¿Vivimos en una simulación? (XXI)


La idea de que el mundo y eso que entendemos como realidad es una simulación es una idea antigua que ya podemos encontrar en Platón y en su mito de la caverna. También la podemos encontrar en pensadores como Ouspensky y en toda la tradición esotérica, en realidad es una idea que forma parte de la filosofía pop de todos los tiempos, así hasta llegar a Matrix, una película excepcional que plantea todos los contornos de esta idea en sucesivos dilemas filosóficos.

Pero la idea que sobrevuela en la propia idea de la simulación, es ésta. ¿si vivimos en una simulación quien está al mando de la misma? ¿Quien tiene el proyector de las sombras, quien nos tiene prisioneros en esa especie de mundo imaginario? Es el demiurgo, es Dios, son los extraterrestres o una avanzada civilización cósmica? ¿Es esa simulación un programa de ordenador al que no tenemos acceso y que gobierna nuestro destino en manos de una élite de dominadores espaciales?

La verdad es que la metáfora del ordenador ha aparecido para aportar más transparencia a esta idea. Platón no conocía esta tecnología y sin embargo fue capaz de imaginarla pero hoy la metáfora se ha hecho universal y fácil de entender gracias a la informática y a los juegos de ordenador: la realidad que percibimos no es la auténtica realidad sino una simulación que tomamos como realidad. Ese es el dogma pop que defienden algunos de mis conciudadanos y al que no me adhiero, mi idea es que percibimos la realidad que es necesaria para habitar el mundo que habitamos, es decir que nuestra percepción está adaptada a nuestras necesidades de supervivencia.

Lo cierto es que no hay nadie al mando, eso parece desprenderse de este articulo publicado por Paul Ratner y que puede simplificarse con esta idea: el universo se autosimula en un bucle extraño.

En este momento el lector debería refrescar sus recuerdos sobre qué es un bucle extraño aqui y aqui. Y seguir después mi argumentación.

La definición de la wiki:

“Un bucle extraño es una jerarquía de niveles, cada uno de los cuales puede consistir en objetos, procesos, o prácticamente cualquier otra cosa (esa es la noción general). Cada nivel está vinculado a otro al menos por algún tipo de relación. Un bucle extraño jerárquico, sin embargo, está “enredado” (Hofstadter se refiere a él como una “heterarquía“), en el que no hay bien definidos un nivel más alto o más bajo. Los niveles están organizados de tal forma que, desplazándose a través de ellos, finalmente uno vuelve al punto de partida, es decir, al nivel original. Ejemplos de bucles extraños que ofrece Hofstadter incluyen muchas de las obras de M. C. Escher, el flujo de información entre la red de ADN y enzimas a través de la síntesis de proteínas y la replicación del ADN, y declaraciones “gödelianas” (en alusión a Kurt Gödel) que son autorreferentes en los sistemas formales.”

O la definición del propio Hofsdadter:

“Y, sin embargo, cuando digo “bucle extraño”, tengo otra cosa en mente – un concepto menos concreto, más difícil de alcanzar. Lo que quiero decir por “bucle extraño” es – aquí va, de todos modos, una primera punzada – no un circuito físico abstracto, sino un bucle en el que, en la serie de etapas que constituyen el ciclo-alrededor, hay un cambio de un nivel de abstracción (o estructura) a otro, lo que se siente como un movimiento hacia arriba en una jerarquía de alguna manera y, sin embargo, los sucesivos “hacia arriba” cambian a su vez para dar lugar a un ciclo cerrado. Esto es, a pesar de la sensación de que salgan cada vez más de su propio origen, uno termina, con el consiguiente choque, exactamente donde se había comenzado. En resumen, un bucle extraño es un lazo de retroalimentación paradójica a nivel cruzado”.

Yo lo definiría de otro modo:

Un bucle extraño es un bucle, es decir una iteración o repetición de algo que llega a adquirir conciencia de sí mismo, vida propia.

Y un bucle es la repetición de un patrón de forma infinita, y lo es porque lleva instrucciones de saltar de nivel tal que así:

Una mano pinta a otra mano que a su vez dibuja la mano original.

La verdad es que estos cuadros de Escher nos permiten contemplar imágenes muy bellas e interesantes que nos llevan a comprender esta figura que llamamos bucle pero nos impiden comprender que un bucle -al menos los más interesantes para nosotros- son los bucles conductuales. Qué queremos decir cuando decimos “te repites” o de “ahi no sales”.

Eso que Freud llamaba “pulsión repetitiva”, es mucho más interesante para comprender cómo nuestra conciencia está en realidad emergiendo de un bucle infinito. Y lo hace por lo siguiente: ahora estoy escribiendo este post y tecleando en mi ordenador pero al mismo tiempo tengo una representación mental, no solo de lo que quiero escribir sino también de mi mismo tecleando en el ordenador. Hay pues al menos una dualidad en el hecho de escribir: de una parte mi tecleo y de otra mi representación de mi mismo tecleando. Dicho de otro modo, todo estado mental se representa también  a sí mismo.

Para Hofsdadter tanto la conciencia como la subjetividad son dos extraños bucles, de ahí aparece un sujeto que observa y que es un concepto más allá de un Yo que percibe, recuerda o fantasea. El Yo está ahí enmedio de mis pensamientos pero no solo como uno más de ellos sino como su autor y espectador. Y esta es la diferencia fundamental con la IA, un robot puede procesar enormes cantidades de información pero no puede tener presencia fenoménica antes sus pensamientos, no es un sujeto. Un sujeto es sobre todo una conciencia de agencia, de propiedad o mismidad (eso lo he hecho yo, eso lo pensé yo, eso no es cosa mía), el Yo es la objetivación de ese sujeto (Yo lo pensé, yo lo recuerdo o no recuerdo nada).

Cuando dirigimos nuestra atención hacia el Yo hablamos de introspección. Algo que cuando abusamos puede llegar a causar estropicios en el Yo, puesto que la función del Yo no equivale a la función del sujeto y lo cierto es que no está nada preparado para ello. Cuando el Yo quiere hacer de sujeto entonces decimos que el sujeto es un esquizofrénico y se manifiesta por un extrañamiento de los propios pensamientos que parecen haber sido robados o depositados ahí por otra persona. Los síntomas nucleares de la esquizofrenia están causados sin duda alguna por esta hipertrofia de la atención sobre el propio Yo que llevan a cabo determinadas personas en un ejercicio constante de introspección tóxica. Lo saludable es una presencia implícita del Yo en los estados mentales propios sin participar de un modo militante, sin adherirse del todo a lo que pensamos, soñamos, imaginamos o fantaseamos aunque guardando un ligero rastro de agencia: “eso lo pensé pero no lo hice, lo imaginé pero no lo llevé a cabo, eso lo soñé no sucedió en realidad”

Volviendo a la pregunta que da titulo a este post, me interesa contestarla de forma ambigua: Si, vivimos en una simulación que crea nuestra propia conciencia a través de un bucle extraño. La diferencia entre una persona normal y un enfermo mental es la capacidad de distanciarse y no fusionarse demasiado con todo aquello que nuestro Yo se complace en pensar y caer en la cuenta de que este bucle no es un bucle infinito y que lo podemos interrumpir a voluntad, siempre y cuando nuestra voluntad no esté demasiado comprometida u oscurecida por el propio bucle. Pues el bucle nos lleva hacia arriba hacia otra vuelta de tuerca que añade complejidad a la propuesta anterior pero que a cambio no tiene más remedio que sepultar las proposiciones que le llevaron hasta alli.

Es asi como pasamos de particulas elementales a planes, propósitos, pensamientos, recuerdos y estados mentales.Perola idea no es nueva:

La idea de una doble conciencia ( y en realidad una conciencia recursiva) pertenece a William James, se puede explicar del siguiente modo:

William James propuso que el desarrollo del flujo de conciencia (o conciencia continua) está asociado con una “doble consciencia”. Observó que cuando recordamos algo, no solo traemos episodios de nuestra vida sino que es un episodio de nuestro propio pasado: el que estamos recordando, algo que también sucede en los sueños que aunque no reproduzcan fielmente lo que sucedió nos interpelan.

Mientras recordamos, nos damos cuenta de nuestra existencia personal – no somos solo lo “conocido” sino también el que conoce. Esto es lo que W. James quiere decir cuando habla de doble consciencia, un conocedor (un observador escondido) que se puede referir como “yo” (I) y lo conocido que puede referirse como “soy” (me, en inglés). Es desde la posición de “yo” (I) que nuestra atención es dirigida, desde nuestras diversas experiencias de vida se unifican para formar un sentimiento de existencia personal, y desde donde la identidad personal se construye.

Dicho de otro modo: la identidad es una ilusión razonable puesto que en realidad no podemos entrar en el centro de la misma, en ese núcleo vacío o como dice Hofsdadter, “la gema” que rperesentaría la esencia de nuestro ser, lo que somos en realidad pero seamos lo que seamos nunca lo sabremos por haber quedado sepultada bajo un montón de basura creencial.

Me explico: no todas las creencias son basura y la mayor parte de ella son atajos que nos permiten navegar por el mundo sin necesidad de estar pensando continuamente en la mejor opción. Llamo basura creencial a las creencias autoreferentes, sobre todo a aquellas que parecen haberse fundido con el Yo y no dejan espacio para navegar en otra dirección.

Toda psicosis comienza con una ocurrencia y un bucle extraño se apodera de ella añadiendo elementos compatibles, una excesiva atención dirigida a una ocurrencia banal, puede dar como resultado un desquicio total de la personalidad.

En en este sentido que construimos simulaciones sobre nosotros mismos y sobre nuestro mundo interpersonal y a veces estas simulaciones tienen como subproducto la enfermedad mental.

 No vivimos en una simulación pero nuestro cerebro puede simular cualquier cosa.