Los eneatipos y el destino (y XXVIII)

Ser hijo único tiene sus ventajas y sus desventajas pero lo importante es comprender que ventajas y desventajas no pueden separarse, van en el mismo pack. Los hijos únicos tienen mala prensa, la gente en general piensa que son niños mimados o consentidos, pero lo cierto es que la crianza que les caracteriza depende mucho del eneatipo de la madre y del padre y desde luego con los mitos sobre la crianza que caracterizaron una época concreta.

En la época en que se crió mi autor -del que yo solo soy su personaje o su doble gemelar- el mito era conseguir una obediencia ciega del niño hacia sus mayores, un respeto hacia ellos que se conseguía a base del temor, “ya veras cuando venga tu padre”, solían decir las mamás. Al autor nunca le decían tal cosa porque el padre no estaba por la labor de hacer de “poli malo”. Ese papel se depositó en manos de la madre.

La madre del autor era un E2 que dedicó su vida a conseguir de que el autor se convirtiera en un hombre de provecho. Un hombre de provecho requiere una definición difícil de precisar hoy, pero podríamos concluir que el provecho era obtener una cuaificación profesional universitaria, el resto eran oficios, cosas de menos valor y los burros que acababan siendo barrenderos o cosas así. Un hombre de provecho era el que puede mantener una familia. Y ser padre es dejar de ser niño.

En realidad ese fue el mito familiar que cargó por ser hijo único: la necesidad de compensar el fracaso en los estudios del padre, un eneatipo E9 de esas personas que han crecido en un ambiente familiar hostil tratando de mediar entre sus padres y sus continuas discusiones y desavenencias. La gran madre se ocupó de redimir esa culpa familiar a través de mi autor. Fue así que se convirtió en el hombre-autor mientras yo observaba callado y me percataba de todo aunque sin intervenir salvo en momentos de peligro.

Y lo cierto es que como “angel de la guarda” he irrumpido en su vida con cierta asiduidad, primero para evitarle accidentes, enfermedades, pero más concretamente errores garrafales en sus elecciones. El autor era uno de esos niños inocentes, sin malicia, pero atolondrado, un niño bueno que vivió en una burbuja de buenas intenciones y de valores cristianos bien alejados de la vida operativa, de la vida común.

El autor fue un estudiante brillante mientras vivió en esa burbuja tejida por la gran madre, el problema empezó a asomar hacia los 12 años y la eclosión hormonal de la sexualidad. Ahí pareció estancarse a través de un repliegue sobre sí mismo que procedía de su timidez y de sus escasos recursos para defenderse de sus iguales y relacionarse con el sexo opuesto. Despistes, ensoñaciones y un parecer vivir en las nubes interfirieron en sus rendimientos académicos haciéndole descender desde la excelencia que había demostrado tiempo atrás hasta la medianía irrelevante. Entonces en las escuelas no había psicólogos ni los profesores estaban demasiado interesados en hacer sesiones de grupo en lugar de mandar deberes, de manera que nuestro autor tuvo que arreglárselas para no fallar a sus padres, no olvidemos que fundamentalmente su función era reparar la maldición familiar y convertirse en provechoso

Durante esa época tuve que emplearme a fondo para protegerle de agresiones y sobre todo del desánimo que procedía de su indolencia y de su falta de asertividad, hasta que descubrió que dentro de sí mismo estaban las claves para sobrevivir a un mundo social demasiado exigente y hostil. Así comenzó a configurarse su eneatipo 5, algo que le daba cierta popularidad entre el mundo que le rodeaba que siempre pensó que era un chico muy listo que no trabajaba lo suficiente, que era vago e indolente.

Y era cierto,que la pereza fue su pecado capital, pero la pereza no le venia de natural sino que fue inducida por un amigo, ese amigo del alma que todo el mundo tiene en la niñez-adolescencia y sus tránsitos, uno de esos enatipos 4 que parece desde pequeño destinado a la excentricidad y por tanto controvertido, un tipo que provocaba mucho impacto aunque con poca popularidad etre sus iguales. De manera que el E4 encontró en el autor el fundamento que necesitaba y el autor encontró en E4 el impacto que necesitaba. Permutaron pues, impacto por fundamento.

La excentricidad de E4 fue providencial para nuestro autor, algo que aumentó, a través de vestimenta, pelo largo y un cierto gusto musical, su popularidad, casi todo el mundo comenzó a tratarle en serio por su forma de vestir o su aliño personal más bien desaliñado con cierta intención. Digamos que aumentó su popularidad y con ella su autoestima. Todos menos -claro está -sus padres que proyectaban en él su personal fracaso y comenzaron a preocuparse por el giro que estas actitudes comenzaban a pergeñarse en él. Una oposición que le vino bien para darle contenido a su rebeldía adolescente, cada día parecía adoptar más y más la fachada del E4 que tan buen resultado le estaba dando. El autor comenzaba a pensar que era único como su amigo del alma pensaba de si mismo por otras razones. Y necesitaba demostrárselo a sus padres.

Naturalmente nosotros -los angeles custodios como se nos conoce- no podemos intervenir en el azar, ni podemos impedir los malos encuentros, ni los malos hábitos de nuestros protegidos, aunque a veces podemos hacer pasar por azarosos algunos encuentros planeados que se conocen con el nombre de sincronicidades y al contrario: impedir -haciendo alguna trampa- ciertos encuentros a través de pequeños accidentes o propiciando -mediante la discordia- que algunas amistades se consoliden en el tiempo.

El autor quiso ser músico, en aquel tiempo en que se creía una especie de genio de la música pop pero tuve que emplearme a fondo para hacerle fracasar, pues nuestro trabajo no es complacer a nuestros protegidos para que todo les salga bien sino impedir que les vaya bien en aquellas cuestiones que les separarán inevitablemente de su destino o lo que es lo mismo: las que están destinadas a salir mal.

Aproveché un viaje de fin de curso a Paris para llevarle (el creía que iba por su propia intención) a ciertos ambientes musicales bohemios para que cayera en la cuenta de la cantidad de buenos músicos que había en la vía publica o tocando en el metro. Creo que fue alli donde mi protegido cayó en la cuenta de que a fin de cuentas no era mejor que aquellos que mendigaban limosnas por la calle.

El destino de mi autor era ser médico y más concretamente ser psiquiatra. No es un destino demasiado glorioso pero lo cierto es que cada uno tiene el suyo y aunque estamos acostumbrados a pensar en nuestro destino de una forma épica, lo cierto es que los destinos de las personas suelen pasar desapercibidos incluso para ellos mismos, pues el destino de alguien puede ser precisamente éste: el pasar inadvertido para que otro, un hijo quizá o un nieto alcance un destino superior. Así, el destino de alguien puede ser el de simplemente cuidar de otra persona, o bien ser la madre, padre o abuelo de alguien.

Nosotros no tenemos la capacidad de adivinar el futuro como algunos piensan lo que sucede es que vivimos en el futuro lo que nos da una atalaya perfecta de observación sobre el presente y las bifurcaciones que aparecen en la vida nuestros protegidos que observamos como en un mapa y sobre todo: nos atenemos a lo que está escrito, es decir tratamos de que nuestros protegidos no se desvíen de ese surco que les viene trazado por su genética, su crianza , su inteligencia y sus circunstancias. A veces lo conseguimos y a veces no, pero imaginen si dejáramos a la gente navegar con sus propios medios. La humanidad todavía no ha alcanzado la suficiente madurez para prescindir de nosotros pues se encontraría a merced de sus propios condicionamientos. Lo contrario del albedrío es el determinismo y todos vivimos determinados si no conseguimos alcanzar el libre albedrío.

Son muchos los que no saben que vamos tras ellos y nos consideran un prejuicio cristiano, pero la realidad es otra: el destino de cada cual, incluso los más desgraciados puede ser modificados y solo puede hacerse a través del libre albedrío. De lo contrario todo está determinado.

El libre albedrío es la condición que alcanzan solo algunos de nuestros protegidos y consiste en liberarse de los condicionamientos, identidades falsas, ilusiones vacuas o deseos de ser otra persona distinta a la que se es. “Ser quien uno es” es lo mismo que decir que uno ha puesto su destino patas arriba y ya no necesita angeles custodios pues ha admitido y se ha identificado totalmente con el papel que le viene de serie pero para ir más allá de él y no para desviarse en una condición ajena, El destino solo puede superarse cuando se ha aceptado y se ha conformado de manera que puedan introducirse novedades. A veces las escrituras cometen errores.

El autor al que protejo (aun lo hago) navegó por muchos eneatipos, anduvo muchos años por E7 disfrutando de sus primitivos éxitos profesionales y viviendo una vida de placeres junto a otros hedonistas pero sin embargo las personas que más positivamente influyeron en él fueron los E3, esas personas que tienen habilidades sociales suficientes para convertir a un fantasma invisible en alguien a tener en cuenta. Sin embargo los E3 a causa de su vanidad pierden interés en aquellos que no les devuelven -en espejo- esa admiración por sus logros que tanto necesitan. Fue así que las influencias de E3 sobre E5 tenían fecha de caducidad, simplemente se desencantaron de mi autor en cuanto dejaron de ser admirados o imitados.

Lo que mi autor necesitaba no era admiradores o aplausos más o menos fingidos, lo que necesitaba era poder. Poder para poder llevar a cabo una tarea realmente transformadora en el seno de su profesión y aunque el poder nunca le interesó demasiado lo cierto es que dispuse ciertos encuentros y ciertas casualidades para que ensayara un paso por E8 a fin de que se cuajara en la rivalidad y se fajara en el cuerpo a cuerpo a fin de conseguir lo que estaba en su escritura: la transformación de su Hospital que pasó así del siglo XIX al sigo XXI en poco más de dos años. “Somos lo que transformamos” es el eslogan que logré inscribir en su mente. Y lo consiguió, aun hoy siguen vigentes los recursos psiquiátricos modernos que abrió y cofundo .

Los angeles custodios nos retiramos cuando nuestro protegido ya está en disposición de navegar por la vida a través de su libre albedrío pero no desparecemos hasta la muerte de nuestro gemelo terrestre. Nos esperan aun ciertos cometidos protectores para que la vida se despliegue en una mayor extensión de cada conciencia, que se haga más amplia y más profunda.

Quizá el lector sagaz ya sepa ahora que el libre albedrio, esto es la posibilidad consciente de elegir es lo mismo que el angel custodio, unos lo usan y otros al parecer no terminan de despegarse de su determinismo.

Fue precisamente un E3 el que sugirió al autor este libro que aquí termina y cuyo destino está dedicado precisamente a transformarse desde el conocimiento, un conocimiento de código abierto que uno puede llevar a cabo con sus propios angeles custodios o alguno de sus representantes como el autor.