Empatía y bondad (XXV)


Ama a tu prójimo como a ti mismo (Jesús)

Pocas personas desconocen este imperativo cristiano y pocas son las que lo cumplen. Y no lo cumplen porque es imposible de cumplir. Sin embargo la cosa mejora si entendemos que prójimo está relacionado con próximo. Y es verdad que es más fácil amar a los nuestros, es decir a los próximos que a aquellos que desconocemos. Incluso es más fácil amar a un vecino que a alguien que vive en Creta. Tampoco es necesario amar a todos los próximos basta con haber desarrollado una facultad de nuestra mente que llamamos empatía para sentirnos parte de una comunidad, de un grupo.

La empatía puede definirse como la facultad de ponernos afectivamente en el lugar de otro, pero contiene una trampa: podemos emocionarnos en comunión con las emociones de un conocido pero es algo aproximativo, si usted pierde a un ser querido podré conmoverme pero no podré sentir lo mismo que usted. Así y todo hay personas poco empáticas y personas hiperempáticas. En este post me propongo escarbar sobre esa condición tan valorada socialmente como es la empatía y también explorar algo de su lado oscuro.

La empatía evolucionó para separarnos del egoísmo y establecer lazos con los nuestros, es por decirlo así una condición etnocéntrica que está relacionada con la cooperación, pero no se trata de una condición universal sino solamente local. Hay a lo largo de este blog muchas pruebas de esta afirmación, aqui os dejo la de Carsten de Dreu y sus experiencias de filosofía moral y su relación con la oxitocina.

Para la psicología popular la empatía está relacionada con la bondad. Y aprovecho este momento para proponer una necesidad: no disponemos de un «bondadómetro», es decir no disponemos de ninguna tecnología ni investigación sobre un coeficiente de bondad-generosidad, algo que nos vendría muy bien para comparar poblaciones e identificar a las personas bondadosas y separarlas de aquellas que simplemente son supremacistas morales, es decir diferenciar a los verdaderos bondadosos de los postureos y sobre todo de los hiperempáticos, pues ya escribí hace algún tiempo de este curioso marcador tan relacionado con el TLP (trastorno límite de la personalidad).

La hiperempatía se define como un exceso de empatía, una empatía que traspasa los límites del propio grupo y se adentra en el terreno desconocido de la globalización emocional y el pegoteo emocional con una persona o personas concretas. La paradoja de los pacientes límites es que no pueden, ni saben estar solos pero en ellos parece encarnarse la idea de que «ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio». Los pacientes límites en grado extremo no pueden tolerar a nadie sensato a su alrededor y se las arreglan para destruir los vínculos que podrían favorecerles. Sucede también en terapia, el índice de abandonos de este tipo de pacientes es muy superior al resto de patologías a pesar de admitir que lo que se recibía en ella era positivo. Sucede también con mucha frecuencia que los pacientes sabotean el tratamiento, con añagazas, explosiones de ira injustificadas o seducciones más o menos manifiestas. Dicho de otro modo: los TLPs no soportan estar solos ni soportan la bondad, ni los cuidados o  dedicación ajenas.

Más que eso: los pacientes que presentan este rasgo tienen preferencia por los sujetos malvados, con los que parecen funcionar mejor que con los sujetos bondadosos. En ciertos aspecto esta es la idea que explica la preferencia por los malotes, que algunas mujeres presentan de forma bien alarmante después de varias experiencias nefastas de tipo afectivo. Este es un rasgo muy frecuente que podemos encontrar en hombres y mujeres normales, no es necesaria la patología.

¿Cómo podemos explicar este fenómeno?

La escisión original.-

Los que hayan seguido mis últimos posts ya saben o al menos les sonará la idea de la escisión original que nos viene de serie a los humanos. Escindimos el mundo prácticamente desde que nacemos para orientar nuestra conducta con respecto a estas alternativas duales. Lo más frecuente y lo normal es que escindamos el mundo en «objetos buenos» y «objetos malos». Nos orientamos hacia los primeros y nos alejamos de los segundos.

Más complicado de entender es cuando la escisión no se hace para discriminar los bueno de lo malo sino para defender un Yo grandioso. En esta situación los objetos se diferenciarían en aquellos que nos permiten mantener esta organización omnipotente y aquellos que nos confrontan con nuestra irrelevancia. Para que estos suceda es necesario entender de nuevo ese concepto que hemos llamado narcisismo.

La hiperempatía es un desarrollo que procede del narcisismo y no de la bondad. El hiperempático es más propenso a defender causas ajenas a su grupo pero muy poco favorable a identificarse con el mismo, pues en realidad los excesos de empatía interfieren en la construcción de la identidad y de la intimidad. Algo que ha venido en llamarse oikofobia, es como si el hiperempático rechazara todo lo suyo, lo próximo, lo familiar y se orientara hacia lo exótico o lo lejano tal y como le sucedió a Rebeca Sommers. Una especie de anti-etnocentrismo.

Lo que es sepultado en el inconsciente no es el objeto malo como sucede en todos los neuróticos comunes sino la propia vulnerabilidad del niño.

¿Qué impulsa a una persona como Rebeca Sommers a sacrificar su vida o parte de ella, su tiempo, su dinero, su salud y a veces su vida por ayudar a desconocidos a los que no ha visto en su vida y de los que solo sabe que son refugiados o como se dice ahora “migrantes”?

La mayor parte de mis lectores ya se habrán contestado a esta pregunta: “Son valores morales los que animan a esta gente a comportarse así”.

De manera que vamos a ver algo más de esos valores morales, de donde vienen y cómo se configuran en las expectativas de los individuos. De una parte de ellos, claro, porque la mayoría de la población no estaría dispuesta a esos sacrificios, y se conforman con verlos desde la barrera sin cuestionarse su bondad. ¿Quiere esto decir que los que no militamos en una ONG no tenemos valores morales?

Lo valores morales son ideales y cuando digo ideales me refiero a que son abstracciones y no cosas-en-si. Dice la wiki que:

Un ideal es un estado inalcanzable pero infinitamente aproximable, aunque la aproximación no requiere ser continua, puede darse a saltos, con discontinuidades.

Según la definición de A. Cíntora: «en principio, sólo los seres humanos pueden tener ideales o desarrollar un comportamiento en busca de ideales». Puede decirse que entre otras causas, la aproximación continua en busca de ciertos ideales ha participado de lo que comúnmente se denomina progreso de la humanidad.

En la definición operativa que hemos visto ya se pueden vislumbrar dos cuestiones 1) son inalcanzables y 2) están relacionados con el progreso. Me parece que esta definición es muy poco apropiada porque supone que el progreso de la humanidad es una flecha teleológica que se dirige hacia alguna parte​. Así piensa la mayor parte de la gente: que los ideales son necesarios para avanzar. Naturalmente los que así piensan han de ocultar que Hitler, Stalin o cualquier otro tirano homicida de masas también tenía ideales y muy fuertes. Ese es un punto débil de la creencia de que los ideales por sí mismos llevan a una mejor humanidad.

¿Qué dice el psicoanálisis acerca de los ideales?

Los ideales son siempre de poco fiar precisamente porque son restos narcisistas incrustados en el Superyó (El Yo-ideal y el Ideal del Yo). Aquellos de ustedes que estén interesados en esta explicación pueden visitar este post donde hablé precisamente de ello. Los que no lo estén pueden seguir mi argumentario. Para simplificar mis argumentos recordaré a mis lectores que “La moral suele ser un disfraz de aspectos ocultos y negados de nuestras pulsiones”, así es muy frecuente que las personas amemos -como le sucede a Eros- precisamente porque necesitamos ser amados. En Eros se concreta precisamente esta pulsión-repulsión. Eros es alguien necesitado de amor que ama. “Amor-a” y “amor-de” como necesidad son causa y efecto en la misma pulsión. Es muy frecuente que las personas necesitadas de amor se presten a sacrificios importantes en cuanto a su identidad, es frecuente ver como estos mendigos de amor pueden sufrir toda clase de contrariedades con tal de preservar su objeto-de-amor.

En un orden más social lo que les sucede a estas personas solidarias y altruistas es que parecen buscar causas bien alejadas de sus entornos habituales, no les basta con socorrer a sus vecinos, a sus familias (a las que muy frecuentemente abandonan) sino que su solidaridad parece que contiene un elemento de aventura exótica. ¿No es lo mismo desde el punto de vista moral socorrer africanos en el mediterráneo que a gitanos acampados en algún lugar inmundo  de nuestro país?

De manera que lo que caracteriza este tipo de empatías y solidaridades es el alejamiento. Es como si a un mayor alejamiento de lo cotidiano, de lo habitual, tuviera su empresa un mayor mérito.

Y es lógico porque la empatía es un sentimiento que evolucionó para la intimidad intragrupo e interpersonal y no para la épica.

Y que puede explicar los excesos de empatía en términos de supremacismo moral. En tanto que mi conducta se valore en función del relato social emergente en cada momento histórico tendré una oportunidad para seguir validando mi Yo grandioso y seguir escindido y negando mi propia irrelevancia a menudo similar a la de los demás.

No es de extrañar pues que las personas hiperempáticas rechacen a los buenos y sientan una especial predilección por los malos, pues a un malo siempre se le podrá redimir al tiempo que se soporta algún castigo que de forma masoquista reequilibre el sistema de recompensa.

 

 

Bibliografía.-

Franzen N, Hagenhoff M, Baer N, Schmidt A, Mier D, Sammer G, Gallhofer B, Kirsch P, Lis S. :Superior ‘theory of mind’ in borderline personality disorder: an analysis of interaction behavior in a virtual trust game. Psychiatry Res. 2011 May 15;187(1-2):224-33. Epub 2010 Dec 3.

 

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