Recuerdo y precuerdo (XI)


El pasado está en el presente, así como también el porvenir. Nada transcurre en este mundo en el que persisten todas las cosas quietas en la felicidad de su condición (Sócrates)

Un recuerdo es un fenómeno mental -inscrito en la memoria- a través del cual recuperamos algo que estuvo en nuestra mente consciente y que vuelve a aparecer a veces de forma voluntaria, otras involuntaria y que pertenece a una secuencia de hechos de nuestra memoria: la codificación, el almacenamiento y la recuperación propiamente dicha que es lo que nombramos con el nombre de recuerdo. Lo importante es saber que el recuerdo procede siempre del pasado, es decir está guardado en algún lugar del inconsciente. Recuerdo es merced a la partícula “re” algo que denota que vuelve.

Nuestro inconsciente está formado basicamente por memoria ampliamente distribuida a lo largo de la red, aunque hay que distinguir aquellas cosas que aprendimos y que son aprendizajes motóricos, como vestirnos, atarnos los zapatos o cuestiones más complejas como andar en bicicleta. Es seguro que si usted aprendió a ir en bicicleta y lo intenta hoy, después de muchos años de no usarla, volvería a hacerlo en pocos minutos. Sucede porque los aprendizajes motores están inscritos de una forma distinta al resto de recuerdos: lo están merced a “patrones de acción fijos”, es decir una especie de sencillo algoritmo que puede desplegarse a voluntad. Sin embargo hay otros patrones que no son hackeables conscientemente, por ejemplo no podemos bajarnos o subirnos la tensión arterial a voluntad.

Otros habitantes de nuestro inconsciente son el temperamento y el carácter.

Qué es el temperamento.-

El temperamento es algo que no conviene confundir con el carácter o la personalidad acabada. Se trata de algo que nos viene de serie, algo hereditario y que puede definirse como la peculiaridad e intensidad individual de los afectos psíquicos y de la estructura dominante de humor y motivación. 

Lo interesante del temperamento es que es unidimensional y bipolar, es decir es como una linea recta donde ocupamos entre dos polos una cierta disposición, cualquier niño de guardería puede clasificarse según estos conceptos binarios sin ánimo de ser exhaustivo:

  • Demandante-conformista.
  • Miedoso-temerario.
  • Agresivo (hostil)-pacifico.
  • Llorón-plácido
  • Observador (curioso)-distraído.
  • Comedor-Falta de apetito
  • Dominante-obediente.
  • Autosuficiente-dependiente

Naturalmente estos pares de constelaciones de la motivación se manifiestan en relación con el medio ambiente, un niño puede ser hostil con otros niños en la guardería pero no en casa (solo cuando hay conflictos de intereses), puede ser dominante con la madre pero no con los abuelos o con otros niños, puede ser demandante en familia pero no en el colegio, etc. Significa que estos pares de polos se terminan de configurar con la socialización y además precisan de otra cuestión que se llevará a cabo con el tiempo: la adquisición de una segunda dimensión. A esta segunda dimensión le llamamos carácter.

Obsérvese cómo mediante una torsión un circulo (unidimensional) se convierte en una cinta de Moebius (dos dimensiones. Algo similar sucede con el carácter.

Qué es el carácter.-

El carácter imprime -al ganar una dimensión- direccionalidad al temperamento. Un niño puede ser muy observador pero habrá de elegir qué cosas le interesan observar más y cuales menos, es algo que adquirirá con el tiempo. Poco a poco esa disposición a la observación tomará una dirección, hacia la ciencia, la geometría, la aritmética, las construcciones, la música, el arte, las relaciones humanas, las enfermedades familiares, etc. El desarrollo del carácter terminará por redimensionar esa disposición que el niño trae de serie.

En el carácter se inscriben o mejor, se enredan las heridas emocionales.

El carácter es la manera en la que un individuo reacciona habitualmente frente a una situación. Es también la forma de expresar esta manera de reaccionar, señalando que se posee tal o cual perfil, característica o inclinación. Así hablamos de generosidad, cooperación. celos, rencor, trabajador, altruista, perezoso como rasgos del carácter.

Lo importante es recordar que el temperamento y el carácter pertenecen al inconsciente es decir al pasado, aunque algunos de estos rasgos son fácilmente detectados por los demás, el niño no tiene ni idea de su origen y puede incluso negar o combatir algunas de estas definiciones sobre todo las que van connotadas negativamente. Pero cualquier profesor de primaria sabe perfectamente qué niños de su aula, son de una manera o de otra, sabe que este niño en concreto tiene un gran futuro (sobre esto volveré más tarde) y sabe que este otro niño atolondrado o excesivamente peleón o perezoso tendrá grandes dificultades en su vida académica.

Dicho de otra manera: no venimos al mundo como una pizarra en blanco, sino que cada niño aporta su condición heredada y a partir de una cierta edad el embrión de su personalidad futura. Es por eso que el trabajo con niños es tan importante de cara a moldear esas tendencias a fin de impedir grandes oscilaciones futuras. En mi opinión el modelado del carácter es más importante que la inteligencia, pues las fluctuaciones de la inteligencia en un grupo determinado siempre serán inferiores a la modalidad de sus estilos caracteriales, lo cual no significa que la educación puede hacerlo todo, es necesario sobre todo al trabajo del hogar, con unos padres que aporten seguridad, predictibilidad, sincronías, mitos y valores.

Ya hemos visto que el medio ambiente es esencial para que el temperamento mude a carácter, se funda con él y aparezca esa segunda dimensión.

Los automatismos.-

En el inconsciente además existen otras cosas de las que ya hablé en el post de las heridas emocionales. Se trata de una facultad ya nombrada en los patrones de acción fijos. hay en nuestro cerebro un sistema de neurodefensa destinado a la supervivencia tanto a nivel físico como mental. La mente se defiende de los afectos desagradables a través de los amortiguadores o mecanismos de defensa. Lo importante es recordar que un afecto o complejo inconsciente es un nudo de tiempo y semántico que se enreda en la segunda dimensión: significa que operará siempre cuando aparezca una amenaza semejante a la que le originó, opera por semejanza. Naturalmente este automatismo puede llegar a producir grandes irrealidades y a conformar estilos de reacción inapropiados o francamente perturbados.

Es precisamente por eso por lo que existen los eneatipos: estilos a la hora de lidiar con los conflictos que tenemos todos. Si bien, nuestro estilo no es el mismo y por fin: no todas las personas tenemos los mismos conflictos, y cada eneatipo conforma no solo un estilo sino también, una selección o preferencia por ciertos conflictos y una ignorancia de otros.

El precuerdo.

Naturalmente en el futuro no hay recuerdos, ni memoria aaunque hay otras cosas conocidas con el nombre de destino. ¿Existe un destino? Mi respuesta es sí, siempre y cuando se diferencie de lo que es la predestinación, ninguna persona tiene inscrito un destino fijo sino que los futuribles se congregan en una especie de nube que es imposible de factorizar. Dicho de otro modo, los destinos andan todos fundidos en eso que ha venido en llamarse entrelazamiento cuántico. Todas las posibilidades están enredadas entre sí.

¿Pero entonces cómo podemos saber cual es nuestro destino?

Tal y como decía Heraclito, conociendo nuestro carácter podemos averiguar cual es nuestro destino.

Y lo hacemos por varias rutas o caminos. Hay algunos niños que ya en su infancia muy precozmente destacan en algo, pongo el ejemplo de la música, las artes plásticas, los deportes, las matemáticas o la curiosidad interpersonal. Estas aptitudes precoces van con el tiempo sofisticándose y ejerciendo sobre el indiividuo una fascinación tal que pareciera que el niño solo esté interesado en esas tareas, preguntando mucho sobre determinados aspectos y configurando poco a poco una mayor habilidad en su desarrollo, pues es obvio que acabamos haciéndonos más habilidosos a aquello que nos gusta, nos da una buena noticia sobre nosotros mismos o aumenta nuestra autoestima. Son esos niños que ya de pequeños dicen “yo seré médico de mayor”, algo que se conoce con el nombre de vocación. La vocación -como su nombre indica- es una llamada desde el futuro que configura una elección. El niño elige una carretera para dirigirse hacia ese futurible que llamamos destino que naturalmente ha de encontrar un talento especial ya determinado por el carácter y el temperamento.

Naturalmente no todos los niños tienen tanta suerte, a veces por razones psicosociales o de crianza y otras porque solo en la adolescencia aparece esa llamada vocacional, a veces demasiado tarde. Obviamente el carácter para su formación precisa de educación e instrucción, solo así los niños pueden encontrar entre todas las tareas conocidas aquella que se ajuste mejor a sus preferencias.

Asi y todo, la mayor parte de las preferencias verbalizadas durante la nfancia no son vocacionales sino simples caprichos motivados por la exposición a una u otra tarea. Por ejemplo en un hogas de músicos es muy probable que los niños tengan preferencia por la música, en un simple acto de imitación, en un hogar donde los padres leen también los niños leerán, en un hogar de forofos por el futbol, habrá un niño o niña interesados por el deporte. Son muchos los niños que dicen que quieren ser veterinarios simplemente porque les gustan los animales. Yo he conocido muchos médicos que afirmaban -ya de médicos- que les hubiera gustado ser psiquiatra, algo que queda en el baúl de los recuerdos como algo que no se llevó a cabo, simplemente porque no era una vocación verdadera.

La vocación es la manera más conocida de relacionarnos con el futuro, la otra es la inspiración, otra la intuición , otra la anticipación y otra la sincronicidad, pero para hablar de ellas es innecesario que hablemos antes del Yo arquetipico, el daimon de los griegos.

Marco Aurelio alude de continuo a ese Dios o duende que habita con nosotros y que algunos identifican con el ángel de la guarda o con otros nombres, en realidad una especie de doble o “gemelo cuántico” con el que veces mantenemos conversaciones.

El destino está también relacionado con la fatalidad es decir con la diosa Ananké (Necesidad). Y la única manera de escapar de su influencia es a través del conocimiento, alcanzar así la virtud. Es en esta dimensión donde podemos encontrar sentido a la frase inscrita en el Oráculo de Delfos:

“Conócete a ti mismo”.

Pues sin conocerse uno mismo es imposible encontrar tu Yo arquetípico, es decir el arquetipo que nos representa en el futuro.

Dicho de otra forma, en el carácter se encuentran las claves del futuro, más allá de la determinación y la fatalidad.

Y el eneagrama es una forma de acercarse a ese arquetipo a partir de un carácter que si puede factorizarse, encontrar ayuda en otros arquetipos y apartarse de aquellos que nos pueden hacer equivocar de camino.