¿Qué sabemos del amor?


No cabe duda de que es una de las palabras más buscadas en google, también la que está más presente en las canciones, en la literatura, en el arte y por doquier en nuestra vida. Todo el mundo cree saber de qué hablamos cuando hablamos de amor, pero ¿lo sabemos?

Me propongo navegar por este concepto de manera que antes de nada diré algunas cosas que pueden confundirnos. Me interesará sobre todo averiguar si hay un amor verdadero y otros que son como esos sucedáneos como el falso caviar de supermercado o como dice la copla “la falsa moneda”

Para empezar no es amor el “gustarse” aunque el gusto puede ser la antesala del sexo o del erotismo en general, pero el gusto o las preferencias no explican del todo ese sentimiento que conocemos con el nombre de amor. A mi me gustan los macarrones o leer y es obvio que no estoy enamorado de ellos. Tampoco la admiración por la inteligencia o la belleza representan al amor que tiene siempre algo de inconveniente y carece de incentivos. Naturalmente codiciar el dinero o el estatus del otro tampoco es amor aunque puede llegar a pactar con él.

Acabo de poner una palabra sobre la que me interesa profundizar, me refiero a “enamorado”. El enamorado es la condición del amor (sustantivo él) y que le adjetiva de alguna forma. Ya sabemos una cosa: para que exista amor es necesario que previamente haya habido un proceso que podemos denominar “enamoramiento” o “encantamiento”. El enamoramiento en este sentido seria un tránsito, un inicio de algo una captura. Una especie de cóctel químico que nos lleva a buscar, perseguir, lograr un acercamiento con la persona indicada. Naturalmente estoy hablando del amor romántico.

Pero no todos los amores son románticos, habrá que recordar ahora la amistad, lo que me lleva a pensar que todos los amores conocidos son en realidad subespecies de un tronco principal. Puede trazarse incluso una genalogía evolutiva del amor, pues todos los amores proceden de una especie o clase principal y esta especie no puede ser otra sino el amor de madre e hijo. Un invento de los mamíferos.

De manera que el amor tiene que ver con las mamas, con el contacto físico, con el tacto, con las palabras, con la protección y la leche. Y con las hormonas que riegan el cerebro de la madre, pues sin estas hormonas no habría en realidad maternaje y los bebés serian abandonados en contenedores: los cambios que se producen en el cerebro proceden de estas hormonas que son gatillos que favorecen la respuesta a las demandas del bebé, así su llanto y sus vocalizaciones provocan disparos neuronales en las madres, estos cambios en la madre se han llamado de muchas formas pero para entendernos le llamaremos “amor de madre”. Ese lema que  se graban algunos legionarios en el brazo.

Claro que esta idea de que el amor romántico procede de un tronco  que llamamos madre no gustará a mis lectores románticos que prefirirían apelar a algo misterioso mas bien relacionado con el hallazgo de algún atributo inefable en su pareja. Me adelantaré para decir algo a este respecto: nadie sabe porque ama a quien ama y nadie sabe tampoco porque nos aman quienes nos aman. A diferencia de la amistad donde sabemos muy bien porque somos amigos de nuestros amigos.

Lo que es seguro es que no nos aman por lo que creemos, ni amamos por lo que declaramos. Cualquier intento de poner palabras o atributos a ese querer tropieza con una paradoja: podríamos hacer un listado con las condiciones que pondríamos para enamorarnos y al fin no enamorarnos de su portador.

Pues el amor no puede mirarse a la cara, si lo hacemos desaparece.

Así le sucedió a Eros, o mejor así le sucedió a Psyché:

En síntesis el mito señala las dificultades de Psyché para encontrar marido a pesar de ser la más bella entre sus hermanas (o quizá por eso mismo) que habían accedido a matrimonios con reyes, representando los matrimonios convencionales. El padre de Psyché decide consultar al oráculo para saber cual era el destino de su hija.  El resultado de la consulta es desesperanzador y parece anunciar para ella un destino complicado. Cumpliendo las instrucciones del oráculo, Psyché es abandonada a su suerte en un acantilado a la espera de su trágica muerte, pero Eros pasa por allí y la rescata.

 

Pero hace algo más que rescatarla, la lleva a un palacio lleno de riquezas y sirvientes y la concede el derecho de vivir allí siendo su esposa, con dos condiciones: la primera es no mirarle nunca a la cara, la segunda es no preguntar. Eros aparece cada noche en el tálamo nupcial a cumplir con sus deberes. Es necesario señalar que estamos en este momento frente al amor carnal y que la imposición de Eros, de no ver, no preguntar equivale a un desconocimiento, a una ignorancia, no ver es un equivalente a un no saber.

Y aquí se le plantea a Psyché un dilema que se confronta con su opuesto: el deseo de saber. Una mujer desea ser protegida y dominada por su esposo pero sólo mientras mantiene oculta la otra parte del deseo: proteger y dominar a su pareja. Pero Psyché aun no sabe de la naturaleza dual del poder y esa es la parte que entrará en escena a partir de ese momento, Psyché no podrá sino obedecer a su pulsión de saber y mirarle a la cara a su esposo inducida, sobre todo, por los consejos de sus hermanas que movidas por la envidia de la buena suerte de Psyché la inducen a descorrer el velo de la sabiduría.

El castigo no se hace esperar y Eros desaparece del palacio y vuelve con su madre Afrodita que enfurecida disuelve el sortilegio volviendo a confrontar a la desobediente Psyché a un nuevo periplo trashumante. Entonces ella decide afrontar la suprema humillación para una mujer: encarar a su suegra y suplicarle el perdón. Afrodita es sin embargo una diosa intolerante cuando se ponen a prueba los dones del amor, es entonces cuando decide someter a su aspirante nuera -la inocente Psyché- a las tareas que conté en este post.

Lo interesante de este mito es que nos enseña algo fundamental sobre el amor: Psyché no conoce a Eros,es decir no sabe la razón de porqué la eligió y no puede mirarle a la cara que es una manera de decir que no puede saber, ni preguntar sobre esta cuestión, solo puede amar y ser amada. Aceptar esa condición en la que Eros nos invade y nos captura es pues condición para el amor.

Ser amado es soportar, dejarse capturar por el otro.

De manera que amar es todo lo contrario de eso que llamamos autoestima. La autoestima o amor propio es en cierta forma lo opuesto al amor. Ser amado es lo opuesto a saber porque nos aman.

Aquí aparece la primera contradicción pues sabemos perfectamente porque amamos a nuestros hijos, los amamos porque son nuestros o dicho de otra manera: el nepotismo parece ser el origen de todo amor. El tronco fundamental desde donde evolucionó cualquier forma de amor está relacionado con la carne, con lo nuestro, con nuestra filiación, amamos a nuestra parentela porque es nuestra, necesitamos el amor para desarrollarnos, crecer y madurar, solemos llamarle “apego” pero en realidad el apego es la forma científica con que nombramos al amor. Sin amor no hay apego o el apego sufre graves distorsiones.

Ahora bien ¿cómo sabe el niño que su madre le quiere? o ¿cómo sabe la madre que el niño la quiere?

Bueno no hay manera de saberlo más que por aproximación. El niño no sabe nada del amor pero sabe que la mayor parte de su tiempo lo pasa junto a ciertas personas que cuidan de él, juegan con él, le estimulan o le calman, lo duermen, lo alimentan, etc.Es decir crean una urdimbre de afecto que da como resultado un bienestar difuso en compañía de esas personas conocidas que a su vez también disfrutan (aunque se fatiguen) de esa función que evidentemente supone un desgaste continuo. Un sacrificio que los padres cumplen a rajatabla promovidos por su “amor” paternal, esa mezcla de cansancio, dedicación y alegría por los progresos del niño. Dicho de otra forma, el bienestar del niño repercute y rebota en el bienestar de los padres aunque haya desgaste físico y cansancio. Esas señales de bienestar y de intercambio gozoso lo traducimos por amor, yo quiero a mi hijo y se que mi hijo me quiere a mi aunque a veces se enfade. Pero lo que hago en cualquier caso es traducir ciertas señales emocionales por un sustantivo abstracto: amor.

Y también miedo: pues ser padre es comenzar a tener miedo.

Miedo de lo que le pueda suceder a ese ser tan delicado y dependiente.

Tan necesitado.

¿Cómo evoluciona el amor según las edades?

Lo importante es recordar ahora que el amor es un genero (el amor de madre) y que las distintas formas evolutivas del amor proceden de ese tronco común. también es posible que la amistad evolucionara desde otro tronco injertado y que diera lugar a otros desarrollos paralelos con distintas ramas. La idea principal que preside este post es que el amor evolucionó desde el original sentimiento mamífero de la diada madre-hijo y que desde allí dio lugar a otros desarrollos que son intercambiables con el primero. Si nos representamos al amor como un zombie tal y como propone Eagleman, es muy probable que nuestras clasificaciones y subdivisiones del amor en ciertas parcelas independientes como amistad, amores abstractos (como amor a la patria), y el amor carnal o sexual sean zombies próximos si no el mismo.

Lo que es bastante evidente es que el amor romántico incluye la sexualidad. la sexualidad opera como un pegamento para el amor, al menos en edades reproductivas. Pero esto no significa que el sexo sea condición necesaria para el amor aunque quizá si para decepcionarse del mismo. No hay que olvidar que el sexo con o sin amor tiene mucho que ver con lo sublime pero también con el crimen.

¿Por qué el amor está relacionado con el crimen?

Pues porque Eros tiene un hermano gemelo que se llama Tanatos y podemos decir que el amor es inconsciente, del mismo modo que el odio. Y la peor noticia es que ambos van en el mismo pack.

El amor es una tecnología del inconsciente que se presentifica en forma de proyección. Una proyección es un movimiento mediante el cual un contenido mental es proyectado en la realidad, más concretamente sobre una persona significativa. Es por eso, por ser inconsciente por lo que no sabemos porque amamos a ésta y no a aquella y precisamente por ser inconsciente tampoco podemos saber porque odiamos a ésta y no a aquella.

El problema es que se proyecta precisamente aquello que no podemos retener en nuestro interior y transformar. Es por eso que en toda proyección no hay solo una ignorancia de qué nos atrae de esa persona sino también lo que no podemos perdonar de nuestros primeros escarceos con el amor.

Vale la pena leer esta entrevista que se le hizo recientemente a una psicoanalista llamada Alexandra Kohan

 

 

.

10 pensamientos en “¿Qué sabemos del amor?

  1. importante el tema. solo que seria mas esclarecedor definir el termino. o en todo caso hacer una referencia hacia autores que han escrito sobre el tema, en especial a Erich Froom quien escribio un libro sobre el tema.

  2. Una curiosidad, las lenguas basadas en el Sanscrito tienen 96 palabras para expresar los diferentes matices del Amor, que abarcan a personas, situaciones, objetos, animales, lo que permite mostrar afecto de una forma abierta sin temor a equívocos; en nuestra sociedad occidental poco mas de una única palabra. El occidental ha de prevenirse cuestionándose que es lo que realmente quiere transmitir la otra persona. Esto mas allá del dato nos lleva a deducir que la función del sentimiento la tienen muy agudizada, en detrimento posiblemente de la función racional; por tanto en comparación sabemos muy poco sobre el amor, aunque racionalmente seamos capaces de plasmar desde el intelecto toda una ciencia sobre el mismo.
    El Amor debería ser el tema de temas, por que lo envuelve todo, tanto su presencia como su ausencia. El Amor tiene un punto en común de lo mas rampante; !Sip, es que cuando emerge de lo inconsciente a la conciencia, la persona deja de pedir y quejarse “risas”; por fin se siente segura psicológicamente en medio de la incertidumbre de la vida; a partir de esa eclosión de luz solo desea dar, servir y poner su atención; todo lo contrario a su ausencia donde la persona parece estar inquieta con ella y con el mundo. No es baladí el asunto.
    Por ultimo me gustaría evaluar el tema de la proyección. Es también una curiosidad que el proceso psicológico de emergencia del amor ya presente en el Inconsciente, parece necesitar un intermediario para despertarlo a la conciencia, es decir obtenemos el amor desde nuestro mundo interior para acabar prestándolo a fondo perdido al medio, al intermediario que aparece con todo el brillo ante nuestra mirada, no a la conclusión del proceso, que creo debería consistir en recuperar ese sentimiento como luz propia y romper el hechizo de la proyección.

  3. Los niños no tienen miedo; los niños nacen sin miedo.
    No tengas miedo, la existencia no es tu enemigo.
    Confía y empezarás a sentir un considerable aumento de energía.
    Esa energía es amor.
    El amor es un estado.
    El miedo es exactamente lo contrario del amor.
    Con el amor te expandes, con el miedo te encoges.
    El odio es amor al revés.
    OSHO

    Se diría que el amor es un estado de unión, de comunión, de entrelazamiento quántico, con lo otro, que empieza por confiar en nosotros mismos, porqué también formamos parte de lo otro, del todo.
    Pero como el amor es improductivo, la cadena de producción del liberalismo no puede parar por nuestros estados sentimentales. Al estado le conviene que no seamos demasiado felices: nuestra insatisfacción permanente y nuestro dolor nos hacen más vulnerables y manipulables. De este modo perdemos, poco a poco, la capacidad de confiar y amar, tanto a nosotros mismos como a lo otro, pues dejamos de ser capaces de proveernos y experimentar el placer de la confianza. Lo que no consta por escrito, no existe.

    Aunque podemos tener breves lapsus de enamoramiento, y vivir confiados como niños, desgraciadamente, cuando el enamoramiento pasa y regresamos a la supuesta vida adulta, perdemos los ‘superpoderes’ que nos permitían, por ejemplo, el dedicar horas a hacer el amor; sin amor el cuerpo nos responde mal si le seguimos quitando horas al sueño.

    Lo único que parece darle un poco de sentido a la vida es la confianza en la existencia, el tomarse tiempo para su contemplación, eso nos retroalimenta y nos sitúa en un expansivo estado de amor. Pero eso no es monetariamente productivo.

    Difícilmente podemos saber mucho del amor cuando raramente estamos en amor.

      • Ciertamente, si se prefiere, se podría decir que el liberalismo inclina pero no obliga. Quizás mejor decir los intereses de unos pocos en detrimento del bienestar de muchos. Algo asumido y demasiado común bajo cualquier forma de gobierno.

  4. Pingback: ¿Qué sabemos del amor? — neurociencia neurocultura – Derecho con Adela

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s