La cruel asimetría


memiro-teveo

Llamamos “cruel atadura” a un término de psicología evolucionista introducido por Maynard Smith en su obra “Ocho hitos de la evolución” para señalar la penalización que sufren las hembras de los vivíparos para llevar adelante su programa reproductivo. Llevar a los fetos en el vientre, darles a luz, el amamantamiento prologado son hándicaps para las hembras de todos los mamíferos, los que optan por este programa reproductivo si los comparamos con los ovíparos, que ponen sus huevos en el agua o los entierran en la arena, hasta que emergen de ellos los individuos que en cualquier caso han de vérselas solos con los peligros que acechan a su supervivencia.Los mamíferos de nuestra especie además de esa carga tienen otras que no se encuentra tan representadas en otras especies de mamíferos. La mayor parte de ellos  son destetados precozmente y nacen prácticamente preparados para la marcha, como sucede con lo herbíboros. Otras especies tienen aun tareas de defensa de sus cachorros, nursing y teaching extensos aunque ninguno es tan dependiente de su madre como nosotros los Sapiens.

Dicho de otra manera: las hembras de nuestra especie (las mujeres) hubieron de arreglárselas para contar con ayudas para la supervivencia de su propia prole. Probablemente la aloparentalidad femenina (la ayuda que las mujeres se prestan entre sí en cuestiones de crianza a pesar de no estar relacionadas por el parentesco) está evolutivamente relacionada con esta necesidad de ayuda y también probablemente la monogamia fue la solución para que estas mujeres pudieran contar con la colaboración del padre. Probablemente también esta ayuda se concretó en recursos a cambio de sexo. De manera que podemos concluir a la vista del éxito que ha tenido nuestra especie en la Tierra que tanto la monogamia, como la aloparentalidad y el sexo a cambio de recursos fueron buenas ideas que han sido muy eficaces.

Pero más allá de estas cuestiones existe otra asimetría de la que no se habla tanto, me refiero a la asimetría sexual. Los deseos sexuales de hombres y mujeres son de distinta intensidad y cualidad. Como todo el mundo sabe los hombres tenemos más deseo sexual, más intenso y que induce trastornos ejecutivos durante la excitación, una sexualidad más promiscua por así decir: a los hombres nos gustan casi todas las mujeres y es muy difícil que un hombre diga “no” a una propuesta sexual incluso de una desconocida. Por el contrario las mujeres son más selectivas, no tienen un deseo sexual tan urente y es mucho más contextual que visual. Las mujeres eligen y no tienen dificultades para encontrar parejas en el corto plazo cuando las buscan, algo que resulta prácticamente imposible para la mayoría de hombres.

Las oportunidades sexuales están peor distribuidas que el dinero.

La teoría de la inversión parental de Trivers ya predecía esta conducta en la naturaleza: son las hembras, por la carga adherida de su descendencia las que necesariamente serán más selectivas en sus elecciones de pareja. La teoría de Robert Trivers de la inversión materna predice que los sexos que invierten más en la lactancianutrición y protección de las crías, serán más perspicaces en el apareamiento, y los sexos que invierten menos en las crías competirán por llegar a una inversión sexual más alta.

De manera que existe una asimetría natural entre los sexos: en las expectativas, demandas, y perfomances de cada uno de los sexos, una asimetría que lleva a desencuentros y disonancias cuando tratamos de establecer o visibilizar las reglas que regulan el acceso de un sexo  a otro.

Unas reglas que han sufrido algunos accidentes en los últimos años, me refiero concretamente a Occidente y cuando digo desde hace algún tiempo me refiero a partir del impacto que la tecnología anovulatoria ha tenido en el imaginario de nuestra especie. Y también del éxito de las políticas identitarias progresistas.

Vivimos en una sociedad abierta a temas sexuales es decir no existe regulación alguna en temas sexuales. Se supone que somos libres para funcionar sexualmente como queramos siempre y cuando no hagamos daño al otro. Vemos películas, series, espectáculos hipersexualizados, donde el sexo aparece como un bien a consumir, sin ningún tipo de regla o moral más allá del consenso, hay escotes, tetas, pornografía gratuita a granel y otras temáticas que bordean el delito y que se difunden a la velocidad de Internet..

¿Pero es esto verdad? ¿Somos tan libres sexualmente como nos proponen los mercaderes?

¿Les gusta el sexo a las mujeres?.-

Para responder esta pregunta es necesario entender una cuestión estadística: las diferencias entre individuos son siempre inferiores a las diferencias entre grupos. De tal modo que es posible que haya mujeres tan activas sexualmente como cualquier hombre medio. Pero cuando comparamos a los dos grupos es cuando vemos las diferencias entre ambos. Estas diferencias pueden ser cualitativas y no tanto cuantitativas (aunque es posible que sean de ambas clases). Las mujeres así entendidas como grupo, son menos activas, necesitan menos frecuencia y menos parejas que los hombres para considerar subjetivamente que tienen una vida sexual satisfactoria. Y al contrario: es poco probable que una multiplicación de encuentros sexuales mejore su bienestar sexual.

Recientemente se ha publicado un trabajo de investigación en USA sobre una enorme muestra de mujeres a fin de averiguar si efectivamente ellas tenían tantas ganas como ellos. La pregunta que se les hizo fue ésta:

¿Estaría usted dispuesta a guardar abstinencia sexual durante un año a cambio de perder esos kilos que le sobran?

Naturalmente el experimento es en realidad un experimento mental, puesto que la castidad por sí misma no tiene efecto adelgazante alguno aunque enlaza con uno de los deseos femeninos omnipresentes en toda sociedad opulenta, ¿Conoce usted alguna mujer que no haya estado alguna vez a dieta?

Tambien existía una trampa, me refiero a lo del año de plazo. En realidad si usted contesta que “si” a este cuestionario es que a usted no le interesa el sexo en absoluto, pero habia que poner algún plazo, da igual si es un año o de por vida.

El caso es que el 51% de las mujeres entrevistadas contestaron “si” a esta pregunta publicada por la revista Fitness. Y no es sorprendente aunque sí contradictorio.

Es contradictorio porque en realidad el deseo de estar delgadas tiene que ver con el atractivo, pero ¿para qué sirve el atractivo si se renuncia al sexo?

Por lo visto para las mujeres es más importante el atractivo que el sexo en sí mismo, algo parecido sucede en los hombres con el dinero o el poder: se justifican a sí mismos.

Pues operan desde el otro lado de la conciencia. Efectivamente, las mujeres quieren ser atractivas para los hombres pero con algunas condiciones: solo para los hombres que ellas eligen. 

Obsérvese la mirada de Sofia Loren a Jan Mansfield

Pero hay más: las mujeres no solo quieren ser atractivas para los hombres sino para competir con el resto de mujeres. Algo parecido sucede con la musculación en los hombres: los hombres no entrenan sus músculos para agradar a las mujeres sino para intimidar al resto de hombres.

De manera que en la seducción hay que discriminar estos dos factores: lo que se hace para agradar al sexo contrario y lo que se hace para competir con el propio. Ambas variables se suman en eso que llamamos autoestima, pero es falso que la mujer se embellezca para aumentar su autoestima sino que esta autoestima crece precisamente a partir del efecto que su belleza tienen en los demás.

Dos estrategias completamente distintas, tienen para el apareamiento tanto los hombres como las mujeres. Estrategias que llevan a constantes equívocos.

Naturalmente, compaginar los planes evolutivos de la especie y resistirse a la propaganda que nos hace creer que el sexo es fácil, barato y accesible para todos es complejo tanto para los hombres como para las mujeres. Para los hombres porque desvelar las intenciones de las mujeres es complicado, es necesario mucho aprendizaje social para desentrañar la paradoja de querer ser atractiva y no resultar incomodada por peticiones que no desea. Para las mujeres porque el mantra de la “igualdad” ha venido a oscurecer la asimetría programada por la evolución. Muchas mujeres suponen que tienen todo el derecho del mundo a mostrar sus senos en amplios escotes en entornos improcedentes como en el mundo del trabajo o bien que su vestido no sea un reclamo para “moscones” impertinentes. Y es verdad están en su derecho de vestir como quieran pero no es una cuestión de derechos sino de responsabilidad. Y libertad sin responsabilidad es un fraude.

El problema es el término “igualdad” ha acabado por oscurecer el término “asimetría” y efectivamente existe una asimetría: las mujeres no van a sentirse excitadas o molestas por los músculos o por el torso de un hombre, sin embargo la excitación del hombre es predominantemente visual: los pechos, las piernas, la forma de moverse  o los glúteos son -como todo el mundo sabe- objetos del deseo masculino, un cerebro que es fundamentalmente visual.

Frente a este dilema hay varias opiniones, todas ellas fuera del sentido común: existen algunas mujeres que piensan que son los hombres los que deberían ser “educados” o “instruidos” para desactivar sus libidinosos cerebros cuando son expuestos a estos superestimulos. Otras más radicales les recomiendan “hacerse una paja” antes de molestar a las propietarias de semejantes atributos. Los hombres por su parte creen que las que así se exhiben se merecen mucho lo que les suceda “porque van buscando guerra” o “porque andaban buscándolo si tienen algún tropiezo”. Ambas posiciones son  extremas y tratan un problema complejo con una solución fácil que es -como siempre- falsa. Los hombres normales sencillamente miramos hacia otro lado cuando nos topamos con un estimulo inesperado de este calibre. Nos sentimos incómodos porque los ojos quieren ver algo de lo que nuestro cerebro se avergüenza. Vergüenza ajena se llama.

Es tan estúpido tratar de resolver este problema diciendo que “todos los hombres son violadores en potencia” y que es necesario mayor educación sexual como decir que las mujeres son discriminatorias y deberían decir que si a todos los que les proponen relaciones sexuales.

Sencillamente, algunos hombres no saben cómo son las mujeres ni conocen las reglas que gobiernan los apareamientos ni en el corto ni en el largo plazo y las mujeres no saben nada del deseo masculino. Ninguno de los dos sexos sabe del impacto que causan en el otro sus abandonos, rechazos o “calabazas”. El sexo no es un parque temático y tiene costes emocionales y a veces criminales que hay que conocer. Esa educación es la que hace falta. El sexo es peligroso.

Pero claro eso sería reconocer la asimetría biológica que es fundacional para cada sexo y eso es probablemente injusto o al menos se opone al paradigma de la igualdad.

Tal y como he leído hoy en la web de Pablo Malo:

Si quieres justicia, debes trabajar por la verdad. Y si quieres trabajar por la verdad, debes hacer algo más que desear la justicia.

Bibliografía.-

BUSS, D.M.:

(1995): “Psichologycal sex differences: origins thought sexual selection”. American Psychologist, 50(3), 164-168

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17 pensamientos en “La cruel asimetría

  1. “El sexo no es un parque temático y tiene costes emocionales y a veces criminales que hay que conocer. Esa educación es la que hace falta”.

    Pues sí. Ahora bien: ¿de dónde sacamos a los maestros? O mejor aún: ¿quién les enseña y convence de estas evidencias a los maestros? -y demás “educadores”. ¿Pagarían las distintas delegaciones educativas a “reeducadores” que, por otra parte, pregonarían justo lo contrario a la “igualdad de género” que ellas inculcan y prescriben? Pregunta que, si no risa, produce sonrisa. Hoy por hoy no hay ratón que le ponga el cascabel -mejor sería un buen par de banderillas- a ese Gran Gato Ignorante que, por confundir, confunde incluso ‘sexo’ y ´género’.

    • De momento lo que hay que hacer es contactar a los que pensamos de esta forma, propiciar las conexiones y solidificar los argumentos, enseñar y transmitir el conocimiento. Eso es lo que creo que hay que hacer

      • En lo primero, muy de acuerdo; y ya sabes donde me tienes. Lo segundo, más complicado. “Enseñar y transmitir el conocimiento”, en mi caso, requiere de alguien que desee que enseñe y transmita. Y no es fácil en los tiempos que corren.

  2. Muchas gracias por el artículo. Ninguno de los dos sexos sabe del impacto que causan en el otro sus abandonos, rechazos o “calabazas”. Incluso añadiría: Los hombres creen que con lo que dicen o exhiben, causan más impacto atractivo del que realmente suscitan. Las mujeres creen que con lo que muestran o insinúan causan menos impacto del que realmente producen. La mayoría de las mujeres, por no decir todas, no sospechan ni por asomo la impresión de tipo sexual que pueden llegar a provocar en un hombre, de ahí que muchas “arriesguen” sin saber que “arriesgan” . Esto es lógico porque uno suele atribuir al de enfrente parecidas ratios de estímulo/respuesta. Si una mujer no se excitaría tanto,¿por qué lo habría de hacer un hombre, que al fin y al cabo es un semejante? Pero en el sexo, por esa asimetría evolutiva, se da una excepción y la mujer , al excitarse menos en análogas circunstancias, está en inferioridad de condiciones para captar justamente esa diferencia de intensidades. Creo que las técnicas de realidad virtual y parecidas, podrían ayudar para corregir la infrapercepción femenina y también podrían -aunque esto aventuro sería más complicado- servir para que los hombres leyeran con más objetividad cuánto hay de deseo provocador y “cálculo de consecuencias” tras un gesto de coquetería.

  3. Estando de acuerdo en esa asimetría biológica, propondría una reflexión sobre las razones culturales que hacen que en unos casos sean los senos de una mujer lo que excita, en otros el pelo y en tiempo no muy lejano los tobillos.

  4. La sexualidad no es una necesidad primaria, solo es una posibilidad que llevamos dentro. La excitación fisiológica no es un problema excepto si se carece de libertad psicológica; para entonces la obsesión y el poder del patriarcado molan un mazo. «risas».

    En otro orden de cosas la madre naturaleza y sus reglas no son crueles ataduras, son simplemente impersonales en tanto están libres de toda moralidad, Sr M.Smith.

      • Es usted muy travieso profesor, «Risas». Nadie va a un museo y roba el cuadro que le deleita, incluso unas horas mas tarde ya en el hogar la alegría prevalece. Igual la vida resuelve el regalártelo, pero no por eso una hace ni arriesga nada mas allá de explorar; la alegría ya es en cualquier caso, nada falta. Ahora bien donde no existe libertad psicológica, si existe una necesidad. Una necesidad obsesiva que se ha transformado en primaria artificial, si ha eso le unimos el poder de la fuerza que ha ejercido el patriarcado para satisfacer sus obsesiones fruto de una ausencia de libertad psicológica, le sumamos ahora un espíritu neoliberal…..

        Son sutiles y con gracia en su formas de acosar a sus victimas, y feroces lobos paletos en el fondo. Son manada, son legión.

        !Pero lo entiendo; lo impersonal se suele mal interpretar como ataduras, la crueldad es pulsional en proporción a lo que se sufra.

        * Las asimetrías tampoco son crueles; pero a veces mortifican.

  5. La “mala educación” la tendrá usted por acusar al prójimo de lo que a usted le falta. Hay muchas “razones culturales” que justifican la asimetría sexual, y una de ellas es el exhibicionismo. En nada atentó esa prueba documentada de exhibicionismo a su persona, señora mía.

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