El observador escondido (XXII)


Converso con el hombre que siempre va conmigo
—quien habla solo espera hablar a Dios un día—;
mi soliloquio es plática con ese buen amigo
que me enseñó el secreto de la filantropía.

A. Machado.

Después de leer esta estrofa del poema de Antonio Machado titulado “Retrato”, uno podría preguntarse a quién se refiere el poeta como ese “hombre que va siempre conmigo” y con el que mantiene conversaciones. La respuesta más común sería decir que se pueden mantener conversaciones con uno mismo. En realidad todos lo hacemos e incluso podemos describir a ese “otro” como una vocecilla interior que nos guía, nos aconseja o nos afea ciertos comportamientos.. Efectivamente ese otro es una voz. que a veces podemos oír en voz alta cuando estamos sometidos a un peligro importante o en el umbral de la muerte y las más de las veces en forma de cuchicheos con nosotros mismos.

En realidad ese otro con el que conversamos lo podemos conceptualizar como un observador escondido siguiendo la idea de Ernest R.. Hilgard..

Hilgard fue un psicólogo que trabajaba con la hipnosis en su investigación sobre el dolor y enunció la llamada teoría neodisociativa poniendo al dia la vieja teoría de Pierre Janet sobre la hipnosis y la disociación, puesto que la hipnosis se aprovecha de un mecanismo fisiológico del que todos disponemos de una forma más o menos intensa: la disociación. El OE es capaz de preservar la vida del Yo y su cuerpo cuando las cosas se ponen feas escindiendo y compartimentalizando la experiencia. Dicho de otro modo el OE es el responsable de que determinadas personas que han sufrido experiencias traumáticas se disocien y mantengan separados aspectos de su experiencia, algo que sin duda es un mecanismo de supervivencia. Una experiencia que es sin duda gradual y que da lugar a fenómenos bien distintos en forma de un espectro disociativo que podemos recordar aqui.

Hilgard a través de la hipnosis describió este fenómeno que llamó “observador escondido” (OE) que curiosamente no se somete a las técnicas hipnóticas y que de alguna forma es el guardián, el “ángel de la guarda” del Yo. El OE es un fragmento de la conciencia que se ocupa sobre todo de la supervivencia del Yo y de su cuerpo:  el mentor del YO y también su hacker.

El Yo piensa, recuerda, olvida, planea, actúa, huye, lucha, aprende y se ocupa sobre todo de dotar de sentido a las sensaciones y a las percepciones. Pero el OE no hace nada de eso, solo se percata, es decir se da cuenta pero no sabe. Solo el Yo es capaz de adquirir conocimiento a partir de la información que recibe.

El OE ha recibido muchos nombres a lo largo de la historia y su concepto se funde con el cristiano de alma o el de esencia. Solo los humanos tenemos alma, algo que nos hace humanos y nos separa de los zombies, de los robots y de la IA, porque para tener alma (OE) es necesario venir de serie disociado (Spaltung), es decir poseer esa doble conciencia de la que hablé en el post anterior y que no supone una dualidad de conciencia pues el OE no es una segunda conciencia sino una parte fenoménica de ella, algo anterior al propio Yo y que se diferencia de otras instancias psíquicas como del inconsciente o Super Ego (conviene no confundirla con él) puesto que la OE es consciente a poco que hagamos un pequeño ejercicio mental que consiste en dejar fluir la mente sin prestar atención a nada concreto. El OE se manifiesta cuando no estamos haciendo nada y es por eso que mi impresión es que está relacionada o se solapa con el concepto de red neural por defecto.

La idea central de Raichle -su descriptor- es que existen en nuestro cerebro ampliamente distribuidos dos circuitos que se encargan de cosas bien distintas, una red ejecutiva central que se encarga de procesar datos de la realidad (sensación y percepción), de esa realidad que requiere atención y que está guiado por los input externos, es decir la que está orientada a la realidad externa. Junto a ello hay una red neuronal que se activa precisamente cuando no hacemos nada, es decir cuando dejamos de prestar atención ejecutiva a esa misma realidad, cuando descansamos, oímos música, o simplemente contemplamos el mar o paseamos. Es decir cuando hacemos algo no orientado a propósito alguno.

Lo interesante de este concepto es que la actividad de la red neuronal por defecto equivale a la actividad intrínseca del cerebro y que es inversamente proporcional a la vía atencional, es decir se activa cuando la otra se inhibe y se inhibe cuando la otra se activa. Este descubrimiento se debe a Raichle un investigador que se dio cuenta mientras trabajaba con imágenes funcionales por resonancia magnética que cuando los pacientes no hacían nada que requiera atención activaban el circuito “por defecto” que volvía a inhibirse cuando se le ordenaba alguna tarea.

Otra cuestión interesante es que el gasto de energía (oxigeno y glucosa) es similar en ambos casos de lo que se deduce que la red neuronal por defecto no está diseñada para “descansar” sino para pensar de otra manera. En realidad nuestro cerebro no descansa nunca pero como contrapartida se lava los platos sucios el solo sin necesidad de un lavavajillas externo.

Dar de comer al precúneo.-

Emiliano Bruner es un paleoneurobiólogo del grupo de investigadores de Atapuerca que recientemente (2014) ha publicado (junto con otros) ciertas hipótesis evolutivas acerca de nuestro cerebro. Aquí hay una entrevista muy interesante sobre sus hallazgos que tienen relación con esta red neuronal por defecto. Para Bruner y -por explicarlo de una forma breve-, la enfermedad de Alzheimer seria el precio que pagaría nuestra especie por disponer de esa red neuronal que cuando se bloquea quizá a consecuencia de esos complejos amiloides que se consideran causales en esa red, impiden que funcione adecuadamente pues existen interferencias eléctricas en la comunicación entre neuronas. En este sentido lo que nos hizo humanos es precisamente esta capacidad de nuestro cerebro para divagar cuando no hacemos nada. En otro orden de cosas hoy se sospecha que la esquizofrenia y el TDH supondrían una hiperfunción de esta red neuronal mientras que el Alzheimer o lo que conocemos como “cerebro preocupado” serían subproductos de una hipofunción de la misma.

Y el núcleo central de esa red se llama precúneo.

El precúneo es una estructura escondida en un repliegue parieto-temporal de forma cuadrada  y que es por así decir la estación de termino de un circuito que recorre el cerebro de atrás-adelante implicando a otras estructuras, como el hipocampo, la corteza cingulada, el neocortex y el lóbulo parietal. Bien, el precúneo sería el lugar donde reside nuestro autoconocimiento, algo así como la conciencia de sí, que mantiene relaciones de circuiteria con la memoria personal y la formación de memorias nuevas. Aparentemente la función de este circuito está relacionada con la idea del “conócete a ti mismo” y la introspección, el único viaje que al parecer de Rilke podíamos emprender en nuestra vida: un viaje hacia dentro. Sin embargo la excesiva introspección puede resultar letal para el Yo y algo parecido sucede en la esquizofrenia donde podemos observar el estropicio que sobre la percepción y las interpretaciones sobre lo percibido suceden cuando esa introspección se hace continua, intensa y repetitiva..

Lo interesante de este circuito es que cada persona lo va a utilizar de una manera diferente – suponiendo que lo ejecute de vez en cuando- las personas con una historia personal de formación poética o musical podrán ejecutarlo siguiendo las mismas propiedades que rigen en otras estructuras. El experto seguirá siendo experto aun utilizando su red neuronal por defecto. Algo así le sucedía a Newton: no podía dejar de ser un físico-matemático ni siquiera cuando especulaba viendo caer a la manzana.  Eso mismo pasa en nuestros sueño: si nos interpelan es porque recrean nuestros escenarios, nuestros recuerdos, nuestras ideas, los personajes que conocimos y los estímulos diurnos. Es por eso que nuestros sueños nos pertenecen del mismo modo que los ensueños diurnos, se trata de patrones entrelazados no por el azar sino por la no-linealidad de nuestra conductividad cerebral. No todo el mundo puede soñar cualquier sueño , ni todo el mundo puede agrupar patrones del mismo modo, unos originalmente y otros de forma enloquecedora. Es por eso que el genio y la locura se muestran tan cercanos.

El espectador no está en el cuadro.¿ O si?

En esta litografía de Escher podemos observar como el espectador está en el cuadro y es el mismo que sostiene la esfera con su mano.

Espectador y escena se funden de forma recursiva.

Del mismo modo el OE interviene en el Yo o circuito ejecutivo central de una forma u otra. Ya he hablado de la disociación pero me gustaría hablar ahora de la esquizofrenia pero no solo de ella sino de las patologías mentales mas severas donde vemos comprometido el juicio sobre la propia enfermedad. Es bien sabido que los enfermos mentales padecen una especie de anosognosia, una falta de reconocimiento de la propia patología. La idea políticamente correcta es pensar que los enfermos más graves se niegan a ser tratados porque rechazan los fármacos, o el estigma psiquiátrico . Pero esta idea es algo tautológica pues ¿si un enfermo no sabe que está enfermo cómo va a tener en cuenta el estigma psiquiátrico?

Estoy de acuerdo con Amador cuando dice que la falta de conciencia de enfermedad es una consecuencia de la anosognosia:

“La esquizofrenia supone una avería de esa parte de la mente que hace de función racional superior, la autocrítica o mejor la autoconciencia pueden ser consideradas como una función de funciones. Lo primero que se pierde en una avería de este tipo que afecta a los lóbulos frontales es precisamente la capacidad de autoobservación, la capacidad crítica con uno mismo, en este sentido la esquizofrenia seria una especie de anosognosia mental, un desconocimiento que no estaría afectando a la capacidad de integrar un órgano enfermo en el esquema corporal sino la incapacidad de integrar determinadas funciones superiores como la autoevaluación o la autoobservación en la propia mente”.

Xavier Amador esta hablando del observador escondido sin saberlo.

Xavier Amador además cree que la no-conciencia del esquizofrénico (o del paciente mental grave) es conceptualmente algo distinto a la negación. Para Amador la negación sería un mecanismo psicológico destinado a la autoprotección desde el Yo, algo comprensible en términos de manutención de la autoestima, por ejemplo el alcohólico que se engaña con respecto al grado de su dependencia y que cree que su consumo de alcohol está bajo control. Propone diferenciar anosognosia (un déficit cognitivo neurobiologico) de la negación:

Pero en realidad y aunque la palabra “esquizofrenia” nos remite a la disociación por la partícula “esquizo”, en realidad no se trata de un trastorno disociativo sino de un fenómeno opuesto al que llamaré soldadura: del Yo con la OE.

Mantener tu precúneo encendido el mayor tiempo posible es la labor de cualquier persona que quiera mantenerse creativa y sana.

Haz lo que quieras pero hazlo sin propósito alguno, todos los datos de los que disponemos señalan en la dirección de que eso que llamamos inspiración es un proceso que lleva a cabo nuestro cerebro mientras descansa y a veces de forma inconsciente, posteriormente cuando retomamos la tarea atencional que se requiere para componer un poema por ejemplo, las ideas fluyen de una manera aparentemente mágica, pero el trabajo ya viene hecho de atrás. Componer un poema, una idea científica o el movimiento de una sinfonía, se lleva a cabo mientras nuestro cerebro descansa, cuando no hace nada: un verdadero elogio de la holgazanería.

 

Bibliografía.-

  • Marcus E. Raichle, «La red neuronal (por defecto)», Investigación y Ciencia, 404, mayo de 2010, págs. 20-26.

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