La oxitocina del abuelo


oxitocina

Hace poco que soy abuelo en firme, entiéndase bien, no es que antes de haber pasado por la experiencia no supiera nada de abuelos, todos los hemos tenido, pero claro, no es lo mismo “tener abuelos” que “ser abuelos”. Ya me lo habían adelantado algunos amigos que lo fueron antes de mí. Todos me abrumaban con la siguiente idea: “ser abuelo es una experiencia inolvidable que hay que vivir para poderse entender”, uno de mis ex compañeros del Hospital, me dijo hace muy poco que “era como un orgasmo”. Yo asistía incrédulo al desfile de elevadas propuestas que trataban de explicar el fenómeno pero claro, no lo había vivido.

Pero ahora si.

Y creo que tiene que ver con la oxitocina y como no, con el vago. La oxitocina como todo el mundo sabe  es la hormona de la afiliación, la hormona del amor dicen algunos románticos, Para ponerlo en contexto: la oxitocina es lo que segregan las mujeres en el orgasmo, el embarazo, el parto y el puerperio. La oxitocina tiene efectos muy curiosos, unos en el útero, provocando contracciones, otros sobre la mama, produciendo leche y otros sobre el cerebro, aumentando la disponibilidad del amamantamiento y del piel a piel. La oxitocina es una hormona que tiene que ver con el amor efectivamente pero con una clase de amor concreto: con el apego, es decir ese milagro que sucede en los mamíferos y que construye un vinculo y una sincronía entre el cuerpo/cerebro de la madre y su lactante.

¿Pero que efectos tiene en el hombre?

Lo sabemos gracias a algunos experimentos con ratas silvestres que al parecer no segregan nada de oxitocina y son por ello promiscuas y solitarias. Cierto cientifico se dedicó a comparar esas ratas con las otras, las domésticas que al parecer si disponen de oxitocina y encontró que las ratas silvestres cuando estaban bajo los efectos de la oxitocina dejaban de ser merodeadoras y se transformaban en ratas (ratones) domésticos, que se ocupaban de la prole y de su defensa. También sabemos que algunos hombres sucumben a una especie de trastorno postparto cuando son papás y presentan los que se llama un “sindrome de la couvade” que es algo así como un cuadro que en sus extremos podría ser interpretado como un deseo envidioso de ser mamá y ocupar el lugar de aquella. En realidad los papás -sin llegar a estos extremos excepcionales- si cambian su cerebro durante el embarazo- puerperio de su pareja.

La evolución que es muy lista a pesar de no ser persona alguna se las ingenió para que los papás dejaran de merodear (como el ratón silvestre) y se dedicaran a proteger su estirpe y a acompañar a la mamá en sus necesidades y es por eso que la oxitocina inhibe la testosterona que como todo el mundo sabe es la hormona del merodeo.

Ahora bien, la cosa no es tan sencilla, porque la explosión de oxitocina en los hombres no es tan potente como en las mujeres (y es casi seguro que no tiene la misma target cerebral que en ellas) sino que algo de testosterona ha de haber si el macho ha de proceder a defender su nido. Es por eso que los niños (la presencia de niños) desactivan el pulso de testosterona pero el llanto de los mismos vuelve a activarla. De manera que la oxitocina de los hombres es por así decir poco de fiar. Es interesante conocer también el lado oscuro de la oxitocina.

Es por eso que no me fío demasiado de la oxitocina, al menos en abuelos y prefiero otro tipo de explicaciones más relacionadas con lo que Haidt ha llamado “elevación”.

Haidt razona del siguiente modo:

Todas las religiones conciben la divinidad en una dimensión vertical, arriba-abajo, colocando lo más valioso (Dios, los ángeles ) arriba y lo menos valioso ( las bestias, el demonio) abajo. El hombre se situaría en un lugar intermedio y si su conducta moral es ruin se rebaja, desciende en el escalafón, mientras que si se comporta de forma virtuosa se eleva, asciende.

Haidt se dedica al estudio de las emociones, y en especial a la emoción del asco, en compañía de Paul Rozin, probablemente la mayor autoridad mundial en esta emoción. Se encontraba un día escribiendo sobre cómo el asco social se dispara cuando vemos a alguien moverse hacia abajo en la dimensión vertical de la divinidad, cuando se le ocurrió que también deberíamos experimentar una reacción emocional opuesta cuando vemos a alguien moverse hacia arriba en esta dimensión, un sentimiento de sentirnos nosotros también elevados. Así que empezó a interrogar a amigos, familiares y a sus estudiantes: “¿cuando ves a alguien hacer algo bueno, sientes algo?, ¿qué exactamente?, ¿en qué parte del cuerpo lo sientes? ¿te entran ganas de hacer algo?”

Encontró que la mayoría de la gente tenía los mismos sentimientos, aunque no eran capaces de expresarlos con claridad. Hablaban de una sensación cálida, abierta, ardiente, y muchos mencionaban el corazón o la zona del pecho a la hora de situarla. Algunos hablaban de la sensación de escalofríos, de ahogo, de ganas de llorar. La mayoría decía que ese sentimiento les hacía tener ganas de hacer buenas acciones ellos también, o de mejorar de alguna manera. A Haidt le pareció que todo ello cumplía los requisitos para ser una emoción y, como no había ninguna investigación de ningún tipo sobre esta emoción en la literatura psicológica, decidió investigarla por su cuenta”. Extraido de este post

No hace falta que les diga que lo que Haidt llama “elevación” es cosa del vago. Ese nervio misterioso y parasimpático que parece operar en sinergia con la oxitocina y que provoca calma, confianza, tranquilidad, una especie de neblina mental (fibroniebla) que nos hace focalizar nuestra atención en ciertas cosas, y por eso hablamos “estar en mode mamá”. Estar en mode mamá es lo mismo que decir que lo único que importa a la mamá es su hijo, todo lo demás pasa a un segundo plano. Algunas quedan enganchadas de por vida a ese estado alterado de conciencia y siguen siendo mamás (operando en mode mamá) más allá del destete, más allá de la crianza, más allá de adolescencia.Para siempre.

Este “para siempre” es la prueba de que una vez se ha pasado por la experiencia (de ser mamá) una ya no depende de las hormonas para seguir siéndolo, incluso más allá de lo razonable y necesario para la crianza, sino que se ha producido un cambio cerebral permanente, quizáa porque los receptores generados durante la experiencia del puerperio se regulan al alza y dejan huella de por vida. Incluso reduciendo las áreas de materia gris a través de una poda selectiva.

Y este “para siempre es probablemente la razón por la que las abuelas (y abuelos) vuelvan a revivir la situación en que fueron padres por primera vez después de muchos años. Una especie de retorno de lo vivido cuando ya las hormonas se han ido.

Lo bello, lo bueno, lo verdadero.-

Personalmente no creo que la elevación sea una emoción sino un estado alterado de conciencia, hormonodependiente en la mujer y simbolodependiente en el hombre.

Es como una herencia inesperada, algo que recibes sin haberlo merecido, sin haberlo trabajado o buscado, algo que viene sin tener que pasar por las penas del amor o del desamor, sin los compromisos del matrimonio, sin los dolores de la maternidad.

Con la edad vamos sumando nostalgias y perdidas. Y la primera perdida son los hijos, esos que se transforman en adultos casi sin haber pedido permiso y que nos dejan un regusto amargo por no recordar apenas su niñez, Entonces éramos demasiado jóvenes, andábamos atareados, compitiendo, trabajando , pagando facturas, lidiando con sus problemas de adolescencia, con sus amoríos y decepciones, con sus maridos y suegras después. Ser padre es un mal lugar para disfrutar de los hijos, paradójicamente es así. Hay como una brecha muy grande entre la biología que impone una maternidad precoz y la psicología que nos induce a no madurar del todo hasta los 50 años.

De tus hijos apenas recuerdas imágenes sueltas, fotografías de aquel día, unas vacaciones en la playa, una fiesta de cumpleaños, disgustos y contrariedades, sustos y enfermedades y mucho sueño pasado y sobre todo mucho miedo: ser padre es empezar a tener miedo.

Y ser abuelo es como volver a ser padre pero gratis.

Me explico.

Ser abuelo es dejar de pagar esos peajes que se han de cumplimentar cuando se es padre. Y un pago por todas las nostalgias, por todas las decepciones, las deserciones, las traiciones, las pérdidas emocionales. Y que nos otorga un derecho: el derecho de amarlos con extravagancia.

La vida al final paga sus deudas y nos compensa. Debe ser por eso que la evolución pensó que sería bueno alargar la vida de los hombres para que llegaran a ser abuelos. Se llama “la teoría de la abuela”, porque aquí lo más importante siguen siendo ellas, que son las que en definitiva ponen los huevos. Lo que viene a decir la “hipótesis de la abuela”, es que las mamás de las mamás han tenido más peso en nuestra resistencia genética y en la alimentación que la proporcionada por los padres y que explicaría en parte nuestra longevidad y también la existencia de la menopausia.

¿Pues qué sucedería si coexistieran una madre y una hija en edad reproductiva? ¿No sería más razonable pensar que cada una de ellas elegiría la supervivencia de sus propios hijos? Ser abuela significa ser estéril, algo que solo ocurre en nuestra especie, de donde podemos deducir que estamos frente a una adaptación.

Dicho de otra manera: si vivimos tanto tiempo es para proporcionar recursos a nuestros hijos en su propia crianza.

Superados los arrebatos juveniles, tenían razón aquellos que me pronosticaron que ser abuelo era una experiencia elevada, una experiencia estética, moral, verdadera.

Pues lo bello, lo bueno y lo verdadero van en el mismo pack.

Y los nietos son el vehículo que nos abre a esa verdad que es seguro que habíamos olvidado.

 

9 pensamientos en “La oxitocina del abuelo

  1. Si, te ha salido un post francamente bueno: estética, moral y cientificamente hablando. Donde venden Oxitocina a buen precio?

  2. !Que decir?, muchísimas felicidades profesor abuelo.

    En cuanto al tema de la elevación espiritual me gustaría compartir otra mirada. Lo primero que observo es que tanto el plano horizontal como el vertical son índices móviles, de instante a instante pueden sufrir vaivenes desde el punto central. La horizontalidad corresponde al índice de humildad de la identidad psicológica. Toda persona y en relación proporcional a su humildad sufrirá un desplazamiento mayor o menor desde el punto central entre el (+) orgullo y su opuesto la ( – )culpa. Ambas patologías psicológicas de la mente. A la vez en su verticalidad situaremos el estado de conciencia del individuo también variable. Por muy elevado que sea el estado de conciencia, lo que manda es el índice de humildad dado actuando en la elevación que se encuentre. Los estados mentales son precisamente estados por que varían.

    El ideal de elevación espiritual por tanto se establece en el fin de todo movimiento en el plano horizontal. Es la ultima puerta imposible de cruzar, eso queda a virtud de la «Gracia» divina. Sin embargo es indudable que no hay mayor alegría orgánica y espiritual que estar exentos de culpa y orgullo, lo que lleva a una vida plena y elevada debido a la cualidad de la humildad y su falta de dinamismo que se siente como paz mental donde la humildad es la oxitocina de la espiritualidad.

  3. Pingback: Mamá, he sido papá (con hemofilia)

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