La epistasis social


Precisamente ahora que estoy leyendo el libro de Pilar Eyre titulado “Yo, el rey” -que es una biografía del rey emérito Juan Carlos- me ha venido a la cabeza la teoría de la epistasis social de Dutton y Woodley, una teoría que más abajo comentaré después de algunas reflexiones sobre los borbones que creo tienen mucho que ver con la citada teoría.

 

El libro que preside este post se titula en español “El fin del ingenio” y se subtitula con una frase incómoda “Por qué somos cada vez menos inteligentes y qué efectos tiene esta bajada de inteligencia a largo plazo”.

Leyendo el libro de Pilar Eyre uno no solo se entera de los chismorreos de la aristocracia sino que tiene la oportunidad de seguir las vicisitudes de al menos tres generaciones de monarcas, algunos de ellos sin trono como el padre del rey Juan Carlos a quien Franco apartó de España asegurándose al mismo tiempo una sucesión real aplazada y a su gusto.

Lo que más me llama la atención de esta biografía es el tema del parentesco entre cónyuges aristocráticos, y sus consecuencias para la progenie. Casi todos los matrimonios que se producían en Europa durante el siglo XIX y XX eran entre primos carnales, algo que viene sucediéndose en nuestro país desde tiempo inmemorial. Hay que recordar que los Austrias se extinguieron precisamente cuando Carlos II murió sin descendencia, dando lugar a un reinado de borbones (una estirpe francesa) después de una violenta guerra civil por la sucesión. En este post puede verse el árbol genealógico de los Austrias que venían arrastrando taras genéticas desde la época de los Trastamara. Hay que recordar que Isabel I y Fernando eran primos carnales.

Lo cierto es que el primer Borbón que reinó en España fue Felipe V y cuya peripecia psicopatológica podéis ver aquí.

No quiero extenderme demasiado en los detalles genealógicos de todos los borbones pues es algo que me llevaría varios post, pero baste decir que las enfermedades mentales, trastornos de personalidad, defectos congénitos, epilepsias, malformaciones fetales y dismetrías faciales son una característica de esa estirpe salvo excepciones como Carlos III, un rey que quiso ser ilustrado. De Carlos IV y Fernando VII qué puedo decir salvo que traicionaron a su país y posteriormente a los españoles que lucharon contra Napoleon y disolvieron la constitución de Cadiz por demasiado liberal. es por eso que nuestro país llevó y lleva aun un retraso considerable con el resto de Europa.

Pero lo que caracteriza a esta dinastía sobre todo en aquellos que lograron sobrevivir es un microsíntoma que apenas ha sido estudiado por la Psiquiatría y la Neurología al rechazar las etiquetas clásicas de “satiriasis” o “ninfomanía”: el hipererotismo. Es muy probable que el hipererotismo sea una especie de compensación del escaso amor y atenciones maternas y paternas que estos niños -educados en palacios fríos y faltos de calor humano- desarrollaran mas tarde para procurarse un sentimiento parecido al amor. Pero lo cierto es que todos los borbones han destacado por sus intereses sexuales dentro y fuera del matrimonio. Por ejemplo Alfonso XIII (abuelo del rey Juan Carlos) tuvo cinco hijos fuera del matrimonio y siete con su esposa Victoria Eugenia de Battenberg.

Alfonso XIII era una persona melancólica que había padecido tuberculosis de joven y que se casó con Victoria Eugenia (la inglesa) a la que aborreció pues había traído a su familia la maldición de la hemofilia, una enfermedad incurable que había heredado de su abuela la reina Victoria, hay que recordar que las mujeres no sufren la hemofilia pero la transmiten y la sufren los niños varones. Dos de sus hijos eran hemofílicos y uno más era sordomudo. El otro era Juan el padre de nuestro rey emérito que también destacó por sus aficiones con las damas, estando a punto de divorciarse de su esposa por una tal Greta que era un verdadero problema para la diplomacia de su casa que pretendía (y pretendieron siempre) que Franco aceptara de buen grado la venida del rey a España que en este caso era D. Juan Conde de Barcelona.

Mi hipótesis es que el hipererotismo junto a un CI bajo (y otras características) es una característica minor de la disgenesia, es decir de la acumulación de mutaciones indeseables en una estirpe. No estoy hablando de la hemofilia que era una enfermedad mortal en aquel tiempo o de las enfermedades mentales groseras, hablo de una atmósfera de degeneración que solo puede objetivarse con soft signs (disfunción cerebral mínima) que son mayormente observables en los niños. Y no cabe duda de que los borbones acumulan demasiados casos en sus biografías susceptibles de ser calificados como malos gobernantes, superficiales y libidinosos, cuando no viciosos o alcoholizados. eso pensaba Franco -que era un puritano- de D. Juan según nos cuenta Pilar Eyre.

Contra el efecto Flynn.-

En la década de los 80 James Flynn un sociólogo neozelandés descubrió que el coeficiente intelectual (IQ) estaba aumentando unos tres puntos cada diez años desde principios del siglo XX. A este fenómeno se le conoce con el nombre de efecto Flynn y se trata, como no, de algo muy polémico de lo que ya hablé en este post que titulé “Cerebros jibarizados”, como siempre sucede, hay quien piensa que el efecto Flynn es cierto mientras que otros han desarrollado otras teorías como la de la autodomesticación o la gracilización para explicar las paradojas de ese crecimiento supuesto del IQ en la población.

Entre los que se han posicionado en el lado opuesto están Dutton y Woodley que han construido una teoría para explicar lo que ellos han observado desde hace varias décadas: una caída del CI de la población general.

Esta caída no puede atribuirse a los matrimonios cosanguíneos como es el caso de las estirpes regias sino a otro factor. La teoría de la epistasis social concierne a la identificación de este factor.

Que no es otro sino la interacción gen-gen.

Que postula que se han acumulado mutaciones perjudiciales en ciertas poblaciones debido a la relajación de la selección purificadora durante el tiempo histórico reciente, y algunas de estas mutaciones son “rencorosas”, es decir, que tienen el potencial de reducir la condición física de los organismos que no los transportan a través de transacciones gen-gen interorganismos, es decir, la epistasis social, y por lo tanto socavan la condición física a nivel de grupo de poblaciones completas.

Lo interesante de esta teoría es que postula que los costos de aptitud de las mutaciones deletéreas no se limitan a los organismos que las portan. Esto es posible a la luz de la existencia de interacciones genómicas interorganismales, es decir, epistasis social, por la cual el genoma de un organismo (o los genomas de organismos) puede influir en la expresión génica de otro organismo (u otros organismos) y, por tanto, en los rasgos fenotípicos.

Si la epistasis social ocurre en humanos, y la evidencia sugiere que lo hace, es posible que las mutaciones puedan alterar social-epistáticamente los patrones de expresión génica de manera patológica y, por lo tanto, los costos de aptitud de estas mutaciones pueden potencialmente amplificarse masivamente .

Es decir amplifican el coste del fitness no solamente entre individuos sino también en grupos humanos. No es necesario ser portador de un gen delétereo para comportarse como si fuéramos portadores. basta con relacionarse íntimamente con un portador.

Debe ser cierto aquello que nos decían nuestros padres: “aléjate de las malas compañías”.

En este post escribí sobre esta teoría de Dutton y Woodley

Y aqui el articulo original

4 pensamientos en “La epistasis social

  1. Pingback: La epistasis social – Uisione

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