Memoria e identidad (I)


Los lectores de este blog saben que uno de los campos de mi interés son los trastornos de la identidad y que he dedicado algunas entradas a esta cuestión siempre desde el observatorio de la patología. En este post y el siguiente me propongo abordar esta cuestión de la identidad desde abajo, es decir atendiendo a su formación.

La identidad es de todos los conceptos psicológicos el mas deletéreo y nebuloso, al contrario de otros constructos como la personalidad que ha recibido mucha atención por parte de los investigadores. Uno de los profesionales que más han investigado sobre este tema es Eric Erickson, con su concepto de “difusión de la identidad”, De ese post voy a rescatar una definición de la identidad:

“La identidad es ese sentido de continuidad en la experiencia de nosotros mismos, una continuidad histórica, generacional, nacional, étnica y subjetiva, que incluye valores, creencias y un sentido de pertenencia a algo supraindividual, a algo que está más allá de nosotros mismos trascendente o banal pero que en cualquier caso es una experiencia compleja que incluye a la memoria, a la autoimagen, a la vivencia del tiempo y a las emociones y valores, sobre todo a esa difícil síntesis entre el apego y a la autonomía personal”.

En este post voy a ocuparme de las relaciones entre la identidad y la memoria. Así he titulado el post a pesar de que Juan Pablo II escribió un ensayo ecuménico sobre diversos temas de interés para los católicos y que también tituló así. Advierto al lector que el titulo de mi post y el ensayo de papa polaco no tienen nada que ver.

Personalmente creo que si el constructo de la identidad nos aparece como algo numinoso es precisamente porque nadie que yo sepa -hasta hace muy poco tiempo- se había ocupado de señalar hacia la evidencia de que la identidad es algo así como un órgano inmunológico que nos permite discriminar lo que es Yo, de lo que es no-Yo.

Efectivamente, agenciarse una identidad es algo vital para cualquier individuo, pero es evidente que lo que llamamos identidad no es lo mismo para un ciudadano occidental actual que para un indio navajo o un habitante de Nueva Guinea. La identidad contiene elementos tribales y colectivistas y en ciertos entornos nadie se preocupa por saber la identidad propia ni la de otra persona que viene definidia por la cara,su morfología o su carácter. Más comúnmente la identidad en esos nichos arcaicos viene definida por la procedencia, es decir por el linaje..

Y no cabe duda de que para nosotros -los occidentales actuales- envueltos en una búsqueda paroxística de una identidad desgajada del común es una tarea poco corriente en el desarrollo de aptitudes psíquicas en comparación con aquellos que nos precedieron. La hipertrofia de la subjetividad nos ha llevado hacia un lugar en el que construirse una identidad (pues toda identidad es un constructo, es decir no nos viene de serie) es una tarea complicada para nosotros los hombres post modernos.

Cada vez es más difícil diferenciarnos de los demás. Debe ser por eso que lo identitario ha cogido tanta fuerza entre nuestros conciudadanos. Pues tan necesario es agenciarse una identidad exclusiva como parecernos en algo al grupo. Se trata de dos fuerzas en permanente relación dialéctica: el apego y la independencia.

Randolph Meares es un psiquiatra australiano del cual he hablado en este blog algunas veces y le he nombrado como precursor de una serie de ideas relacionadas con lo traumático. La idea principal que quiero rescatar ahora es aquella que relaciona cada trauma y sus destinos con la edad en que se recibió, es decir lo que Meares plantea es una semiología del trauma siguiendo las fases del neurodesarrollo. Más allá de eso Meares se plantea preguntas muy interesantes como por ejemplo ésta: ¿Es necesario haber sufrido un trauma para disociarse?¿ Por qué la mayor parte de las personas sufren traumas y no desarrollan un TEPT? ¿Es la resiliencia al trauma la regla y no la excepción?. Meares navega sobre este tema apoyándose en las memorias sucesivas que van apareciendo secuencialmente en el niño y para ello es necesario repasar como funcionan nuestras memorias según el momento de la vida en que nos encontremos.

Mateo y sus memorias.-

Mateo es mi primer nieto y el responsable de mi deplección de oxitocina pero también es el responsable de que me haya abonado a la observación de su evolución neurológica y mental a partir de esa plataforma que son los niños de corta edad.

1) Sistema de representación perceptual

Se desarrolla en la primera semana de nacido. Reconoce voces, acciones, formas, canciones, olores (sobre todo de la madre y la leche) y caras. No involucra experiencia previa de recolección explícita, es decir aparece ex novo. Es no verbal y no consciente. Funciona sin darse cuenta y aparece sobre un trasfondo no conceptual. Es simple percepción y con la repetición del estimulo el niño va configurando un mundo previsible de cuidadores y de sincronías (día-noche-mamadas).

Poco a poco el niño aparece mas despierto y curiosea el mundo sobre todo observando y oyendo e interactuando con balbuceos y sonrisas. Aprenderá pronto a conocer su nombre y a distinguir las voces de sus allegados y sobre todo a distinguir a los extraños.

2) Memoria Procedimental

Un poco más tarde aparece la memoria procedimental, se trata de una memoria motora que se estabiliza y expande con la deambulación. La memoria procedimental está asociada con el desarrollo de habilidades motoras y el repertorio de juegos y canciones que se fundamentan en la capacidad del infante para recordar experiencias del mundo. Y para traer a la mente un estímulo que no está inmediatamente presente. Por ejemplo, Mateo recuerda la existencia de cestas de juguetes y su lugar concreto en su casa y la de sus abuelos , y en la capacidad del niño para coordinar habilidades motoras específicas y comportamientos en base a este recuerdo.

La memoria procedimental se basa en la repetición, abrir y cerrar puertas, abrir cajones, lavadoras y volverlos a cerrar, explorar su interior y cambiar de lugar objetos que se dan por perdidos, hablar por teléfono llevándose un auricular mágico a las orejas y repetir siempre repetir.

En base a esta memoria de procedimientos, un infante es capaz de coordinar sus acciones para obtener un resultado particular basada en el recuerdo como obtener juguetes que están en un gabinete. Es no consciente y no verbal, el niño no se da cuenta de las circunstancias que lleva a este aprendizaje.

Pero aprende que hay cosas que no deben tocarse y que los padres enseñan para evitar que se lastimen, los cables, enchufes pantallas, etc recibirán siempre una llamada de atención por parte de los cuidadores. El niño aprende que “No toques eso” es una advertencia de algo prohibido (no sabe que es el peligro) y es posible que o bien desafíe tal advertencia como que obedezca, lo sabe mirando la cara de los cuidadores y aprende  a inhibir su curiosidad tanto como a distinguir las bromas de los enfados de sus cuidadores.

Dicho de otra manera la memoria procedimental sirve para recordar patrones fijos (PAF) de comportamiento motor (explorar) tanto como de inhibición de dichos patrones. Lo interesante de este tipo de memoria es que no depende de la voluntad, es decir no requiere que recordemos como se anda en bicicleta, simplemente sabemos hacerlo. Aprendimos a través del ensayo y el error.

Mateo tiene ahora 15 meses y ya balbucea palabras (silabas como ma o pa, también le gusta la ñ).Lo importante es que va produciendo sonidos, ensayando continuamente Pero aun no sabe qué significan. Pues aun no ha pasado por el desfiladero del lenguaje.

3) Memoria Semántica.

Mateo aun no ha llegado al segundo año de vida de manera que voy a hablar teóricamente a partir de ahora. La memoria semántica aparece en el segundo año de vida. Almacena “hechos”: es el conocimiento del mundo “como es” y el niño lo utiliza para navegar en él. Es verbal. Retiene nombres y atributos de los objetos del mundo que los rodea y realiza rutinas específicas para su navegación. Este sistema de memoria almacena un rango de aprendizajes acerca del mundo que pueden ser vocalizados pero que no son conscientes, en el sentido de que estos aprendizajes son recordados sin la memoria de los incidentes que la formaron. Algo que es muy importante de cara a comprender lo traumático porque esta memoria puede ser parasitada por dos tipos de eventos: 1) algo que se imaginó pero nunca sucedió y 2) algo que se atribuyó a un hecho cuando solo es una opinión. Imaginemos que le decimos a un niño entre dos y tres años que es un inútil, un vago o una molestia y que esa definición se repite día a día y constantemente.

El lenguaje asociado con este sistema de memoria es el de la adaptación y para lidiar con problemas. El niño guardará en su memoria su vagancia o inutilidad como un hecho. Como un hecho además imposible de modificar pues se formó sin pruebas y lo que se aprendió sin pruebas no puede modificarse con pruebas. Simplemente se instaló allí, en nuestra memoria ejerciendo su influencia sobre la identidad futura de una u otra forma.

4) Memoria episódica

Se desarrolla durante el tercer año de vida y consiste en la habilidad para recordar experiencias del pasado reciente como episodios específicos de su historia. Es verbal, se pueden decir y son memorias explícitas o conscientes. El/la niño-a se da cuenta de que está recordando incidentes específicos de su vida y no lo confunde con el presente.

Dicho de otra manera el niño es capaz de distinguir la realidad con la ficción ,sabe que lo que ve en televisión no es la realidad, que los cuentos no son de verdad a pesar de que disfrute mucho viendo dibujos animados o oyendo al abuelo contándole cuentos absurdos. Es capaz pues de trazar una linea divisoria entre su Yo real y lo que su Yo hace en los juegos y que no es real.

Comienza aquí una de las prestaciones más importantes de la memoria y que durará toda la vida con permiso del Sr Alzheimer: la memoria biográfica. Yo soy aquel que..

Durante el cuarto años aparece la memoria de trabajo.

Con frecuencia, la memoria a corto plazo se le llama también “memoria de trabajo”. Este sistema de memoria almacena recuerdos de experiencias de los muchos incidentes recientes en la vida de las personas. Provee orientación inmediata en sus esfuerzos para alcanzar tareas específicas y complejas, por ejemplo, hacer varias cosas al mismo tiempo: conducir y hablar por ejemplo. Está asociada con la memoria episódica. Es un sistema de almacén temporal de experiencias de incidentes recientes en la vida de la persona. Es verbal y consciente. Es evidente en la vida de los niños a partir de los tres años.

Si se afecta con la experiencia traumática, es muy difícil para la persona lidiar con más de una tarea a la vez, y la persona reporta sentirse crónicamente estresada en las tareas simples de la vida cotidiana.

5) Memoria autobiográfica

Se desarrolla en el quinto año de la vida. Es episódica, altamente selectiva, duradera y frecuentemente remota. Provee el fundamento para el sentido personal de la identidad que hace posible que la gente diga “esta es mi vida, esta soy yo”. Es consciente y verbal. Contribuye y es dependiente de la capacidad reflexiva, capacidad que hace posible “Esta soy yo”, “déjame que te cuente de mí”, “esta es mi vida”. Y hace posible declarar: “estos son mis pensamientos, mi memoria”. “estas son mis reflexiones” “Esta es mi historia” “esta es mi vida”.

Si se afecta por la experiencia traumática las personas tendrán dificultad en juntar un considerable trayecto de su vida a través del tiempo y esta sensación de “esta soy yo” se vuelve ambigüa y evasiva.

En el próximo post iremos un poco más allá con los extravíos de la memoria-identidad.

 

7 pensamientos en “Memoria e identidad (I)

  1. ¿Qué puede contar como experiencia traumática? O eso depende de la “resiliencia” de cada persona.

    Excelente post. ¡Saludos!

  2. Toda identidad es un constructo, pero ese constructo puede ser congruente o coherente. Voy a intentar explicar una posibilidad un tanto esotérica.
    Congruencia y coherencia son dos palabras similares, pero con una etimología latina muy diferente: La etimología de la palabra coherencia viene de: ‘cohaerentia’, palabra compuesta de contraer como, “con”; ‘haerens’ (haerentis), “que está adherido”; y el sufijo formador de sustantivos abstractos ‘ia’. La coherencia es pues, la cohesión o relación entre una cosa y otra. El concepto se utiliza para nombrar algo que resulta lógico y consecuente respecto a un antecedente. Por su parte congruencia viene de la palabra ‘congrure’ y significa “convenir a un tiempo”.
    Como vemos, la distinción entre ambas palabras se encuentra en la “herencia” o “adherencia” al pasado, algo fundamental en toda filosofía perenne, donde la identidad viene fundamentalmente definida por la procedencia.
    Cuando decimos que somos coherentes, estamos asumiendo que queremos ser fieles a todo lo “heredado” o adherido” a lo largo de nuestra existencia. Pero cuando hablamos de ser congruentes, lo que asumimos es una integridad entre nuestra manera de pensar y actuar en el momento actual, independientemente de si ésta coincide o no coincide con lo “heredado” o “adherido”.
    Nuestra comprensión de esta distinción puede suponer el querer romper algunos moldes que tenemos incorporados a nuestras creencias por haberlos aprendido a lo largo de toda una vida, o por haberlos heredado de nuestros antepasados, pero que no son los principios o valores que deseamos o pensamos que debemos desarrollar. Podría, pues, inferirse que la causa de esta incomodidad pudiera ser que nuestra existencia, o memoria, fuese mucho más dilatada de lo que pensamos.

    Si tenemos en cuenta que diversas investigaciones nos muestran que la memoria familiar es algo epigenéticamente plasmado sobre las diferencias en la metilación del ADN. Que en la Universidad de Duke, Randy Jirtle demostró que estos cambios epigenéticos de memoria podían también ser transmitidos de generación en generación. Que la reencarnación o metempsicosis (según el término griego), forma parte de la historia del pensamiento humano, y que es la mejor explicación para muchos casos científicamente comprobados por el Dr. Ian Stevenson, según publicaciones revisadas por pares, y confirmado posteriormente en más individuos por otros investigadores como Jim B.Tucker, etc … Entonces, la posibilidad de que, aunque un niño -o un adulto-, pueda no tener memorias conscientes de sus antepasados o de una vida anterior, sus intereses, aptitudes y fobias (reflejos en el comportamiento) pueden haber sido conformados por experiencias que él o ella hayan olvidado, o que procedan de antepasados suyos que no coinciden con ninguna característica adquirida de su entorno, medio o mitología de creencias actual.
    Esto puede significar algo muy profundo; pues bien pudiera ser que mucho del malestar que sentimos, incluso muchas de las enfermedades que padecemos, puedan tener su origen en la gran dificultad de hacer conscientes nuestras memorias no conscientes, y en que, además, estamos ‘polucionados’ por la sociedad y/o parasitados por pensamientos ajenos a los nuestros. De resultas de todo ello, es posible que no desarrollemos una vida que nos permita arreglar las memorias inconvenientes, sino la que otros quieren que llevemos; de modo que, al encontrarnos como parasitados y manipulados, en lugar de disfrutar de nuestra identidad, la sufrimos.

    Cuando un sistema es coherente, no desperdicia energía, sus relaciones están sincronizadas. Podríamos decir que es encuentra en fase, o amor, con su entorno, es decir que vibra en la misma frecuencia, que resuena con el entorno, que sus ondas coinciden, es decir esta sintonizado, y por lo tanto esta en comunicación o “comunión” con el entorno. Es el modo crecimiento, en el que se potencia la capacidad de adaptarse, ser flexible e innovar. De este poder coherente que se encuentra en comunicación y sincronización con el entorno –el universo-, resulta un salto importante en la eficacia y la efectividad llegándose a funcionar con el mínimo esfuerzo. Es lo que se conoce como fluir o “flow” (el, a menudo, mal entendido “wu-wei” o no hacer de los taoístas), donde el espacio-tiempo parece trascender.
    Todo lo dicho podría estar tanto relacionado con identidades con una ‘misión’ a cumplir (quizás altamente coherentes), como con identidades suicidas (quizás altamente congruentes).

  3. Voy a aportar una experiencia más o menos personal que no tiene etimología pero es meramente práctica. Un familiar escapó de casa unos días. Tenía quince años. Una chiquillada, una gamberrada de adolescente…. pero como era la buena de la familia, decidió montarse una historia en la que no recordaba nada, que simplemente un día cobró consciencia de quién era en Madrid, a unos quinientos quilómetros de su casa. Que había perdido totalmente la memoria, que no era ella y tal…. Los padres, alarmados, la llevaron a los mejores psiquiatras que se podían encontrar en los setenta en este puto país. La ingresaron, medicaciones, si trastorno bipolar, que si estado crepuscular de la consciencia, que si esto, que si aquello… Pronto se convirtió en la niña mimada. Toda la preocupación, todas las atenciones, todos los recursos. Creció y aprendió a vivir como una enferma que no podía valerse por sí misma para nada. Empezó con las drogas: que si los porros, que si la coca… Un día decidió que aquello no era normal, que tenía que haber un culpable de que no tuviese trabajo, que no acabase los estudios, que su vida fuera un puro derroche del dinero de los demás. Empezó a delirar con los porros y un día se le ocurrió que su padre había abusado de ella de pequeña. Varios psiquiatras se la tomaron como lo que era, una toxicómana. Los fue abandonando uno a uno, también a cuantos psicólogos intentaron ayudarla. Hasta que dio con una especialista en trastornos disociativos que le dio cuerda. Hicieron retrocesos a la infancia, hicieron terapias de no se qué y no sé cuanto. La psiquiatra le dio la razón. Incluso pidió hablar con algún familiar, al que la psiquiatra acusó de negacionista, un papel parece que muy propio en estas situaciones de abusos sexuales de la infancia. Consiguió que le dieran la invalidez por trastorno disociativo (parece que el tribunal médico todavía se está riendo) porque tenía como cuatro o cinco personalidades. Tenía personalidades múltiples, una por cada trauma de la infancia. Hace poco murió su padre y antes de morir confesó a uno de sus hermanos que su huida a los quince años fue una gamberrada, y a una hermana que lo de los abusos se lo había inventado. La psiquiatra que la había atendido llegó a confesar al familiar al que había acusado de negacionista de que ella la había engañado totalmente . Ahora cobra felizmente su pensión. Viva la disociación, viva la personalidad múltiple.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s