Clínica de la falta, clínica del vacío


En la anorexia el culto a la trascendencia es reemplazado por el culto a los propios huesos (Recalcati)

Massimo Recalcati es un filósofo, psicólogo y psicoanalista italiano que se ha especializado en los llamados “nuevos síntomas”, a saber: las nuevas formas psicopatológicas que van adquiriendo -por su patoplastia- las enfermedades mentales. De entre ellas la anorexia y la bulimia son su área de mayor interés hasta el punto de llegar a fundar y dirigir una clínica destinada al tratamiento y la investigación de estos trastornos, y ese es el centro de la atención del autor en este libro, aunque también aborda a las adicciones y a los llamados trastornos limite (los trastornos de personalidad en general), las patatas calientes de la psiquiatría actual.

Y si digo que son “patatas calientes”, me refiero a su difícil ubicación partiendo siempre del enfoque clásico donde el binomio neurosis-psicosis sigue focalizando nuestras observaciones clínicas. Así todo aquello que no encaja en esta dicotomía presenta muchas dificultades no solo para su tratamiento sino también para avanzar en su comprensión.

Los sucesivos DSMs han zanjado el asunto multiplicado las entidades del eje I, así clasifica los trastornos alimentarios como trastornos independientes, del mismo modo hace con las adicciones a drogas y no cabe duda de que ha naufragado a la hora de explicar los trastornos de personalidad que siguen considerándose versiones menores (mitis) de los trastornos clásicos.

Para que el lector entienda de una manera clara y sencilla la diferencia entre síntomas clásicos y síntomas nuevos, les pondré un sencillo ejemplo: imagínese que usted tiene un niño de 5 años que ya había aprendido a controlar esfínteres (no se hacía pipi en la cama) pero debido a algún factor desconocido vuelve a mojar la cama. Ahora imagínese que ese mismo niño de 5 años nunca dejó de mojar la cama, es decir nunca reguló esfínteres. Existe una diferencia entre un caso y el otro: en el primero hay algo nuevo que perturba y obstaculiza el desarrollo que hasta ese momento era normal en cuanto al control de esfínteres, en el segundo caso hay una falta de estructura que impide que el niño controle a su debido tiempo. El síntoma es el mismo pero la causa es distinta: en el primer caso algo que obstaculiza, en el segundo caso algo que no se puso en marcha. Lo mismo sucede con otros síntomas más relacionados co lo alimentario, no es lo mismo una muchacha que perdió la menstruación (amenorrea secundaria) que otra que nunca la tuvo (amenorrea primaria).

Obviamente estos segundos casos son disturbios de la crianza.

Bien, la idea es que lo que caracteriza a los síntomas nuevos es precisamente esta carencia de estructura. Se trata de síntomas que no pueden ser explicados con los mismos argumentos con que explicábamos los síntomas clásicos. Es muy probable que el niño que vuelve a mojar la cama lo haga como reacción a la presencia de un nuevo hermanito, en este caso hablaríamos de una regresión en busca de cuidados maternos, por celos añadiríamos. ¿Pero qué decir del niño que nunca controló esfínteres?¿Qué clase de déficit esconde la mente de este niño?

La falta y el vacío.-

Las neurosis clásicas se caracterizan (desde el punto de vista psicodinámico) como entidades caracterizadas por la represión. La represión es un mecanismo de defensa destinado a hacer desaparecer de la conciencia los elementos discordantes desde el punto de vista moral o de la autoestima del niño. Una neurosis se caracteriza por el retorno de lo reprimido, los síntomas neuróticos son precisamente eso que no se quiso saber y se condenó al ostracismo del inconsciente. Usualmente los neuróticos clásicos eran pacientes que habían desarrollado fuertes fijaciones en el nivel edípico 4-6 años donde el niño ha de lidiar con una serie de dificultades relacionadas con la sexuación, la castración, es decir de la falta: lo que le falta a mamá, lo que tiene papá, ese es el conflicto típico del Edipo: averiguar quien tiene y quien no tiene y averiguar porqué los que no tienen lo perdieron para protegerse uno mismo de esa perdida del Falo. No olvidar que el Falo es un símbolo de lo que falta.

El asunto es que ya casi no vemos conflictos edípicos en la clínica. Más abajo daré la opinión de Recalcati sobre como se configuran los síntomas nuevos.

Los neuróticos antiguos ya no se suelen ver en la práctica debido al desvanecimiento de Edipo, lo que es lo mismo que hablar del declive del padre y de la autoridad representada por él. Lo que ahora solemos ver son patologías nuevas mucho más primitivas ontológicamente hablando: niños que no han atravesado con éxito el destete lo que implica problemas en representarse la ausencia-presencia o recuperación-abandono del objeto, niños que o bien son demasiado obedientes o demasiado recalcitrantes, etc. En este post puede el lector recordar el sinuoso camino que recorre un niño hasta que alcanza la simbolización plena.

Dicho de otra manera: los conflictos precoces (pre-edípicos) parecen estar en el núcleo de la formación en adultos de esos síntomas nuevos. Y nos llevan a comprender como determinados pacientes sin perder el principio de la realidad y llevar una vida aparentemente normal están presididos por un defecto de estructura tal que les lleva por ejemplo a sentirse abandonados por cualquier razón espúrea e incomprensible para el adulto común. Así se explican por ejemplo algunos feminicidios. Sencillo, algunos hombres se sienten celosos no ya de amantes imaginarios de sus parejas, sino de su propia pareja. No soportan el abandono y no es de extrañar que estos crímenes se lleven a cabo ante la amenaza de un próximo divorcio. Esta conducta no puede explicarse como una celotipia clásica, pues el criminal no asesina a un rival sino a su propia pareja. Está señalando así el motivo de su enloquecimiento: no soporta la idea de ser abandonado y entonces destruye a su objeto de amor.

Es necesario entender ahora que el amor es un sentimiento que precisa para establecerse haber llegado a un cierto nivel de simbolización, mientras tanto hay un apego feroz y no tanto un amor adulto, lo realmente existente es un amor o apego infiltrado de odio, pues ambos van en el mismo pack. Eros y Tanatos eran hermanos gemelos y solo podemos desprendernos de lo tanático con el amor es decir aquello que va más allá de la necesidad.

Lo que vemos hoy es una clínica del vacío y no tanto una clínica de la falta y es por eso que las entidades clínicas han cambiado. No es que el vacío sea lo contrario de la falta sino que la falta es necesario que sea establecida para poder nombrar el vacío. La falta es el nombre que le damos al vacío cuando ya ha sido simbolizada la diferencia entre el Yo y el otro. En este sentido la clínica del vacío es una clínica del anti-amor (Recalcati, 2002) donde el otro apenas existe de forma independiente sino como un accesorio narcisista del propio Yo.

En este sentido no es necesario suponer un “tertium inter pares”, la organización border-line descrita por Otto Kernberg no es algo a medio camino entre la neurosis y la psicosis, sino una organización pulsional donde el vacío no pudo ser renombrado por falta de simbolización. Lo que es lo mismo que decir que ni existe la represión ni existe propiamente el inconsciente. Pues sin represión no puede establecerse el inconsciente.

En este sentido dice Recalcati:

“Ciertas practicas de goce parecen suplir al mismo inconsciente, la droga o la privación-sacrificio de la anoréxica o el vómito de la bulímica están representando al propio inconsciente”.

Personalmente encuentro que el libro de Recalcati no solo es interesante (a pesar de ser lacaniano) creo que es uno de los libros más profundos que he leido jamás y que por tanto recomiendo a todos aquellos en desentrañar las relaciones que existen entre las enfermedades mentales y los modelos sociales que nos ha tocado vivir.

Con Edipo vivíamos mejor