Los espejismos de la certeza


Conocí a Siri Huvsted a través de un libro que me interesó lo suficiente como para escribir dos post sobre él, donde dejé mi opinión sobre el caso , más que eso, incluso hicimos una sesión clínica sobre él en mi servicio del Hospital Provincial de Castellón. En ese libro que clasifiqué como “novela clínica”, Siri habla de un caso que tardé en descubrir que era autobiográfico porque su estilo literario me impulsaba a pensar que se trataba de una novela de ficción muy del estilo de su marido Paul Auster. Me equivoqué.

El lector interesado puede volver a leer mi interpretación sobre el extraño caso de temblor que aquejaba a Siri y que le dio motivación suficiente para hacer un viaje alrededor de la histeria de conversión, sobre la neurologia y sobre neurociencias que ahora vuelve a retomar en éste, su ultimo libro.

Antes de seguir adelante he de confesar que los libros de Siri no me apasionan y aunque “la mujer temblorosa” me interesó por sus incursiones sobre la historia psicoanalítica de los trastornos de conversión -que siguen sin tener una explicación científica sobre ellos- me parece que sus ideas son confusas y marcadas por vaivenes hacia delante y hacia atrás, vaivenes de equidistancia y no sólo de prudencia. De hecho no he leído ningún otro libro suyo entero, hasta hoy que he vuelto a reincidir con este que -digámoslo claramente- me parece tan confuso como el anterior. Aclararé qué quiero decir con confuso.

Me parece obvio que Siri, sin ser médico, psicólogo, psiquiatra o biólogo ha hecho incursiones muy potentes en las neurociencias quizá por motivaciones personales pero se empeña en mantener una posición excesivamente neutral en aquellas cuestiones que no encajan en su concepción feminista de la igualdad. Dice cosas interesantes en su libro y también algunas perlas que delatan su fobia a aceptar -por ejemplo- que hombres y mujeres tenemos cerebros, mentes y cableados diferentes que proceden de adaptaciones ancestrales y no cabe duda de que la mujer está adaptada a la maternidad, ese hecho por si solo ya resulta explicativo a nivel de ciertos rasgos psicológicos que se manifiestan en ellas de una manera persistente y robusta.

Dice por ejemplo -en su defensa del psicoanálisis- que en este no se trata de encontrar la verdad sino de construir un relato más acorde con la realidad. Yo creo que es verdad y no se que avances habrá hecho en 5 años de análisis, 5 días por semana y si habrá entendido la relación que mantenía con su padre, hecha de envidia, codicia y admiración. Pero por lo que leo supongo que no, esa creo que es la verdad que no quiere ver.

No cabe duda de que las explicaciones biomédicas, sobre todo las que proceden de la Neurología son más cómodas para explicar un síntoma histérico, es decir psicógeno y sin explicación médica. Y no cabe duda de que esta es la razón por la que la Neurología le ha ido comiendo terreno a la Psiquiatria y lo ha hecho cambiándole el nombre a las cosas. Así el temblor de Siri no es ya un síntoma histérico que nace cuando está dando conferencias -exponiendo el cuerpo- (en lugares ocupados anteriormente por su padre y en los lugares en los que su padre era un experto), ni es un síntoma que se muestra, es decir que siempre se produce en presencia de alguien sino que ahora es un temblor ortostático según dicen de esta mujer que también lo sufre:

Lo cierto es que el ortostatismo (hipotensión cuando se está de pie) no produce temblor, sino desmayos, caídas o sensación de inestabilidad, de modo que sin saber la vida íntima de la Merkel, me inclino a creer que estamos hablando del mismo tipo de temblor: un síntoma que es en realidad una metáfora de miedo o de frío que se produce en la exposición pública, que tiene relación con el lugar simbólico que se ocupa, que carece de gravedad y cuyo estado afectivo más frecuente es “la belle indiference“, es decir la indiferencia ante el síntoma.

Siempre cuento la anécdota de que en mi Hospital veíamos muchos casos de histeria pero en cuanto se formaron equipos en torno a un servicio de Neurología vecino (en otro Hospital) dejamos de verlos. Un dia fui a hacer una visita a ese servicio y me encontré alli a viejas conocidas mías que ahora estaban en manos de neurólogos y todas tenían unos diagnósticos muy sesudos. La palabra “histeria” había desaparecido de los manuales (y sigue desaparecida), es algo así como un tabú, pero lo cierto es que aquellas pacientes no parece que hayan mejorado clínicamente después de ciertos tratamientos que en mi opinión desenfocan la relación del individuo con su contexto. Y en eso estoy de acuerdo con Siri.

Es muy posible que detrás de los síntomas de conversión existan mecanismos desconocidos o que no hemos sido capaces de aclarar, también es posible que el viejo axioma descrito por Babinsky de la “belle indiference” no discrimine lo orgánico (una verdadera enfermedad del cerebro) de lo psicógeno tal y como cuentan en esta revisión.

Pues la verdad del asunto y esta es la clave del libro de Siri, es que el tema de las relaciones entre cerebro y mente no está resuelto del mismo modo que no está resuelto el binomio innato/adquirido o el binomio nature/nurture. En realidad nadie parece estar seguro de lo que queremos decir con la palabra “mente”. ¿Son equivalentes o por el contrario se trata de dos sustancias distintas? ¿Por qué existe la Neurología y la Psiquiatría? Declarar que estamos ante una enfermedad del cerebro no aclara sino que oscurece aun más -si nos equivocamos- sobre las verdaderas causas de un síntoma como el temblor que ni es esencial, ni parkinsoniano.

Para contestar a esta pregunta hay dos posturas: los dualistas cartesianos ellos o los monistas, es decir lo que todo lo reducen a mente o todo a materia. Siri se clasifica como monista encarnada sea lo que sea que signifique eso. Lo cierto es que aunque el dualismo haya sido criticado desde la ciencia muy duramente por casi todos los que tiene algo que decir en esta materia, la verdad es que todos somos dualistas cuando especulamos entre las conexiones o interelaciones entre el cerebro y la mente que seguimos sin poder definir. Dicho de otra manera: no tenemos ni idea de como se relaciona lo material (el cerebro) con lo inmaterial, lo robusto con lo grácil, lo denso con lo sutil (algo que hemos denominado como el problema difícil de la conciencia. Pero sin embargo todos creemos que no somos dualistas y que entendemos perfectamente como lo mental influye en lo físico y viceversa. Y todos somos monistas recalcitrantes cuando decimos que mente y cerebro o naturaleza-cultura son la misma cosa. Una cosa es cierta: la medicina no es natural, está en la cultura de manera que estamos pensando siempre desde el contexto cultural incluso cuando hablamos de lo biológico o de la naturaleza. Estamos pues sesgados.

Asi Kenneth Kendler dice:

Ha llegado el momento de que la psiquiatría declare la obsolescencia de las ideas de que somos dos esencias, cuerpo materia y alma o psique inmaterial. Existen pruebas más que suficientes para declarar que la experiencia humana depende completamente del funcionamiento cerebral. La mente no existe independientemente del cerebro, no hay espiritus descarnados. Rechazar el dualismo significa dejar de considerar que lo mental (lo funcional) es un aspecto diferente de lo biológico (lo orgánico). Lo mental y lo biológico son más bien dos puertas de entrada distintas para llegar a entender nuestro cerebro.

El rechazo del dualismo cartesiano tiene una consecuencia beneficiosa inmediata: la evidencia de una tautología: los trastornos psiquiátricos del mismo modo que cualquier hecho psicológico normal o patológico son biológicos del mismo modo que todo círculo es redondo”.

Nótese que Kendler dice alguna verdad como que sin cerebro no hay mente, no cabe ninguna duda, pero no nos aclara qué diferencia hay entre la mente y el cerebro si es que hay alguna como parece obvio y dice además que depende del funcionamiento cerebral, lo cual no es cierto del todo pues los trastornos funcionales se producen en ausencia de lesión material, de manera que hasta Kendler parece que patina con respecto a las ideas mente/cerebro. No es de extrañar no lo hemos resuelto nadie.

Siri parece que tenga una especial fobia a la psicología evolucionista y de entre todos sus autores a Steven Pinker al que acusa de arrogancia sobre todo por el titulo de su libro “Cómo funciona la mente”. No cabe duda de que ese titulo es puro marketing comercial y es tambien cierto que Pinker no sabe cómo funciona la mente, eso está claro pero su obra más importante, al menos para mi es “La tabla rasa” que Siri se empeña en desacreditar varias veces en su libro. De mismo modo se revela contra la testosterona.

Lo cierto es que la idea de la tabla rasa es incómoda para los “progresistas” que votan a Biden a pesar de su demencia, pues se opone a su concepción de que los individuos somos perfectibles a través de la educación y la empatía, sin que tengamos que tomar en cuenta otros variables, como por ejemplo el CI o las cargas deletéreas de un genoma dado. Es una idea que confronta esta creencia, sin embargo también es cierto que el efecto Flynn ha tenido lugar precisamente en el ultimo siglo donde parece que el CI de la población ha crecido a causa de la educación sin hablar del efecto que la educación femenina ha tenido en las mujeres de este siglo no solamente en el aspecto intelectual sino también en otras hazañas como las deportivas o la irrupción de la mujer en oficios que han sido mayoritariamente ocupados por los hombres.

De manera que el efecto de tabla rasa no debe considerarse de una forma radical, algo que por cierto Pinker no hace aunque Siri le atribuya pensamientos o ideas que no están en su cabeza. Lo genético no es determinista salvo en los casos extremos pero puede ser acumulativo, pero la educación por si misma no garantiza la igualdad de rendimientos en nosotros los humanos. Hay, eso si, un segmento de interacción (una palabra que a Siri no le gusta) pero que a falta de otra mejor utilizo para explicarme como lo innato y lo adquirido se influyen entre si.

En resumen, el libro es interesante por el trabajo que supone para una persona que no es profesional acercarse a conceptos borrosos sobre los que la ciencia aun no ha encontrado respuestas claras y sobre todo porque tal y como reza su titulo de lo que se trata es de cuestionar todas y cada una de las certezas que tenemos y donde Siri acierta más es en el terreno de la causalidad cuando explora la histeria de conversión, el efecto placebo o el falso embarazo (pseudociesis), fenómenos que la ciencia no puede explicar al menos con su método usual que se basa en lo estadístico y en su continua confusión entre causa y correlaciones.

El énfasis en las correlaciones lo que hace es oscurecer aun más las causas de las cosas y sobre todo el haber convertido a los científicos en filósofos ingenuos, esta me parece que es la mejor aportación de este libro: la critica al método científico que arrincona la creatividad y la intuición de los investigadores a los resultados del álgebra correlacional.

Y otro hallazgo que me parece a rescatar es el concepto de sugestión que parece haber sido abandonado por la ciencia y sospecho que ha sido adoptado por la política y la milicia.

En realidad nosotros los humanos somos muy sugestionables siempre y cuando no sospechemos que nos quieren sugestionar.

Un pensamiento en “Los espejismos de la certeza

  1. Gracias por este nuevo post sobre Siri H., Paco.

    Escribes, entre otras cosas de interés, “…lo cual no es cierto del todo pues los trastornos funcionales se producen en ausencia de lesión material, de manera que hasta Kendler parece que patina con respecto a las ideas mente/cerebro. No es de extrañar no lo hemos resuelto nadie.

    unos comentarios a esto:

    Uno. Los trastornos funcionales pueden o no producirse sin o con lesión material del sustrato físico cerebral. Son reversibles e implican por tanto un tipo de “acción de reversibilidad” que obliga a pensar que simplemente lo que se ha “averiado” es la ejecución o puesta en marcha de una(s) función cerebral compleja. Sin lesión. Por inhibición parcial o total de una conducta, temporal o crónicamente.

    Esto es la esencia de los trastornos histéricos.

    Dos. La cara no es el espejo del alma. El espejo del alma es la consciencia.

    Vivimos en un cerebro que expresa una función especular de si mismo de la que nos volvemos conscientes, cuando estamos despiertos, por reflejo de la misma en el espejo de las llamadas “neuronas en espejo”, ya comentadas en el primer post tuyo sobre Siri H.

    Tres. Por tanto, es implícito que siempre hay cerebro y mente trabajando junt@s pues no hay diferencia alguna como entre, valga como ejemplo, el ojo y visión. El ojo recibe y lo que vemos es “la mente” del ojo, es decir lo que el ojo nos ofrece a nuestra mente / espejo.

    So far

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