar aire puro, caminar por el campo pero tomar el sol en exceso tiene secuelas. El campo y la naturaleza tienen molestias y riesgos (accidentes, insectos, perdidas de orientación, ahogamientos, etc), lo natural goza de una reputación exagerada entre la población, sobre todo aquellos que no conocen que la agricultura emergió precisamente para hacer comestibles y predecibles alimentos que en su estado natural son venenosos, infrecuentes o dispersos. Lo cierto es que la alimentación ecológica a la que se concede un estatuto superior de prestigio, es una vuelta de tuerca más de la agricultura tradicional no necesariamente más barata ni disponible para todos. Lo importante pues es comprender cómo naturaleza y cultura se combinan entre sí.

Comprender que si la cultura trata de domesticar a la naturaleza solo lo ha conseguido a medias. También es importante recordar que las catástrofes naturales tienen su correspondencia en las catástrofes sociales: la pobreza, la guerra, los conflictos sociales, la violencia y la enfermedad son sus secuelas más conocidas. Pues – recordémoslo – la cultura no es sino la naturaleza después de haber pasado por sucesivas vueltas de tuerca que no impiden que la naturaleza atraviese la cultura y se manifieste de otra forma, si bien más sutil. La enfermedad es una de estas formas y estoy pensando ahora en las que transmiten los mosquitos o las garrapatas, verdaderos azotes sanitarios de continentes enteros o la actual pandemia de COVID-19. No hay nada tan natural como un virus.

Hierogamia y sacrificio.-

Pedro Bustamante es el nombre de un arquitecto español afincado en Berlin que ha escrito numerosos libros, ha alimentado varios blogs y varios canales de youtube empeñado en averiguar como funcionan las estructuras sociales. El caso es que Pedro Bustamante ha desaparecido de las redes y es hoy imposible encontrar sus libros. Solo poseo un trozo de este libro en el que Bustamante plantea lo mejor de su teoría que abreviaré diciendo que su investigación propone una idea -que en mi opinión- no es original sino que está muy relacionada con el Freud de «Más allá del principio del placer». Supone dos polos, como Freud supuso también dos: Eros y Tanatos, para explicar las relaciones que mantienen la dimensión del placer, erotismo o sexo o Eros, que llama hierogamia, con la dimensión de la agresión, tanática que llama el modo sacrificial. Es interesante caer en la cuenta del mismo modo que Freud supuso a principios del siglo XX que la libido como energía que mueve el mundo no carece de un atravesamiento tanático, es por eso que libido y agresión o sexo y sangre son las dos caras de la misma moneda del mismo modo que lo son Bios y Zoé, naturaleza y cultura.

Sucede que cuando la Zoé se hace Bios se inventa la cultura que no es sino una forma de sofisticar la ambivalencia de lo natural convirtiéndose en social y en símbolo que amortigua y oculta las pulsiones destructivas y constructivas originales, pero no suprime la ambivalencia sino que erige dos polos donde se dan cita estas dos dimensiones de hierogamia y sacrificio. La diferencia es que Freud estaba interesado en averiguar cómo funcionaban estas dimensiones en la mente individual y Bustamante está empeñado en escrutar los mecanismos sociales, -mecanismos de poder- que parecen remitir más a Foucault que a Freud.

Aunque los intereses de Bustamante van más por el lado del ocultismo y del obscenario -lo que está detrás del escenario- y se pierde en ciertas elucubraciones o especulaciones metafísicas, políticas y conspiranoias de distinto género que no por ser conspiranoias han de ser falsas; lo cierto es que son difíciles de seguir y he de decir que este libro concretamente que cito aquí, es una obra muy interesante para aquellos que buscan entender la violencia individual, los conflictos sociales, la enfermedad mental, el suicidio y el homicidio sin sentido, el odio gratuito, la guerra, los sacrificios humanos con un esquema abarcativo bien distinto para cada clase de abyección.

Y no deja de ser paradójico que el mismo Bustamante haya sacrificado toda su obra retirándola de la circulación

Bibliografía.-

S. Freud. 1919. Mäs allá del principio del placer