Ellen West: infortunio y necesidad


El cuerpo anoréxico es un cuerpo más allá del principio del placer (Recalcati)

Decía Hipócrates que existían dos clases de enfermedades: aquellas que son producto del infortunio y aquellas otras que son necesarias, es decir aquellas que se manifestarán obligadamente a lo largo de la vida del individuo.

Ellen West (1888-1921) fue una paciente de Ludwig  Biswanger  que fue tratada con el método de análisis existencial y estudiada a fondo y concienzudamente a través de la fenomenología. Su caso es muy importante para nuestra disciplina por dos razones: fue la primera anoréxico-bulímica de la literatura, mucho antes de que se incluyera esta enfermedad en los tratados ordinarios. No quiero decir que la enfermedad no se conociera con anterioridad -ya Lasègue había descrito la enfermedad en 1876- pero Lasègue pensaba que la anorexia mental era una forma de histeria (histeria gástrica) pero no le concedió carta de existencia clínica como un síndrome independiente, tampoco aportó mucho del historial clínico de las pacientes que trató.

La segunda razón de su interés procede del hecho de que Ellen fue tratada por los mejores clínicos de su época incluyendo a Kraepelin y Bleuler y recibió diagnósticos diversos desde esquizofrenia hasta psicosis maniaco-depresiva, fue ingresada en múltiples ocasiones y hasta llegar a Biswanger intentó dos análisis freudianos ortodoxos sin resultado. Biswanger tampoco consiguió curarla pero hizo un trabajo muy sistemático con ella y su marido (que era su primo) y que fue -de alguna manera- el informador principal y el que escribía su patografía, aportó sus poemas,cartas y mucha información sobre su esposa Ellen, hasta que se suicidó a los 33 años administrándose algún tipo de veneno. Aquí en este articulo puede el lector interesado conocer más sobre la historía de Ellen y leer algunas reflexiones sobre la terapia administrada por Biswanger quien era consciente de que Ellen terminaría suicidándose.

Ellen West y la pulsión de muerte.-

Los que leyeron mi post anterior ya saben a estas horas a qué nos referimos cuando hablamos de la pulsión de muerte y no existe ninguna enfermedad mental donde esa extraña pulsión resulte tan explicita como en la anorexia-bulimia. Ambas están emparentadas y una (la bulimia) es un dialecto de la otra (anorexia mental). Se trata de una enfermedad atípica si la comparamos con el resto de las neurosis pues comer hasta que el estómago reviente, rechazar la comida hasta el agotamiento, o vomitar lo ingerido indican, de hecho, una posición del sujeto que no es comprensible desde el punto de vista de la lógica positivista cuasi-natural.

Ni siquiera es comprensible apelando al viejo concepto de represión o a las patologías de la falta (neurosis y psicosis) o del regreso de lo reprimido, no es comprensible siguiendo los patrones de placer-recompensa ni mediante especulaciones psicoanaliticas clásicas. De hecho la sintomatología anoréxico-bulímica es una sintomatología desexualizada ¿Qué reprime la anoréxica? ¿Como es posible mantener la inanición sin que hayan graves perturbaciones de la mente como sucede en la sitiofobia, un rechazo de los alimentos por razones delirantes?. No, la anoréxica no reprime nada porque es precisamente la represión la que reinicia el inconsciente y el inconsciente en este sentido es su propio cuerpo, la paciente no presenta síntomas clásicos, ni alucina, ni delira ni tampoco presenta depresión en la mayoría de los casos, su psiquismo está sano exceptuando esa pulsión por la delgadez, ese horror a la obesidad, ese rechazo del cuerpo, si bien como veremos más tarde no es un simple rechazo del cuerpo sino un cuerpo desconectado de la experiencia consciente, un trastorno de la mismidad.

El cuerpo anoréxico-bulímico es, un cuerpo que muestra la irreducibilidad del goce a la dimensión naturalista-hedonista del placer (Recalcati).

Algunas anoréxicas presentan un trastorno especial: una distorsión del esquema corporal, lo que señala en la dirección de que el problema de la anoréxica es el cuerpo, es como si la anoréxica hubiera encontrado un goce, un placer intransferible en la dieta y la inanición, un hallazgo personal que algunas veces encuentra por casualidad, otras por imitación y otras por necesidad. De modo que se puede llegar a ser anoréxica por muchos motivos y de hecho si apelamos a la teoría de las estructuras psicoanalíticas, las anorexias no son una nueva estructura intermedia entre las neurosis y las psicosis sino que existen anorexias neuróticas y anorexias psicóticas.

Ellen West era una anorexia psicótica. Hipócrates diría que era una enferma por necesidad.

¿Qué es una estructura?.-

Observe esta palabra: “Do”. ¿Qué es Do?

Puede ser tres cosas: una nota, un acorde (mayor o menor) y un símbolo de la tonalidad que en la armadura no contiene ninguna alteración. Estamos entonces en el tono de Do.

Observe ahora esta palabra: “narcisismo”. ¿Qué significa? como en el caso anterior la palabra es polisémica. Puede ser 1) un mito 2) un conjunto de rasgos de la personalidad presididos por la autoimportancia, la soberbia y el egocentrismo y 3) una estructura, un símbolo de la tonalidad que se caracteriza por el rechazo del otro y una inflación del Yo. (En este post puede repasar este concepto).

¿Es la anorexia-bulimia una patología narcisista?

Hace algunos años sostuve en un congreso una discusión muy interesante sobre esta cuestión. Mi idea era que la anorexia mental era la forma en que la histeria de hoy se manifestaba más allá de sus síntomas nucleares como la conversión o el ataque histérico. La conversión ya no existe apenas en la clínica y la evidencia está del lado de considerar que algunas formas de anorexia son en realidad imitaciones de otras anoréxicas, la anorexia se contamina a través del arquetipo apolíneo de la delgadez.

Mi idea de entonces no pretendía negar la evidencia de que la anorexia mental era bastante distinta de la histeria sino que tenían un perfil epidemiológico similar. Era más frecuente en mujeres y una había aparecido cuando la otra ya estaba en declive. Naturalmente existen las anorexias histéricas tal y como había señalado su descriptor Lasègue, pero unos años más tarde otro psiquiatra llamado Pierre Janet añadió otra etiología: la obsesiva que llamó psicastenia, de modo que tenemos ya dos perfiles neuróticos como base causal de la anorexia: las histéricas y las obsesivas.

La histeria desapareció casi inevitablemente de la clínica cuando la mujer accedió al mundo apolíneo del hombre y se distanció de su naturaleza ctónica, dionisíaca. Pero la naturaleza de la mujer es incoercible y el acceso a lo apolíneo, es decir a la razón y al Logos ha tenido consecuencias dramáticas para la identidad femenina, una de ellas es la conversión en criaturas obsesivas, orientadas hacia el deber y el perfeccionismo, algo que limita la creatividad y no consigue conectarlas con lo masculino que nació -paradójicamente- como un medio de alejamiento de la mujer. Todos los hallazgos culturales han sido obra de los hombres y un pretexto para defenderse de los sortilegios y la magia inaccesible de la mujer (de su propia madre), de manera que es poco probable que la obsesividad de las mujeres las lleve a encontrar su verdadera identidad ctónica y de los dioses terrestres que son en definitiva los opuestos a los dioses celestes que los hombres inventaron para huir del abrazo de lo femenino, del abrazo de Medusa que petrifica a los hombres.

De manera que en mi opinión existe una estructura narcisista que atraviesa las dos estructuras clásicas, la neurótica y la psicótica tal y como sostiene Otto Kernberg. Se trata de las formas más graves de la enfermedad, esas pacientes recalcitrantes como Ellen West que mienten, esconden comida, se purgan y parecen enloquecidas cuando no pueden controlar su peso y sus ingestas. Todo parece indicar que la carne, aquello que señala hacia el cuerpo es tomado como un objeto perseguidor y que solo la emergencia del hueso consigue tranquilizar a la paciente, una vida ascética y contemplativa donde el otro ha desaparecido y donde no parece haber inconsciente. Es el propio cuerpo el inconsciente.

Hay una extraña relación además de la metamorfosis corporal que observamos en estas pacientes, me refiero a la trascendencia, algo de lo que hablé en este post. ¿Pero en un mundo secularizado qué oportunidades hay para la trascendencia? Todo parece indicar que hay ciertas diferencias entre el ascetismo de las anorexias actuales y el misticismo de las anoréxicas medievales como Santa Catalina de Siena. El ascetismo actual es un ascetismo inmanente donde ha desaparecido el Otro de la fusión, el Otro de la sumisión, el Otro del poder fálico y solo queda un cuerpo alienado que no proporciona ningún placer sino que es portador de todos los horrores de la putrefacción, de la descomposición y del desmembramiento.

Y ahí no hay ningún placer, pero:

En toda renuncia al placer hay un goce.

 

Un pensamiento en “Ellen West: infortunio y necesidad

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