I, me, myself


tipos-de-memoria-neuropsicologia-1-638

Los que leyeron el post anterior ya conocen algunas de las ideas de Rusell Meares acerca de la forma en que nuestras memorias se relacionan unas con otras y que de alguna forma se relacionan con la identidad. En realidad hablar de identidad personal es hablar de la memoria y no sólo de la memoria autobiográfica, pues nuestra identidad no es solo un relato de aquello que hemos hecho en la vida, nuestra identidad no es sólo un curriculum de logros o fracasos. La identidad es algo más.

Para entender mejor este asunto de la identidad propone una división tripartita de la memoria-identidad a través de los pronombres I (yo) me (soy) y myself (Yo mismo).

La idea de una doble conciencia pertenece a William James, se puede explicar del siguiente modo:

William James propuso que el desarrollo del flujo de conciencia (o conciencia continua) está asociado con una “doble consciencia”. Observó que cuando recordamos algo, no solo traemos episodios de nuestra vida sino que es un episodio de nuestro propio pasado el que estamos recordando, algo que también sucede en los sueños que aunque no reproduzcan fielmente lo que sucedió nos interpelan.

Mientras recordamos, nos damos cuenta de nuestra existencia personal – no somos solo lo “conocido” sino también el que conoce. Esto es lo que W. James quiere decir cuando habla de doble consciencia, un conocedor (un observador escondido) que se puede referir como “yo” (I) y lo conocido que puede referirse como “soy” (me, en inglés). Es desde la posición de “yo” (I) que nuestra atención es dirigida, desde nuestras diversas experiencias de vida se unifican para formar un sentimiento de existencia personal, y desde donde la identidad personal se construye.

Leyendo a James, Meares concluye que: existen 3 partes interrelacionadas. Basa su conclusión en la observación de que es posible para uno tener experiencia en la que existe un sentido de “soy” (me, en inglés) en el que uno mantiene certeza de nuestra identidad (“mira, se que soy yo…) (look, I know it is me …) pero al mismo tiempo vacío del sentido familiar de “mi mismo” (myself), (…pero, a la vez no soy yo mismo (…but, I am not just myself). Esto es, hay experiencias en las cuales puede estar presente la memoria autobiográfica, dándole a la persona un sentido de soy yo (me-ness), pero en las que el lenguaje de la vida interna que es de forma narrativa y que le da una extensión a la realidad personal y un sentido de bien estar está ausente.

Por ejemplo podemos reconocernos a nosotros mismos en un hecho pero también podemos desconocernos con un sentido de extrañeza. “No era yo el que hablaba” “No se como pude decir eso”, “No se como pude hacer tal cosa” etc. Por el contrario, en otro tipo de experiencias, nuestra identidad narrativa construye relatos que comienzan como “Yo soy”. Yo soy médico y recuerdo de manera secuencial algunas de las intervenciones que he llevado a cabo en mi vida como tal. Hay una narrativa de continuidad en esa manera en que el I (yo) y el me (soy) construyen relatos.

De manera que existen al menos dos formas en las que el I (yo) se relaciona con el resto de instancias, el me y el myself. Se trata de dos experiencias del sujeto relativamente distintas, una que provee la experiencia de un “yo” en relación a “soy” (“I” in relation to “me”) y otra que provee un “yo” en relación a “mi mismo/a” (I in relation to myself). De acuerdo a esto, el yo en relación con soy es relativamente invariable, mientras que el yo en relación a mí misma/o es variable y está en constante cambio.

Por ejemplo mi Yo (I) se relaciona con muchos roles de mi myself y no solo con mi actividad de médico sino con otras identidades accesorias o situacionales.  La característica que tienen estas actividades accesorias es que no son siempre autobiográficas. Sin embargo la relación de Yo (I) con “soy” (me,) se funda en un saber de hechos (factual) que se guarda en la memoria autobiográfica, mientras que la versión de “si mismo/a” (myself) es relativamente plástica, consistentemente se visualiza y re-visualiza en respuesta a nuestro encuentro con la vida, continuamente se construye y se reconstruye.

Efectos del trauma en la memoria-identidad.-

La memoria traumática está invariablemente disparada por un estrés general, por circunstancias específicas de coerción y/o por claves o señales específicas. Estas señales semejan o espejean algún aspecto del trauma original y pueden ser internas, como una experiencia especial emocional o sensorial, o externas, como en circunstancias específicas o eventos relacionados. Las señales externas se pueden asociar con circunstancias en las cuales hay una percepción de ausencia de validación social, o con experiencias de disminución, quizá asociados con la crítica o el ridículo.

Aunque lo traumático siempre se ha relacionado con lo disociativo, lo cierto es que tiene efectos bien distintos en otros subsistemas.

DISOCIACIÓN

Los recuerdos disociados son memorias traumáticas que no se viven como memorias de experiencias pasadas, pero están localizadas y re-vividas en el presente (reexperimentación). Las memorias traumáticas invaden el sistema de memoria que está asociado con el flujo de la conciencia y sobre la cual está fundado el sentido de mi mismo/a (myself). Cuando estas intrusiones son severas, pueden borrar totalmente el sentido familiar de realidad personal, y contribuyen a una sensación de desconexión, desolación, de agotamiento y vacío, y a un sentido de vulnerabilidad. Estas memorias traumáticas disociadas están separadas de la consciencia ordinaria y  la persona no se da cuenta de su origen.

DISOLUCION JERARQUICA

Los sistemas de memoria se distribuyen jerárquicamente según su orden  de aparición ontológico. Parece ser que aquellos sistemas de memoria que evolucionan más tarde y que se desarrollan más lentamente son más frágiles y más vulnerables al ataque asociado con la experiencia traumática.

De acuerdo con esta idea, los sistemas de memoria caen de manera jerárquica – en cuanto más tarde se forme y más sofisticado sea el sistema de memoria, cae primero. Además un trauma moderado puede tener el efecto de inactivar el flujo de la consciencia y contribuir a la pérdida del sentido de “mi mismo/a” (myself).

Con la disolución del flujo de la consciencia, la persona sentirá una pérdida de sustancia, un vacío, un sentido de ligereza personal (o de no tener los pies en la tierra) y desolación. Un trauma moderado y recurrente puede tener el efecto de borrar no solo el flujo de la consciencia sino también los sistemas de memoria autobiográfica y episódica. Con la pérdida de la memoria autobiográfica las personas tendrán dificultad en unir un considerable trayecto de su vida a través del tiempo y el sentido de “este soy yo” (this is me), por ejemplo al contemplar una fotografía antigua se volverá evasivo.

Cuando la memoria a corto plazo se afecta, se vuelve muy difícil lidiar con más de una tarea a la vez, y las personas reportarán que se sienten crónicamente estresadas o fatigadas por las tareas simples de la vida diaria. Esta teoría de la disolución jerárquica también propone que a mayor recurrencia del trauma es más posible que se almacene en los sistemas de memoria no-conscientes, por ejemplo, una experiencia de trauma más severo y recurrente se puede almacenar en la memoria semántica, o en la memoria de procedimental o en el sistema de representación perceptual. De acuerdo a esta teoría, un trauma más severo puede contribuir a que caiga el sistema de memoria semántica y que solo funcione la memoria  procedimental y el sistema de representación perceptual.

Me estoy acordando ahora de un accidente que tuve yendo en bicicleta cuando tendría unos 10 u 11 años. En aquella época era muy frecuente que los niños tuviéramos caídas  y nos hiciéramos heridas, nuestras rodillas estaban casi siempre ensangrentadas. El caso es que recuerdo un día en que la herida fue un poco más severa y no quise ir a casa a curarme de modo que acudí a casa de una vecina. Aun recuerdo que no tenia alcohol, ni agua oxigenada que es como nos limpiábamos las heridas entonces y me curaron con aguarrás. Lo recuerdo perfectamente es decir pertenece a mi memoria autobiográfica, nótese como esta memoria es explícita es decir consciente y sirve para separar dos clases de fenómenos bien distintos, (la herida era mía y no pertenecía a otro) y la caída fue real y no una invención retrospectiva de mi conciencia. La memoria autobiográfica nos provee pues de un sentido de agenticidad (fui yo el que cayó de la bicicleta) y de realidad al ser consciente (mi caída fue verdadera), pero sucedió en el pasado y no ahora, no la estoy reexperimentando porque no se guardó en la memoria continua. Obsérvese la secuencialidad con que la narrativa provee a nuestra memoria, como el tiempo aparece incrustado en el relato.

Sin embargo hay otro tipo de memoria que podemos rastrear en el episodio y afecta a la memoria procedimental: hace mucho tiempo que no me subo a una bicicleta, pero si lo hiciera volvería a andar con ella a los pocos minutos, no seria necesario reaprender su mecanismo, puesto que los algoritmos motores necesarios para mantenerse en equilibrio en la bicicleta están guardador en forma invariable en algún lugar de mi memoria procedimental. Lo curioso es que estos algoritmos con inconscientes, es decir no están disponibles en mi conciencia ni ahora que lo estoy rememorando ni siquiera si me subiera a una bicicleta: simplemente suceden.

SEPARAR/DESPEGAR (UNCOUPLING)

Cuando las memorias traumáticas invaden a la consciencia de cada día, casi siempre el resultado es una separación o despegue de la consciencia (uncoupling of consciousness) – se disuelve la doble consciencia, se trata de un fenómeno emparentado con la psicastenia de Janet si no son la misma cosa.

Uno ya no tiene más el punto de referencia en el cual detenerse en el presente que haga posible un “darse cuenta” de que lo que está experimentando es de otro tiempo en su propia vida. Este despego o separación de la consciencia contribuye a desmantelar el sentido familiar del me (soy) que tiene continuidad a través del tiempo o de la experiencia de un “yo” en relación con “mi mismo/a”, y a veces la experiencia de “yo” en relación a “soy” se reduce significativamente y a veces se pierde. La capacidad de evaluar y monitorear la propia experiencia y las acciones se reducen de manera muy significativa, y puede borrarse por completo cuando estas memorias intrusivas son de un trauma severo y recurrente.

SENTIDO-SIGNIFICADO

Aun en medio de la experiencia traumática, las persona se esfuerzan por darle un sentido a lo que les pasa. Para muchos, si bien no para todos, la experiencia del hecho traumático es irreconciliable con los temas familiares y con cualquier reconocimiento de la propia identidad.

Estos temas y reconocimientos de identidad están asociados con la memoria autobiográfica y con el lenguaje de la vida interna que organiza la experiencia y que tiene una estructura de carácter narrativa. La naturaleza irreconciliable de la experiencia traumática nos lleva a territorios de significado que se separan de estos temas familiares y narrativos del sujeto. En consecuencia, los significados que fabrican en estos territorios son frecuentemente profundamente negativos emocionalmente hablando (autoinculpación, culpa. vergüenza) y no se someten a revisión de la misma forma en que otros sucesos asociados con una narrativa del self se abren a revisión. Otras experiencias de la propia vida que contradigan estos significados tienen poco efecto sobre ellos. Estas otras experiencias no contribuyen a la revisión de estos significados. Estos significados que se fabrican en el contexto del trauma se vuelven virtualmente hechos, es decir se guardan en la memoria semántica recuerdos que son interpretaciones derivadas del desvalimiento o la indefensión y no propiamente hechos.

Por ejemplo una persona que haya sido sometida crónicamente a mensajes de desvalorización por parte de un cuidador significativo, guardará copia de su “incapacidad” en la memoria semántica como si fuera un hecho y se mostrará totalmente indiferente al origen de esa relación causal pero aunque estableciera contacto con ese vinculo, el “eres un ínútil” seguiría guardado como un hecho inapelable.

DEVALUACION

De lo anterior se deduce que la experiencia del trauma recurrente puede contribuir al establecimiento de conclusiones altamente negativas acerca de la propia identidad y de la propia vida que alcanzan el estatus de hechos invariantes como si fuera un algoritmo motor que guardamos por si necesitamos volver a subirnos en una bicicleta.

El trauma también contribuye a la disminución de a lo que a la persona le da valor, lo que conserva como precioso, lo que es esencial para el sentido propio de la identidad personal, esto es, a la devaluación de las imágenes, memorias, conclusiones y sentimientos acerca de la vida y de la identidad que provee a las personas de un sentido de intimidad personal y de cual le da sentido a la calidez personal y los sentimientos positivos. Es la devaluación de lo que se ha dado y conservado como valioso y precioso lo que lleva de manera muy significativa al desarrollo de estar “dañada/o” “hecha/o un desastre” y “discapacitada”.

LA VIVENCIA ANOMALA DEL TIEMPO

Cuando el flujo de la consciencia es golpeado por las memorias traumáticas, la vida se experimenta como una sucesión de eventos, una cosa tras otra, e invariablemente es narrada a otros como saturada de problemas y como un catálogo fragmentado de eventos.

Esta es la narración de una vida a la que le falta animación y vitalidad, está plana, muerta. El lenguaje que se emplea en esta narración es lineal y de hechos y no contiene evidencia de ningún contenido de una realidad personal interna, está vacía de metáfora, asociación y temas co-ordenados que proveen un sentido de existencia que está progresando y se está desarrollando, está vacía de un sentido de unidad y continuidad del sí mismo. Con esta quiebra del sentido de continuidad de existencia y de cohesión personal, la persona se vuelve prisionera del momento presente, atrapada por cualquier estímulo particular. Fuera quedó también la opción de jugar un papel co-ordenado y de sintetizar el rol en la propia vida, de la propia regulación y del sentido de agencia personal asociada con ésta. Según Russell Meares el sentimiento de que la primera tarea terapéutica es volver a desarrollar y revigorizar el sistema de memoria llamado “flujo de la consciencia” en la instalación/reinstalación del “sentido de mí mismo/a” (“sense of myself”). Comparto también la ruta para alcanzarlo: a través de la identificación de qué es lo que la persona considera valioso y establecer respuestas que van de acuerdo (o resuenan) con esto y que podemos hacerlo a través de la propuesta terapéutica llamada “terapia de conversación”.

En conclusión, aun distamos mucho de conocer bien como funciona la disociación a pesar de ser el único mecanismo identificado hasta la fecha como resultado de un trauma relevante, tampoco sabemos si la disociación puede darse sin la necesidad de haber sufrido un traumatismo psíquico lo suficientemente intenso o mantenido en el tiempo o si se trata de un aprendizaje más. Pero alcanzamos a ver que no solo la disociación causa daños en nuestra memoria-identidad sino que existen otro tipo de estragos que van relacionados con el borramiento o el mal uso de las memorias disponibles y que a largo plazo afectan a nuestra autoestima y a nuestro relato interior.

Este post es una traducción libre (y con añadidos personales) del articulo original de:

SISTEMAS DE MEMORIA Y LAS CONSECUENCIAS DEL TRAUMA
POR MICHAEL WHITE BASADO EN CONCEPTOS DE RUSSEL MEARES

Traducido de ‘Working with people who are suffering the consequences of multiple trauma: A narrative perspective’ by Michael White. En Trauma: Narrative responses to traumatic experience (part three, pp. 67–80). Edited by David Denborough. Adelaide, Australia: Dulwich Centre Publications, 2006.

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8 pensamientos en “I, me, myself

  1. Yo aprovechando estas entradas tan interesantes que me dejan sin palabras, las aprovecho para ordenar ideas, y si venzo cierto miedo y reparo, compartirlas. Siempre con cierta distancia. Gracias Profesor.

    Ser, «I»; lleva implícito el conocer. Es lo que soy. «Me» o certeza de Ser. Una certeza de mi total impersonalidad. La forma narrativa mas que dotar de extensión a una realidad, si algo extiende es un velo a nuestra identidad. Toda historia se compone mediante un personaje estructurado según influencias culturales, valoraciones de la época y etiquetas. La mente conceptual siempre es una reducción de la realidad, nunca una extensión. Si mi subjetividad es «Ser», mi objetivación conceptual me cosifica como un objeto «Yo». El «Yo» es una idea psicológica que cobra vida solo en la narración asociada a miles de imágenes, con la posibilidad de proyectarse en un futuro o pasado inexistente y sufrir por ello. Sufrir por la culpa y el orgullo según los modelos de la sociedad que nos dice como me he de sentir. Su modelo de fracaso es mi depresión. Su modelo de éxito mi felicidad.

    El pensamiento «Yo» no piensa. !Evidente no?. Yo si algo soy es «IandMe», no lo que hago, eso me reduce a mis capacidades. A un objeto útil o inútil en una escala de valores totalmente artificial rezumando responsabilidad moral.

    Aquí se abren dos vías terapéuticas a mis pocas luces. Cambiar la narración que vire positivamente con valores y creencias que den sentido y significado al «Yo» autobiográfico, o pasar de el y de todo nuevo discurso filosófico y afrontar todo trauma o malestar psicológico desde el «IandMe» face to face con las emociones que se despiertan. Se las hace circular.

    Lo real es intensidad. La vida esta viva cuando es intensa. Solo los zombies piensan la vida, su dinamismo es solo excitación psicológica que vira hasta su depresión, dependiendo de la narración que por norma general es discontinua y va dando saltitos como Don Vito; espaticos y con cierta falta de memoria cuando no se adapta a mi autoimagen ideal.

      • El observador. Mi naturaleza original antes y después de que cualquier narrativa se solape. En la entrada se refiere como “yo” (I) y lo conocido que puede referirse como “soy” (me, en inglés). Sin embargo no necesito palabras para saberme existente, va implícito. No es que este vacío de sentido familiar, es que nuestra familia es impersonal cuando no llevamos una mascara de identidad variable, que por tanto no puede ser lo que yo soy; si no lo que me sucede. Si acaso nuestra familiaridad es biológica y se representa en las relaciones cuando la química no es obstaculizada por la narración psicológica. Una historia que me interpela a pensar y hacer según mi cultura, influencias, lo que he leído, lo que he visto, mis creencias. Trascender la narrativa parece una posibilidad abierta terapéutica, mas allá solo nos queda el sentir. El observador naturaleza original y lo conocido. Lo conocido siempre es perceptual entra en el ambito de nuestros sentidos. La narrativa desvirtúa esta conexión factual con la realidad, la reduce a un concepto.

        La zarza lo expreso con vehemencia. «Yo soy el que soy».

      • La mismidad llaman algunos a eso, la ipseidad le llemaba Sartre, la gema oculta le llamaba Hofsdadter. Por otra parte lo que dice Yahvé, “Yo soy el que soy” lo entiendo más bien como aquel que posee en si mismo el Fundamento del Ser, los humanos estamos condenados a buscarnos uno.

  2. Discrepo bajito profesor como una posibilidad abierta. El ser humano no necesita buscar un fundamento de ser, por que solo encontrara valores. Los valores son abstracciones subjetivas en mi concepción cultural del mundo. Precisamente lo que intentaba expresar es que el observador es el fundamento del Ser, en tanto todo es conocido por el. A la vez que el no puede ser conocido. Por eso es, el que el. es; por que si pudiera ser conocido, ese sujeto conocedor necesitaría otro conocedor para dar fe de su existencia, hasta el infinito y mas allá.

    El «Yo soy el que soy» o fundamento de ser, es uno y el mismo para todo ser, para ti, para mi, para el. Solo el es. No se necesita buscar lo que ya es. Como mucho eliminar toda narrativa velando la realidad.

  3. ¿Que el observador es el fundamento del Ser? Pues si por fundamento te refieres a que ejercer de observador es requisito para que puedan experimentarse las demás nociones, estaría de acuerdo. Sin embargo, si hablas de que ejercer de observador conlleva necesariamente a que uno pueda vivenciarse y sobre todo denominarse agente de sus propias acciones, pues diría que no; puesto que uno puede experimentarse como observador sin necesariamente vivenciar que uno es agente de sus acciones. El libre albedrío como vivencia es ilusorio, algo bastante neurótico en realidad. La vivencia de que mis acciones son encaminadas por mi propia voluntad también lo es. Sin embargo, uno puede ejercer de observador sin necesariamente experimentar que uno, en tanto my self, es quien elige actuar de determinada manera. La mismisidad puede fragmentarse, vivirse de esta forma, sin necesariamente vivenciar que quien elige es un otro, pues asume que es “una parte de mí” mas no “yo mismo”

    • Acaso existe el Presente ?. !Nop, ello es un concepto, lo que existe es nuestra Presencia, fundamento de Ser. Acaso existe un Yo ?. !Nop, ello es otro concepto que denomina a nuestra Presencia. Soy un Yo Pensante o una Presencia que Siente ?. Que soy por tanto en Esencia?. Un Yo Presente que Piensa de manera personal?, o una Presencia Sensible que Siente de carácter impersonal?. No es un tema de la propiedad de la acción Sergio, si no de su cualidad.

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