Sexo con Shakespeare


Este post contiene spoilers, es decir revela datos de la trama de la novela citada, el lector no deberá seguir adelante con la lectura del mismo si quiere leerla.

La psicología es la tumba de los héroes (E. Cioran)

Jillian Brenan es el nombre de la autora de este libro que desgraciadamente no ha sido todavía traducido al castellano, de modo que he tenido que recurrir a una amiga -buena traductora- que me ha hecho un resumen de esta novela de no-ficción, como se dice ahora. A medio camino entre la ficción y el testimonio de una sexualidad parafílica (según los cánones al uso) y que más allá de una descripción de las preferencias sexuales de su protagonista (los azotes) nos proporciona una visión que va más allá de lo psicológico y de las hipótesis manidas sobre el trauma para convocarnos en una lectura que por lo menos en lo que a mi respecta me sitúa frente a la duda sobre los mecanismos que animan este tipo de preferencias sexuales alejándome cada vez más de las ideas sobre el trauma infantil como hipótesis etiológica universal.

Se trata pues de una novela autobiográfica de la joven periodista norteamericana, Jillian Keenan, en la que narra y describe su sexualidad, inseparable de la práctica del sparking que es, cómo ella define, parte de su identidad.

La novela se divide en 3 actos, como si de una obra de teatro isabelino se tratara. En cada uno de ellos la autora hace una serie de paralelismos entre lo que va relatando de su vida y lo que acontece en diversas obras de Skakepeare. A Jillian se le nota su pasión por el dramaturgo pero sobre todo por algunos de sus personajes en particular. Siente que éstos la acompañan y le hablan en momentos claves de su vida, e identifica en ellos sus propios sentimientos y actitudes. Como dice Jillian, los personajes de Shakespeare parecen salir de las obras e interactuar con ella. A mi esta dinámica me ha recordado mucho a la relación paciente/analista. Jillian establece casi una relación terapéutica con ellos, con sus transferencias (a veces incluso expresa la contratransferencia que cree adivinar en el personaje respecto a lo que ella le cuenta). Los usa para aclararse y tiene insights sobre su propia manera de concebir la sexualidad a través de las palabras de esos personajes. Estos se convierten “en algo más que amigos”, se convierten en el medio para explicarse a si misma su propia vida, como lo haría un paciente en consulta. Esa es mi impresión.

En este sentido, lo que a priori parece como una interpretación por parte de Jillian de estas obras maestras un poco forzada o distorsionada de su significado más evidente, en realidad cabe ser observado como una adecuación de la subjetividad de Jillian a lo que lee. Además el lenguaje de Shakespeare al ser tan rico en juegos de palabras, tan sugerente y abierto se presta en cierta forma a ello. En esta línea, hay una cosa en la que estoy muy de acuerdo con la autor:  las obras dejan de pertenecer al autor y se hacen obras nuevas en los lectores. Poco importa la intención con que el autor escribe algo o el matiz que le haya querido dar a un personaje. La lectura y la interpretación del lector prevalece sobre la del autor en el momento en que la lee. Pienso que hay tantas obras como lectores, y esta novela nos da un buen ejemplo de ello.

La autora se da cuenta muy pronto en su vida de su atracción por la práctica del spanking hasta el punto de definir su identidad sexual en base a eso. No le interesa otro tipo de sexo ni de práctica. Tampoco habla de deseo erótico, ni de descarga sexual. Sólo habla de una necesidad extrema de ser azotada. A Jillian le cuesta aceptar su necesidad de una práctica que infringe dolor ya que siente que la confronta con las ideas sociales y culturales (feministas) que ve a su alrededor. Esto es algo que sale varias veces a lo largo de la novela como veremos luego y que cuestiona el concepto tan manido hoy del consentimiento.

Tampoco sabe Jillian dónde colocar el amor en el contexto de las relaciones. Y no sabe dónde colocarlo porque las partes mentales y emocionales de su personalidad están muy poco equilibradas en ella (disociadas), y lo sentimental no está nada integrada en su sexualidad. Incluso se plantea si sabe amar. Partiendo de la idea de que un niño aprende observando, la autora cae en la cuenta de que al haberse criado sin padre nunca ha tenido la muestra de una pareja amándose. Más adelante recoge una idea aristotélica sobre el amor como deseo de completud o de un todo “wholeness”, pero apenas se toca el tema del amor en el libro y es lógico porque el amor representa la otredad mientras que Jillian se encuentra fascinada por la fusión con el objeto.

Jillian describe a su madre como una madre soltera que trabajaba a tiempo completo para sostener una familia que sólo la conforman las dos y donde no tienen ningún trato con otros familiares. El padre de Jilian desaparece cuando ella tiene 2 años . Es una mujer con una impulsividad extrema, y esa falta de control en sus reacciones desembocan en la expresión de ira hacia su hija y de maltrato físico.

Jillian dice “the first person I loved was the first person I feared”. El contrapeso a esa rabia lo ponen los continuos viajes y aventuras que la madre de Jillian trata de vivir con sus hija para escapar de la rutina. A Jillian la cambia de colegios cada año y su vida de adulta derivará también en un peregrinar de estancias en diversas parte del mundo. Es una madre a ratos temible y a ratos muy divertida con momentos de expansión y disfrute. Sin embargo ese disfrute va en detrimento de las obligaciones y cuidados básicos. Por ejemplo la madre no gasta dinero en exterminar una plaga de cucarachas en su casa con tal de ahorrárselo para pagar el próximo viaje. Dicho de otro modo: Jillian construye un apego ambivalente.

Jillian se queja de no haber sentido cuidados maternales en forma de mimos y atenciones. Eso la hace incluso anhelar estar enferma en la fantasía de ser cuidada. Esto es algo común a las hijas que han tenido madres frías. Por otro lado, las veces que la madre de Jillian pierde los nervios termina con amenazas de abandono. Su frase típica es “me desentiendo de ti! Yo me lavo las manos!” o bien: “cojo la puerta y ahí os quedáis”. Estas frases repetidas reiteradamente en la infancia a menudo marcan ansiedad por abandono en futuras relaciones, pasando en el caso de Jillian de una relación a otra sin pausa. La debilidad es castigada por estas madres. De hecho, no tienen miramientos a la hora de decir algo ofensivo a las hijas que terminan protegiéndose con una coraza frente a ellas para esconder su vulnerabilidad. Sin ser conscientes de ello estas niñas reprimen las emociones y desarrollan más el área cognitiva para no sufrir, como se ve perfectamente en la imagen que nos ofrece la autora a lo largo de la novela.

Al final de su adolescencia, Jillian es diagnosticada de esclerosis múltiple. Con 17 años abandona EEUU y se traslada a España, a Sevilla en concreto. Allí conoce a John, un chico norteamericano de 24 años. Con él establece una relación basada en el juego, la sexualidad, la amistad y la complicidad. Es una relación infantil, como describe Jillian donde no existe comunicación profunda. La protagonista compara su relación a la de Romeo y Julieta señalando que la atracción sexual y la lujuria tienen como contrapunto la ausencia de amor real. Jillian compara el amor a la comunicación, y eso no se da entre ellos.

Comparten su día a día pero Jillian cae en la cuenta de que después de muchos meses de relación no le ha revelado su enfermedad. Menciona la poca facilidad que tiene para quejarse y llorar, para mostrar las emociones. En la novela se compara a Hermione cuando dice que las lágrimas se vuelven chispas de fuego en mujeres como ella. La emoción de la rabia esconde mucho dolor y tristeza. De alguna manera, creo que Jillian canaliza ese dolor que arrastra a través de ese deseo tan grande que tiene de arder siendo azotada violentamente a manos de John. Parece que es una manera más tolerable para ella que mostrarse débil. “Las mujeres fuertes de Skakespeare no lloran, arden”, de nuevo aparece lo sexual en relación a la fortaleza/debilidad. Otra de las características de la protagonista en sintonía con ese alejamiento de la debilidad, es la ausencia de la emoción de miedo. Jillian es capaz de enfrentarse a situaciones peligrosas sin ser consciente o temer el peligro. Por ejemplo en una ocasión se baja del coche de John en uno de los barrios más peligrosos de la ciudad mientras él vende drogas.

El primer episodio de spanking supone para la protagonista dejar de lado su mente para entrar en su cuerpo. Eso lo remarcará más adelante, sosteniendo que esta práctica sexual es la que la aleja de la neurosis, la conciencia de si misma y las dudas mentales lo que habla de la existencia de un masoquismo reparador. Habla de las reacciones físicas que experimenta y de cómo el miedo y la lujuria comparten signos físicos similares como el sudor en las manos, las sensaciones en el estómago o las palpitaciones en el corazón. También habla sobre como la euforia que experimenta al ser azotada va acompañada por bajones horas después donde aparecen las lágrimas, la tristeza o las dudas, algo asi como una deplección de opioides seguido de abstinencia. Este fenómeno es reconocido por los seguidores de esta práctica, y lo llama “sub drop” y es debido a la bajada de endorfinas y adrenalina.

Jillian habla también del miedo asociado al deseo, y de la palabra sumisa. Ella a priori no se considera una persona con un carácter sumiso en cuanto a que es una mujer que no se ve dulce ni flexible. Por el contrario es de las que discute, de las que enfrenta, de las que se queja. No es difícil ver cómo esta mujer tiene dos partes muy contradictorios en sí misma: su yo social es el de una mujer decidida, fuerte, resolutiva, que confronta, y su yo más íntimo y oculto, incluso castigado por sí misma es el de una persona dulce, sensible y aniñada. En relación a todo esto, se discute en la novela “El sueño de una noche de verano”. En esta obra hay una obra dentro de otra obra que acaba formando parte de esa obra como si la fantasía se hiciera realidad. Jilllian se plantea si la fantasía debe tomar la misma importancia o categoría que la realidad. En mi opinión, Jillian no tiene tan integrada la parte de su identidad que es vulnerable (grandiosidad) y necesita de esa fantasía sexual, que incluye los cuidados de alguien fuerte, para sacarla. En ella la fantasía de sumisión cumple la función de expresar en la vida real esa parte de sí misma. Una expresión que no consigue integrar en su personalidad total.

Hay un momento en la novela en la que se plantea si las prácticas sexuales del tipo sadomasoquistas apoyan implícitamente la violencia de género. Jillian se pregunta si su conducta es una muestra de insolidaridad hacia las mujeres víctimas de malos tratos. ¿Es una de falta de respeto hacia esas mujeres?- Cuestiona Jillian. Sale a relucir el tema de Ana Orantes y lo habla con John. Es en ese momento cuando él también reconoce sus inseguridades y ese sentirse sólo ante una práctica sexual no normativa que conlleva daño físico. Este conflicto moral lo resuelven con una metáfora sobre lo singular de cada relación que compara a un país con sus fronteras donde ningún extranjero habla el idioma ni entiende las tradiciones, historia y costumbres como lo hacen sus habitantes. Así ,lo que ocurre en una relación entre dos personas solo tiene sentido para ellas.

Una de las bases de una relación sadomasoquista es la confianza. Hay un momento en el que John miente a Jillian sobre aspectos de su vida y para ella esto resulta muy duro de encajar. No hay mayor muestra de entrega que depositar tu seguridad física en alguien. Eso implica una confianza extrema. En BDSM se habla de “headspace” y si la persona tiene este estado mental de absoluta confianza siente que puede disfrutar de todo el dolor del mundo. Cuando no tiene ese estado mental es como si empezara a sentir que se hace daño físico.

Jillian se vuelve a USA con 18 años para ingresar en la universidad y con el alejamiento de esa España física, como ella la llama, entra de nuevo en su mente y vuelve su neurosis. John vive a 4 horas de ella y en alguna ocasión ella lo llama pidiendo un spanking como cura para su estrés. Es llamativo que Jillian es asexual el resto del tiempo que no fantasea o realiza la práctica del spanking. Jamás se nos habla de otro tipo de acto sexual, ni de deseo erótico. Jillian parece no necesitar descarga sexual. En un momento dado comete una infidelidad con otro chico que le permite probar el sexo “vainilla” pero no la satisface. Con él sin embargo experimenta lo que es una relación común y aceptable por la norma. Siente que su mente tiene a un novio y su cuerpo otro.

Jillian finaliza su relación con John y viaja a los Emiratos Arabes, a Oman, con una beca para continuar sus estudios de Shakespeare en esa universidad. En esa parte de la novela la protagonista nos explica su relación con las mujeres árabes y la visión que estas tienen del amor, el matrimonio y las obras de Shakespeare. Lo que más sorprende a la protagonista es, que en contra de la idea occidental que tenemos sobre las mujeres árabes, éstas piensan que las mujeres en la obra de Shakespeare son superiores a los hombres por las cualidades intrínsecas a su género. Consideran a Julieta, Ophelia y Desdémona más inteligentes y visionarias. En cambio ven a Romeo, Otelo y Hamlet inferiores por estúpidos, impulsivos e irracionales. Esto hace que pongan la responsabilidad de lo trágico en manos de esas mujeres a las que culpan de que las cosas salgan mal, ya que estas heroínas, como superiores que son, deberían haber conducido los hechos de manera diferente. La idea de la mujer árabe es que el hecho de que la mujer sea superior no la empodera, sino que la hace responsable y culpable de las tragedias.

Jillian regresa a USA y conoce a David, que será su pareja durante los próximos 5 años. Es un chico intelectual que comparte el amor y el conocimiento de Shakespeare con la protagonista. La relación se nos describe con tintes más románticos, donde se nota una comunicación y madurez mayores por parte de ambos. La infancia de David está marcada por los cuidados de él hacia su madre, enferma de esclerosis múltiple (igual que Jillian) y ésta duda de que sea el componente edípico lo que lo une a ella. A David no le atrae la práctica del spanking pero se esfuerza de tanto en tanto en complacer a Jillian. Sin embargo, no sabe hasta qué punto esta fantasía domina la vida interior de la protagonista. Ella se siente sola y aislada al no haber compartido esta parte importante de su identidad con él, por eso decide un día escribir y dar a leer a David lo que sería publicado más adelante como un ensayo sobre su sexualidad. David acoge muy bien la revelación de Jillian y nos hace una reflexión sobre el tema de la privacidad en relación a la vergüenza. Sacar a la luz su sexualidad y defender esta perversión como parte de su identidad la hace dejar de sentirse aislada y defectuosa. Fue importante poner en palabras con su ensayo este tema no solo de cara a mostrarse ante los demás sino ante sí misma en un paso hacia la autovalidación.

En este punto en el que el desarrollo psicosexual de Jillian es más rico, llegamos a la parte para mi clave en la novela. Al igual que se le ocultó a David hasta qué punto el spanking dominaba la identidad y la psique de la protagonista, al lector se nos oculta hasta este momento una de las claves de la novela: los abusos sexuales que la protagonista sufre en su infancia y adolescencia.

A la edad de 4 años Jillian recuerda juegos por parte de una persona adulta en la oscuridad en los que le tocan partes de su cuerpo incluidos los genitales. Más adelante, en su adolescencia, es forzada y penetrada sin su consentimiento por un hombre. Sin embargo, Jillian minimiza el impacto traumático de estos abusos ya que sostiene que ni los genitales ni la vagina son zonas con carga sexual para ella. Lo que realmente supuso un abuso sexual en el sentido más traumático del término para ella, fueron los azotes en el culo que su madre le daba repetidamente como castigo. Jillian explica que desde que tiene uso de razón siente su culo como la parte más erótica y sexual de su cuerpo con diferencia. El que su madre la obligara a tumbarse boca abajo y la azotara era para ella un completo abuso sexual y así se sentía. Es consciente de lo traumático de estos hechos en su vida, sin embargo, también asegura que su fantasía adulta de ser azotada no es una consecuencia de ese trauma.

A mi me da la sensación que Jillian usa su intelectualidad como mecanismo de defensa (racionalización). Su mente es capaz de colocar los acontecimientos vividos en un lugar seguro dándole un sentido, una explicación y llevando de manera profesional acciones para defensa de los niños víctimas de este tipo de maltrato. Sin embargo, pienso que esta mujer no tiene procesado a nivel emociona estos episodios de su infancia. Y no los tiene porque la represión emocional, según mi punto de vista existe para poder continuar con nuestras vidas, ser funcionales y eficientes a la hora de adaptarnos a la sociedad. Seguramente un contacto emocional profundo con estos traumas hubiera conformado una novela diferente.

A mi me cabe la pregunta ¿por qué una mujer busca y desea imperiosamente una y otra vez en su vida que le hagan lo mismo que le causó el trauma? ¿Por qué esta obsesión con el spanking hasta el punto de dominar su vida, cuando es algo que le causó tanto dolor cuando niña? Mi respuesta es que busca reexperimentar el trauma como manera de sanar el abuso. Esta vez es ella en sus relaciones la que pide que la azoten, la que lo busca. Ya no es alguien que se lo hace sin su consentimiento, ya ella ejerce el control y no es sometida a la fuerza. Además es una manera de vengarse hacia su madre. Es decirle: mira, eso que tú me hacías como castigo resulta que me gusta.

Hacia el final de la novela se afianza la relación con David y ambos se casan. Jillian apuesta por terminar de mostrarse ante él, por ser más explícita y hablarle de todas y cada una de sus fantasías. Esa comunicación profunda sobre cómo es y lo que necesita será una señal inequívoca de amor en la relación. Y con esto saco el último tema que voy a añadir a la reseña y que creo que es el tema principal de la novela: el reconocerse a sí mismo y que te reconozca el otro para poder sentirte amada. Sin mostrarse no te pueden reconocer y Jillian ha sufrido mucho por estar oculta tanto tiempo.

Y sostengo que el tema principal es el reconocimiento porque ha salido de varias maneras en el libro: el reconocimiento ante sí misma de su sexualidad, no sin mucho sufrimiento desde las primeras páginas, el reconocimiento ante el otro (David) de esto mismo, y como no, el de Shakespeare hacia la protagonista. Hay un momento muy emocionante en las últimas páginas en el que Shakespeare se le aparece a Jillian en un tren. Es entonces cuando él le dice en señal de reconocimiento “You may not know me, but I know you. All of you”. Esta frase emociona profundamente a Jillian, que rompe a llorar. De alguna manera pienso que ella espera también esa mirada, ese reconocimiento, por parte de los lectores hacia su ser.  Al fin y al cabo, es el otro quien nos da existencia cuando somos capaces de mostrarnos.

Shakespeare fue el psicoanalista de Jillian.

La novela concluye con el mandato de Shakespeare en un guiño a la premisa psicoanalítica de que lo que cura es la palabra, corroborando mi impresión sobre la relación terapéutica entre él (su obra) y Jillian: “Do what I did: tell stories about the hearts we have, and the rhythm they all share, he said. Forget about morality;forget politics, convention, and reception; forget psychology, theology and pathology; and speak. Speak to be understood. Speak as liberal as the north. Speak in many sort of music.”

Y eso es lo que ha hecho Jillian durante toda la novela: hablar.

Y escuchar.

Nota liminar.-

Mi conclusión es que en esta novela hay una trampa más allá de si se trata de una experiencia biográfica real o una novela de ficción donde la autora ha vertido sus fantasías sexuales ofreciendo al lector una teoría que no puede lastimar a nadie: la hipótesis del trauma sacude la lectura de principio a fin, al fin y al cabo es comprensible que una persona que ha sido sometida a malos tratos en su infancia desarrolle más tarde una parafilia de este estilo. ¿Pero y si Jillian tiene razón cuando dice que los castigos de su madre y su gusto por la flagelación no tienen nada que ver?

Esto no agradaría a los psicólogos pop que pretenden asociar cualquier patología de los adultos a experiencias traumáticas en la infancia pero lo cierto es que la hipótesis traumática está hoy sobredimensionada en todos los trastornos mentales. Tampoco sabemos si el gusto por la flagelación es, después de todo una patología, lo que sabemos es que nadie la obliga a ello sino que se trata de una decisión personal que se enroscó en su “identidad” en un momento determinado de su vida. Pero lo cierto es que no sabemos porqué.

¿Pues como explicaríamos ese mismo gusto en una persona que no ha tenido esas experiencias?