El concepto de “trauma extendido”


Definir qué cosa es un trauma psíquico es bastante complicado y lo es porqué aunque podamos definir mejor a un sujeto traumatizado, definir “trauma” objetivamente es imposible salvo en los casos extremos: ese tipo de eventos que nos afectarían a cualquiera de nosotros, si bien con distinta intensidad. Es por eso que el concepto de TEPT (trastorno por estrés postraumático) es un diagnóstico y los conceptos de trauma o estrés no son diagnósticos. Para que se pueda diagnosticar un TEPT hace falta un criterio A, u evento objetivo, identificable y suficientemente intenso que se encuentre relacionado con la aparición del cuadro clínico.

Si el concepto de “trauma” es tan poco objetivo es porque los acontecimientos presumiblemente traumatizantes que aparecen en nuestra vida han de encontrarse con nuestra vulnerabilidad y parece una perogrullada decir que no todas las personas somos igualmente vulnerables a las adversidades de la vida.

El problema es que no sabemos quienes son esas personas vulnerables ni como reaccionarán salvo a posteriori. Es por eso que nuestra psicología es siempre postdictiva pero no predice quién o qué.

Lo que es seguro que vamos  a encontrarnos con ellas en uno u otro momento de nuestra vida: enfermedades, caídas y fracturas, intervenciones quirúrgicas, abandonos, traslados de domicilio o escuela, traiciones de nuestros amigos, exclusiones el grupo, acoso escolar, infidelidades, novias o novios que nos abandonan sin mediar palabra, muertes inesperadas de amigos, hijos, hermanos o padres y que van acompañadas de un empobrecimiento económico o del ambiente, divorcios de los padres, ambientes familiares violentos o insufribles, padres alcohólicos e imprevisibles, roles poco adecuados a edades inapropiadas, madres deprimidas, padres ausentes o enfermos o simplemente invalidantes o intrusivos. La lista de adversidades es tan grande que podríamos concluir que la vida es un desfile de penalidades sin incluir en ellas todo aquello que hacemos para hacer soportable el dolor y que suele ser cuando no infructuoso si poco saludable.

Es por esta razón que Freud y Janet no estuvieron de acuerdo en la definición de “trauma”. Janet sostenía que el trauma (usualmente sexual) era el responsable de la disociación de la personalidad, pero Freud (probablemente más acertado en esto) supuso que el trauma en sí mismo era poco importante. Lo importante era la maniobra que el paciente llevaba a cabo para “reprimir” (suprimir) un acontecimiento dado o parte de él sustrayéndolo así del flujo de la conciencia. Era precisamente ese algo rechazado el origen de los síntomas que presentaban los pacientes. Se trataba de descubrirlo.

Recientemente hemos tenido ocasión de ver algunos casos graves en adolescentes y de reflexionar en voz alta sobre estos problemas del origen de lo traumático. Jaspers decía que hay síntomas comprensibles y que aquellos que son incomprensibles es donde tenemos que esforzarnos para tratar de explicarlos. Todo el mundo puede comprender que una persona se deprima si se le muere un hijo, también podemos comprender que después de un acontecimiento traumático extraordinario (como por ejemplo una violación) una mujer desarrolle un TEPT, pero la cosa empieza a ponerse fea cuando ciertos acontecimientos banales de la vida desorganizan de tan manera a una persona que estamos tentados de pasarlos por alto.

Una muchacha deja de comer y presenta un cuadro anoréxico después de que en el colegio la llamaran “gorda”, otra es acusada de un idilio con un chico en un grupo de guasap por sus amigas y es este episodio el que desencadena una cuadro limite con autolesiones particularmente graves. Otra muchacha adolescente se suicida después de haber sufrido bullyling en el colegio y haber sido expulsada de su grupo de iguales por no depilarse las piernas. Otra persona ya no tan joven presenta un cuadro depresivo particularmente intenso después de que se muriera su mascota. Una muchacha comienza a fracasar en el colegio y a iniciar una vida completamente opuesta a la anterior y a aficionarse a drogas, alcohol y una conducta promiscua peligrosa después del divorcio de sus padres.

Dicho de otra manera: o bien la muchachada actual es particularmente vulnerable a los acontecimientos usuales de la vida (no solemos llamarles traumas) o todo es trauma en cuyo caso estamos muy cerca de creer que nada es trauma. Esta es la posición de la psiquiatría actual: seguimos sin tener en cuenta la subjetividad y no caemos en la evidencia de que 1) los sujetos pueden sufrir por causa muy variadas, incluso banales, 2) que los itinerarios que seguirá el sufrimiento no son lineales (un acontecimiento puede llevar al colapso pero también al cambio o mudanza de estado en el sentido de la maduración y 3) que no todo trauma procede de algo que se experimentó sino quizá de algo que se creyó de forma acrítica. Un ejemplo de estas creencias compartidas por la población general podría ser esta: “El sexo es libre y gratuito”. Dicho de otra manera la ausencia de controles sociales sobre la conducta sexual puede llevar a pensar que la actividad sexual es algo banal y que no consume peajes añadidos. Esta idea postmoderna es muy valiosa para los chicos pero no tanto para las chicas.

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Robert Sapolsky es un investigador de neurociencias del que he hablado algunas veces en mi blog y del que no voy a nombrar nada más que para señalar que es uno de los científicos que más saben de estrés del mundo y que tiene un libro muy divertido llamado “Por qué las cebras no tienen ulcera” con la vida tan estresada que llevan, siempre huyendo de aquí para allá y escapando de continuos ataques de depredadores, apenas sin dormir y dándose largas caminatas para encontrar pastos y agua.

Se pregunta Sapolsky cómo es posible que estos herbíboros no tengan ulcera (utiliza la ulcera como ejemplo de una enfermedad relacionada con el estrés persistente) y llega a la conclusión de que las cebras tienen un intestino muy potente, largo y resistente, diseñado para digerir vegetales muy duros con mucha celulosa y muy adaptado al tipo de alimentación de su hábitat con recursos dispersos y estacionales. A cambio de eso las cebras no son capaces de inventar nada nuevo, son por así decir tontas, tan tontas que prefieren seguir al rebaño aunque vaya en una dirección que las conduce a la muerte.

Nosotros los humanos sin embargo tenemos un intestino muy corto y vulnerable. no podemos digerir la celulosa y necesitamos cocinar nuestros platos para poderlos asimilar. Sapolsky propone que todos los recursos que le hemos robado a nuestros intestinos los dedicamos a alimentar nuestro cerebro. Somos, por así decir muy vulnerables gastro-intestinalmente pero muy potentes mentalmente. Potentes cognitivamente hablando, en tanto que somos capaces de abstraer, inferir, adivinar, simbolizar, anticipar, planear, inventar, imaginar, deducir, etc. Pero no tan potentes para manejar nuestras emociones que siguen siendo las emociones que evolucionaron con nuestra especie en el Paleolítico. Nuestras emociones son de cazadores- recolectores, mientras que nuestra cognición es prácticamente post-tecnológica, transhumana. Prácticamente infinita a hora de imaginar mundos que no son exactamente un mapa de la realidad sino un territorio calcado de nuestros deseos. La realidad y el deseo aparecen en nuestra especie escindidas de serie.

Es por esta razón que el deseo ha de educarse y domesticarse. La confusión entre nuestros deseos y la realidad que nos ha tocado vivir es siempre un foco de conflicto. Un conflicto además mudo que discurre siempre en el interior del sujeto y que tiende a configurar estados mentales anómalos que solo se manifestarán de forma clínica cuando aparecen en esas conductas tan difíciles de interpretar como esos suicidios impetuosos, esos regímenes estrictos o esas automutilaciones inexplicables.

Una de las cosas que nos diferencian de las cebras es nuestra capacidad de anticipación de peligros. Las cebras viven en un presente continuo y carecen de amenazas simbólicas más allá del hambre o los depredadores. En nuestra especie estos peligros ancestrales han sido sustituidos en parte por una enorme capacidad simbólica para prevenir y evitar amenazas y la construcción de símbolos es infinita en ausencia de buenas experiencias de aprendizajes. Gran parte de eso que algunos llaman resiliencia son constructos de estados mentales anteriores e inconscientes que se computaron sin novedad. No hay personas más resilientes que otras sino personas más vulnerables. Es por eso que el estrés se puede combatir con dosis homeopáticas de estrés. Muchas veces el haber pasado por una experiencia amarga nos fortalece para una similar en el futuro. Dicen que “lo que no mata engorda”.

Recientemente he conocido un caso con un final trágico que acabó con la vida de una adolescente que a raíz de un conflicto banal con las compañeras del colegio y que desarrolló un cuadro clínico complejo, abigarrado, intenso y muy severo al que no encontrábamos justificación, ni siquiera pudimos encontrar esos antecedentes tan frecuentes como divorcios familiares, familias desestructuradas, uso de drogas que siempre favorecen nuestra comprensión del caso. Aquí no había nada reseñable que nos pudiera informar sobre la brutal ruptura biográfica que sufrió esta muchacha que no encontró otra salida a su drama interior más que saltando por el balcón de su casa. Los compañeros que la atendían y yo mismo hemos discutido mucho sobre este caso, del que esperábamos un desenlace así pero al que no encontramos una explicación.

La ausencia de esta explicación es porque pensamos como médicos y psiquiatras: buscamos una causa lo suficientemente intensa que explique el cuadro y si no la encontramos nos sumergimos en patologías que aun hoy no tienen explicación como la esquizofrenia. No era una esquizofrenia, sino solamente una adolescente impetuosa que se sentía siempre víctima en cualquier tipo de conflicto y a la que le costaba entender la palabra responsabilidad, carecía de recursos para disfrutar del goce de la lentitud y de la lujuria de la austeridad y que siempre elegía mal a sus amigos y no concebía ningún tipo de proyecto futuro ni someter el deseo a una dosis dulce de voluntad. Se instaló de forma abrupta en las fronteras de todas las patologías sin padecer ni responder exactamente a ninguna.

Es decir un estereotipo de las muchachas y muchachos actuales que presentan disturbios emocionales.

¿Cual es entonces el problema?

En mi opinión estamos buscando allí donde no hay nada que encontrar, no es la familia, ni el desapego de la crianza (que desde luego también son posibles), es otra cosa, que no puede ser sino social: una impregnación cultural que afecta a nuestro imaginario y lo somete por tanto a decepciones y frustraciones en un momento en el que el individuo no puede gestionarlas.

No sabemos qué es un trauma pero sabemos identificar a un sujeto traumatizado.

En definitiva es poco probable que lleguemos a saber nada sobre “lo traumático” y de momento aun no sabemos lo suficiente de genética para prevenir y discriminar a los sujetos en riesgo pero si sabemos aquellos factores que nos protegen del estrés y que son mayormente psicosociales. En el próximo post intentaré listar algunos factores conocidos que protegen del estrés. Y de momento adelantaré la triada protectiva: Confianza, lealtad y cuidado, así como aquello que nos hace vulnerables.

hablaré de alostasis y de carga alostática.

 

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9 pensamientos en “El concepto de “trauma extendido”

  1. Parte del problema en mi opinión es de narrativas, de lo que creemos que debe ser la vida. El sufrimiento debería ser inculcado como lo que es, algo inevitable que no es puede obviar y con el que no se negocia. La única buena suerte que ofrece la vida para nuestra maduración es el sufrimiento y no debería ser evitado, todo lo contrario hay que arriesgar, si se quiere una vida vital. No es acaso?, la maduración de hoy la supervivencia en el mañana ?. Sin embargo si el sufrimiento psicologico_emocional es visto como un castigo de Dios, embate del destino o del pobrecita de mi; si me lo tomo como algo personal y no como algo inherente a la vida; entonces tengo un problema añadido de sentido y me hace mas débil. Y esto es curioso profesor, por que depende de una nueva narrativa, por tanto de concretar madurando de nuevo cual es el verdadero sentido y las consecuencias de vivir. El primer mandamiento es que lo único importante es saber afrontar todo lo que nos llega, el resto es filosofía.

    Madurar parece ser que sirve a un bien mayor. Madurar es la palabra clave y el sufrimiento nos permite cuestionarnos y mirar en nuestro mundo interior. Todo en la naturaleza esta pensado para madurar. Cuando todo es amable solemos caer en muchos vicios mundanos, nos debilita. En general no deberíamos estar nunca sin desafíos, pero las narrativas no nos ayudan, excepto para tranquilizarnos los suficiente como para ir tirando como Zombies en la zona de confort. Evitando riesgos, evitamos vivir. Evitamos la intensidad de la vida, nos transformamos en seres desenergizados viviendo vidas ideológicas. El problema del sufrimiento como hipótesis es que es la única vía que nos han dado para nuestra maduración. Por supuesto para llevarlo a nuestro sentir y a la transformación del malestar. Al fin y al cabo todo sufrimiento es un sentir y esta ubicado en diferentes partes del cuerpo. Es una energía que necesita una alquimia, no un nuevo discurso. Gracias por la entrada profesor.

  2. Una reflexión acertada a mi juicio sobre el peso de la sociedad en el individuo, sin explicaciones psicologistas que centran solo en el individuo el origen y responsabilidad de sus actos. Los humanos somos seres sociales… ¡Enhorabuena!

  3. Aunque un chorro pueda no tener consecuencias, siempre hay una gota traumática que colma el vaso. Para Epicuro una vida llena de placer, satisfacción y felicidad necesita de cuatro elementos:
    1 Estar en contacto frecuente con nuestros amigos,
    2 Llevar una vida sencilla y moderada,
    3 Realizar un trabajo significativo
    4 Cultivar la tranquilidad de mente y espíritu
    Pero si observamos las perversas premisas que exuda nuestra sociedad, nos encontramos con una “educación” que nos induce a competir por convertir el deseo en felicidad suprema, de tal manera que debemos:
    1 Tele-contactar frecuentemente con nuestros amigos, pero pasar poco rato con ellos (el contacto virtual no proporciona la misma empatía que el real).
    2 Llevar una vida complicada y, si podemos, mejor con excesos.
    3 Mayoritariamente, realizar un trabajo o estudio por fastidiosa obligación
    4 No tener tiempo para tranquilizarnos debido a la competición por ser feliz

    Para colmo, como bien dice Sapolsky, somos muy vulnerables gastro-intestinalmente, pues cada vez es más patente la interrelación existente entre nuestra microbiota intestinal y nuestros estados mentales, fenómeno que afecta a nuestras capacidades alostáticas y por ende a nuestra supuesta mayor potencia mental.

    Podríamos inferir pues, que la impregnación cultural de nuestra sociedad es un proceso de inmersión que nos supone un trauma extendido, tanto indirectamente, a nivel fisiológico, por las consecuencias nefastas de la alimentación procesada y modo de vida sobre nuestra microbiota, como directamente, por la programación mental que sufrimos diariamente. Por ley natural, solo los individuos más resistentes y resilientes frente a las traumáticas adversidades del medio ambiente de nuestra sociedad, son capaces de sobrevivir, medianamente bien, frente a la potente ingeniería de despoblación mundial a la que nos enfrentamos.

      • La resiliencia frente a toda adversidad es una praxis que transforma la energía emocional. La adversidad de cualquier color se siente a través de nuestra corporalidad. Es por tanto se sea consciente o no una alquimia de la emoción, y el azufre rojo es nuestra presencia. Aquí el amigo Biólogo nos habla de no luchar contra nada si no amar. Es decir no luchar contra esas emociones, y un abrazo simbólico desde nuestra presencia para permitirles ser. El amor no juzga. Aquí hay ganancia energética. Reprimirlas, dormirlas, proyectarlas, reaccionar, justificarlas, evitarlas. Ahora hay perdida de energía. Mas, añadiría que un individuo resilente energético podría comer todo los días de su vida comida basura, y seria invulnerable. Ahora bien sin resiliencia energética, se es una desernergizada por perdidas incontrolables, y cualquier cosa afecta. Si todo esto es filosofía perenne extendida, en tanto todo se reduce a que somos luz, energía. !Me apunto Epi. Gracias a ti.

  4. Gracias por compartir esta información. Sufrí un parto traumático y me vine a dar cuenta mucho después que había tenido consecuencias en mí, y fue justamente a través de mis sueños que pude entender y comenzar a sanar.

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