¿Eneatipos o eneatopos? (XX)


Aquellos lectores que hayan llegado hasta aquí leyendo los últimos capítulos sobre eneatipos concretos les propongo una pausa. Una pausa que servirá para aclarar un concepto que a mi parecer es trascendental. Me refiero a la consideración de que los números que los representan son en realidad arquetipos y no representan tipos psicológicos sino lugares o perspectivas desde donde asomarse y mirar. Son lugares en el tiempo, en un tiempo que rueda constantemente.

Que el eneagrama es un modelo geométrico de la mente y no tanto conceptual es algo que ya había declarado con anterioridad pero si lo repito es porque en realidad esta idea es poco intuitiva, todos pensamos en términos de tipos cuando hablamos de la personalidad y pocos son los que la piensan como tópicos, es decir lugares. Es por eso que existen varios recordatorios en las cartas del Tarot de esta idea: el Carro del E7, la rueda del E2 y sobre todo el Loco que carece de número (aunque es 0 y 22) nos recuerdan que la personalidad es un tránsito, un viaje arquetípico.

El loco.-

Salirse del surco es la manera más sutil de hablar de aquel sujeto que es incapaz de seguir en su vida un itinerario pactado socialmente, una especie de inadaptado, algo así como aquel que “mea fuera del tiesto” un aspecto que ilustra bien el sabio-cínico griego Diogenes y también Dioniso. Y por supuesto el loco del Tarot.

Es algo muy cercano a nuestro concepto del lunático, el que cambia constantemente de parecer y que carece de fijeza y también del comodín de la baraja francesa, esa carta que sirve tanto para un roto como un descosido y que solo tiene valor en sus emparejamientos con otras cartas. Por si sólo no es más que un joker, es decir un chistoso, un bufón, aquel que dice siempre las verdades duelan a quien duelan, y que además tiene venia para hacerlo pues por su fealdad, su irresponsabilidad o su falta de ambición no es tomado en cuenta por los poderosos a quienes divierte con sus chanzas.

El loco del Tarot no está en realidad loco en el sentido clínico. Pues en realidad la locura como entidad clínica es algo muy reciente y relacionado con las ideas anatomo-clínicas que arrancan de la Ilustración y más concretamente de Emil Kraepelin. Antes de él, la locura era interpretada como un desajuste de los humores (Hipócrates), de los elementos (Areteo de Capadocia) o de las pasiones (Platón). Durante la edad media lo que se impuso fue la idea de la “posesión demoniaca” y la de pecado y fue la Inquisición la responsable de administrar tratamientos a los orates. Después con la Ilustración lo que se impuso fue una especie de naturalización en la concepción de la locura hasta que Séglas propuso el termino de “enfermedad mental” que ha llegado a nuestros días, si bien hoy hablamos de “trastornos mentales” un poco para distanciarnos de la idea médica de la enfermedad común, pues es bien cierto que existen enfermedades y existen condiciones. Y una de las condiciones más frecuentes es la marginalidad, se puede ser o habitar la marginalidad sin estar loco.

De manera que el loco del Tarot no representa a un enfermo sino una condición universal, una especie de arquetipo presente (constelado) en algunos de nosotros y que para entendernos podríamos identificar con Dioniso y también con Diogenes. El Loco es un cínico, es decir un sincero radical.

El loco del Tarot es pues una condición arquetipica, no una enfermedad.

Representa los polos en que una naturaleza humana oscila, por una lado la liberación, y pasan a ser esa carta que abre y cierra el Tarot, el alfa y el omega, es por eso que el Loco no lleva número aunque puede ocupar cualquier posición si bien tiene una posición original en el E4.Por un lado a ese ser desapegado, desenraízado (porque se ha liberado de la “matrix tierra”) que viaja con un hatillo por toda pertenencia, en el que porta ya sólo “lo esencial” representa la inexorabilidad de la rueda kármica y la eterna repetición.

El loco es un personaje irresponsable, impredecible, y sobre todo un tramposo (tan tramposo como el mago) pero se diferencia de él en que sus trampas son inescrutables y no sabemos a que plan obedecen. El loco carece de planes y se dedica a vagar de aquí para allá tocando muchos palos de la baraja. En los Locos más inteligentes puede rastrearse precisamente un concepto del que hablaré más abajo: la apertura a la experiencia.

La apertura a la experiencia.-

La apertura a la experiencia es un endofenotipo (un rasgo de personalidad teórico a medio camino entre lo biológico y lo mental) descrito por Costa y Mc Rae en los “Cinco grandes” (big five) y equivale por completo al endofenotipo descrito por Cloninger con el nombre de “Búsqueda de sensaciones”

En este post de Pablo Malo puede el lector profundizar un poco más sobre el citado rasgo, pero valdrá la pena retener ahora alguna de sus características, lo que Daniel Nettle (2007) ha descrito como “el meollo de la Apertura”:  su relación con el “pensamiento divergente”, con la extensión de las asociaciones, y ésta sería también la base neurobiológica de este rasgo. Cuando yo represento una palabra u objeto en mi mente se activan inmediatamente un montón de conceptos relacionados con él y es por eso que podemos saltar y coser argumentos de “aquí y de allá” y asociarlos entre sí.

La idea de las asociaciones laxas pertenece a Eugen Bleuler, un psiquiatra suizo que dirigía el hospital donde trabajó Carl Gustav Jung. A él le debemos dos cosas: la palabra “esquizofrenia” que vino a sustituir a la demencia precoz de Kraepelin y la idea de las asociaciones laxas.

Para Bleuler los esquizofrénicos estaban divididos (escindidos=esquizo) por una especie de laxitud entre ciertos sustratos neurales teóricos relacionados con el juicio y el pensamiento. Los esquizofrénicos asociaban demasiado y de manera arbitraria y es por eso que su pensamiento descarrilaba sin tener el cuenta las relaciones semánticas entre unos pensamientos y otros.

El coste de puntuar alto en apertura a la experiencia, es decir en la capacidad de construir asociaciones divergentes entre cuestiones alejadas entre si, como sucede en la poesía es que a medida que asociamos entre dominios cada vez más remotos podemos llegar a realizar asociaciones muy “extrañas” y “bizarras”, y podemos llegar a caer en lo paranormal o en la locura (a fin de cuentas los esquizofrénicos y esquizotípicos también puntúan alto en pensamiento divergente). Aumentar la Apertura nos puede llevar a la creatividad artística pero también a un trastorno psicótico y no sabemos qué determina que personas con personalidades similares lleguen a desarrollar una un trastorno esquizotípico de la personalidad mientras que la otra llega a ser un artista célebre.  (Pablo Malo).

Y no sabemos porqué pero en mi opinión tiene que ver con las experiencias de la vida y con los entornos protectores que algunos encuentran y otros no. Algunos no enloquecen porque lograron encontrar un sentido a su caótica vida. Y la vida es como un juego de naipes donde cada cual no tiene más remedio que jugar con las cartas que le han tocado en suerte.

Y me quedé pensado en que quizá la esquizofrenia (la psicosis) no es el precio que pagamos por el lenguaje como sostiene Crow, sino el precio que pagamos por tener esa capacidad casi mágica que nos permite navegar entre conceptos, tendiendo puentes y relaciones entre cosas alejadas, unas abstractas y otras muy concretas. En este sentido el pensamiento divergente sería lo opuesto al rigor cientíifico y quizá su complementaria habilidad.

Pues el Loco es un bipolar, pero un bipolar trascendente.

La rueda kármica.-

 El karma es una de esas palabras que los occidentales hemos adoptado y a la que hemos despojado de su acepción original, como sucede con la palabra yoga (yugo) u otras. Para la mayor parte de la gente karma significa destino o predestinación, una especie de sustituto de nuestras Moiras griegas o del fatum latino. Sin embargo el karma alude a las leyes de la causalidad psicológica y que los budistas imaginan como una rueda, es decir bajo una concepción cíclica como en nuestra tradición occidental,

El karma explica como nuestros hábitos se perpetuan con el tiempo y la Rueda (samsara) nos ofrece un esquema visual para entender y mostrar como opera la causalidad kármica, sin embargo a diferencia de las tradiciones occidentales la rueda kármica puede sortearse (más abajo veremos cómo) lo que de alguna manera se opone a la fatalidad de la idea del destino y tambien a las ideas filosóficas y psicoanaliticas que descansaban en la idea de la pulsion de muerte o de retorno inexorable de lo idéntico.

En el circulo más externo existen doce nidanas dispuestos como las horas del reloj y si se utiliza la estructura del circulo es para señalar acontecimientos de cualquier duración, un momento o una vida entera y desde la perspectiva budista sucesivas vidas, metafóricamente podemos decir que cada uno de estos doce motivos tienen un carácter fractal: los mismo modelos se repiten aunque modifiquemos la escala de observación, se trata de doce eslabones que ruedan constantemente y donde cada uno de ellos es causa del que le precede y no podría darse sin él. Otro motivo geométrico muy utilizado para ilustrar esta ciclicidad es la espiral que es probablemente una imagen relacionada con el acto de parar la rueda kármica o de alcanzar la sabiduría por la razón de que la espiral es una curva que se aleja paulatinamente del centro lo que es lo mismo decir que elude la causalidad.

Los budistas hablan del karma y de la repetición pero no hablan de 9 escalones sino de 12.

Los doce nidanas de la rueda de la causalidad.-

La ignorancia es el fundamento de toda acción causal kármica, nosotros la llamamos más psicológicamente como ese estado deficitario que nos hace depender de nuestros cuidadores, nuestra indefensión ignorante con la que venimos al mundo y nos condena a la dependencia, en el psicoanálisis se considera que es precisamente este estado de déficit el que causa el segundo eslabón.
El acto volitivo o apetito, es precisamente por ignorancia (por la necesidad de nuestra condición) por lo que comenzamos a operar en términos volitivos e intencionales: así tenemos hambre y recibimos leche, si dolor consuelo, etc. El acto volitivo intencional dejará rastros de por vida en nuestra mente, tal y como sugirió Brentano y Husserl, la intencionalidad es la matriz de todo acto mental por más que muchas veces nos resulte difícil de aprehender precisamente porque determinados actos volitivos se transforman en compulsiones. El concepto de Bowlby, “apego” (attachment) también se correspondería con este nidana, pero ya veremos como el apego psicoanalítico no tiene nada que ver con el concepto budista que más bien podría traducirse como aferramiento.
Los nidanas 1 y 2 descritos hasta ahora nos determinan sobre todo a través de la ignorancia y la intencionalidad: se trata de los primeros rastros del karma pero por pertenecer al pasado no son susceptibles de poderse modificar.

3.- Los actos volitivos intencionales conducen a la conciencia entendida como conciencia sintiente.

4.- La conciencia sintetiza y organiza las informaciones intencionales y rastros de los primeros estadios que proceden de los sentidos y dota a la experiencia de un sentido psicofisico fluctuando desde los sensorial hacia lo mental o lo inteligible pues para los budistas el pensamiento es un sexto sentido. Cuerpo y mente quedan unidos en una unidad.

5.- Los seis sentidos, cuerpo y mente juntos significa poseer seis sentidos y seis conciencias sensoriales con sus respectivos canales.

6.- Contacto o dicho más picológicamente: las relaciones objetales proceden y son causa de los contactos sensoriales que cada uno de los seis sentidos establecen con objetos del entorno. Toda conciencia sensorial tiene su objeto.

7.- La sensación, surge naturalmente del contacto y genera tres tipos de estados, placer, aversión o indiferencia, en la sensación somos -desde el punto de vista cognitivo- arrojados al mundo. La sensación es equivalente al impulso y es la causa del deseo.

8.- El deseo o como dicen los budistas el afán o anhelo, es el eslabón de empalme de la rueda kármica y de la cadena causal, es equivalente a los que nosotros llamamos recompensa- placer o al principio del placer freudiano que divide el mundo en dos partes: lo agradable y lo desagradable. Es en este eslabón donde el individuo puede romper la cadena causal, desde aqui puede cortar la cadena bien mediante la satisfacción o el rechazo o bien puede dejarse llevar hacia el próximo eslabón de la cadena, tambien es posible retroceder en la cadena causal hasta el tercer eslabón: el afán de placer requiere sensaciones sensoriales, para tener sensaciones debe haber contacto con los objetos de los sentidos, para lo que es necesario la integridad de los seis canales sensoriales, para lo que es necesario el organismo psicofisico y la conciencia.

9.- Apego-aferramiento, el apego alude no solo a lo que se desea, a veces un objeto, a veces pertenencias y otras veces al propio Yo, también se refiere cuando el rechazo es el deseo causal al apego de desprenderse de algo. El exceso de apego es la causa -según el budismo- de todos los sufrimientos mentales, de la enfermedad y probablemente también la causa de esa tendencia tan humana a repetir aquello que ya fracasó en otro tiempo u otro instante que pasó sin posibilidad de transformación, en este sentido lo que impulsa a la rueda a girar es la propia causalidad kármica que rueda independiente a partir de nuestra imposibilidad de pararla dando la impresión ilusoria de que se mueve por sí misma. La compulsión repetitiva freudiana se explica en este modelo por un exceso de apego a algo, ese algo es usualmente nuestro propio modelo cognitivo, nuestros condicionamientos, ese rastro que aprendimos en eslabones anteriores y que es en rigor el karma. En este sentido la única manera de librarse de la repetición es deshacerse del apego.

10.- El apego desarrolla inmediatamente una reacción frente al devenir, el apego propone planes, una forma de estar en el mundo que se proyecta en el futuro mientras se vive aun en el presente. El apego propone la ilusión y mueve la rueda hacia adelante por la acumulación de actos volitivos impulsados en primer lugar por la intencionalidad. El devenir es el apego proyectado en el futuro.

Los nidanas 11 y 12 pertenecen al futuro y tampoco podemos hacer nada con ellos tal y como sucedía con los nidanas 1 y 2. La rueda kármica no puede detenerse cuando está situada encima del nidana 11.

11.- Nacimiento, en el sentido de nacer algo nuevo no importa qué, en cualquier caso algo que procede del deseo, que recorrió el apego y se proyectó en el porvenir. Es precisamente en este eslabón cuando algunas personas precisan hacer algo con su cadena causal y es precisamente en este nivel donde la voluntad no puede hacer nada. El individuo tendrá que aprender algo y no volver a “tropezar en la misma piedra”, pero habrá que esperar la próxima vuelta de la rueda, el Kairós de los griegos, la oportunidad.

12.- Porque todo lo que nace muere. Muerte en este sentido puede ser tomada literalmente o como la finalización de una ilusión, como un desencanto o una decepción pero tambien puede ser utilizada en su vertiente de renacimiento, de una nueva oportunidad. Efectivamente sabemos que para que cualquier empresa psicológica tenga éxito antes hay que liquidar las empresas anteriores que fracasaron, retirar nuestros esfuerzos por mantener vivas algunas relaciones con el pasado es la condición -por ejemplo- de establecer relaciones nuevas que vuelven a nacer en la ignorancia. El ciclo ha terminado y comienza otra vuelta iniciada en la ignorancia, en la necesidad y en la dependencia.

En este sentido podemos asegurar que la próxima vuelta de la rueda será tan autosimilar a la anterior como menos presencia consciente haya tenido el sujeto en cada uno de esos nidanas. En este sentido la repetición es la condición de haberse mantenido en la ignorancia mientras la rueda da vueltas y vueltas. Lo que se repite son aquellos contenidos mentales que dirigidos por la ignorancia, la intencionalidad y los distintos aprendizajes derivados de ella hayan conducido inevitablemente a establecer un excesivo apego por los propios condicionamientos. En este sentido adquiere relevancia la frase apolínea del “Conócete a ti mismo” una de las formas de eludir la inexorabilidad de la rueda kármica sin embargo los budistas reniegan tambien de la introspección, no se trataría tanto de conocerse a uno mismo (cualquier forma de Yo es ilusoria) sino de estar presente en todas y cada una de las decisiones que tomamos en las bifurcaciones.

Lo que nos lleva a una de las acepciones fuertes del karma: :aquello que vuelve es el resultado de nuestras acciones en el mundo, no somos demasiado conscientes de ello porque la mayor parte de decisiones que tomamos se producen de una forma acelerada sin darnos tiempo a pensar o sea de forma compulsiva o impulsiva. Pero los responsables de nuestros actos, incluso de aquellos más alineados, somos nosotros mismos. Y estas acciones retornan tanto las buenas como las malas.

Naturalmente este concepto choca con nuestras concepciones asistenciales paternalistas donde suponemos que los sujetos no son responsables de su propia conducta, siempre hay alguna justificación psicológica para cualquier tipo de conducta lo que aliena a los sujetos de forma doble: no es suficiente con su propia no-presencia sino que además el discurso científico le libera de cualquier responsabilidad, algo que sucede usualmente en todos los delitos o faltas. La locura por ejemplo es una elección, algo que hacemos en el nidana 6 a nivel de nuestras relaciones objetales, algo que no queremos ver, algo que obturamos con nuestro apego-aferramiento a nuestro propio karma, no hay pues nada fatalista en ella, los individuos toman decisiones erróneas o no en cada nidana, y en este sentido me gustaría aprovechar este ultimo suspiro del post para ilustrar por ejemplo lo que le sucede a un individuo cuando tiene que enfrentarse a una emoción frustrante en el nidana 7 por ejemplo. Supongamos que es la ira la sensación que predomina, el sujeto puede hacer dos cosas y de hecho la mayor parte de la gente no se dejan envenenar por esta emoción, no la pasan al acto, sin embargo hay otros que deciden lo contrario para liberarse de esa sensación desagradable y a veces intolerable. Uno puede elegir si tiene presencia y además existe otra opción: el individuo enfrentado a esa bifurcación puede transformar la envidia o la codicia en generosidad, la agresión o la rabia en compasión.

El libre albedrío existe en todos los eslabones de la rueda kármica exceptuando aquellos que están en el futuro o en el pasado y somos por lo tanto responsables de lo que nos pasa hoy pues fuimos responsables de lo que hicimos ayer, aunque saliéramos bien parados.

2 comentarios en “¿Eneatipos o eneatopos? (XX)

  1. El Loco es el Héroe, pero, ¿El Héroe es un bufón? ¿Un looser? ¿Un hazmerreir? ¿Donde está su armadura? y ¿Su caballo?

    Pues sí, el Héroe interior, exteriormente no tiene pinta de Héroe, sino, de todo lo contrario.

    Y no es un psicótico, ya que su locura, es sinónimo de insensatez, no de enfermedad mental. El Loco es un inconsciente que escogió la pastilla roja sin saber las consecuencias reales de su decisión. No tiene ni idea de lo que le espera, pero, pronto lo sabrá.

    Como vemos en esta ilustración, se dirige directamente al precipicio, abducido como está con sus ensoñaciones. Ese precipicio simboliza el tremendo golpe con la realidad tangible que está a punto de pegarse.

    El Loco, es un puer aeternus, un Peter Pan consciente en prolongadísima crisis adolescente. Con su resistencia a la adaptación y a identificarse con una «burda», a su parecer, pero, funcional máscara, se está jugando el tipo por algo que intuye que existe allá a lo lejos, que escucha como un leve susurro, como una música de flauta etérea muy suave, muy, muy lejana, tan lejana, como persistente, no para en ningún momento de escucharla, todo el tiempo, a todas horas, todos los días, sin descanso.

    Esa música le indica una dirección a seguir, le dice que esto que le han puesto delante, no es, que lo que es, es lo que está allá lejos, muy lejos, tan lejos, que allí no va nadie, o, al menos el no conoce a nadie que haya ido.

    ¿Que locura es esta, insensato? ¿Arrojas tu vida por la borda, porque, vas en busca de un lugar del que no sabes nada, ni siquiera si existe, únicamente porque escuchas un susurro que viene de allí?

    Y el Loco contesta:

    Si, pero, es que esto que tu crees que es, no es, lo que realmente es, es lo que está más allá, de donde viene el susurro, lo que pasa es que viene de tan lejos que no lo puedes escuchar, pero, yo si puedo, y tengo que ir, porque, si no voy, me muero.

  2. Desconocía el concepto de “apertura a la experiencia” y me parece muy esclarecedor su relación con el pensamiento lateral-divergente (desconocozo si son exáctamente sinónimos), con la autotrascendencia y con la esquizotipia elevada.

    Si conocía, sin embargo, otro concepto muy coincidente que es el de la estructura de la consciencia nº6, Visión-lógica, de la que Ken Wilber dice: «el nivel de visión lógica o panorámica aprehende una red masiva de ideas, y sus relaciones e interrelaciones mutuas. Esta estructura constituye, pues, el inicio de una capacidad verdaderamente superior de sintetizar, establecer conexiones, relacionar verdades, coordinar ideas e integrar conceptos».

    Parecería entonces que la apertura a la experiencia también podría ser otro elemento clave para dilucidar si estamos delante de un caso avanzado de desarrollo del self, teniendo en cuenta que el desarrollo medio se encuentra en la estructura nº3, Mente representativa.

    Esto es importante sobre todo a la hora de evitar adjudicar directamente y de forma reduccionista a niveles menos desarrollados, clínicas y problemas pertenecientes a niveles de desarrollo avanzados.

    Como creo que puede ser común, al principal interesado, el sujeto con la problemática, no le quedará otro remedio que adquirir los conocimientos necesarios para obtener la suficiente independencia de criterio con la que poder sobrevivir a los errores de diagnóstico a los que podría verse sometido.

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