Agraviados e inmunodeprimidos


indignación

Hace algo así como 30 años, el profesor Ramon Sarró, me dijo -en algún lugar que no consigo identificar- cómo habían cambiado los delirios esquizofrénicos en los últimos tiempos. Sarró estaba muy interesado en cómo ciertos mitos se transformaban en delirios persistentes en los esquizofrénicos que durante su juventud había estudiado y que llamó mitologemas. Según él ahora (entonces) los esquizofrénicos ya no deliraban sino con delirios bastante bizarros y simples, la persecución, la comunicación con entidades no visibles y a través de máquinas persistían pero habían desaparecido aquellos enfermos creativos que se consideraban inventores, científicos o lingüistas dotados de extraños talentos que los demás rechazaban por ignorancia.

Lo cierto es que Sarró tenía razón en el sentido de que la esquizofrenia ha sufrido una metamorfosis en los últimos tiempos y que no puede achacarse sólo a los tratamientos antipsicóticos pues es poco probable que los tratamientos médicos influyan sobre la patoplastia de una enfermedad concreta. Lo más probable es que esta metamorfosis se deba a factores sociales y psicológicos, más bien a las creencias compartidas por una sociedad determinada.

Algunos autores incluso suponen que la esquizofrenia está desapareciendo como podéis leer en este post sobre la historia de la esquizofrenia. Al menos lo que es cierto es que las formas más leves de la enfermedad son las que tienen hoy más relevancia clínica. En mi opinión las formas recortadas donde el “humor delirante”, los “fenómenos elementales” y la fase de trema han venido a sustituir a las formas más malignas de antaño. Lo que predomina en la actualidad son esquizofrenias abortadas desde su comienzo.

A cambio de eso parece que la sociedad está mucho más enloquecida que entonces.

¿A qué se debe tal cosa?

El primer mecanismo que me viene a la cabeza es el de la infantilización de la adultez y el segundo es la precocidad y sobre estimulación de los niños.

No cabe ninguna duda de que nuestra especie ha evolucionado en el sentido que describe la teoría de la autodomesticación. Somos una especie autodomesticada, lo que significa que somos mucho menos agresivos que nuestros ancestros pero a cambio han emergido ciertos elementos colaterales. La domesticación no solo nos hace menos agresivos sino también más infantiles, subadultos, de tal manera que nuestros cerebros se empequeñecen y nos cambia la morfología (perdemos masa muscular) y no solo la apariencia eterna de juventud, sino nuestros gustos: somos mas curiosos, menos responsables que nuestros abuelos y mucho más juguetones. Nuestra vida está orientada al juego y a la “isla de nunca jamás” mientras que nuestros cerebros se jibarizan. De manera que existe una brecha entre nuestro cableado cerebral y las exigencias del guión de la vida. Es muy posible que esta brecha tenga mucho que ver en nuestra tendencia a enloquecer no de forma clínica sino de forma colectiva, a través de creencias y conductas estúpidas.

bonobos.jpg

El mundo ha dejado de ser un jerarquía simiesca muy parecida a las jerarquías de chimpancés y ha devenido una sociedad transversal de bonobos. Los bonobos son otra especie que se autodomesticó a si misma como nosotros, de manera que somos más parecidos a ellos que a los chimpancés con los que mantenemos sin embargo grandes parecidos genómicos. En conclusión, la agresividad precisa una jerarquía social muy rígida y correlaciona con el tamaño del cerebro, por el contrario la autodomesticación correlaciona con ciertas características embriológicas relativas a la cresta neural  y tiene relación con la neotenia tanto física como psicológica, y nuestra apariencia de eternos infantes.

Recientemente he leido un articulo en disidentia.com que me ha interesado notablemente, se trata de un articulo de Frank Furedi que habla de la victimización. En él el autor se plantea como la sociedad (y las ingenierías sociales) han privilegiado al colectivo de indignados, convirtiéndolos en víctimas. Es como si el “beneficio secundario” que antaño se atribuía a la histeria hubiera tomado carta de naturaleza y hubiera convertido a los quejosos en notables ciudadanos. En opinión de Fusardi:

El lenguaje de la moralidad se ha medicalizado, especialmente en el mundo anglosajón. En consecuencia, el juicio moral ha dado paso al diagnóstico médico. Y ese diagnóstico implica una concepción extendida del trauma: como psicológicamente heridos, denota una creciente tendencia a percibir las malas conductas, incluso los actos de maldad, como meros síntomas de problemas psicológicos. La descripción de casi cualquier conducta como efectos de una traumatización, es también significativa en otro aspecto: el uso del término “lastimado” para describir a una persona constituye una declaración de principios sobre la condición humana. La enorme frecuencia con la que se habla de personas traumatizadas, indica que la sociedad piensa que cualquier problema de conducta individual debe estar relacionado con alguna afección mental.

Estar traumatizado es la nueva condición de normalidad. También se ha convertido en una identidad, de personas prósperas de clase media.. Sea bienvenido a un mundo donde la víctima traumatizada es la apoteosis de las virtudes humanas.

Pero lo cierto es que si todos estamos traumatizados, entonces ¿qué es el trauma?

El problema de esta manera de pensar es que trivializa la verdadera traumatización de las personas que han sufrido un impacto emocional de enorme intensidad en sus vidas. El concepto de “trauma” necesita -ante esta banalización- de una redefinición. Ni todo es trauma, ni podemos calificar así a cualquier adversidad de la vida. Pero esta banalización tiene otras efectos colaterales en la educación de los niños.

Y me gustaría ahora hablar de otra cuestión: el acoso escolar.

Cuando yo era preadolescente y adolescente sufrí como tantos muchos compañeros de entonces lo que hoy se llama “bullying”. Era en el “recreo” y al “salir de clase cuando nos atizábamos con mejor o peor suerte según la agresividad de cada cual. Ciertas personas estábamos siempre a merced de los gallitos de pelea de nuestro curso. Recuerdo que todos los días íbamos a casa bien “calentitos”. Las peleas eran constantes y repetitivas, los contrincantes cambiaban y los acosadores iban reemplazando sus presas de un día para otro. Lo que quiero decir con esta anécdota es que el acoso escolar ha existido siempre. No es un fenómeno nuevo ni esta relacionado con las redes sociales si bien estas tecnologías han ampliado el campo de batalla.

¿Qué es lo que cambió en relación con la sociedad actual donde vemos incluso suicidios de niños o niñas que sufren este tipo de acoso?

Lo que ha cambiado es la actitud de padres y de la sociedad con respecto a este tipo de agresiones. Podríamos decir que nos hemos vuelto más intolerantes a la agresión de patio de colegio.

Entonces ni los profesores ni los padres nos auxiliaban cuando nos veíamos en la tesitura de ser acosados. A nadie se le ocurría la idea de cambiar a los niños de colegio o de denunciar al director. Lo que era entonces intolerable era ser un “chivato” y mucho menos victimizarse para lograr las simpatías de algún comité disciplinario. Ni se nos ocurría quejarnos pues entonces el paradigma correcto era la autodefensa. Aprender a defenderse era un mandato ético, quejarse estaba mal visto.

En familia se nos enseñaba a sobreponernos ante las dificultades, nuestro entorno era un entorno orientado hacia la confianza en nuestra potencialidades para salir de un atasco de esa naturaleza. Ahora:

La transformación de cualquier angustia en lesión emocional permanente tiene como premisa la creencia de que es probable que las personas se vean dañadas por las experiencias desagradables y los reveses de la vida cotidiana. El trauma se ha convertido en un término de uso múltiple para describir el estado de ánimo de un individuo tras una vivencia adversa. La descripción del daño psicológico como una aflicción a largo plazo surge de la falta de confianza en la capacidad de las personas para enfrentarse a las experiencias desgraciadas.

Hoy día, la gente no debe experimentar y sobreponerse a la angustia, la inquietud o el desasosiego sino buscar tratamiento. La interpretación del dolor interno normal de las personas como un trastorno mental altera la relación entre el individuo y su experiencia con la desgracia. Se educa a los niños y jóvenes para adoptar una concepción de la personalidad que les induce a creer que el individuo no tiene capacidad, por sí solo, para lidiar con las pruebas de la vida.

Los niños han perdido la confianza en sí mismos y los padres también si alguna vez la tuvieron. Todos prefieren engordar el grupo de victimizados que son los que reciben todas las prebendas y así, estamos construyendo un mundo de débiles que no saben afrontar las dificultades y reveses de la vida.

Pero el asunto tiene otra dimensión: la perdida de la agresividad y la autodomesticación de la que hablé más arriba tienen consecuencias sobre nuestra inmunidad.

Fue Jean Baudrillard el que habló de una sociedad inmunodeprimida que es incapaz de enfrentarse o de simplemente percatarse de las amenazas que tendrá que enfrentar pronto o tarde. Pero no se trata solo de una metáfora: la inmunidad sirve sobre todo para discriminar lo propio de lo ajeno (el Yo del no-Yo). Un sistema autoinmune fuerte siempre poseerá una identidad fuerte y un sistema inmunitario débil no sabrá distinguir su mismidad (El Yo) de lo ajeno y siempre estará sometido a influencias extrañas de su medio ambiente. Es por eso que el calostro emocional está formado de confianza en el futuro y en los propios medios y la confianza en los propios medios está relacionada con la autodefensa.

No sólo es la intensidad, la duración y la vulnerabilidad lo que interviene en un trauma sino sobre todo la intolerancia social a la agresión, la ideología de lo políticamente correcto y la suposición de que el mundo puede cambiarse modificando actitudes fuertemente incrustadas en lo biológico y que además se regulan solas, es la responsable de esta crisis. Cada vez que políticamente intervenimos en los procesos sean biológicos, psicológicos o sociales les sometemos a una prueba de caos (los caotizamos) e interferimos en su autoregulación que es la característica de los sistema vivos y abiertos.

Es muy posible que la esquizofrenia sea un trastorno relacionado con la inmunidad y es también muy posible que haya muchas enfermedades mentales relacionadas con la esquizofrenia y que hoy identificamos con otros nombres.

También es muy posible que la esquizofrenia clásica se encuentre en franco retroceso a cambio de otras subentidades relacionadas con ella que generen no tantas disfunciones cognitivas pero si emocionales o sociales y que procedan de la convicción de que la agresión es mala y defenderse peor: que lo mejor es ser una víctima  y apuntarse a algún grupo victimizado.

A nosotros, cuando entonces se nos apuntaba a un curso de judo.

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15 pensamientos en “Agraviados e inmunodeprimidos

  1. Caray, Paco, leyendo queda la impresión de que hacemos mal si intervenimos en las violencias, en las agresiones, porque si lo hacemos victimizamos e impedimos al sistema que se ajuste por si mismo. No se si esa es una idea que quieres transmitir, pero a mi me parece muy discutible, es más me parece imposible, de un modo u otro, no intervenir.

    • Claro que hay que intervenir en la violencia, yo he puesto el ejemplo del bullying precisamente para discriminarlo de la violencia severa. Paradójicamente si intervienes en esas pequeñas agresiones empeoras la situación. Pero en cualquier caso no es intervenir o no intervenir en las situaciones puntuales sino esa impregnacion social que blanquea el mal

      • Muy de acuerdo y el artículo me pareció fantástico. La banalización del trauma, siempre digo (y disculpen el término tan poco académico y muy porteño) que vivimos en una “pendejocracia”..que no es otra cosa que una sociedad eternamente adolescente, donde se propugna la victimización y se limita el accionar individual de algún modo. Yo no creo que signifique que no se debe intervenir frente a la violencia, lo que creo es que con la excusa de ser víctimas, se priva a las personas de la capacidad de actuar por si mismas bajo pretexto de que “la sociedad” es responsable de las conductas individuales…de ese modo el sujeto se anula. En varios post y situaciones cotidianas estos últimos días precisamente defendí esta postura frente a las “quejas” por la inacción de “los políticos” por las cosas que suceden. Y hablo de diversos países…increíblemente la postura es la misma…de forma muy vehemente (que me caracteriza) insté a las personas a tomar las riendas de la situación y dejar la queja y la culpabilización a un tercero, que para mayor invisibilidad se traduce en un colectivo…sin dudas es el beneficio secundario y muy probablemente una intencionalidad económica subyacente de ciertos sectores lo que ha creado una sociedad de sujetos cosificados, dependientes y totalmente infantiles. De tal forma que los que realmente hemos padecido traumas quedamos relativizados y banalizados. Siempre digo que detesto que me consideren y considerar a los demás como víctimas…quizá por esa banalización que me duele y me rebela…aun así no me considero víctima, sino sujeto que actúa para cambiar el curso de mi propia vida. Y lo hago.(disculpen por lo personal de este último comentario, fue un descargo que necesitaba)

  2. Existe un algo patético en esconder la violencia a los niños, como si ella no fuera consustancial a la vida, como si fuera un error. En la evitación de las relaciones violentas en la niñez solo puede dar lugar a niños débiles y miedosos a los que no se les ha dado la oportunidad de madurar estrategias para enfrentarla, cuando era el tiempo mas propicio. Niños miedosos que dan lugar adultos temerosos y manipulables. Una sociedad de Leyes mordaza donde ir contra el sistema es terrorismo. El colmo de la hiperrealidad; donde todo el mundo calla ante el imperio del miedo a pesar de sentirse agraviados, que da como resultado la auto depresión.

    Es lo que les hacemos a nuestros niños. Falsa seguridad a cambio de su libertad de acción. En casita frente a una pantalla de plasma, rodeados de policías maestros en los recreos. Solo se sienten un poquito libres cuando van de vacaciones al pueblo de los abuelos. Se sienten vivos por que la vida es intensidad, y sin ella somos Zombies ideológicos. Mecanos productivos.

    No hay ser mas peligroso que un pacifista, reprime e ignora su violencia mientras hace proselitismo de la Paz. Hasta el día que ha de enfrentarla, entonces se traumatiza. Su histeria no ayuda a nadie, pero es que jamás aprendió a enfrentarla encerrado en un Muro.

    Como no vamos a ser defensores de las victimas que se victimizan?. Nos reflejan. Solo es pura autocompasión disfrazada.

    • Bueno, los ladrillos de ese muro de Pink Floyd tienen muchas intespretaciones, pero estoy de acuerdo contigo en tu comentario. Sobre todo me ha gustado lo de la autocompasión disfrazada.

      • Ahora profesor, el nuevo niño ladrillo actual ha crecido, sin embargo no delira como lo hacia Bob Geldof en The Wall, no sueña: ahora es un tecnócrata eficiente y auto deprimido, donde para colmo y de rebote los esquizofrénicos tampoco deliran. Síntomas de que no es país ni época para artistas, poetas y soñadores. Los robots son el epitome neoliberal, no sueñan, no lo necesitan, responden a una lógica binaria y no tienen emociones, carecen de irracionalidad y obvian todo lo que no es cuantificable, asi nos quieren de pose científica. Una sociedad empírica que neo libera a la mujer como a las drogas, «Risas» haciéndolas productivas y, donde los Masters que administran bussines tienen mucho que decir. No me extraña que los imaginativos y delirantes conspiro paranoicos vean a los poderes tecnocraticos como lagartos extraterrestres, en el fondo esa aberración no es gratuita.

        A las pruebas me remito :

        http://www.lavanguardia.com/economia/20180416/442619704804/goldman-sachs-negocio-curar-enfermedades.html

  3. El refranero popular nos dice que: “Lo que no mata engorda”; y bien podríamos parafrasearlo para decir que lo que no mata inmuniza. De este modo, al igual que el estar en contacto con la tierra y las mugres fortalece el sistema inmunitario y ayuda a los niños a explorar el entorno real, cumpliendo una función similar a la de las vacunas, la tendencia a las riñas entre los cachorros humanos nos sirve como entrenamiento para las disputas de la vida adulta. Es algo necesario.
    Quizás nuestro problema se resuma en un excesivo higienismo, políticamente correcto, que ha delegado casi totalmente nuestra salud en la industria y la medicina, y nuestra seguridad en el estado, permitiéndole además, el uso exclusivo y legalizando de la violencia.
    Mientras la industria, la medicina y el estado procuraban un cierto grado de bienestar común, en la socialdemocracia de la posguerra mundial, la cosa más o menos funcionaba, pero la transición de un capitalismo relativamente regulado al sistema del anarco-capitalismo global actual, en el que los estados han cedido buena parte de su poder a no se sabe muy bien que intereses, ha favorecido de tal manera el aprovechamiento privado frente al público, que ciertamente, ha originado una sociedad casi totalmente inmunodeprimida que resulta muy conveniente para los intereses de ciertos colectivos privados.
    Afortunadamente, y volviendo al refranero popular, como que “Lo que no mata engorda”, es evidente que “Mientras hay vida hay esperanza”. Y visto de este modo, podría ser que la indignación social fuese una especie de resiliencia temporal necesaria para fabricar una inmunización social capaz de enfrentarse y defenderse, algún día, de la mugre de ciertos intereses no muy benevolentes de la globalización. Mientras tanto seguiremos estando inmunodeprimidos, un tanto cognitivamente disfuncionales, y como no, también pseudotraumatizados.

  4. En relación a este post y anteriores me viene a la memoria que Michel Foucault dijo: “El siglo XXI será deleuziano”. Deleuze fue considerado por muchos como el mayor filósofo del siglo XX.
    Gilles Deleuze escribe junto a Félix Guattari asiduo de los cursos de Lacan la que será la obra que les dé la fama: Capitalismo y Esquizofrenia, que se compone de dos volúmenes: El Antiedipo y Mil mesetas.
    gilles-deleuze-y-felix guattari-capitalismo-y-esquizofrenia-el-antiedipo
    https://filologiaunlp.files.wordpress.com/2011/08/mil-mesetas.pdf

    Tras su publicación en 1972, estos libros serán inmediatamente proclamados como el paradigma teórico del “espíritu” de Mayo del 68. En ellos, la crítica al psicoanálisis tanto de Freud como de Lacan, se funde con las críticas al marxismo, la dialéctica, y el estructuralismo para generar una nueva teoría del psicoanálisis que reniega de la influencia directa de la familia sobre la formación del inconsciente, y amplia dichas influencias al carácter histórico y sociopolítico del entorno. Esta nueva forma de psicoanálisis, llamada esquizoanálisis, estaba encaminada a la “liberación” que todo sujeto debe ejercer respecto a la opresión de las ideologías e instituciones sociales devenidas históricamente.

    El Esquizoanálisis es un cuerpo teórico que no trata de construir una teoría contra algo, sino de poder pensar, junto con la crítica al Edipo, que no hay por qué optar entre el capitalismo o la esquizofrenia. Se trata de pensar que hoy el capitalismo está permanentemente atravesado por la esquizofrenia social, que hace que, al mismo tiempo que detestamos algo, lo deseemos, y justamente allí reside su enorme poder.

    No se estructura como una teoría estática, sino que es un cuerpo de ideas que se rizomatiza, es decir, se conecta con múltiples líneas y se abre como un campo de saber que es a la vez ciencia y también arte, política y también filosofía. Se puede plantear como un dispositivo clínico inserto en un paradigma ético, estético y político de análisis e intervención, que incluye grandes contribuciones filosóficas, científicas, artísticas y aún se nutre del saber popular, el de la mitología y el de la locura. Es una articulación transdisciplinaria; es decir que recorre, atraviesa y deconstruye la distancia, las aporías entre las disciplinas creando relaciones que hacen componer encuentros sorprendentes entre todo tipo de campos; ya sea de conocimiento o de expresión.

    Deleuze y Guattari, ante la pregunta “¿Es el Edipo universal?”, contestan que el Edipo sería sólo un modo de funcionamiento, y que hay también otros modos de funcionamiento. El Edipo es una función estructural de un tipo de Estado y sociedad, pero hay otros modos de organizar las sociedades. Hubo sociedades sin Estado y tal vez las haya nuevamente en el futuro.

    Dado que, sin enterarnos, ya estamos en el siglo XXI, veremos que devenir nos espera.

    • Bueno, en un post anterior ya hablé sobre ese libro de Deleuze, no olvides que yo soy de la generación del 68, entonces era un “progre” fascinado por la filosofía francesa cuando aun no había leído lo suficiente. Se me cayó el mundo a los pies cuando me di cuenta que la “división” a la que te refieres, no la propicia el capitalismo sino el lenguaje. De tal manera de pensar era Freud cuando habló de la “Spaltung” la división original (que no hay que confundir con la disociación), sino algo que nos viene de serie y que Freud lo relacionó con el lenguaje. La tesis de que es el lenguaje el que divide al hombre es de Timothy Crow, que es el que mas sabe de esquizofrenia hoy en día y no fue hasta Saussure con su teoría de la disociación entre significante/significado que entendimos que el lenguaje es algo tanto positivo para nuestra consciencia pero que hay una cara oscura también en él, de la que hablaré en mi próximo post.
      Dicho de otra manera: si existe la esquizofrenia es porque existe una escisión que nos viene de serie. La esquizofrenia es el peaje que pagamos por la adquisición del lenguaje.
      https://pacotraver.wordpress.com/2018/03/22/elogio-de-edipo/
      https://pacotraver.wordpress.com/2009/12/05/%C2%BFexistio-siempre-la-esquizofrenia/
      Asi que no es que el capitalismo genere esquizofrenia, sino que el lenguaje en cualquier caso crea la cultura y las reglas de intercambio social, una de las cuales es el capitalismo.
      Dices que hubo sociedades sin estado y es cierto, no es que hubieron es que todavia hay algunas, pero no son buenos lugares para vivir, creo, de hecho los que alli viven vienen a Europa y no conozco ningun europeo que vaya a vivir alli, con o sin Edipo.

      • Parece que nos encontramos ante una dificultad lógica, pues si afirmamos que la esquizofrenia es una escisión que nos viene de serie, a modo de pecado original, no podemos afirmar posteriormente que es el peaje que pagamos por la adquisición del lenguaje, y quedarnos tan anchos, puesto que, si nos viene de serie, se supone que ya éramos esquizofrénicos antes de utilizar el lenguaje.
        Es posible que la esquizofrenia tenga su origen en la duda, como pensamiento, y la necesidad humana de encontrar explicaciones para todo. De este modo, de una manera u otra, debemos encontrar una explicación que nos sirva: “se non è vero è ben trovato”, aunque esta explicación pueda llegar a ser muy esquizofrénica en algunos casos.
        Ciertamente el capitalismo, como tal, no genera esquizofrenia, sin embargo bien podría decirse que los intereses de la deuda si son esquizofrénicos, (además de ser psicopáticos); pues el interés provoca necesariamente el imperialismo, al necesitar permanentemente de un crecimiento económico que es imposible, pues el crecimiento permanente es algo delirante en un sistema cerrado como es el planeta Tierra.
        Seguro que debe existir aún, en algún lugar recóndito, un autentico paraíso. En cualquier caso es sabido que algunas tribus de la amazonia prefieren no contactar con nuestra civilización pues su modo de vida ya les satisface. Hemos de reconocer que, mayoritariamente, vienen a Europa aquellos a quienes nuestras actividades imperialistas han imposibilitado su ancestral modo de vida.
        No todo es tan bonito, de acuerdo. Pero como siempre, el problema principal no es el que, el sistema, sino el cómo, la desmesurada escala global de nuestra economía extractiva que canibaliza ya a demasiados. Por eso estamos agraviados e inmunodeprimidos.
        De momento, en el siglo XXI reina la posverdad con la cara oscura del lenguaje, veremos si deviene deleuziano.

  5. Para mí, un devenir deleuziano, sería, utópicamente, algo en la línea del cambio del ‘tao’, pero algo totalmente inesperado y desconocido, una creación de la energía del no consciente, del ‘chi’ si se prefiere, que implicaría violentar el código de nuestras habituales representaciones, e incluso el código que los deleuzianos le atribuyen a Deleuze. Un cambio total de paradigmas que significaría un salto evolutivo, una vuelta al tornillo de los ciclos para un retorno a la edad de oro de la humanidad. No olvidemos que se trata de ceder el poder a la imaginación.

    Aquí se intenta explicar lo inexplicable.
    ¿Qué es un devenir para Gilles Deleuze?
    http://reflexionesmarginales.com/3.0/que-es-un-devenir-para-gilles-deleuze/

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