Las cinco polaridades de la medicina tradicional china (XLI)


Recientemente he tenido ocasión de leer en el libro de Marino Perez , una reflexión en torno a la depresión en los ciudadanos chinos que me ha llamado la atención y este post pretende responder a ésta pregunta ¿Se deprimen los chinos? o bien ¿En qué se diferencian las depresiones chinas de las europeas?

Aconsejo al lector que antes de introducirse en este post recurra a este otro donde me preguntaba si la depresión es una enfermedad mental.

A lo largo de mi ejercicio profesional he tenido ocasión de ver solo a unos cuatro pacientes chinos, una adolescente era anoréxica y lo que me llamó la atención en ella fue que carecía de ese impulso a la delgadez que preside la clínica occidental, en ella parecía existir -sin embargo- una pulsión tanática muy importante, dejar de comer era para ella dejarse morir. También he visto cuadros psicóticos, mutistas y un cuadro muy proteiforme que podríamos catalogar como depresivo pero que se caracterizaba más bien por una enorme cantidad de síntomas somáticos y prácticamente ausencia de síntomas psicológicos, mientras que entre nosotros la depresión de caracteriza y diagnostica por una suma de síntomas psicológicos bien conocidos.

Pero a diferencia de la nuestra -que es dual- la medicina tradicional china es psicosomática.

Es lógico que así sea, pues como veremos a continuación en la medicina tradicional china no existe el cerebro ni mucho menos la mente. Entiéndase bien, no es que los chinos nieguen la existencia del cerebro o su importancia sino que lo ven en relación con otros órganos, otros circuitos. La depresión para ellos es el desequilibrio energético del cuerpo entero – o al menos de ciertos canales-, no del cerebro.

Lo interesante de la MTC es que inventaron una fisiología y fisiopatología comprensiva mucho antes de que la medicina encontrara las razones científicas de su quehacer y a diferencia de la nuestra consigue ensamblar lo emocional con lo energético y lo somático. Cuando los chinos hablan de riñón no están hablando solo de un órgano físico, sino que hablan de una energía, de un elemento (agua) y de una emoción (miedo) y una estación. Más abajo presento una comprensión de estos fenómenos para el lector interesado.

Nosotros los occidentales estamos acostumbrados a oír que algunas enfermedades mentales son polares, es decir transcurren entre dos polos y por eso llamamos Trastorno bipolar a una curiosa enfermedad cíclica conocida desde la antigüedad que se caracteriza por oscilaciones del humor que en los casos más intensos y graves tienen lugar desde la euforia (manía) hasta la melancolía (depresión), emociones que en nuestro modo de pensar son opuestas aunque no son las únicas como veremos a continuación.

Lo que desconocemos los occidentales es que esta enfermedad del ánimo – el trastorno bipolar- ya había sido conceptualizada por la tradición médica china, aunque bien es cierto que en su modelo explicativo, la MTC no considera a esta la única enfermedad polar, sino que como podemos ver en el esquema de más abajo existen cinco polaridades, es decir cinco modos de enfermar oscilantes entre emociones.

Tal y como puede verse en el esquema, a cada emoción corresponde un órgano (solido) y una víscera (hueca), un sabor, un color, un canal sensorial, una estación de año y un elemento (agua, madera, fuego, metal y tierra). En este modo de pensar cíclico, holístico, dinámico e integral, lo que enfermaría a un individuo seria el personal trasiego que hace con sus emociones, es decir la manera en que inhibe, agota, desplaza o nutre cada una de esas posiciones siguiendo las siguientes leyes que llamaremos las leyes de las cinco polaridades:

Ley de madre-hijo.

Una regla nemotécnica para recordar las relaciones polares:

1.-Tierra nutre metal

2.-Metal nutre agua

3.- Agua nutre madera

4.-Madera nutre fuego

5.-Fuego nutre tierra

Y por el contrario

El hijo enferma (agota a la madre).

1.-Tierra apaga fuego

2.-Fuego consume madera

3.-Madera consume agua

4.-Agua consume metal

5.-Metal consume tierra.

Ley del abuelo-nieto.-

Si la madre y el hijo se relacionan directamente a través de sus aspectos de nutrición y de desgaste, los opuestos (abuelos) se relacionan de una forma bien distinta: lo hacen controlando a su contrario, es decir estableciendo relaciones bipolares entre ellos. Asi

1.-El fuego controla el metal (la alegría controla la pena , embriagado en lugar de apenado)

2.-El metal controla la madera. (la pena controla la ira, triste en lugar de rabioso)

3.-La madera controla la tierra (La ira controla la reflexión, pensar antes de hacer)

4.-La Tierra controla el agua. (La reflexión controla el miedo, escuchar al otro tiene efectos anti-miedo)

5.- El agua controla el fuego (el miedo controla la alegría, sin comentarios)

De estas cinco polaridades la que es más próxima a nuestros modelos explicativos es la primera, es decir el par alegría-pena, sin embargo el resto son bastante desconocidos para nosotros si descontamos la relación entre pena y rabia que sabemos bien que son dos emociones que se relevan en algunos de nuestros pacientes que presentan patologías de la pena (depresiones) cuando en realidad están profundamente airados o enfadados por alguna razón. Entendamos pues que el termino “controla” es algo así como un eje de retroalimentación de ida y vuelta (bidireccional) entre emociones que son fácilmente intercambiables a través del aprendizaje precoz, es decir aquellos aprendizajes que se realizan a través de condicionamientos simples y precoces (arcos reflejos) y que por tanto van a perdurar toda la vida.

Cada una de estas emociones tiene un nombre cuando se presentan en estado patológico, entendiendo la patología como su exceso o defecto, así:

1.-La alegria patológica es euforia o exceso de seriedad.

2.-La reflexión patológica es obsesividad y perfeccionismo.

3.-La pena patológica es la melancolía clásica o la depresión.

4.-El miedo patológico es pánico.

5.-La ira excesiva es violencia o cólera.

Visto en términos de psicopatología ya podemos entender las mismas correspondencias:

1.-La euforia controla la melancolía o dicho de una manera más psicológica: la manía es una defensa contra la depresión, algo que ya dijo Abraham, discípulo de Freud.

2.- La melancolía controla la ira o bien: la depresión es rabia reprimida.

3.- La cólera controla la reflexión excesiva (las conocida agresividad latente de los obsesivos)

4.–La obsesividad controla el pánico ( el conocido efecto antipánico de las ideas y de las perchas cognitivas). La obsesión es la máscara del miedo.

5.- El pánico controla la euforia (el conocido efecto antipánico del alcohol o las drogas euforizantes)

Aquí podemos de nuevo ver el esquema:

 

Observe el lector que las flechas rojas son los opuestos (contrarios) tal y como los conceptualizamos nosotros los occidentales y representan la retroalimentación que se deriva del verbo “controlar”, las flechas verdes la función nutricia de madre a hijo y las flechas amarillas la función desgaste de hijo a madre. De modo que existe no 5 sino una despliegue potencial en 15 polaridades emocionales donde podemos ver como cada una de ellas nutre, desgasta o controla a una emoción diferente.

Para nosotros psicólogos o psiquiatras lo que nos interesa cuando vemos a un enfermo es el diagnóstico, es decir qué es lo que hay enfermo en él, cual es la emoción primaria que enfermó. Nótese que aunque la sintomatología que presenta un enfermo puede ser melancólica (pulmón, pena) no necesariamente su patología procederá de este sistema sino de cualquier otro relacionado con él, puede que sea el abuelo quien lo enfermara (Fuego, alegría), puede que fuera el déficit de la madre (Tierra, reflexión) o puede que fuera el elemento agua (miedo, riñón) quien lo agotara en su función. Lo cual nos vuelve a introducir en una vieja máxima que aprendí mientras estudiaba psicoanálisis y que dice que las enfermedades son o bien el producto de una carencia o de una toxicidad. En cualquier caso de un desequilibrio o disarmonía entre los cinco canales.

¿Cómo podemos saber cual es la emoción primaria que enfermó?

Nótese que a cada elemento corresponde también un órgano de los sentidos y un sabor:

1.- Metal, olfato, picante.

2.-Agua, oido, salado.

3.-Madera, vista, ácido.

4.-Fuego, tacto, amargo.

5.- Tierra, gusto, dulce.

La mejor forma y más directa de averiguar cual es el elemento enfermo primario es preguntar sobre cual es el canal de los sentidos preferido por el paciente, es decir aquel con el que disfruta más y mejor. Bien entendido que en ocasiones es bastante fácil porque casi siempre vamos a encontrar un déficit (por ejemplo un déficit visual o un deficit auditivo o una falta de fuerza subjetiva visual u auditiva) pero en otras ocasiones lo que vamos a encontrar es un exceso por ejemplo de olfato (hiperosmia). Naturalmente el déficit no tiene porque ser objetivo y basta con un déficit simbólico, así hay muchas personas que no escuchan (y por tanto no oyen), este tipo de personas es como si estuvieran sordos y deben ser considerados energéticamente sordos, afectando al elemento Agua, no escuchan porque tiene demasiado miedo.

Y estas personas que no escuchan son precisamente aquellos que presentan disfunciones sociales o presentan síntomas de agresividad, hiperactividad o disforia con un predominio de la ira expresada que procede del miedo (Agua en déficit o Fuego en exceso)

Una vez identificada la emoción primaria tóxica son muchas las cosas que podemos hacer desde el punto de vista psicoterapeutico, pero siguiendo la MTC podemos también comenzar por rehabilitar las emociones averiadas a través de sus pares sensoriales. Por ejemplo en la anorexia mental donde existe una avería (aqui hay un mapa de la lengua) casi siempre primaria del elemento Tierra (gusto) que conlleva un exceso de reflexión, obsesividad y perfeccionismo es positivo comenzar por aprender o reaprender a identificar sabores, comenzando por salados, dulces, amargos, ácidos y picantes y sus combinaciones, sin olvidar que también los sabores están presidido por la ley de los abuelos  y que ciertos sabores controlan a otros. Así la preferencia excesiva por el sabor dulce (Tierra) puede ser neutralizada rehabilitando el reconocimiento de su opuesto bloqueado (el ácido de la madera).

Lo importante es nutrir aquello que se encuentre en déficit, y esto puede lograrse de forma directa (nutriendo directamente el déficit primario) o bien bloqueando aquello que está intoxicando el elemento o emoción ad hoc. Teniendo en cuenta que la salud consiste en restablecer el equilibrio perdido entre fuerzas elementales y que cada persona tiene unas características que le hacen especial, devolver la salud es devolverle al individuo la capacidad de lidiar con sus emociones primarias sin necesidad de desviarlas a un elemento que no es suyo, a un lugar o espacio que es de otro.

Teniendo en cuenta que el aprendizaje emocional es precoz y que casi siempre se establece en nuestra primera infancia a través de reflejos condicionados (sin critica racional) y de imitaciones parentales es necesario recordar que nuestras emociones suelen ser calcos o borradores de las emociones de nuestros padres y que aprendemos con ellos nuestras modalidades, es decir la forma en que expresaremos esas mismas emociones toda nuestra vida hasta que aprendamos (en el mejor de los casos) estrategias para minimizarlas.

Significa que el miedo de un niño es el miedo que aprendió de su padre o madre, pero la forma (modalidad) en que expresará ese miedo tendrá que ver con su especial idiosincrasia y no tanto con la modalidad parental. Así un niño puede expresar sus miedo al abandono a través de la pelea, mientras que su madre lo puede estar expresando con una enfermedad crónica de la piel.

Trabajar con las emociones significa reconocer las emociones como genuinas y usar los mecanismos de entrada sensorial para sanarlas, no solamente a través de las palabras como hacemos en las terapias convencionales sino muchas veces a través de los órganos de los sentidos, el uso del color, la rehabilitación del gusto, la acupuntura, la MTC (medicina tradicional china) e incluso algunas técnicas psicoterapéuticas que operen según el modelo de las 5 polaridades.

La experiencia de los trastornos mentales está mediatizada por influencias culturales, incluyendo el marketing médico y psicológico. Las entidades que hemos sido capaces de crear son conceptualizaciones o constructos que no responden a una fisiología concreta y es profundamente cerebro-céntrica o psicológico-céntrica, en cualquier caso dual e incompleta.

Una especie de lente distorsionante.

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