La reflexividad


Enric Novella es un psiquiatra valenciano, profesor de historia de la psiquiatría en la universidad de Valencia que durante su carrera se ha ocupado en numerosas ocasiones de un tema candente hoy: las relaciones entre los contextos históricos y las enfermedades mentales, que intenta explicar la patoplastia de las enfermedades mentales en paralelo a las ideas que gobiernan una época. Aqui por ejemplo hay un seminario de metaformación que dictó en nuestro Hospital Provincial de Castellón a propósito de la modernidad y su relación con la psiquiatría y el pensamiento psiquiátrico (un subproducto de la modernidad). Pues no se puede entender la modernidad sin la psiquiatría, es decir sin la naturalización del sufrimiento mental que vino a sustituir al pensamiento teocrático anterior.

 

novella

Recientemente ha editado un nuevo libro que supone otra vuelta de tuerca a las ideas que navegaban por su mente en su aparición anterior. En mi opinión este libro es su mejor obra, la más hilada y comprensible y donde además construye un discurso de tres ejes. -como anillos borromeos- y que sirven como guías o andamios paralelamente a las patologías (tal y como se presentan en la clínica), a la conceptualización del sufrimiento mental y las coordenadas culturales que son bien causa o bien efecto de estos desarrollos que abordan problemas epistemológicos, clínicos, políticos, artísticos, ideológicos y de Zeitgeist en una especie de macedonia de frutas donde las disciplinas parecen fundirse en un magma de indiferenciación que nos permite predecir la patoplastia de una determinada enfermedad: “dime que opinas de tu sufrimiento, de dónde procede y te diré como es y como se llama”.

Para ello Novella se apoya en tres ejes que aunque aparezcan separados son en realidad contiguos y quizá secuenciales. Se trata de : el individualismo, la reflexividad y la identidad. Todos los sufrimientos mentales en los humanos pueden ser clasificados según estos tres ejes que pueden pensarse también como repliegues de la subjetividad:

El individualismo nos legó el genio creador y la melancolía, la reflexividad nos dejó la vida interior y la esquizofrenia y la búsqueda de una identidad propia nos legó la emancipación y el vacío.

La reflexividad es lo mismo que pensar, pero se trata de un pensar un poco especial. No se trata de pensar para resolver un problema de matemáticas, se trata de re-flexionar es decir de flexionarse sobre si mismo, o sea pensar sobre uno mismo. No cabe duda de que esta ganancia de la reflexividad que procede naturalmente de un individualismo anterior que apareció en el Renacimiento y el Barroco, tiene relaciones con la aparición de la esquizofrenia o al menos con eso que ha venido en llamarse “un hombre dividido”, una escisión que interesa sobre todo al cuerpo, generando un terreno de nadie entre la mente y el cuerpo que es rellenado de un espacio agrandado de intimidad yoica que es precisamente el lugar donde tienen cabida las vivencias esquizofrénicas .

Sobre la hiper-reflexividad y su relación con la esquizofrenia ya habían escrito otros autores como Stanguellini, así:

Me experimento a mi mismo como el origen de mis experiencias. Esta forma de acceso a mí mismo es una forma primitiva de egocentrismo que es preverbal y prereflexiva, se trata de una experiencia inmediata en tanto que resulta una evidencia que no se da a manera de inferencia o criterio, no es un pensamiento, ni una emoción ni una cognición, es una experiencia de contacto primordial con uno mismo o autoafecto. A esta experiencia algunos autores le han llamado ipseidad y otros mismidad. No solamente se trata de una experiencia previa a toda experiencia sino una condición de la misma.

Una vez hemos definido al “cuerpo vivido” desde el punto de vista fenomenológico ya estamos en condiciones de entender que este constructo es el embrión de la corporeidad y la intersubjetividad puesto que el vinculo perceptivo entre el sí mismo y otra persona se basa en la posibilidad de identificarme con el cuerpo de la otra persona por medio de un vinculo de percepción primario del mismo estilo que me relacionó con mi propio cuerpo. En este sentido la propiocepción interviene en la comprensión de otras personas a través de una especie de sintonía corporal.

La cenestesia es el término a través del cual hablamos de la percepción interna -propiocepción en movimiento- del propio cuerpo mientras que la palabra cenestopatia describe las sensaciones corporales anormales. se trata de dos fenómenos muy descuidados en la psicopatología y la psiquiatría actuales. Fue Greek quien en 1974 acuñó este termino indicando que se trataba del medio por el que el alma se informa del estado del cuerpo.

Cenestesia  procede del griego koiné aesthesis que significa “sensación común”.

Y tan común porque el cuerpo habla continuamente, nos habla y aunque casi siempre nos habla de sensaciones corporales normales algunas veces estos mensajes estan cargados de sentido como sucede en la hipocondria, la histeria, la ansiedad y sobre todo en la esquizofrenia donde son características las sensaciones que implican extrañeza, entumecimiento, movimiento, tracción ,etc. Lo patológico no es la sensación en sí que es banal y carece de significado clinico sino la interpretación casi siempre delirante que los esquizofrénicos hacen de ella.

Lo anormal no es la percepción corporal en sí sino la forma en que le prestamos atención y que el autor denomina reconocimiento hiperreflexivo que seria un modalidad patológica del reconocimiento normal y mínimo que he descrito cuando hablé de la mismidad y del cuerpo vivido.

Se trata de una especie de sobreinterpretación de las sensaciones corporales que tienen mucho que ver con lo inefable, es decir que la cenestopatía aparecería cuando alguna sensación no puede categorizarse verbalmente, de la misma opinión era Henri Ey que consideraba que las alucinaciones corporales brotaban cuando el sujeto no puede nombrar una sensación corporal algo que la mayor parte de nosotros hacemos por medio de una metáfora un “como sí”.

En este sentido alucinar es percibir el propio cuerpo de manera completa o parcial como un objeto o entidad viviente fuera de sí mismo es decir como algo transformado precisamente por la imposibilidad de la expresión metafórica.

En realidad ya Freud habló de esta cuestión en algunos de sus artículos. Concretamente el término “lenguaje de órgano” (organsprache) es un término del psicoanálisis y lo publicó Freud en “Lo inconsciente” a raíz de una paciente de Victor Tausk que padecía precisamente de esquizofrenia.

Emma A, la paciente de Tausk habia tenido una discusión con su prometido y desde esa discusión se quejaba de que sus ojos se le habían torcido (vedrehen), ella explicó que había acusado a su pareja de simuladora, “puesto que lo ve distinto cada vez”, es pues un hipócrita, un torcedor de ojos (Augenvedrehen), él pues le ha torcido los ojos y sus ojos ya no son suyos, ella ve el mundo con los ojos de él.

Como puede observarse el lenguaje de órgano es un caso especial de alucinación corporal donde las palabras son tratadas con literalidad, por lo que “torcido de ojos” pierde su textura metafórica y se transforma en algo real.

¿Por qué sucede tal cosa?

Stanguellini cree que la característica principal de la experiencia esquizofrénica es su ser incorpóreo.

Es precisamente la incorporeidad la que unifica las diversas dimensiones de la experiencia esquizofrénica, el centro de los centros. Hay una incoporeidad del Yo, y una incorporeidad de las relaciones del Yo con el objeto e interpersonales. La persona esquizofrénica se comporta como un cuerpo sin alma o dicho de una manera menos metafisica como si el sujeto sintiera que es un espíritu -una conciencia- adherida a un cuerpo que no es suyo, un cuerpo inanimado, un autómata.

Pues el esquizofrénico carece de sentimiento de mismidad.

La consecuencia de esta falta de contacto corporal inmediato es la experiencia de perdida de presencia, en los casos mas leves se siente separado de sí mismo, pero en los casos mas graves existe un hueco, un agujero, un profundo desgarro, una experiencia de vacío nihilista “No hay nada en mi vientre” o “Soy solo un marco”. Un estado que lleva a una mecanización del cuerpo con tal de mantener unidas sus partes que han perdido entre sí sus enlaces.

Otra forma de experiencia del propio cuerpo es la de una total separación entre mente y cuerpo, una conciencia sólo teórica que vive como espectadora de sus propias percepciones, acciones y pensamientos, el esquizofrénico ve el mundo a través de su cerebro sin saber que es suyo lo que le lleva en ocasiones a proyectar afuera lo que en realidad le ocurre dentro.

Se trata de un dualismo radical: pura conciencia o pura materialidad, este es el fenómeno fundamental de las anomalías del autoreconocimiento como un ente corpóreo según Stanguellini.

¿Y qué sucede con las relaciones con los otros?

La crisis de lo corpóreo no termina aquí porque el paciente tiene además otro problema sobreañadido: dotar de sentido a las experiencias con los otros sin tener las bases para reconocerse a sí mismo.

Usualmente lo que se resiente es el significado y el sentido de las experiencias. Tener el cuerpo desconectado permite suponer que el asidero a la realidad externa también desparecerá, es por eso que los objetos del mundo carecen de significados prácticos lo que conduce con frecuencia a la perplejidad.

Emergen nuevos significados en forma de preocupaciones idiosincráticas que se originan en esta interfase de parcialidad intersubjetiva, lo que habla en las percepciones delirantes es un detalle perceptivo que involucra a la persona y al hacerlo revela una nueva comprensión del mundo o una nueva identidad más profunda y más personal. La emergencia de neosignificados es la regla cuando el esquizofrénico está dotado para la abstracción y las palabras se vuelven asimismo incorpóreas y desubicadas admitiendo una existencia separada del contexto. Las palabras viven por si mismas y pueden aparecer como objetos que se parecen mas a los conceptos que las propias palabras.

Palabras y objetos son pues intercambiables, las metáforas se vuelven concretas y dan lugar a la aparición de delirios.

Los delirios son pues metáforas que no pudieron decodificarse.

La conclusión de Stangellini es que la intersubjetividad está condicionada por la incorporeidad y que existe entre ellas una relación circular, así la sintonía entre el Yo esquizofrénico y el resto de personas de su entorno se ve obstaculizada por fenómenos disociativos -esquizo- relativos a lidiar con la incorporeidad y la separación del mundo social parece pues una consecuencia de esa falta de estructura fundamental que da lugar a una separación radical cuerpo -mente que sucedió tempranamente en una edad donde ni siquiera el lenguaje pudo servir de auxiliar a esa dicotomía.

No es pues extraño que la vida de un esquizofrénico o al menos algunos de ellos -tal y como se describió en este post– sea un búsqueda de algoritmos abstractos, la explicación detallada de reglas impersonales.

No sabemos si la esquizofrenia existió siempre, en esta idea hay opiniones divididas. Algunos autores como Edward Hare opinan que la esquizofrenia es una enfermedad ligada a la revolución industrial  ya los cambios que llevó esta revolución en el imaginario de los hombres. Lo complicado es identificar qué variables son las que operan desde esos entornos culturales y esto es precisamente lo que consigue Novella con tanta precisión como nos es posible a la hora de interpretar variables de una disciplina con “epistemes” de la otra.

Para mi, un hallazgo que me ha permitido sacar el polvo a una idea de que me venia rondando hace mucho por la cabeza y que puede  resumirse así: Si quieres saber por qué enferman los hombres de tu tiempo, intenta perseguir los síntomas, los síndromes y las supuestas enfermedades desde atrás. Historifica tu sufrimiento y lo manejarás mejor.

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