¿Habría que legalizar las drogas? (II)


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Imagine por un momento que siguiendo los consejos de Arthur Koestler un laboratorio decidiera sintetizar un fármaco “antiterritorial” o piense si alguien investigara un fármaco contra la envidia o simplemente para aumentar la sociabilidad o los rendimientos intelectuales. Tal fármaco no sería un fármaco pues solo se considera fármaco a aquellos que van destinados a curar o mitigar enfermedades, sólo es fármaco aquella droga indicada para tratar una enfermedad o como coadyudante de la misma. Dicho de otra manera, tal fármaco sería considerado una droga psiquedélica, una droga con efectos en el cerebro y pasaría a ser ilegal. No se vendería como tal fármaco pero el tráfico ilegal lo vendería como rosquillas.

Naturalmente hay excepciones como por ejemplo el modafinilo, un fármaco destinado a tratar la hipersomnia que es en realidad un psicoestimulante que no tiene -desde luego- el poder que antaño demostró la Centramina o la Dexedrina, fármacos que fueron retirados cuando los laboratorios optaron por la psicofarmacología cosmética (sacrificar los efectos psiquédelicos y mitigar los efectos secundarios), en lugar de la psicofarmacología resolutiva de antaño. La pregunta que me surge es esta ¿Por qué los laboratorios retiraron del mercado estas drogas que tenían tanto indicaciones médicas como recreativas?

Más abajo volveré sobre eso pero me gustaría recordar al Delysid de Sandoz que era nada más y nada menos que el LSD de Hoffman. Una droga que en mis tiempos de estudiante de Medicina andaban experimentando los psiquiatras más osados y que prometía mucho hasta que Sandoz la retiró del mercado legal (médico bajo prescripción). A partir de entonces “los viajes ” que el Dr Miguel Rojo llamaba “psicoanábasis” dejaron de ser experiencias psicoterapéuticas y pasaron a la calle a consumirse en entornos no-reglados. Hoy pensamos que el LSD podría ser un fármaco ideal para ese transito de la vida a la muerte, una muerte muy dulce, pero no quedan claras sus otras muchas indicaciones que han quedado sin aclarar por obra de la prohibición, entre otras su posible indicación en el TOC (trastorno obsesivo compulsivo) y sobre todo para las terapias grupales.

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Lo cierto es que esta es una de las contradicciones más importantes que nos encontramos a la hora de discriminar qué es un fármaco y qué es una droga: haber sido sustraído del arsenal médico y su paso al uso recreativo sin control. Y es una contradicción que le ha hecho mucho daño a la medicina y que ha desprestigiado también el uso de psicofármacos poco resolutivos. Hoy tenemos la certeza de que en muchas drogas ilegales existen las pistas necesarias para recorrer amplios territorios de investigación para dar con moléculas innovadoras para tratar enfermedades mentales o simples desajustes existenciales. En el MDMA es posible encontrar un aliado para tratar el TEPT (trastorno de estrés postraumático), la psilobicina es muy probable que sea un potente antidepresivo, la ketamina ya ha sido utilizada en programas de prevención del suicidio pues opera muy rápidamente, mucho más que cualquier antidepresivo y aunque su efecto no se mantiene en el tiempo, lo cierto es que puede utilizarse para tratar las depresiones agitadas sin necesidad de esperar de 7-10 días, los necesarios para obtener algún efecto en los antidepresivos convencionales. Las anfetaminas y sus derivados como el metilfenidato ya se usan en el tratamiento del TDH con buenos resultados. Por no hablar de la metadona que a pesar de las resistencias iniciales ha sido un hito para tratar a los heroinómanos de los años 70-80 y que inició un nuevo paradigma médico: la reducción de daños.

Reducción de daños significa que cuando hablamos de tratar a toxicómanos debemos abandonar el viejo cliché de “luchar contra la adicción”. La adicción no es lo peor que le puede pasar a un toxicómano y por otra parte el término “adicción” es muy flexible y aun no sabemos qué drogas crean adicción y cuales casi ninguna. Personalmente me parece más importante impedir que los toxicómanos mueran de una sobredosis o de una psicosis tóxica por neurotoxicidad, como estamos acostumbrados a ver en Urgencias en ocasiones dado que hoy circulan drogas sintéticas muy peligrosas.

Una primera cuestión a la que habría que contestar es esta. ¿Esas drogas sintéticas de segunda o tercera generación seguirían consumiéndose si estuvieran legalizadas las originales? No lo sabemos pero parece muy intuitivo suponer que si disponemos del original ¿para qué conformarse con un sucedáneo?

El caso del cannabis.-

De los derivados del cannabis ya conocemos sus efectos beneficiosos para múltiples patologías, siendo la más conocida su efecto antiemético y antiorexígeno en las personas sometidas a quimioterapia, son muchos los oncólogos que la recomiendan “soto voce”, el problema es que no existe un mercado “limpio” y hay que ir a buscarla al mercado negro. Aqui hay un post sobre los beneficios y maleficios del cannabis.

El cannabis es una droga muy interesante, no solamente por los potenciales beneficios que podemos extraer de ella en el sentido médico sino otros en forma puramente psiquedélica, es decir como un fármaco destinado a potenciar la creatividad, las asociaciones, el insight y la sensibilidad. Pero hay más razones que lo hacen interesante:

Una de ellas es que es una planta adaptada a nuestro clima mediterráneo y que es endémica en nuestras latitudes, lo que significa que sería una potencial fuente de negocio para una agricultura esquilmada. Por otro lado es la droga más consumida en nuestro entorno y en tercer lugar porque el cannabis marroquí está dando lugar a un floreciente narcotráfico en la bahía de Cadiz cada vez mas virulento y que amenaza, como siempre sucede con el narcotráfico con derrotar los controles del Estado cada vez mas acorralados por el “negocio” ilegal. Marruecos ya nos gana gracias a sus contratos ventajistas con la UE en relación con la producción de naranja española a la que perjudica gravemente y lo que estoy proponiendo es que no podemos dejar en manos de Marruecos el cannabis que se consume en España.

Personalmente creo que el cannabis seria una buena piedra de toque para llevar a cabo un plan de legalización de su producción, distribución, elaboración y no hablo del consumo porque ya está de hecho legalizado. ¿Pero no es una contradicción que vender semillas de cannabis sea legal pero no su germinación? ¿Cuantas personas hay en España cumpliendo condena por trapicheos con el cannabis que podrían beneficiarse de una revisión de su condena tras la legalización?

Regulemos pues al cannabis y evaluemos lo sucedido con el tiempo

Evidentemente el cannabis aunque está considerado como una droga blanda tiene sus riesgos sobre todo entre adolescentes. Por contra es muy seguro y puede provocar un consumo sensato entre adultos, creativos, innovadores y artistas en general. El abuso de cannabis parece que comparte genoma con la esquizofrenia: en este sentido no es que el cannabis provoque esquizofrenia sino que los esquizofrénicos serían consumidores obligados de la droga si anduviera legalizada. Casi la mitad de los esquizofrénicos consume cannabis, al menos los que yo he conocido profesionalmente, lo que obviamente oscurece su pronóstico. Significa que el dinero que gane el Estado con esta legalización debería ser destinado a la Salud mental de la población: no sabemos si la legalización aumentará el numero de consumidores pero sabemos que aumentará el numero de psicosis agudas y las evoluciones tórpidas de otros enfermos mentales. Que el dinero de la droga revierta en las secuelas previsibles de la misma con un presupuesto finalista.

Lo que nos lleva a una pregunta retórica ¿Debe el Estado ocuparse prohibiendo las drogas para proteger a los más vulnerables en contra de la evidencia de que el consumo de drogas ilegales empobrece el pronóstico de esa misma población vulnerable y no acaba de ninguna forma con el negocio del narcotráfico?

Supongo que habrán muchas opiniones y bien diversas sobre este tema pero yo me atrevería a listar algunas cuestiones para una buena “legalización”, condiciones para suponer que hemos dado en la diana:

  1.  La legalización de las drogas debería aminorar el chantaje de los grupos de narcotraficantes al Estado y disminuir su negocio.
  2. Debería liquidar el menudeo de drogas sintéticas en las calles y disminuir la delincuencia.
  3. Debería establecerse un protocolo para uso médico de las drogas , especialmente de aquellas que han demostrado su eficacia en algunas enfermedades o sufrimientos mentales o físicos. Del mismo modo debería existir un acceso fácil para la investigación médica o psiquiátrica. Bastaría con cambiar algunos artículos de la ley del medicamento.
  4. Evidentemente debería haber restricciones como sucede con el alcohol y este es el aspecto más complicado de la regulación, dado que son precisamente los adolescentes el grupo de riesgo más numeroso de los consumidores, al menos de cannabis. Apartar a este grupo de los preparados sintéticos más peligrosos debería ser la primera opción.
  5. El precio, la dosis y la composición deberían ser objeto de un estudio muy serio, similar al que regula los fármacos legales e impedir la emergencia de un mercado low cost.

En conclusión:

La legalización de las drogas contiene luces y sombras, y sobre sus resultados todo son especulaciones por su incertidumbre (estamos tratando un problema complejo y no solamente complicado). En cualquier caso en su debate no caben los argumentos morales ni tampoco el oscuro activismo de ciertos grupos antiprohibicionistas cuyos argumentos no tienen en cuenta la mitad al menos de sus contraindicaciones formales.

En mi opinión hay que tratar a los grupos de forma bien distinta a las personas individuales. Estamos hablando de un problema de salud publica y no solamente de un problema de “libertades individuales”. Evidentemente cada persona puede drogarse como quiera o como pueda, otra cosa es que tengan derecho. El derecho a drogarse no existe. El derecho nos afecta a todos -al colectivo- y entra en contradicción con la protección que llevamos a cabo con los niños y los enfermos.

Y también soy de la opinión de que la legalización universal es una utopía y que la palabra regulación contiene otros ingredientes como el negocio de ciertos agentes sociales que pudieran interferir en un uso sensato de las drogas. Es por eso que me parece que un paso decisivo sería el levantamiento definitivo de censura social para el uso medico de las drogas incluyendo a las potencialmente adictógenas teniendo en cuenta además que las democracias formales son un mal lugar para este tipo de experimentos sociales como sucede con la fertilización artificial, un lugar donde es posible esperar cualquier aberración biomédica si podemos pagarla, claro.

Bibliografía.-

Escrito con drogas (Sadie Plant)

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