Enfermedad psicogénica masiva (II)


La histeria no ha podido ni podrá ser nunca definida….por un médico (L. Israel)

La conversión histérica es un síntoma muy paradójico, clásicamente se ha considerado que afecta al sistema muscular estriado o bien al sistema sensorial, quedan fuera de esta apreciación los síntomas derivados de la fibra muscular lisa (asma, colón irritable) pero abarca a un buen numero de malestares sin explicación medica, como desmayos, pseudoconvulsiones, algias, parálisis, paresias, temblores, espasmos, cegueras, disfonias, etc.

No cabe duda de que las patologías de las muchachas de Le Roy que describí en el post anterior sufrían conversiones histéricas y si dije más arriba que la conversión histérica es paradojal es porque involucra algunas vías voluntarias en el cerebro, pero el paciente lo experimenta como algo totalmente involuntario. Ciertos estudios de neuroimagen han mostrado que existe una actividad cerebral superpuesta, pero claramente diferente, en pacientes diagnosticados con trastorno de conversión versus pacientes a los que se les pidió «simular» la misma enfermedad, en este caso un tobillo flácido, lo que sugiere «actividad mental más compleja» en pacientes con trastorno de conversión. 

La conversión no es pues una simulación pero el mensaje que va tras su descripción, lo que entiende el publico en general y también los médicos es que las pacientes histéricas fingen sus síntomas para obtener beneficios y es verdad que los obtienen y es precisamente por eso por lo que es tan difícil tratarlas pues para mejorar de una enfermedad hay que dejar de pelear para demostrar que es una enfermedad genuina. Esto mismo sucede con la fibromialgia y otras enfermedades sin explicación médica: los pacientes reivindican su condición de enfermos para obtener reconocimiento y escucha (fuera de las hipótesis psiquiátricas o psicológicas) pero no logran más que oscurecer su pronostico, medicalizando sus problemas e impidiendo su resolución y de ahí a la reivindicación y la querulancia hay solo un paso. La enfermedad no puede mejorar pues la mejoría no seria sino la prueba de su fingimiento anterior.

Eso mismo sucedió en le Roy, la multiplicación de casos no hizo más que dividir a la comunidad entre las que tenían la enfermedad verdadera, las estresadas y las fingidoras. Así:

«Estaban las niñas que estaban realmente enfermos (intoxicados por algo) y luego las niñas cuya enfermedad era «psicológica» y luego las niñas que estaban fingiendo para poder estar en las noticias. No importa cuántas veces los médicos explicaron que estos síntomas eran reales, algo que las niñas no podían controlar, la señalización con el dedo persistió. Una madre incluso entró en Facebook para acusar públicamente a la mejor amiga de su hija de fingir, antes de disculparse al día siguiente. «Si fingieran, me gustaría saber cómo pueden causarlo», dijo Dave Watson, tutor de una de las animadoras afectadas». 

El rechazo de la etiología psicológica en la conversión es casi siempre la norma. Ni los padres, ni las pacientes ni los médicos aceptan esta descripción y eluden utilizar el término clásico «histeria» por considerarle casi un insulto. Los médicos en general no tienen ninguna formación en trastornos funcionales y siempre derivan hacia lo orgánico, de hecho son los neurólogos los que se ocupan más profundamente de la conversión y los que más publican hoy. Los neurólogos dan -al parecer- menos miedo que los psiquiatras aunque gran parte de la patología que atienden es psiquiátrica después de cambiarles el nombre, por ejemplo a las pseudoconvulsiones les llaman hoy convulsiones disociativas y nunca citan a Freud. Hay que recordar que aun hoy Freud es un exiliado de la psicología académica y los negacionistas del psicoanálisis son mayoría tanto en la Universidad como en los Hospitales.

El síntoma conversivo es involuntario, inconsciente e intencional. En este post puedes ampliar estos conceptos para el diagnostico diferencial con los trastornos facticios o la simple simulación.

¿Cómo se contagian los síntomas conversivos?.-

Todo el mundo está de acuerdo en que el contagio está relacionado con la imitación. Todo el mundo sabe qué es la imitación, basta recordar como repetimos frases enteras, sentencias, gestos, incluso profesiones de nuestras figuras de referencia, sean padres, familiares o amigos, figuras en cualquier caso de referencia. Imitar es la base del aprendizaje y es una tarea que aprendemos ya en nuestra primera infancia: somos grandes imitadores y si tienes algún niño en su entorno basta observar como aprenden imitando.

Y es obvio que en el caso de las muchachas de Le Roy hubo imitación de síntomas aunque cada una por sus propias razones. Katie (la paciente 0) tenia a su madre con cáncer y una neuralgia del trigémino, su mejor amiga estaba viviendo con una nueva pareja de su madre, otras no convivían con sus padres biológicos, los divorcios de los padres eran muy frecuentes, etc. Cada una tenia un conflicto en su propia casa y la conversión es una forma regresiva de enfrentar conflictos pues permite invisibilizarlos u ocultarlos mientras se presta atención a otra cosa. De ahí el carácter económico del síntoma

Parte de lo desconcertante del caso Le Roy es que parece combinar dos fenómenos igualmente poco conocidos: el trastorno de conversión y la enfermedad psicógena masiva. Esa historia es algo inusual para la enfermedad psicógena masiva, que generalmente no se cree que se dirija a personas con antecedentes psicológicos particulares. Sin embargo, en otros aspectos, el caso en Le Roy es un ejemplo de libro de texto. 

La mitad de las enfermedades psicógenas masivas ocurren en las escuelas, y son mucho más comunes en mujeres jóvenes que en cualquier otra categoría. Simon Wessely, epidemiólogo del King’s College de Londres y presidente del departamento de medicina psicológica, estima que se producen cientos de brotes cada año en los Estados Unidos; solo en noviembre pasado, 22 estudiantes se enfermaron con molestias estomacales en un partido de fútbol en Houston, y nadie se dio cuenta fuera de las noticias locales. Las histerias de masa motora (espasmos, desmayos, tartamudeo) son más raras y llaman más la atención. En los últimos 10 años ha habido tres brotes de este tipo en los Estados Unidos, que Robert Bartholomew, un sociólogo especializado en el tema en el Botany Downs Secondary College en Auckland, Nueva Zelanda, dice que es un número sorprendente durante un período de tiempo tan corto. 

Las animadoras (en USA) con frecuencia aparecen en casos de enfermedades psicógenas masivas en las escuelas, en parte porque los brotes psicógenos a menudo comienzan con alguien de alto estatus social. Pero también podría ser que su unidad envidiable es lo que los hace más susceptibles. Como tiempo atrás sucedía en los conventos e internados.

¿Cómo podría reflejarse la enfermedad de una persona en las vías neuronales de otra persona, jugando un truco en la conciencia, convenciendo al huésped de que se originó en su propio cuerpo? En la última década, los científicos han comenzado a explorar el concepto de que las regiones de nuestro cerebro que alguna vez pensaron que activaban solo nuestra propia actividad o sensaciones también disparan lo que se conoce como neuronas espejo, incluyendo el fenómeno sinestésico tacto-espejo, cuando vemos que alguien más realiza una acción o siente una sensación. La enfermedad psicógena masiva podría considerarse como la versión desadaptativa del tipo de empatía que encuentra expresión en la sensación física real: el bostezo contagioso o las náuseas simpáticas o el hermano que se agarra el dedo cuando ve el sangrado de su hermano.

Ahora bien:

Ni la imitación, ni la empatía, ni la sinestesia tacto-espejo por si mismas pueden explicar los casos de personas que no se conocen entre si, como el caso de la epidemia de suicidios o los casos de desmayos secundarios a la vacuna del papiloma. ¿Como funciona en estos casos el contagio?

Será en el proximo post.

Bibliografía.-

Robert Bartolomew «Epidemic Hysteria in Schools: an international and historical overview (2006) with Francois Sirois, Educational Studies»

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1 comentario en “Enfermedad psicogénica masiva (II)

  1. Escribes, entre otras muchas cosas relevantes, lo siguiente, Paco:» …y si dije más arriba que la conversión histérica es paradojal es porque involucra algunas vías voluntarias en el cerebro, pero el paciente lo experimenta como algo totalmente involuntario.»

    Al hilo de esto, lo siguiente:

    La cuestión fundamental de la conversión es que participa y es mantenida por lo que llamamos el mecanismo disociativo. Esa es la razón de porqué afecta la voluntariedad de la persona pero, al mismo tiempo, sin su intencionalidad, su deseo consciente.

    Porque, la gran paradoja que encierra la enfermedad conversiva es el hecho del porqué debe ser imitado algo que enferma, destruye…

    La persona obviamente no desea enfermar voluntariamente pero, la puesta en marcha de la dinámica regresiva / imitativa la obliga a ello. Y esa «obligación involuntaria a contraer y desarrollar una dolencia» se origina a partir del cierre del horizonte vital por otra causa distinta de la propia enfermedad conversiva. Antes de su puesta en marcha, se tiene que haber producido, en mayor o menor grado, un conflicto vital que hace imposible que la persona pueda seguir avanzando en su vida. En otras palabras, se ha metido en un callejón sin salida del que solo se puede escapar «marcha atrás», es decir regresando.

    En el caso de la patologia severa de una madre, de un padre, de un esposo o esposa con los que la persona está profundamente identificad@, la identificación «salta» automáticamente durante la regresión cuando el vinculo de unión se ve amenazado como, por ejemplo, por la propia enfermedad del progenitor, esposo, esposa o madre.

    En otras palabras, la «sinestesificación» emocional que vehiculiza el vinculo identitario se ve fuertemente dificultada, en peligro creciente y la persona empieza a imitar por identificación lo quiera o no. Cuanto más fuerte el grado de vinculo más imitación / regresión.

    Llegado a este punto, la suerte del proceso dependerá de la resolución en un sentido u otro, de la enfermedad o conflicto de la persona original que tuvo que ser imitada.

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