¿Es peligroso el sexo?


patos

La idea de que el sexo es peligroso se la oí hace poco a Jordan Peterson en uno de sus videos pero la idea es bastante antigua sobre todo para los psicólogos evolucionistas. Una de las pruebas es que la actividad sexual se encuentra muy regulada en casi todas las culturas y sociedades, casi tanto como la alimentación. Ya conté en este post que si la alimentación está tan regulada es por la misma razón: comer es peligroso.

Claro, es peligroso para nosotros los omnívoros, que somos capaces de comernos cualquier cosa, incluyendo algunas cosas venenosas o tóxicas. Seria imposible encontrar un perro que bebiera alcohol y sin embargo es muy frecuente que los humanos lo consumamos. Tan peligroso es comer que incluso hemos desarrollado una adaptación que llamamos neofobia. Si ustedes tienen hijos es seguro que saben qué es un neofobia. Se trata de la fobia a probar alimentos nuevos, algo que hemos desarrollado probablemente para neutralizar nuestra tendencia a comérnoslo todo. Seguro que sus hijos le han dicho alguna vez al rechazar un alimento “No me gusta” y también es seguro que usted habrá contestado “¿Cómo lo sabes si no lo has probado nunca?”

El sexo es peligroso no sólo por razones próximas más o menos comprensibles, como los embarazos extemporáneos o las enfermedades de transmisión sexual sino sobre todo por razones no tan proximales. No cabe ninguna duda de que la actividad sexual conlleva peajes afectivo- emocionales, como los celos, el crimen, el acoso, el engaño, la agresión sexual, el divorcio, el infanticidio, el homicidio y la locura en general. El tiempo, empeño y los recursos que dedicamos en nuestra vida a buscar pareja, mantenerla, sostenerla y retenerla es superior a cualquier otra actividad vital si descartamos el trabajo.

En realidad vivimos en un mundo donde pareciera que los controles sexuales hubieran desaparecido si nos comparamos con los entornos en que vivieron nuestros padres. Vivimos en teoría en un mundo moderno donde los tabúes sexuales se han minimizado, existe tolerancia y permisividad, casi sin limites: las mujeres llegan al matrimonio (o a la pareja estable) después de múltiples escarceos sexuales sin consecuencias reproductivas gracias a los métodos anticonceptivos, pueden pasar así una juventud muy similar a las que llevan a cabo sus hermanos varones mayores. Practican el “one night stand” son descaro y sin culpa, al menos mientras están en la universidad. Algunas, pocas lo siguen haciendo mucho tiempo después de tener hijos porque la verdad del asunto es que el sexo episódico es divertido pero no puede sustituir a una relación amorosa, de complicidad y entendimiento a largo plazo entre una pareja.

La probabilidad de que una mujer se sienta vacía después de un cierto tiempo de ensayar su potencial seductor es muy alto y si es usted varón la posibilidad de no tener contactos de ese tipo es también muy alta si no tiene usted alguna característica que a ellas les resulte interesante. Hay otros efectos secundarios relativos al sexo casual, uno de ellos es la dilución de la responsabilidad: la mayor parte de estos encuentros se dan en circunstancias de embriaguez, de consumo de drogas, de iniciación brutal en los campus, donde las muchachas pueden sentir que han sido abusadas precisamente porque alguien tiene que tomar el mando en las situaciones ambigüas. Peterson sugiere que hay una relación directa entre este extravío de la responsabilidad que acompaña al sexo casual y la tiranía del Estado (o autoridades académicas)

sexo casual

Lo cierto es que la libertad sexual no existe, más allá de ciertos limites que vienen definidos por los gustos y costumbres de una sociedad, pero no hay ninguna sociedad que no haya inventado alguna manera de controlar la sexualidad de sus miembros de una manera u otra. La manera más conocida es una institución social que llamamos matrimonio. El matrimonio es algo así como la reunión de una pareja ( a veces voluntaria, a veces concertada, a veces obligada) que a través de un contrato usualmente frente a un tercero establecen un compromiso: el de formar una familia. Dicho de otra manera el matrimonio (o el compromiso a largo plazo hoy) es la mejor forma de dotar de recursos a la prole y también el mejor remedio a -como se decía antes- de la concupiscencia. En realidad el matrimonio es como se dice ahora una realidad socialmente construida (universal, eso si) pero que se solapa casi a la perfección con una adaptación que la selección natural ha construido para nuestras urgencias sexuales: me refiero a la monogamia. Cada oveja con su pareja. ¿Hay alguna solución mejor a la lujuria?

La monogamia es una estrategia reproductiva estable, pero ha de competir fuertemente con otras dos, la promiscuidad y la poligamia, cada especie ha elegido una estrategia concreta: entre los simios (el gorila por ejemplo es poligámico y el chimpancé promiscuo). Es muy probable que nuestra especie haya sido ancestralmente hablando una especie promiscua como nuestros primos los chimpancés y que haya adoptado finalmente la estrategia monogámica porque da más puntos de fitness, es decir de supervivencia de las crías, hasta tal punto que en un reciente articulo Robert Trivers defiende la idea de que la monogamia es genética. Claro que la monogamia tiene también su lado oscuro: ¿Por qué conformarse con una única pareja si podemos diversificar nuestra estirpe aquí y allá?. La respuesta a esta pregunta forma parte de la estructura de las cosas sociales que capturan los excesos de lo natural. La respuesta es que sin transgresión no hay regla que funcione. Es precisamente la transgresión lo que justifica y legitima la regla.

El que inventó la monogamia inventó la fidelidad y por supuesto la infidelidad como hacen nuestros amigos los gorriones, con una vida sexual muy parecida a la nuestra: son monógamos pero con escapadas puntuales. Y el que inventó la infidelidad inventó los celos. De modo que ya podemos ver que los celos son una forma de control de la conducta de la pareja y de intimidación de la misma pareja y los merodeadores.

Ahora bien, los celos tienen consecuencias para la salud mental del que los padece, la mayor parte de los celos sexuales en los hombres provocan mucha más patología mental que los celos en las mujeres, y muchas más conductas delictivas como agresiones y crímenes.

Pero volvamos al tema de la libertad sexual para encontrar el lado oscuro de esta idea que en realidad blanquea un problema humano fundamental: la precariedad del mercado sexual, del que ya hablé aquí.

No vivimos en un mundo de ordalía donde todos copulan con todas sino que existen una serie de reglas no escritas que cada cual ha de ir aprendiendo durante su adolescencia, precisamente en el momento donde las urgencias aprietan y los aprendizajes tienen poco hueso.

Estas reglas no escritas se pueden resumir en dos reglas fundamentales, derivadas de la selección sexual:

1.- Los hombres son más lujuriosos que las mujeres, precisan más parejas y corren más riesgos para conseguirlas. Los hombres somos poco selectivos en nuestros escarceos sexuales.

2.- Las mujeres son mucho más selectivas y tienen -en definitiva-la ultima palabra tanto para el corto, como en el largo plazo. Sus gustos son bien distintos a la hora de emparejarse tanto en el largo como en el corto plazo, donde además hay menos mujeres disponibles. Pero lo más importante de todo es que tienen más éxito reproductivo que los hombres (casi el doble) y también más éxito de emparejamiento en el “one night stand”.

De estas dos reglas se desprende un corolario que señala hacia la desigualdad sexual en oportunidades entre hombres y mujeres: los hombres están más deprivados sexualmente que las mujeres, tienen menos oportunidades sexuales y reproductivas que las mujeres y por tanto es fácil entender que existen bolsas de rencor y hostilidad hacia las mujeres (misoginia) derivado de esa frustración sexual crónica.

rameras

Reedición reciente del libro de Antonio Escohotado, “Rameras y esposas”

Pero la cultura inventó una solución para resolver este tema de las desigualdades sexuales: inventó la prostitución. La prostitución es el mecanismo de control social- en realidad una válvula de escape frente a la disonancia de apetitos sexuales entre hombres y mujeres- que aparece en todas las culturas, se trata de una dicotomía (una transgresión) del ideal de mujer-madre. Es Lilith frente a Eva, es Afrodita frente a Demeter. Si la Virgen Maria es el ejemplo a seguir por las mujeres “decentes”, es necesario una polarización al otro lado, una especie de guardianas del caos. Pues es precisamente introduciendo cierto caos controlado como el orden puede preservarse.

Es por eso que la prostitución es en su origen algo sagrado, una hierogamia  y no solamente un contrato comercial por horas. La prostitución es además de eso una profesión que en Roma se convino en manifestar el empoderamiento de las mujeres, tanto fue así que en tiempos de Tiberio fue necesario formalizar un edicto prohibiendo a las mujeres patricias de ejercerla. Dicho de otro modo: en su aspecto más simbólico y abstracto la prostitución no es el destino obligado de mujeres pobres obligadas a vender su cuerpo al mejor postor sino el ejercicio de un poder femenino  sofisticado destinado a regular los ciclos entre orden y caos. No es de extrañar que en esa misma sociedad -la romana- existieran también mujeres destinadas a mantener el influjo del hogar, las Vestales eran una especie de mujeres que vivían en comunidad, en una especie de conventos dedicadas a fortalecer el influjo de Vesta (Hestia), la diosa del hogar. Entraban en la orden con una promesa de castidad de unos 20 años y al terminar podían salir y casarse si así lo deseaban. Ni que decir que ser una Vestal era en Roma una situación de mucho prestigio.

Vestales como representantes del orden familiar, los hijos y el estado y de otro las prostitutas como símbolo del poder femenino y la transgresión necesaria para que el sistema sea funcional.

El sistema actual de valores -me refiero a occidente- ha borrado gran parte del grueso trazo de esta linea de separación introduciendo más confusión, no solo en los hombres sino también en las mujeres que se refugian en la new age, el animalismo-veganismo y en la psicología positiva, las místicas de genero parecen buscar un retorno a las diosas paganas  y borrar todo rastro de las vírgenes cristianas, madres y castas.Lo cierto es que todo parece diseñado para obstaculizar la formación de parejas reproductivas a largo plazo, algo que probablemente está en alguna agenda transhumana.

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