Bridas y plomadas


Hacía tiempo que quería escribir un post sobre esta cuestión que plantea este libro que preside este post y que trata de contestar a la pregunta: ¿Se puede creer en algo absurdo o incluso delirante y no estar loco? Si, se puede como en la canción de Machin tampoco está loco el que ama a dos mujeres a la vez.

Seguro que usted conoce a alguien así: me refiero a personas normales, bien adaptadas, razonables pero que al menos en un tema “pierden aceite”, por así decir,  estar cuerdo en casi todo menos cuando se toca determinado tema. Ese tema puede ser político, religioso, ideológico o de estilos de vida, en cualquier caso sectario y minoritario. Un ejemplo bien conocido hoy es la gente que cree que la tierra es plana, que las vacunas generan autismo o que nos rocían con chemtrails desde falsos aviones que son en realidad avatares para convertirnos en más tontos de lo que ya somos.

Con eso no quiero decir que los conspiranoicos estén todos locos (con ese tipo de locura razonante que describieron hace más de 100 años Serieux y Capgras). No todos los conspiranoicos están locos (aunque sean razonantes). Algunos tienen razón y la tienen porque las informaciones oficiales que recibimos a diario están contaminadas de instrucciones destinadas más a dominar que a informar y hay algo en los humanos que se rebela cuando percibe que nos quieren adoctrinar. ¿Cómo no van a haber conspiranoicos si los medios oficiales han dejado de ser creíbles? Ya hablé de los conspiranoicos en este post de manera que no voy a volver sobre ellos. Hay conspiranoicos de falsa bandera, quiere decir que están ahí para que la gente no crea en ellos debido a sus exageraciones e interpretaciones delirantes de fenómenos explicables de manera más sencilla, sin apelar a los masones, Sion, los jesuitas o  mafias bizarras destinadas a la pederastia.

Pero lo importante de esta reflexión previa es que los seres humanos somos muy vulnerables a las creencias y también a las anticreencias, es decir a creer en cosas absurdas e irrazonables solo por el hecho de que no nos creemos las versiones oficiales y por qué no decirlo: porque existen incentivos para pertenecer a una minoría, una especie de élite que detenta un cierto saber ajeno al común, de personas enteradas. Creer que las vacunas provocan autismo es un ejemplo de creencia delirante en personas razonables que se explica sobre todo por el hecho de que es una creencia exclusiva de gente supuestamente bien informada. Es una creencia cool.

Somos muy vulnerables a creer cualquier cosa y es por eso que cuando profundizamos en alguien empezamos a caer en la cuenta de lo bizarras, extrañas, o fantásticas que son algunas de sus opiniones Y sin embargo no están locos, es decir razonan perfectamente, no alucinan, ni deliran como los clásicos nos enseñaron. Son por decirlo en términos de Serieux y Capgras, delirantes interpretativos.

La realidad contiene datos y contiene información pero esta información ha de ser interpretada. Hay una ciencia de la interpretación llamada hermenéutica una disciplina que emergió para la interpretación de textos pero que usamos cotidianamente para computar la realidad que vivimos, sin saber una palabra de ella. De manera que todos interpretamos y todos construimos mapas para navegar por el mundo enmedio de una complejidad creciente que desafía nuestro cerebro y lo pone a prueba usualmente. Somos pues hermeneutas deficitarios.

Usualmente pienso en el post que voy a escribir mientras hago cola en el supermercado, paseo, tomo café o llevo a cabo alguna tarea que requiera movimiento. Hallo en el movimiento la necesaria inspiración para escribir después de elaborar durante días un tema concreto.

Y fue ayer mientras cercaba con alambre mi terraza de verano cuando tuve una revelación, al atar con bridas aquellos alambres.

Comprendí por fin lo que quiso decir Jacques Lacan con su conceptualización del synthome. Un synthome es un neologismo de síntesis entre síntoma y fantasma o dicho de otra manera un synthome es una brida, como las que até ayer e los barrotes de mi balconada para sujetar los alambres. Y una brida es algo que sujeta y sujeta algo que sin brida andaría suelto. Lacan lo conceptualizó como un anillo borromeo la forma en la que se relacionan los tres registros de la mente: lo real, lo simbólico y lo imaginario. El lector puede contemplar ese nudo borromeo integro, algo que caracteriza lo que entendemos como normales relaciones entre esos registros de la mente.

En este sentido el synthome seria una brida que construimos para sujetar un nudo borromeo inestable que puede deshacerse fácilmente. El synthome seria una especie de prótesis que nos serviría para mantener la cordura. Lacan en uno de sus seminarios utilizó el caso de James Joyce y su uso de la literatura para construir un synthome que le permitiría no enloquecer gracias precisamente a su prótesis, la literatura. Salvador Dalí podría ser otro ejemplo de como el arte puede servir de prótesis a una personalidad que sin ella seria muy vulnerable a enloquecer. O dicho de otra forma, somos muy vulnerables a la locura pero también disponemos de múltiples recursos para evitarla.

Una de las razones por las que somos tan vulnerables a la locura es porque no tenemos los suficientes anclajes a la realidad, pues la realidad -representada- no es exactamente la realidad-real sino un mapa de la misma.Necesitamos plomadas para atarnos a la realidad sin permitir que nos devore. Y la primera plomada es el cuerpo.

Ciertos autores como Stanguellini han investigado esta relación que el cuerpo y la mente llevan a cabo para resolver ese dualismo que nos apresa desde que tenemos uso de razón, ¿soy ese que piensa o soy ese que aparento?. A partir de la experiencia esquizofrénica Stanguellini llega a la conclusión de que:

Para entender esta cuestión es necesario que entendamos la diferencia entre cuerpo y “cuerpo vivido”.

Me experimento a mi mismo como el origen de mis experiencias. Esta forma de acceso a mí mismo es una forma primitiva de egocentrismo que es preverbal y prereflexiva, se trata de una experiencia inmediata en tanto que resulta una evidencia que no se da a manera de inferencia o criterio, no es un pensamiento, ni una emoción ni una cognición, es una experiencia de contacto primordial con uno mismo o autoafecto. A esta experiencia algunos autores le han llamado ipseidad y otros mismidad. No solamente se trata de una experiencia previa a toda experiencia sino una condición de la misma.

Una vez hemos definido al “cuerpo vivido” desde el punto de vista fenomenológico ya estamos en condiciones de entender que este constructo es el embrión de la corporeidad y la intersubjetividad puesto que el vinculo perceptivo entre el sí mismo y otra persona se basa en la posibilidad de identificarme con el cuerpo de la otra persona por medio de un vinculo de percepción primario del mismo estilo que me relacionó con mi propio cuerpo. En este sentido la propiocepción interviene en la comprensión de otras personas a través de una especie de sintonía corporal.

La cenestesia es el término a través del cual hablamos de la percepción interna -propiocepción en movimiento- del propio cuerpo mientras que la palabra cenestopatía describe las sensaciones corporales anormales. se trata de dos fenómenos muy descuidados en la psicopatología y la psiquiatría actuales. Fue Greek quien en 1974 acuñó este termino indicando que se trataba del medio por el que el alma se informa del estado del cuerpo.

Cenestesia  procede del griego koiné aesthesis que significa “sensación común”.

Y tan común porque el cuerpo habla continuamente, nos habla y aunque casi siempre nos habla de sensaciones corporales normales algunas veces estos mensajes estan cargados de sentido como sucede en la hipocondría, la histeria, la ansiedad y sobre todo en la esquizofrenia donde son características las sensaciones que implican extrañeza, entumecimiento, movimiento, tracción ,etc. Lo patológico no es la sensación en sí que es banal y carece de significado clínico sino la interpretación casi siempre delirante que los esquizofrénicos hacen de ella.

Lo anormal no es la percepción corporal en sí sino la forma en que le prestamos atención y que el autor denomina reconocimiento hiperreflexivo que seria un modalidad patológica del reconocimiento normal.

Se trata de una especie de sobreinterpretación de las sensaciones corporales que tienen mucho que ver con lo inefable, es decir que la cenestopatía aparecería cuando alguna sensación no puede categorizarse verbalmente, de la misma opinión era Henri Ey que consideraba que las alucinaciones corporales brotaban cuando el sujeto no puede nombrar una sensación corporal algo que la mayor parte de nosotros hacemos por medio de una metáfora un “como si”.

En este sentido alucinar es percibir el propio cuerpo de manera completa o parcial como un objeto o entidad viviente fuera de sí mismo es decir como algo transformado precisamente por la imposibilidad de la expresión metafórica.

En conclusión la experiencia-vivencia esquizofrénica es una experiencia de dualidad radical.

No existe pues plomada que nos ate a la tierra.

Stanguellini cree que la característica principal de la experiencia esquizofrénica es su ser incorpóreo.

Es precisamente la incorporeidad la que unifica las diversas dimensiones de la experiencia esquizofrénica, el centro de los centros. Hay una incoporeidad del Yo, y una incorporeidad de las relaciones del Yo con el objeto e interpersonales. La persona esquizofrénica se comporta como un cuerpo sin alma o dicho de una manera menos metafísica como si el sujeto sintiera que es un espíritu -una conciencia- adherida a un cuerpo que no es suyo, un cuerpo inanimado, un autómata.

Pues el esquizofrénico carece de sentimiento de mismidad.

La experiencia es pues una perdida de presencia, en los casos mas leves se siente separado de sí mismo, pero en los casos más graves existe un hueco, un agujero, un profundo desgarro, una experiencia de vacío nihilista “No hay nada en mi vientre” o “Soy solo un marco”. Un estado que lleva a una mecanización del cuerpo con tal de mantener unidas sus partes que han perdido entre sí sus enlaces.

Otra forma de experiencia del propio cuerpo es la de una total separación entre mente y cuerpo, una conciencia sólo teórica que vive como espectadora de sus propias percepciones, acciones y pensamientos, el esquizofrénico ve el mundo a través de su cerebro sin saber que es suyo lo que le lleva en ocasiones a proyectar afuera lo que en realidad le ocurre dentro.

Naturalmente los locos razonantes no son patologías tan graves como las que acabo de describir ( y que pertenecen a la esquizofrenia nuclear), ya he dicho que lo que les caracteriza es esa mezcla de locura y razón y cierto éxito cuando además tienen talentos especiales, sean artísticos o políticos. No olvidemos que el propio Rousseau sirvió de pretexto para ilustrar en esta reseña de Rafael Huertas el caso clínico paradigmático. Más que eso: los políticos que muestran este perfil tienen garantías de éxito entre la población, sobre todo en el mundo actual que se caracteriza por un exceso de reflexividad:

El individualismo nos legó el genio creador y la melancolía, la reflexividad nos dejó la vida interior y la esquizofrenia y la búsqueda de una identidad propia nos legó la emancipación y el vacío (Novella 2018).

La reflexividad es lo mismo que pensar, pero se trata de un pensar un poco especial. No se trata de pensar para resolver un problema de matemáticas, se trata de re-flexionar es decir de flexionarse sobre si mismo, o sea pensar sobre uno mismo. No cabe duda de que esta ganancia de la reflexividad que procede naturalmente de un individualismo anterior que apareció en el Renacimiento y el Barroco, tiene relaciones con la aparición de la esquizofrenia o al menos con eso que ha venido en llamarse “un hombre dividido”, una escisión que interesa sobre todo al cuerpo, generando un terreno de nadie entre la mente y el cuerpo que es rellenado de un espacio agrandado de intimidad yoica que es precisamente el lugar donde tienen cabida las vivencias esquizofrénicas.

La reflexividad fue sustituida por la identidad, una secuela de la postmodernidad que vino a introducir nuevos dilemas en la Psiquiatria

Pero lo que es cierto es que sin bridas ni plomadas el andamiaje no se sostiene.

Bibliografía.-.

Enric Novella: “El discurso psicopatológico de la modernidad”: Ensayos de historia de la psiquiatria (2018).

Un capitulo con un caso clínico de las locuras razonantes.

El caso Rousseau.

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