Filosofía del inconsciente


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Cuando yo era un adolescente  ya estaba muy interesado en la filosofía, aun antes de saber de qué se ocupaba tal disciplina. Solía preguntarme lo que hoy entendemos como preguntas filosóficas, un ejemplo: ¿Por qué vemos los sueños si estamos dormidos con los ojos cerrados?. También solía comunicar estas dudas a mis amigos que usualmente las liquidaban con la frase “Tu le das demasiado a la calabaza”. Por lo visto la tarea de pensar/filosofar estaba mal vista y yo diría que aun lo está. El caso es que después de estas descalificaciones dejé de preguntar , hasta que un día

El mito de la caverna.-

Algún profesor deprimido nos contó “el mito de la caverna de Platón” y entonces pude responder en parte a la pregunta de porqué vemos nuestros sueños (y no solo los vemos sino que los oímos), los vemos proyectados en una pantalla (hoy sabemos que esa pantalla es la corteza cerebral, pero poco importa la pantalla), lo que interesa es caer en la cuenta de que la mejor explicación es la metáfora óptica para explicarse los sueños. No voy a repetir aquí el mito de la caverna que podéis encontrar por doquier en Internet salvo para decir que “el mito de la caverna” es un mito fundacional de la filosofía y que tiene mucho que decir sobre el fenómeno de pensar tal y como cuenta el autor -Pedro Alemán- en el libro que preside este post.  y del que procede el siguiente gráfico

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Tal y como podemos ver en el gráfico hay un prisionero (P) que mira al frente donde existe una pantalla. Por detrás de él hay una hoguera (H) que proyecta su luz hacia delante donde existen unas formas (F) que transportan toda clase de utensilios (cosas). Un tabique o mampara de la altura de un hombre (T) separa este desfile de formas (F) del prisionero (P), de tal manera que lo que la hoguera proyecta es solo una parte (lo que los hombres portan sobre sus cabezas), contornos de figuras incompletas pues. El prisionero (P) cree que aquello que ve en la pantalla (sombras y asombros) es la realidad pues no conoce otra cosa sino la vida encadenada en el interior de la cueva desde que nació.

Pero hay una segunda escena (la viñeta de abajo): sucede que hay prisioneros que han logrado escapar de la cueva y han observado dos cosas: 1) la cueva en toda su perspectiva , desde atrás (desde S) , son personas (filósofos) que han visto la hoguera, han visto las formas completas que desfilan constantemente y han visto la mampara. Es decir son personas que ya saben que lo que veían proyectado en la pantalla no eran sino trozos de una realidad que ahora pueden ver en su completud. 2) Pero S a su vez no es solo un lugar de observación sino también una apertura al mundo exterior donde el sol (B) proporciona una mayor claridad de observación a la realidad real. El filósofo que pudo escapar de la cueva e iluminar su conocimiento a través del sol, obviamente ya no cree en el mundo que los prisioneros ven sino que por decirlo de alguna manera se ha liberado de la ilusión de los prisioneros. Ha visto la verdad.

El mito de la caverna tiene muchas interpretaciones y muchas derivadas, una de ellas es ¿Qué pasa si los liberados vuelven al interior de la cueva a intentar convencer a los prisioneros que se liberen? Otra interesante sería ésta ¿Existe en la superficie otra cueva que puede -a pesar del sol- proyectar también sombras y ser -a su vez- otra ilusión? o ¿Es real la realidad?

Pero para mi lo interesante de este mito es su metáfora óptica que me permitió en su momento responder a la pregunta que más arriba me hacía ¿Por qué vemos (y oímos los sueños). Lo que vemos en nuestros sueños (no importa donde pongamos la pantalla del sueño) son sombras, formas y también voces (representaciones-cosa (huellas mnémicas) que proceden de nuestro inconsciente. Llamamos inconsciente a lo que hay detrás del prisionero (P) incluyendo a la mampara de la talla de un hombre y también a la hoguera que más tarde entenderemos como “el esquema en peine” de Freud de alguna manera recupera estas ideas de la caverna para proponer un modelo sobre el psíquismo.

Más tarde, cuando leí “La interpretación de los sueños” de Freud me di de bruces con un esquema que el propio Freud dibujó en su articulo original y que no era sino una propuesta del itinerario (óptico) que recorre un estimulo desde P (polo perceptivo) hasta M (polo motriz). El lector puede recurrir a este post donde expliqué el esquema en peine.

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Como puede observarse en la figura, un estimulo entra en el aparato psíquico por P y después ha de sortear varias barreras hasta llegar al polo M (en el preconsciente) que es el output motriz. Este es el itinerario convencional que sigue un estimulo perceptivo cualquiera pero la idea de Freud es que los sueños y las alucinaciones hacen el camino inverso: desde el polo motriz (M) hasta el sensorial (P). Es por eso que podemos ver los sueños a pesar de tener los ojos cerrados y estar inmóviles durante el sueño. Y es por eso que podemos alucinar (situar en la realidad impresiones mnémicas que en realidad) tanto de formas como de contenidos (voces), están dentro de la cueva.

La simbología de la cueva.-

No cabe duda de que la cueva simboliza el cráneo y lo que hay dentro de él, la mente, el aparato psiquico, encerrado en sí mismo y sujeto por tanto a las ilusiones que como en un teatro de polichinelas podemos ver ignorando las manos de los actores que están por debajo de las bambalinas. Lo importante está en el backstage por así decir, aunque nosotros seguimos la trama que se nos muestra en escena.

La hoguera es el deseo, lo que Lacan llamó el objeto A. ¿Pero qué es el deseo?¿Deseo de qué?

El deseo del filósofo es el deseo de saber, y Platón sitúa este deseo en la cúspide de la escalera del amor. El deseo existe porque no estamos completos, porque nos falta algo y sabemos y reconocemos que nos falta ese algo. En la medida en que nos reconocemos incompletos perseguimos esa completud que es por otra parte inalcanzable. Somos en este sentido seres deseantes y es la curiosidad (que me movió en mi adolescencia) a buscar una explicación a aquella pregunta sobre los sueños. Curiosidad que Heidegger llamaba asombro. Sin asombro o curiosidad no hay búsqueda filosófica o de conocimiento. El deseo de saber es la octava alta del amor.

Las forma (F) que desfilan por delante de la hoguera son impresiones mnémicas, es decir recuerdos, figuras humanas o de animales en cualquier caso representaciones-cosa que incluso pueden hablar entre sí. Lo interesante es que de ellos solo podemos ver en la pantalla aquellos objetos que portan sobre sus cabezas y que nos aparecen en sueños como elementos discordantes, estúpidos o simplemente incomprensibles. Lógicamente porque no son sino recortes de la figura completa.

Lo interesante es el simbolismo de la mampara o tabique (de la altura de una persona) Se trata del Superyó o la Censura onírica que solo deja pasar parte de la información que transita por detrás del mismo como un guardia jurado. Un Superyó que contiene tal y como ya he contado en algún lugar un Ideal del Yo y un Yo ideal. Es interesante conocer las diferencias entre ambas estructuras. En cualquier caso se trata de una estructura que pertenece al inconsciente a lo imaginario diría Lacan. Hay que recordar ahora que el inconsciente no es un lugar, ni un órgano sino que está construido a través del lenguaje y sus leyes semánticas.

Por ultimo la pantalla donde discurre la vida sensible del prisionero es la conciencia (lo consciente), lo simbólico según Lacan. Y es interesante observar como no todo ha sido simbolizado sino que hay elementos que escapan de la simbolización precisamente por no tener correspondencia en las representaciones-cosa. Las representaciones-palabra necesitan de esa equivalencia pues los saltos desde la hoguera (lo Real) a lo simbólico sin ese pase por el imaginario representan a la psicosis y su defecto en la simbolización.

Para terminar este post me gustaría recomendar al lector dos cosas, primero leer este libro de Pedro Alemán Laín, profundo y comprensible a la vez si queréis profundizar en la tarea del filósofo y comprender conceptos alambicados como los que propone Jacques Lacan, siempre en los limites del lenguaje. Por otra parte recomiendo ver “Matrix” que es una revisión del mito de la caverna en clave moderna y de ficción.

 

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12 pensamientos en “Filosofía del inconsciente

  1. Lo evidente no tendría por que ser sutil, pero a ciencia cierta que su comprensión lo es. Los sueños y el inconsciente. La caverna y sus sombras. La filosofía, los filósofos y su supuesto “Amor” no son más que historias, por tanto no son mas que Imaginación; Neo no existe es una ecuación.

    Ahora bien, en tanto que energía todo es verdad, es la vida.

  2. Pingback: Filosofía del inconsciente — neurociencia neurocultura – MaturínCoaching Gestionando el Cambio.

  3. Según nos cuenta Platón, la filosofía era para Sócrates, el padre de la misma, una interrogación constante para enfrentarnos con la incoherencia de nuestros supuestos saberes. Vivir filosóficamente, era para Sócrates, aprender a morir, saborear pacientemente la llegada de la muerte sin precipitarla por medio del suicidio.

    El sueño es, en cierto modo, una especie de muerte de la que, si nos despertamos, resucitamos cada día. Luego aprender a soñar, como bien nos decía Pitágoras en sus ‘versos de oro’, es saber filosofar inconscientemente.

    Un libro interesante para introducirse a la filosofía: ‘Viaje al centro de la filosofía’
    https://www.casadellibro.com/nosotros/evento-presentacio-viaje-al-centro-de-la-filosofia/16707

      • Sería arduo, ya que toda la sinopsis que nos has traído parece plantear una equivalencia entre las teorías de Freud y Lacan por parte del autor, cuando Lacan subvirtió todo el aparato conceptual freudiano, sobre todo el relativo a la segunda tópica que rechazó frontalmente. Por poner un ejemplo, el objeto a, no es el deseo, ni el objeto del deseo, sino objeto causa del deseo. Las referencias a simbólico e imaginario son confusas e incorrectas. De todos modos, mi objetivo era simplemente el de advertir a lectores con el fin que no se tomaran en cuenta las referencias a Lacan .

  4. Estimado Paco: Muchas gracias por hacerte eco de mi libro de reciente publicación. En particular te agradezco que te hayas hecho eco del capitulo en que explico el mito de la caverna como un relato de lo que llamo el “mecanismo” inconsciente del filosofar (una retracción afectiva seguida de un movimiento análogo a una proyección) y de cómo ese mecanismo se traduce en la división de las filosofías históricas en una parte crítica y una parte constructiva. Gracias también Natalia por tu comentario. Me gustaría aclarar que no hay duda en la obra de que el objeto “a” es el objeto-causa del deseo, y que en ella no se establece ninguna correspondencia entre lo simbólico y lo imaginario con nociones de la segunda tópica de Freud. Dado que también sería arduo para mi reproducir el desarrollo argumental de la obra me tengo que remitir a ella para que sea juzgada por sí misma. Un cordial saludo, Pedro Alemán

  5. Por aclarar algo más. En la obra se describe el mecanismo inconsciente del filosofar en analogía (similitudes y diferencias) con el doble mecanismo que Freud describe en la paranoia (retracción afectiva/proyección). En términos freudianos, se describe el segundo momento del mecanismo del filosofar como un salto (o ese es el riesgo) a representaciones-palabra sin correspondencia con representaciones-cosa. En términos lacanianos, como un salto desde lo real a lo simbólico sin mediación imaginaria. Pero se aclara que no hay una correspondencia conceptual representación-cosa/imaginario, y representación palabra/simbólico, es decir, tampoco entre las nociones de la primera tópica y lo simbólico y lo imaginario lacanianos. Las huellas mnémicas de lo inconsciente lacaniano pueden inscribirse tanto como simbólicas como imaginarias. Lo inconsciente lacaniano no es todo imaginario.
    Pero, de nuevo, para más precisiones me tengo que remitir a la obra. Muchas gracias otra vez, Paco y Natalia.

    • Pedro, muchas gracias por venir a mi blog a aclarar algunas cuestiones que se han relevado como importantes a raíz del comentario de Natalia. Efectivamente todas tus aclaraciones están perfectamente explicadas en tu libro a pesar de tratarse de un tema alambicado y muy complejo a la que tu añades otra complejidad más: la de articular un paralelismo entre el acto de filosofar y la paranoia.
      Sin embargo en mi blog trato de llevar a cabo un ejercicio doble: el primero es el de divulgar conceptos para lo que tomo prestado casi siempre algún texto ajeno que por alguna razón me han interesado, por otra parte trato de ordenar lo que sé con algunas aportaciones de otros. De tal manera que mis post suelen ser un híbrido entre lo que leo y lo que pretendo iluminar para mí mismo y mis lectores aportando alguna novedad. De forma que no se trata solo de un blog de divulgación, siempre encontrareis alguna cosa (alguna idea) mía. Es por eso que este post no es un resumen de tu libro, sino un pretexto para hablar de otras cosas que me interesan, por ejemplo me ha interesado el paralelismo entre el mito de la caverna y el esquema en peine de Freud. Me ha sorprendido mucho tu interpretación del mito y por eso utilicé de forma heterodoxa tu capitulo para hablar de lo que a mi me interesaba en ese momento, la metáfora óptica.
      Por otra parte yo no soy lacaniano ni tengo la suficiente formación para entenderle, aunque gracias a ciertos textos cada vez le entiendo mejor, naturalmente ligándolo a representaciones-palabra anteriores que en este caso son freudianas.
      Muchas gracias por tus aportaciones y enhorabuena por el libro.

  6. Muchas gracias a ti, Paco. Así había entendido tu comentario del libro, con esa doble finalidad de la que hablas, y me parecía muy sugerente. Te lo agradezco de verdad. Un cordial saludo,

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