La pentapolaridad (XLIII)


Siempre me ha llamado la atención, cuando veo documentales bélicos, la alegría de los soldados cuando se suben en un tren para irse a la guerra, una alegría similar a la de la fiesta, una especie de embriaguez estúpida, como si la guerra fuera algo ganado de antemano y cuya duración no excediera de un breve paseo. Casi nadie cree en la posibilidad de no volver a besar a esa novia que en el andén le despide tras un largo beso y que queda desolada por la marcha de su pareja.

Una de las razones que explican esta alegría es lo que conocemos con el nombre de “sesgo optimista”: la creencia irracional de que no vamos a morir, no vamos a sufrir  o no vamos a ser heridos en una situación de ese tipo.

La alegría es una emoción primaria que ya podemos observar en bebés de pocos meses. Es algo así como algo amistoso, festivo, emparentado con la felicidad o el placer. La alegría es una celebración que induce a la sociabilidad, a compartir, a empatizar con el otro aun desconocido, una emoción Fuego según la MTC (medicina tradicional china) emparentada con la embriaguez, con la euforia, con un sentimiento de expansión y de contento.

La alegría inmotivada es uno de los síntomas principales del trastorno bipolar antes conocido como psicosis maniaco depresiva. Una enfermedad cíclica y periódica que se caracteriza por periodos alternantes de manía y de depresión junto a periodos de eutimia, es decir de normalidad afectiva.

En la manía nos vamos a encontrar síntomas en todo opuestos a la depresión, el sujeto está excitado, hiperactivo, expansivo, optimista, insomne y pródigo, es decir puede meterse en gastos excesivos y poco meditados, en actividades sexuales promiscuas o de riesgo y en actividades u ocupaciones incesantes que no necesariamente conllevan un objetivo realístico. Puede sentirse capaz de cualquier cosa, emprender cualquier negocio, librar una batalla contra los elementos, en suma una atmósfera de omnipotencia parece presidirlo todo.

La manía se parece y mucho a la embriaguez alcohólica, pero a diferencia de ésta puede durar meses si no se trata y predice además una recaída depresiva. Después de la euforia viene la melancolía, sin embargo no todas las depresiones predicen una manía, hablamos entonces de un tipo especial de depresión: la depresión bipolar que sería aquella depresión que acaece en el curso de un trastorno bipolar y que no se distingue en nada de cualquier otra depresión mayor unipolar.

¿Cómo podemos saber si una depresión pertenece a ese complejo que llamamos trastorno bipolar?

No podemos saberlo de entrada (en el primer episodio) si bien podemos llegar a esa conclusión una vez observado el curso longitudinal del cuadro completo. En ocasiones el viraje hacia la manía puede ser farmacológico (después de un tratamiento con antidepresivos) pero no podemos predecir cuales depresivos harán una manía o hipomanía, después de un tratamiento de este tipo, solo podemos predecir que algunos (una minoría lo hará) y sucede por una razón:

La alegría es la emoción opuesta a la pena y en cierta forma su cura, es por eso que muchos depresivos se emborrachan o se drogan como forma de automedicación. Karl Abraham decía que la manía es una defensa de la depresión pero en MTC no hablan de defensas sino de que unas emociones controlan a otras, otras nutren y otras agotan tal y como conté en este post. En suma la alegría (abuelo, Fuego) controla a la pena (nieto, Metal). Esta es la polaridad de lo que nosotros entendemos como trastorno bipolar: una especie de fluctuación radical entre emociones que desbordan la eutimia, es decir el estado de animo normal, tranquilo y que discurre dentro de los limites de la razón.

Pero no hay una única polaridad entre emociones tal y como podemos ver en este gráfico: la alegría controla la pena, pero también la reflexión controla el miedo, la ira (asertividad) controla la hiperreflexividad, la pena controla a su vez la ira de la madera y el miedo (Agua) controla la alegría (Fuego). Hay pues cinco polaridades.

La novedad de esta conceptualización MTC procede de la palabra “controla”. Desde luego controlar no es oponer o convertir una cosa en su contraria. En realidad la manía no es la cura de la depresión sino algo que la cronifica. Controlar significa impedir que algo se salga de su sitio sin modificar o hacer desaparecer la esencia que controla. Controlar significa poner limites a algo permitiendo la existencia de ese algo sin obturar su expresión. Sentir pena es normal si hay motivos para ello pero tener un episodio maniaco por sentirse apesadumbrado por algo es excesivo y patológico: es salirse del surco, malgastar una energía cuyo fin es restablecer el orden circular de esa rueda dinámica y en continuo movimiento por la que discurre ese orden que llamamos principio de la realidad y que nos permite seguir cuerdos y saludables.

Pero en realidad ya algunos psiquiatras habían caído en la cuenta de que existían otras polaridades,  y que no siempre se manifiesta por oscilaciones de alegría-pena sino también de otros polos afectivos como son la expansividad-éxtasis, felicidad-ansiedad o la más frecuente bipolaridad ira-miedo, es decir lo que Kleist llamó psicosis marginales  o cicloides y que hoy en día carecen de ubicación nosográfica. En suma cualquier afecto puede encontrarse disregulado más allá del continuo alegria-pena y merece nombrarse al par rabia-pena muy fácilmente observable en la psicología popular. Es una lástima que Kleist no conociera la MTC.

El humor o tonalidad afectiva es uno de los parámetros psiquiátricos que mejor pueden estudiarse a través de la teoría del caos, en tanto que emergen de las condiciones de un sistema no lineal: el humor puede considerarse que es una variable (como los niveles de glucosa) que deben permanecer en una cierta proporción donde son permisibles variaciones individuales que oscilan en un determinado rango y sobre todo relacionadas con los eventos de la vida. Así, la alegría y la pena son condiciones adaptativas que representan modos adaptados de reacción en función de las circunstancias o vivencias individuales. La patología del humor sin embargo procede de una caotización de este sistema. El paso de un sistema homeostático a un sistema caótico (aperiódico) procede casi siempre de la superación de un número o masa critica que hace derivar al sistema fuera o lejos de las condiciones del equilibrio y una vez caotizado el sistema se hace impredecible.

Lo que se estropea cuando esto sucede es la autoregulación de los afectos tal y como vemos en este gráfico. Podemos observar como en un momento determinado cuando el humor pierde su equilibrio que el sistema se caotiza, se disregula y excede los limites de homeostasis del sistema: cuando es por arriba hablamos de manía  y cuando es por abajo hablamos de depresión.

En realidad un sistema sano está siempre en movimiento y por eso el humor tiene pequeñas oscilaciones y no es una linea fija. Pero el sistema autoregulado tiende al equilibrio sino se le somete a tironeos de alostasis.

Homeostasis es el mecanismo a través del cual nuestro organismo se mantiene estable en cualquiera de sus variables biológicas a través de una pequeña oscilación en el tiempo. Alostasis o carga alostática es el trabajo que debe hacerse a cargo de otras variables para mantener la homeostasis de la variable principal, Alostasis supone mantener la estabilidad a través del cambio.

La pregunta que en este momento seria pertinente es ésta: ¿Por qué el humor no es estable? o ¿Qué es lo que desestabiliza el humor?

La metafora de la economía.-

¿Qué es lo que hace que la economía sufra subidas y bajadas? ¿Epocas de expansión y épocas de contracción? ¿De inflación o deflación? ¿De miseria y abundancia?

Los lectores sagaces ya se habrán dado cuenta de que las oscilaciones del humor son muy parecidas a las oscilaciones de la economía y me pregunto si hay un factor común que explique el porqué no podemos tener una economía que crezca o pierda intensidad muy lentamente pero de forma manejable y sostenible (como se dice ahora). Bueno, es evidente que hay factores externos como las guerras, las desgracias colectivas en general, las pandemias como la actual que arruinan a la economía de  países enteros como ya sabemos pero la verdad del asunto es que la variable más importante no es externa sino que está implícita en la misma economía. Se llama inversión y también especulación. Es la inversión especulativa lo que desequilibra la economía. La economía sólo atiende a si misma como el deseo humano.

Más arriba dije que la pandemia había arruinado la economía de nuestro país pero eso -siendo verdad- no es toda la verdad, no habrá arruinado a los laboratorios que fabrican vacunas, ni a sus inversores. es por eso que la economía puede crecer y decrecer al mismo tiempo en forma de K, favorece a unos sectores y desfavorece a otros que aprovechan la situación para invertir en tecnologías o en Big Pharma.

Esa inversión hace ganar fortunas a los que la aprovechan pero detraen recursos en otros lugares, lo que se invierte an Asia o en China o en ciertas empresas es dinero que nos emplea en otras cosas quizá tan importantes como obtener vacunas para toda la población. Hablamos entonces de burbuja.

Una burbuja es un termino económico que significa algo así como algo que atrae grandes capitales que prometen beneficios rápidos pero que están sobre dimensionados y/o exagerados. Un ejemplo es la especulación inmobiliaria que se inició alrededor de 2010 y cuyo pinchazo notamos ya en 2018, hubo muchas personas que invirtieron en viviendas con unos precios inflados que unido a la facilidad para hipotecarse, terminó estallando arrastrando a ls ruina a muchos ciudadanos que perdieron su trabajo en la crisis y no pudieron por tanto atender a sus compromisos con los bancos. El resultado es que en la actualidad existen tres millones y medio de viviendas vacías en España casi todas ellas propiedad de bancos, mientras muchas personas viven en la estulticia o sencillamente carecen de vivienda.

¿Pero qué podría suceder si las vacunas al final no fueran efectivas, o fueran tóxicas o generaran efectos secundarios importantes? Fiarlo todo a un solo boleto parece muy arriesgado y en cierta forma maniaco. Bueno lo que sucedería es que el sistema económico se volvería a caotizar como en el 2018, una crisis provocada por la burbuja inmobiliaria. Ahora podríamos asistir a otra crisis pues todo el dinero está invertido en proyectos algo estúpidos: recordemos el proyecto espacial de Elon Musk en el que se ha metido mucho más dinero que en la investigación de las propias vacunas o medicamentos contra el COVID-19.

En suma el mundo económico sufriria una convulsión económica, se volveria bipolar.

Algo así pasa en el cerebro humano, el cerebro se caotiza precisamente porque no hay nada más especulativo que el deseo humano.

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