Entrevista a Enric Novella


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De Enric Novella ya hablé en un post anterior que dediqué a comentar algunos capítulos de su libro. Me gustó tanto que me puse en contacto con él para que accediera a contestar algunas preguntas en forma de entrevista para los lectores de mi blog. Agradezco su generosidad para con neurociencia-neurocultura.

1) Los síntomas, síndromes y enfermedades mentales siguen patrones culturales, ¿Como pueden encajar en nuestra comprensión de lo psicopatológico los hallazgos genéticos o preguntado de otra forma: si las enfermedades mentales mutan según la época y su Zeitgeist a diferencia de las somáticas, ¿crees que fue buena idea asimilar la locura a la enfermedad somática?

Por supuesto, el gran problema de las llamadas enfermedades mentales es que no tienen absolutamente nada que ver con ninguna otra cosa de las que se ocupa la medicina. Y, sin duda, todas las contradicciones a las que se enfrenta la psiquiatría desde sus orígenes se derivan de esta particularidad que, sorprendentemente, sigue pasando inadvertida para muchos. Claro, el espíritu, como se dice, “no camina sobre las aguas”; cualquier estado mental o psíquico tiene necesariamente un correlato físico. Pero ningún paciente delira igual que otro, de manera que no podemos vivir instalados en la ficción de que algún día seremos capaces de identificar y/o predecir lo que ocurre en el cerebro de alguien que delira.

Ciertamente, hay que ser consciente de que en el tránsito a la Modernidad no había otras alternativas viables a lo que entonces llegó a conocerse como la “corona de las ciencias naturales”. Por ese motivo, la medicina y la clínica pudieron imponer con facilidad sus discursos, sus prácticas y, en definitiva, su mirada. Pero, de este modo, en el mismo gesto que le otorgó carta de naturaleza, la medicina mental ataba su destino a la imposibilidad (yo diría esencial) que plantea el estudio de la subjetividad con los métodos y presupuestos de la ciencia natural.

2) El siglo XX ha sido el siglo de la esquizofrenia, sin duda, pero algunos autores como Edward Hare suponen que la esquizofrenia no existía antes del siglo XIX -o que al menos no hay rastro documental tal y como señalas en tu libro- y que apareció con la revolución industrial. ¿En tu opinión la esquizofrenia existió siempre o precisa como siempre se ha dicho un hombre dividido? Y en cualquier caso ¿cuales fueron las causas que propiciaron tal emergencia, si la hubo?

Aunque no siempre lo he visto así, actualmente no tengo ninguna duda de que la esquizofrenia no es una enfermedad meramente constituida o “puesta al descubierto” por la Modernidad, sino una condición psíquica muy definida que solo ha podido emerger en el contexto de la cultura moderna. A mi juicio, la experiencia esquizofrénica es el resultado de una cultura de la subjetividad marcada por la objetivación de los contenidos de la conciencia, la (hiper)reflexividad y la fragmentación o el desdoblamiento interior. Y esta apreciación tiene dos corolarios: primero, que aunque sea posible identificar algunos (supuestos) síntomas esquizofrénicos en otros contextos históricos o culturales, la condición mantiene una afinidad constitutiva con nuestra conciencia “moderna y occidental”; y, segundo, que todo sugiere que, progresivamente, esa conciencia va a ser capaz de desplegar sus operaciones sin enfermar demasiado, de manera que es muy probable que la esquizofrenia (y, en particular, su síntoma quizá más emblemático, las voces) vaya disminuyendo su incidencia clínica en un futuro no muy lejano. 

3) Es interesante esa división entres ejes que haces para estudiar los fenómenos mentales: subjetividad, identidad y reflexividad. Ese pensamiento hiperreflexivo de los esquizofrénicos fue señalado por Stangellini tal y como cuentas, pero en este caso hay que presuponer un defecto en la mismidad, es decir en la identificación con el propio cuerpo. ¿Crees que esta “psicastenia”, este defecto en la síntesis yoica es genética, producto del narcisismo primario (de las malas relaciones con la madre), nos viene de serie o es un aprendizaje anómalo propiciado por una cultura con demasiados estímulos o exigencias?

Me remito a la respuesta anterior. El autor que, en mi opinión, mejor ha desarrollado esta hipótesis es el psicólogo norteamericano Louis Sass, que ha insistido en diversas publicaciones en considerar la esquizofrenia como un trastorno de la “mismidad” (técnicamente habríamos de decir “ipseidad” o “autoconciencia prerreflexiva”) caracterizado por dos tipos de distorsiones básicas pero complementarias de la actividad psíquica: la “hiperreflexividad” y la disminución de la “autoafección”. La hiperreflexividad provoca, por un lado, que los sucesos mentales, interiores o subjetivos sean experimentados de forma similar a los objetos del mundo físico; de este modo, por ejemplo, las alucinaciones verbales características de la esquizofrenia no consistirían sino en una ruptura del silencio habitual con que se desarrolla nuestro incesante diálogo interior. Y, por su parte, la disminución de la autoafección implica un debilitamiento de la autodisposición del sujeto y de la vivencia prerreflexiva de presencia o existencia como fuente de vida que conlleva una pérdida de la sensación yoica que impregna todos nuestros pensamientos, percepciones y actos y, en consecuencia, una notoria alienación con respecto a ellos. En definitiva, ambos fenómenos son, como vemos, dos caras de una misma moneda, y sus raíces hay que buscarlas, como ya he señalado, en el desarrollo de una determinada cultura de la subjetividad.

4) Muy interesante me ha parecido el capitulo sobre la identidad donde te adentras ya en el mundo postmoderno para hablar -como no- del TLP cuya sintomatología fluctúa en este polo. ¿Crees que en el TLP también hay un defecto en la reflexividad y que es precisamente esta escasa identificación con el cuerpo lo que genera esa laxitud? O dicho de otra forma, ¿podríamos considerar al TLP la esquizofrenia de nuestro tiempo? ¿O seria más adecuado hablar de una histeria maligna en consonancia con eso que has llamado “disidencia”?

Es una pregunta muy difícil, pero creo que la hipótesis que planteas es totalmente plausible. Como sabes, la condición borderline ha sido interpretada desde múltiples perspectivas, pero creo que el análisis de la vivencia del cuerpo puede aportar claves muy valiosas a la hora de entender la fragmentación, la discontinuidad y la incoherencia que experimentan estas personas. Thomas Fuchs tiene alguna sugerencia en este sentido, pero al final su concepto de referencia para entender psicopatológicamente el TLP es el de identidad narrativa de Ricoeur (del que, en mi opinión, se ha abusado un poco en la psicopatología fenomenológica).

Comentarios liminares.-

El misterio de la patoplastia de las enfermedades mentales sugiere en una primera instancia que los síntomas de una enfermedad cambian con las coordenadas culturales, sin embargo esto solo parece ser cierto en las enfermedades mentales pero no en las físicas. Una apendicitis sigue siendo hoy igual que en la Edad media. Algo que sugiere que las enfermedades mentales no siguen los patrones  formales de las enfermedades físicas.

Somos muchos los psiquiatras que pensamos que las enfermedades mentales son una “invención”. No, en el sentido de que no existan sino que no se parecen en nada a las enfermedades psíquicas, sin embargo en el siglo XIX no había alternativa: o se consideraba que la alienación era una enfermedad como cualquier otra, es decir se naturalizaba o bien se seguía manteniendo la hipótesis teocrática de un castigo divino por pecados de la estirpe. Probablemente fue una buena idea combatir la hipótesis teocrática por otra de carácter naturalizador que con el tiempo se ha revelado inoperante o al menos muy constreñida para entender lo psíquico, desde los presupuestos de la medicina natural.

¿Qué alternativas nos quedan?

De momento no tenemos ninguna más allá de las propuestas del psicoanálisis y no podemos saber como derivaran las concepciones sobre el malestar psíquico, pero es cierto que necesitamos un paradigma nuevo para entender cómo y porqué enfermamos mentalmente e incluso encontrar otra palabra distinta a “enfermedad” para designar el sufrimiento mental.

Lo más probable es que las enfermedades mentales (sigamos llamándolas así) sean una única enfermedad que emergería en sus variantes fenotípicas de un conjunto de genes que tendrían la potencialidad -en distintas combinaciones- de provocar distintos fenotipos (una amplia variabilidad o neurodiversidad). Este conjunto de genes que algunos han llamado el factor p (de psicopatología) señalaría un origen común para todos los síntomas y síndromes psiquiátricos que acabarían manifestándose o no en combinación con factores del medio ambiente. Es decir a través de la crianza y de las creencias culturales compartidas por la población general y como no, del azar.

Por ultimo me gustaría destacar una cuestión nada baladí y que es ésta: si la psiquiatría o la psicología estudian la subjetividad humana, ¿como acceder a ella desde el punto de vista científico?

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11 pensamientos en “Entrevista a Enric Novella

  1. ¿En qué se diferencia una “enfermedad mental” de una “enfermedad psíquica”? Podrías aportar varios ejemplos de unas y otras? El “síndrome de Asperger”, además de una posible no-enfermedad, ¿qué es? ¿Algo mental o algo psíquico? Y la esquizofrenia, ¿por qué se la diagnostica a personas previamente diagnosticada con TEA? Los manuales de diagnóstico, que proscriben diagnosticar TEA y esquizofrenia al mismo tiempo, ¿por qué los ignoran algunos psiquiatras y se quedan tan tranquilos?

    • Vamos a ver, una enfermedad mental es por ejemplo la esquizofrenia y una enfermedad somática es por ejemplo la apendicitis. La primera no está claro que haya existido siempre, al parecer precisa una torsión de la subjetividad concreta que llamamos individualismo, lo cual no quiere decir que no existiera en absoluto en la antigüedad, pero al parecer era una rareza. La apendicitis siempre ha sido igual, su etiologia, patogenia y tratamiento siempre es el mismo, no depende del tipo de sociedad en que se desarrolle y se diagnostique, de hecho se diagnosticaban ya casos en la antigüedad (ver el Medico) aunque no supieran tratarla.
      La idea que hoy tenemos y la que merece más verosimilitud en mi opinión es que existe un factor p para la psicopatología, calcado del factor g de la inteligencia. Se trataría de una sopa genética de múltiples genes operando en coalición y que en relación con circunstancias del medio ambiente darían un resultado u otro. La idea es que el Zeitgeist de cada sociedad y otros factores relativos a la crianza o al azar favorecería la expresión de unas combinaciones o de otras. Esa es la razón por la que la esquizofrenia emergió con fuerza en la modernidad y la anorexia mental o el TLP son enfermedades de la postmodernidad.
      Lo interesante es que hoy la esquizofrenia es mas leve que cuando apareció. Ya apenas se ven las formas malignas demenciales que dejaban muchos rastros cognitivos, hoy vemos más las formas recortadas o paranoides. Este cambio patoplástico no es debido a los tratamientos sino al cambio en la virulencia de la enfermedad (lo mismo sucedió con la sífilis).
      En esa sopa genética también están los trastornos del espectro autista y aunque es muy rara la coexistencia de autismo y esquizofrenia (probablemente porque esa combinación concreta es difícil) su comorbilidad es posible. En mi opinión si existen esos genes debe ser por alguna razón y es probablemente asegurar la neurodiversidad.
      Por ultimo la diferencia entre enfermedad mental y psíquica es más una cuestión teórica que práctica, son sinónimos.

      • Muy agradecido por tu respuesta. Da gusto aprender. Sólo un detalle: Al preguntar yo por la diferencia entre “enfermedad mental” y “enfermedad psíquica” ha sido por no entender bien el siguiente párrafo, en que parece que se establece una diferencia entre “enfermedades mentales” y “enfermedades psíquicas”; o quizá sea un error redaccional, y donde dice «enfermedades psíquicas» debiera decir «enfermedades somáticas»:

        «El misterio de la patoplastia de las enfermedades mentales sugiere en una primera instancia que los síntomas de una enfermedad cambian con las coordenadas culturales, sin embargo esto solo parece ser cierto en las enfermedades mentales pero no en las físicas. Una apendicitis sigue siendo hoy igual que en la Edad media. Algo que sugiere que las enfermedades mentales no siguen los patrones formales de las enfermedades psíquicas».

  2. La manifestación de lo que somos es una dualidad orientada por los valores del entorno cultural. Es la escisión raíz de la mente, en tanto se divide en un sujeto con una subjetividad influenciada que le es propia, a la vez en el objeto al que aplicarla.
    A la par del simbólico nacimiento de la bombilla también se intensifico la auto conciencia individual con todo lo que implica. No solo es hiper reflexión, Ombliguismo, es soledad óntica y, si una pierde el control de su imagen idealizada como individuo, el inconsciente loco extraterrestre y su siniestra sombra asociada le esta esperando para saltar como un león.

    A mi modo de ver desde la lejanía, es que son los seres mas indefensos para sostener esta Hyper_individualidad los que sufrirán los pecados del mundo. Esa regla es universal y vale para todo, en todo los niveles. No solo en las enfermedades mentales y ejemplos como los crímenes de Pioz. Se le añade el estigma, la pobreza…, todo lo que ataque a la imagen.

    Como decía Charles Mason. “Los que causan el Terror son vuestros propios hijos”.

  3. Interesante entrevista.
    Respecto a la “invención” de las enfermedades mentales; un artículo muy crítico con la psiquiatría: Los desordenes mentales no existen.
    https://www.bibliotecapleyades.net/ciencia3/ciencia_industrypsychiatry72.htm
    Sin embargo, pese a que la hipótesis del desequilibrio cerebral no está probada, cada vez es más evidente, gracias a la resonancia magnética funcional o fMRI, infrautilizada por ser muy cara, aunque utilizada en neuromarketing, que no todos los encéfalos funcionan de la misma manera, llegándose a caracterizar algunas de las estructuras presentes en determinadas regiones cerebrales que favorecen a ciertos desordenes o enfermedades mentales o simplemente deberíamos decir distintas maneras de estar en el mundo.
    Al respecto, es interesante el novedoso descubrimiento de que: El cerebro podría tener su propia microbiota.
    https://www.tendencias21.net/El-cerebro-podria-tener-su-propia-microbiota_a44859.html
    Curiosamente según se ha observado, los astrocitos, las principales y más numerosas células gliales que interactúan con las neuronas y las apoyan constituyendo la barrera hematoencefálica, son el lugar preferido por las bacterias intestinales para asentarse en el cerebro.
    La microbiota humana forma parte de nuestra identidad, y al parecer, quizás podría llegar a decirse que, en ocasiones, estamos controlados por los microbios.

  4. Lo que no me convence es el recurso a la “comorbilidad”: una forma de evitar la incoherencia de diagnosticar, al mismo tiempo, dos entidades tan distintas como la esquizofrenia y el SA-TEA, al menos desde lo prescrito por los manuales de diagnóstico, que las excluyen mutuamente; aun admitiendo que toda excepción tiene su regla. Existe algún defensor de esta comorbilidad concreta, aunque los testimonios en revistas especializadas a las que he accedido advierten de la extraordinaria cantidad de diagnósticos de esquizofrenia donde existe SA-TEA. Sí se me hace muy sugerente que dichos genes existan por la necesidad de preservar la neurodiversidad. Eso de ser a los ojos de los otros “distinto”, máxime cuando una estravagante conducta es vista como patológica, es, desgraciadamente, suficiente para cargar con estigmas y sambenitos de por vida. Muy interesante también el contenido de uno de los enlaces que aporta uno de los comentaristas. Todas las personas que conozco diagnosticadas con SA-TEA coinciden en afirmar que las medicación a que los someten los psiquiatras les causan más daños que beneficios. Con medicinas tratan de paliar lo que llaman “desequilibrios” y con ellas zombifican más que curan. En realidad, lo que llaman “equilibrar” no va más allá de tranquilizar por medio de drogas. El SA-TEA, hasta la fecha, no tiene cura; tal vez sea porque no es sino una forma no común de conducir la existencia; una conducta que, en determinados contextos, puede causar enfermedad.

  5. Que tontería creer que la esquizofrenia no existía antes de la Revolución industrial. Sí existía. La diferencia es que no se consideraba “esquizofrenia” sino posesión demoniaca, y el remedio era una trepanación craniana.

    • Es curiosa la presencia de cuidadosas trepanaciones en distintas culturas y tiempos de la humanidad. Ese afán de abrir el cráneo para liberar el cerebro de no se sabemos muy bien que. Una sobrepresión traumática bien justificada en algunos casos, pero quizás un sufrimiento mental en otros.

      Si el sufrimiento o ‘enfermedad’ mental es una incapacidad de adaptación a los paradigmas culturales de turno, motivado por factores que nos son aún desconocidos, que podrían ser tanto de índole fisiológica como ‘espiritual’, o de ambos, o de otros aún desconocidos. Entonces este sufrimiento mental acontece, en buena parte, debido a la intolerancia e incapacidad de empatía del paradigma cultural de turno. De ello puede desprenderse que el sufrimiento mental de una minoría depende de la actitud en el esfuerzo en lograr una capacidad de aceptación de la mayoría, luego una auténtica democracia profunda tendría el efecto colateral de minimizar los sufrimientos mentales.

      Otro artículo al respecto: ¿Quién está realmente…enfermo mentalmente?
      https://www.bibliotecapleyades.net/ciencia3/ciencia_consciousnature53.htm

      • Estimado Paco,
        no soy historiador pero sí lo suficientemente escéptico para dudar de este tipo de afirmaciones. Especialmente cuando (1) se ha demostrado que hasta el 79% del riesgo de padecer esquizofrenia es genético y (2) el concepto de “locura” ha estado con nosotros desde los albores de la historia.
        Esto significa que, aunque el término “locura” era usado vagamente en la antiguedad, hay suficiente predisposición en nuestros genes para justificar el origen del término en épocas pasadas. Como dije, la única diferencia es que antes esta era atribuida a posesiones demoniacas.

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