Tres hitos en la subjetividad


Uno de los hallazgos de este pasado año 2019 fue encontrarme con los videos de este psicoanalista argentino de apellido imposible llamado Luciano Lutereau. Me impresionó su calidad pedagógica, su soltura para hablar de temas difíciles, su reconceptualización del complejo de Edipo quitando todas las armaduras metafísicas que aun cuelgan de él. Su facilidad para relacionar lo que sabe con lo que nos pasa a todos, esos dilemas cotidianos que nos confunden especialmente cuando somos padres y hemos de aplicar una lógica formal a nuestras decisiones. Y sobre todo para curarnos de los excesos de la hiperpaternidad pues hay que recordar  que muchas veces los padres hacen síntomas alrededor de los hitos de sus hijos que son hitos de crecimiento y maduración al interpretarlos como disfunciones.

Este post va dirigido a resumir en pocos párrafos como se articulan los primeros tres hitos de la subjetividad, el lector más interesado puede encontrar al final de este post un video de dónde extraje estas ideas tan claras y a la vez enigmáticas a la hora de usarlas como herramientas terapéuticas, quizá fuera mejor llamarlas herramientas para pensar el crecimiento y la maduración con una nueva perspectiva.

1er hito: El complejo de destete.- 

Una pregunta que los niños suelen hacernos a los adultos es ésta: ¿Dónde vamos cuando nos morimos?. Se trata de una pregunta típica en niños de 4-6 años cuando atraviesan el complejo de Edipo. Los padres comunes no saben qué contestar cuando nos hacen esta pregunta, pero una respuesta inteligente (que no agota una próxima pregunta) sería esta: “Al mismo sitio donde estabas antes de nacer”. Efectivamente, no sabemos donde vamos ni donde estuvimos antes de nacer, algunos le llaman “el limbo” y Jung le llamó el pleroma, que es algo así como la totalidad, pero dudo que el niño se sienta satisfecho con esta contestación. Lo mejor es decirles que “está en un lugar donde nadie puede verles” pues los niños solo son capaces de imaginarse la muerte como un lugar y saben muy bien lo que es un espacio invisible, por eso les gusta tanto jugar a esconderse, algo esencial para entender el complejo del control de esfínteres como veremos más tarde.

En cada hito suceden varias cosas importantes y es por eso que le llamamos complejo. Un complejo por definición es algo plural, un lugar cronológico donde suceden varias cosas: 1) Una ganancia de subjjetividad directa, es decir una ganancia de simbolización, 2) el atravesamiento de una fantasía o fantasma peculiar para cada hito 3) el crecimiento y maduración que el juego propicia y que acabará completándose en el próxima parada tal y como iremos viendo.

En el complejo de destete que dura desde el nacimiento hasta los 2 años el niño va a hacer un aprendizaje fundamental: simbolizar la ausencia de la madre, algo que alcanzará su cúspide al entrar en la guardería o cuando sea dejado en manos de otro cuidador cualquiera: si el niño no ha llegado a simbolizar la ausencia de la madre, el llanto inconsolable será el marcador que nos de el aviso. Es por eso que el niño juega durante esta fase con el “está y no está”, escondiéndose detrás de un trapo, un juego que le permite al niño jugar con algo muy dramático: la separación de la madre, los psicólogos le llaman “ansiedad de separación” y Freud le llamó Fort-Da.

Pero el niño no solo tiene miedo a la separación, tiene miedo a la madre misma, pues ¿qué es el miedo sino el miedo a lo otro?. El niño ha de atravesar un miedo arcaico y esencial: el miedo a ser devorado que procede precisamente de su voracidad canibalística una pulsión erótico-tanática con la que venimos equipados desde el nacimiento, pues nacer no es otra cosa sino exhalar la pulsión de muerte y posteriormente ir proyectándola en el exterior, es decir en la madre. Es por eso que el niño necesita rechazar algo de la madre, para madurar, algunos lo hacen rechazando la comida o vomitarla, pues la comida no es solo alimento sino también una oportunidad de juego y de relación con el otro. Una vez el niño ha sido capaz de simbolizar la ausencia de la madre comienza a emerger la siguiente fase.

En este estadío lo esencial es el tacto y la proximidad física, no sirven ni la voz ni la visión para obtener esa intimidad con la madre.

2º hito, el complejo de retención de esfínteres.-

La heces son un regalo que el niño hace a su madre y lo siente como dádiva precisamente porque el niño siente que las heces son parte de su cuerpo, una parte desechable si como irá aprendiendo, pero algo propio y a lo que la madre le da mucha importancia cuando lo hace en el lugar adecuado, es decir en el excusado. Dicho de otra forma, las heces son un pretexto de intercambio con la madre, limpio en el excusado y sucio en el pañal.

Pero hay de nuevo una ganancia para la subjetividad: la diferencia entre Yo y no-Yo. El niño ya sabe discriminar cuando la madre está o no está pero no sabe aun diferenciar su cuerpo de sus partes: lo que le pertenece y lo que no le pertenece, el niño empezará a conocer y señalar antes de verbalizar esas partes, nariz, orejas, pelo pies, etc. Lo mejor es dar las heces pues en realidad son un producto desechable, igual que el pipi, las uñas o el cabello.

Pero el niño ha de atravesar nuevamente una fantasía actual: ¿soy bueno o malo para mi madre? ¿Habré hecho algo para que se enfade? ¿Me seguirá queriendo?. La culpa que procede de la destructividad innata del niño (y por eso Freud decía que la culpa es anterior a la falta) es la primera emoción moral (le seguirá la vergüenza), emoción que surgirá durante este segundo desarrollo que Freud llamó fase anal (de 2 a 4 años) al hacer equivaler las heces con el pecho de la anterior etapa donde el miedo y/o la rabia campaban a sus anchas. ¿Qué quiere mi madre? parece preguntarse el niño. Frente a esa pregunta tiene dos alternativas 1) la obediencia y/o sumisión y 2) la transgresión o dominio.

La culpa tiene dos partes, una consciente y otra inconsciente que se corresponden precisamente con esos dos tipos de respuesta: el niño que se siente culpable (de no ser lo suficiente bueno u obediente o limpio) y el niño que transgrede que es precisamente el que parece ineducable precisamente porque la culpa no funciona como un relé. Estos niños se sienten también culpables a pesar de no parecerlo en absoluto y parecen andar buscando siempre un castigo. ¿Pero qué es un castigo? ¿Quedarse sin postres? ¿mandarlos al rincón de pensar? Si, eso son los castigos que promueven los adultos conductistas pero el niño no sabe qué es un castigo si no puede relacionarlo con una conducta propia, dicho de otra manera, el niño no sabe aun simbolizar el castigo, lo que significa que aun no ha interiorizado la relación entre su conducta y el castigo propiamente dicho.

Jugar al escondite es la forma de construir simbólicamente un espacio invisible donde al abrigo de la mirada de otros seremos capaces de encontrar intimidad para la defecación cuando por fin se entienda que las heces no son más que algo desechable y poco higiénico y cuyo destino es desaparecer por el retrete.

La separación entre el Yo y el No- Yo es el embrión del narcisismo secundario y que viene a decir que “todo lo que no sea Yo es una mierda”. Los niños son receptáculos de amor pero aun no quieren a nadie aunque necesiten de ese alguien, son demasiado narcisistas y ser niño consiste fundamentalmente en pedir. Son mejores amados (eromenos) que amantes (erastés). Pero para llegar a amar es necesario haber sido amado, esa es la paradoja. Y para amar a un otro (distinto de mi mismo) es necesario al menos cumplimentar el pase por este tercer estadío.

3er hito, el complejo de Edipo.-

Si en el primer hito se cumplimenta el par ausencia-presencia y en el segundo hito nos encontramos con el par Yo-No Yo en este tercer estadío nos vamos a encontrar con la dualidad sexual: fálico-castrado. El niño no entiende aun qué es una mujer y qué es un hombre, sus objetos o tienen pene o no lo tienen lo que es lo mismo que decir si están castigados o no lo están. Es necesario llegar al complejo de Edipo para simbolizar la idea de castigo. El castigo es naturalmente la castración -el miedo a la castración que tienen todos los varones- y que divide el mundo entre castigados y no castigados y que todos, niños y niñas han de atravesar con distintos destinos.

El lector comprenderá en este momento que la misoginia es estructural en los humanos edípicos tanto en hombres como en mujeres. La misandría por el contrario no es simétrica pues el odio, repulsión o aversión a los varones es el resultado -también edípico- de no haber resuelto el complejo de castración: “los perpetradores varones o machistas están completos a diferencia de mi que fui castigada por estar incompleta”.  Eso inscribe una misándrica. Hace falta aun un nuevo pase, que Freud llamó genital para entender que “todos estamos castrados” si por castrados -más allá del pene- entendemos  a lo que el Falo señala simbólicamente: la incompletud o la falta.

Jugar a médicos o jugar a estar casados es la manera en que los niños averiguan y lidian con este dilema.

Llegar al Edipo es pues necesario para ir más allá de la culpa de no dar la talla qué le atribuimos a la demanda de nuestra madre, pero por desgracia hoy ya no hay apenas neurosis edípicas clásicas, mas bien estamos acostumbrados  a tratar con patologías o disfunciones procedentes de estadíos muy precoces: trastornos de la alimentación o del sueño en personas que andan todavía trajinando con el abandono o la presencia continua de un cuidador o personas que piden todo el tiempo perdón (la culpa se manifiesta por una disculpa) sin haber sido capaces de organizar las causas de sus autosabotajes o de poner a prueba al adulto a través de bordear cualquier limite.

Naturalmente y si volvemos al gráfico que preside este post veremos que aquí no terminan los hitos que alimentan nuestra subjetividad, después de este tercer hito la flecha del tiempo nos inclina hacia otra vuelta de tuerca en el espacio de ese reloj infinito que solo se detiene con la muerte , ese centro que coincide también con el nacimiento y que me lleva a pensar que -tal y como contesté a la pregunta de aquel niño del primer párrafo- volvemos con la muerte al origen, al lugar donde estuvimos antes de nacer.

Aquí os dejo un libro suyo que me ha interesado mucho:

 

Y aquí les dejo la conferencia de Luciano Lutereau

Un pensamiento en “Tres hitos en la subjetividad

  1. Se me ocurren tres subtipos de subjetividad que se han atravesar durante toda una vida. El primero es el termino Falogoscentrismo que hace referencia al privilegio de lo masculino en la construcción del significado, estableciéndose un orden jerárquico masculino de exclusión. Lo segundo que el Lenguaje a imagen de la función paterna propicia una castración, la fragmentación entre sujeto/objeto; tomamos autoconciencia conceptual propiciando una separación a nuestra integridad, que, a largo plazo se supone se transformaría en una autonomía afectiva/funcional. El tercer subtipo hace referencia a esta frase que es para enmarcar ” Los padres hacen síntomas alrededor de los hitos de sus hijos, que son hitos de crecimiento y maduración al interpretarlos como disfunciones. “. Es decir la raíz de esos síntomas se encuentra en que la Positividad – Mas – Abundante – Mejor – Paz – Bueno, están asociados a la noción de éxito, estableciendo a sus opuestos como el fracaso a evitar; algo que puede ser sintomático de la hipèrpaternidad, a la vez que se trasladan esos valores a la subjetividad del niño.
    Estos subtipos lo que establecen es un fuerte miedo fruto de una soledad individual psicológica al auto observarnos como objetos en un orden jerárquico con valores positivos, frente al otro y al mundo que son vistos también como objetos cosificados con iguales características.
    Un destino que nos habla de una maduración, un transito que intenta trascender toda separatividad/falta de conexión, no hacia la Unidad con todo, que es un termino positivo, si no a la ausencia de la dualidad sujeto/objeto, fuente del miedo y arquitecto de nuestras vidas. Toda biografía por muy exitosa que sea, solo es una teatralización simbólica de ese miedo. Madurar esta en la naturaleza de todo junto al principio de incertidumbre, es lo que parece dota de sentido a la vida y, a que solo siendo niños se entra en el reino de los cielos. La vida como juego.

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