De Freud a Maslow


Ninguna terapia funcionará si no revela la maldad que existe en tu corazón

Maslow

Todos aquellos que leyeron el post anterior ya sabrán a estas horas que la psicopatología de la población ha cambiado rápidamente desde la época (años 70) en que comencé a ejercer hasta ahora, en muy pocos años ha habido un profundo cambio en la presentación del malestar psíquico y ese cambio solo puede deberse a una razón: la sociedad ha cambiado.

Pocos serán los que se opongan a esta evidencia, la sociedad en la que crecimos aquellos que alcanzamos la mayoría de edad a finales de los 60 y la actual solo se parecen en una cosa: la gente no ha cambiado demasiado en su morfotipo, seguimos reconociéndonos como humanos pero pocas cosas nos quedan que podamos compartir con aquellos que fuimos entonces. Ni los valores, ni las reglas, ni los modelos educativos, ni las ambiciones, ni la instrucción que se llevaba a cabo en el seno de las familias, ni siquiera el lenguaje que utilizamos ni nuestra relación con ese lenguaje se parece a aquel que nos sirvió de apoyo para nombrar las cosas.

En aquella época el psicoanálisis y las terapias de intención analítica eran las que más se usaban en el tratamiento de aquello que llamábamos “neurosis” (un término ya desaparecido de las clasificaciones). El éxito y el prestigio del psicoanálisis en las personas más educadas procedía de un hecho fundamental: en una sociedad disciplinaria el sufrimiento más común era la dificultad para enfrentarse a la autoridad, fundamentalmente del padre. Nuestros clientes presentaban conflictos relacionados con la relación que mantenían con su padre, y sus descripciones familiares giraban en torno a problemas de disciplina. Padres celosos de sus hijos, padres tiránicos, padres alcohólicos que abrumaban a sus hijas con algo más que recomendaciones sobre sus amoríos, y sobre todo muchas chicas que sufrían debido a las diferencias de trato que percibían en relación con sus hermanos varones. Los pacientes venían a terapia motivados por conflictos existenciales, “no se como soy” “quiero saber quién o cómo soy” “no se cómo pienso”, etc. Y no cabe ninguna duda de que estos pacientes eran adolescentes o adultos jóvenes con dificultades para orientarse en un cambio de escenario relativo a lo sexual.

Así se hablaba de “asignaturas pendientes”, de amoríos entre cuñados, de la negativa a tener sexo libre o en grupo, a hacer intercambio de parejas o bien a las negativas a ciertas prácticas sexuales como la felación. La infidelidad estaba al orden del día, quizá como reacción a una crianza demasiado censora. La gente se casaba (la mayor parte) para irse de casa, aquel entorno tan criticado y denigrado. Lo hacían cuando podían evidentemente más pronto que hoy en que la emancipación es casi una tarea de titanes.

El psicoanálisis se acoplaba bien a aquel tipo de pacientes, pues no hay que olvidar que el psicoanálisis nació en época victoriana cuando todos estos mimbres se encontraban aun bien cosidos entre si: la mayor parte de las pacientes de Freud eran mujeres burguesas destinadas por la tradición paterna al cuidado de sus progenitores y donde se privilegiaba a los hombres tanto en educación como en oportunidades. Las mujeres estaban destinadas o bien al matrimonio o bien al cuidado de sus padres, las más desamparadas estaban destinadas a trabajar y a cuidar y a mantenerse a sí mismas.

Y se acoplaba bien porque la mayor parte de estos conflictos sexuales se daban de bruces con una moral coercitiva y vigilante, con unas reglas que distinguían muy claramente sobre el margen de libertad que hombres y mujeres podían disfrutar en una familia cualquiera. Las mujeres de los 70 estaban hartas de estas coerciones, tanto como los hombres que ya “mataron” al Padre en el 68 en Paris. De lo que se trataba -digámoslo claramente- era de conseguir el amor libre, tal y como se decía entonces, viajar, errar de aquí para allá, ser en definitiva libres y dejar de acudir al burdel para desfogarse. Liberarse de todas estas coerciones nos llevaba a un edén particular donde el sexo será libre y fácil, es decir gratuito.

Dicho de otra forma, en la época de la sociedad disciplinaria, la mayor parte de los conflictos los tenían las personas jóvenes y eran conflictos relacionados con la moral sexual y más concretamente con la familia, guardiana de ese orden: había siempre un enemigo identificado, un Otro, había un diferente frente al cual había dos soluciones: la transgresión indisciplinaria o la neurosis.

Pero de repente todo cambió y en los noventa o quizá antes comenzaron a gotear otro tipo de pacientes más graves y más profundamente perturbados que los anteriores ante la sorpresa de todo el mundo. Comenzaron a verse casos de anorexia y de bulimia y muchas veces una mezcla de ambas, muchachas que cumplían criterios diagnósticos para las dos patologías. La queja ya no era una queja contra la disciplina sexual sino contra la tiranía alimentaria. Un conflicto que mayormente se dirimía contra la madre y que no venía solo sino con una serie de síntomas diversos que poco a poco fueron clasificándose por la psiquiatría de entonces constituyendo un síndrome abigarrado que hoy conocemos con el nombre de TLP (trastorno limite de la personalidad), un cuadro muy cerca en ocasiones de la psicosis que le era comórbida en ciertas ocasiones, la depresión, la impulsividad, el vacío existencial y un curioso síntoma: la imposibilidad de estar solo. Nunca antes había visto ningún caso de personas que temieran estar solos aun los muy miedosos. El TLP es más frecuente en mujeres del mismo modo que los trastornos alimentarios y es muy refractario al tratamiento y se salda muchas veces con el suicidio.

Si hay algo que pueda separar a aquellos pacientes traumatizados de entonces con los actuales, es que este grupo ya no estaban acosados por la prohibición sexual. Parecían haber superado todos aquellos limites y represiones que tan bien habían funcionado hasta entonces. De repente las pacientes eran groseras, promiscuas y desinhibidas y los muchachos añadían además el peligroso consumo de drogas y una vida errática sin planes de futuro. Era como si el futuro hubiera dejado de existir para esta generación que llevó el nombre de generación X.

La mayor parte de ellos compartían un perfil de bajo rendimiento académico, baja prospección de futuro y ningún interés por configurar una identidad destinada a hacer en la vida “algo de provecho” tal y como nos habían enseñado a nosotros. No solo no se conocían a si mismos sino que no tenían ningún interés en hacerlo y si venían a tratamiento era forzadamente por sus familiares y se acoplaban muy mal a la técnica psicoanalítica. Hubo que cambiar de enfoque.

De repente aparecieron en escena nuevos enfoques terapéuticos, algunos eran modificaciones del psicoanálisis como los que llevaron a cabo Kernberg o Kohut (psicoanalistas de tercera generación) para acoplarlos a lo que llamaban trastornos narcisistas pero sin duda la mayor diversidad procedió de otros lugares como las terapias humanísticas como las de Maslow o la DBT de Marsha Lyneham

Y que con el tiempo derivaron en esas psicologías positivistas que tanto éxito tienen sobre el publico actual, fascinado por la idea de que “Tus sueños pueden cumplirse” o que “querer es poder” y que generan una amplia decepción en amplias capas de la población cuando ven defraudados sus deseos por la realidad misma. Podríamos decir que la sociedad de la auto-realización es una sociedad que divulga la omnipotencia infantil entre nuestros conciudadanos, siendo más vulnerables los niños y los jóvenes.

Era evidente que algo había cambiado en la sociedad para que la vieja psicopatología hubiera mudado de máscara. ¿Pero qué era, cual era la variable crítica?

Para contestar esta pregunta hay que volver al post anterior donde Han nos cuenta en clave sociológica cómo esos cambios afectaron al imaginario humano. La idea fundamental de Han es que la sociedad actual -que llamamos postmoderna y que supone la amortización de todos los valores que aportó la modernidad- es una sociedad donde el deber ha sido sustituido por el poder. El poder de poder ser cualquier cosa. Para entender mejor las relaciones que guardan el poder y la enfermedad mental remito al lector a una serie de post que publiqué aquí mismo.

Lo que caracteriza a la sociedad actual, esa sociedad de poder y opulencia, es que la coacción ya no viene de afuera, se ha interiorizado y se ha fundido con la idea de libertad. Libertad y coacción son la misma cosa en el imaginario del hombre actual, ha saltado barreras y aparece ya en los niños, se han borrado todas las diferencias que operaban como barreras generacionales o disciplinarias y se ha constituido como un nexo causal que sustituye a la vieja neurosis-transgresión.

La coacción

Coaccionar es una forma de violencia indirecta que tiene que ver con conseguir que alguien haga algo que espontáneamente no hace o bien que deje de hacer aquello que ya está haciendo. No hay que confundir la coacción con la intimidación que se mantiene gracias a la rivalidad agonística y que se basa en la amenaza y en el miedo, usualmente el que intimida lo hace a base de rituales destinados a atemorizar al otro, mostrándose desconfiado, hostil o directamente agresivo. El que coacciona lo hace de una manera más sutil e indirecta, no amenaza directamente ni intimida sino que trata de controlar la conducta del otro a través de una forma de dominio que aparece como neutral, impersonal o tangencial.

La coacción es una táctica bien implantada entre los recursos humanos destinados a conseguir que el otro haga o cambie algo en una relación interpersonal. A través de una conducta que directamente no le implica, el “no implicado” suele darse con mucha frecuencia por aludido, es el caso de los intentos suicidas, una conducta universal entre personas que presentan problemas emocionales y si atendemos a las estadísticas uno de los recursos más usados por los individuos como manera de cambiar un statu quo que consideran desventajoso para sus propósitos, intereses, o deseos.

De todas las formas de coacción que los humanos hemos inventado es el suicidio, consumado o no, la conducta humana que más desolación aporta a las personas significativas que rodean al suicida o parasuicida. El suicidio exitoso deja a los familiares implicados vacíos y confusos, culpables y afligidos probablemente de por vida, sobre todo si el suicida es un hijo y más todavía si deja una nota como ésta:

Ya os dije que no haría la mili

Esta nota que dejó un paciente real a sus padres no precisa más comentarios, uno siempre se suicida contra alguien o casi siempre y de ahí la consideración de homicidio invertido que ha acompañado clásicamente a las teorías del suicidio hasta que Durkheim puso algo de orden en un intento de explicar las conductas suicidas.

Pero el suicidio consumado no siempre es el final de una conducta suicida y por eso se ha hecho necesario inventar otra palabra para definir las tentativas de suicidio que no llegan a su letal consumación, se le llama parasuicidio y se supone que la magnitud del problema es incómoda y atemorizante desde el punto de vista de Salud Mental pública. Si el suicidio consumado supone 10 casos por cada 100.000 habitantes/año en nuestro país, las tentativas parasuicidas representan una cifra de 50 casos por la misma cantidad de población y año. Si además comprendemos que la mayor parte de suicidios se dan en personas con antecedentes de parasuicidio ya estamos en condiciones de entender que no existen suicidios “de broma” y suicidios “en serio”, sino que todas las tentativas, montajes, amenazas o ideación de suicidio tienen que tomarse muy en serio.

Pero tomárselas en serio no significa que hayan perdido su característica de coacción: si descontamos algunos tipos de suicidio que tienen que ver con el deseo de morir, la mayor parte de ellos no tienen ese fin sino una demostración de poder, una conducta que trata de establecer controles en la vida de los otros, una especie de sabotaje o chantaje emocional que busca -a través de una apuesta fuerte- un cambio en el entorno que le rodea. El saber popular los identifica como ese tipo de intentonas en que lo que se pretende es “que le hagan caso” al suicida. Algo de verdad hay en eso, de lo contrario el parasuicida no buscaría ser rescatado de la muerte en ultima instancia como usualmente sucede, ni utilizaría medios precarios y de baja letalidad como la intoxicación con fármacos (el método más utilizado). No obstante el parasuicida no solamente busca una demostración de afecto para consigo mismo a través de su acto suicida sino modificar algo, cambiar algo innombrable y lo hace de un modo que usualmente fracasa, nadie consigue sus fines a través de una conducta tan brutal que usualmente es identificada defensivamente por todos como histriónica, exagerada o caprichosa. Más que modificar el statu quo el parasuicida sólo consigue estrechar más el concepto que los demás tienen de él y perfilar una perdida de contractualidad social. El intento de suicidio no es pues una solución para ningún problema de distribución de poder, en ningún caso.

Se trata a veces de un jugueteo tanático donde el sujeto recae una y otra vez con intenciones de coacción hasta que un buen día se equivoca y…. muere. Esa suele ser la pauta sobre todo en pacientes jóvenes afectos de trastornos emocionales como el TLP.

Llevar el juego de la coacción tan lejos nos parecerá sin duda algo exagerado y es muy posible que lo atribuyamos a la locura, pero no es sino por nuestra dificultad de entender la causalidad como algo no-lineal.

este oeste

La mejor forma de entender la causalidad moderna, es decir ese concepto llamado policausalidad o nexos de causalidad tal y como propone Tooby es entender la causalidad no como algo que provoca que una causa A tenga un efecto B, sino que causa y efecto son la misma cosa tal y como dejó dicho Allan Watts en “Psicoterapia del este, psicoterapia del oeste”. Aqui hay un buen post sobre estas cuestiones de la policausalidad.

Sin embargo al hablar de la policausalidad, no debemos imaginar estas causas como operando como una sumatoria de causas sino como un enredo de nexos. Los nexos además están ocultos y no son visibles para el experimentador. Pondré un ejemplo sobre esta cuestión. ¿Cual es la causa del TLP? ¿Es el efecto de una crianza basada en un apego ansioso, evitativo o desorganizado? ¿Es a causa de una madre ausente que trabaja demasiadas horas fuera de casa?¿Es el subproducto de un traumatismo sexual en la infancia? ¿Es el resultado de una crianza donde se han producido abandonos o amenazas de abandono? ¿Es el resultado de una crianza sobreprotectora? ¿Es por haber sufrido mobbing en la escuela?

Enuncio solo algunas de las causas que se plantean como más frecuentes en la explicación psicológica del TLP. ¿Pero y si el TLP no tuviera una causa psicológica? ¿Por qué miramos en la crianza y no en la sociedad?

Miraremos esta relación en el próximo post.

Bibliografía.-

Nexus Causality, Moral Warfare, and misatribution arbitrage. John Tooby. En This Will Make you smarter Doubleday 2012. Existe traducción al castellano. Este libro te hará más inteligente. Transiciones 2012
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6 pensamientos en “De Freud a Maslow

    • Bueno, yo hablé de barrera generacional en el sentido de que todo pareciera indicar que se ha borrado esa barrera entre adultos y niños, llevando las patologias adultas a la infancia. A mi lo único que se me ocurre decir en relación con esto es que hay que prolongar como sea en nuestros hijos la posibilidad de seguir siendo niños a la vez que nosotros renunciamos a serlo.

  1. !Wow profesor, nos adentramos en prados de una gran belleza; «Nexus casualtiy». Lo que nos lleva a que la red de causalidades es una única energía atravesando los nodos afectándolos al mismo tiempo, imagino por pulsaciones. Al cielo le da por no llover y a la vaca por morirse de sed, como si las partes reflejaran el todo según su naturaleza, en unidad y al unísono. Totalmente sincronizados. Lo que a la vez nos transporta a la imposibilidad de cualquier libre albedrio individual, orgullo y culpa real, en tanto todo es causa de todo. Incluso el poder personal y la coacción, es una ilusión creada por la misma red causal, así como el que refleja el conjunto de la sociedad. No hay responsabilidad moral ni funcional de ningún tipo en la visión Nexus. Que extraña paradoja; No hay salida. Somos una ausencia sin centro, sin libre voluntad ni poder personal. Sin embargo aparentamos ser un personaje representando que es libre, culposo y orgulloso en la obra global. Solo Buda supo verle el chiste.

    Lo que es seguro es que si adoptáramos la visión Nexus; lo que se rendiría primero es el poder personal y la sombra de la coacción, nos relajaríamos y nos dejaríamos llevar por la vida. A la vez no se reflejarían en ciertos nodos las patologías del todo “grupo social”. A la vez que sirven de espejo para saber donde estamos. Pero adoptar esa visión necesita de una maduración desde la negación a la rendición, y la maduración es parte intrínseca de la red de causalidades. Esta en la naturaleza de todo.

    • Bueno, yo lo que creo es que los nexos de causalidad están ocultos, entre los nodos visibles. No se reconocen fácilmente por la razón de que andamos demasiado persuadidos de la causalidad lineal. No nos paramos a pensar que entre causa y efecto se esconde un nexo de unión con otra causa efecto.

      • Lo que se observa es una tendencia al procesamiento secuencial de la información, lo que lleva aparejado dar sentido a la parte en detrimento del todo. La subjetividad, la arbitrariedad, el nexus causal, lo emocional son todo un anatema. No se; es como virar hacia un espectro autista. Sin embargo usted mejor que nadie sabe que son los estados emocionales los mas propensos a la aparición de la sincronicidad. La comprensión global siempre aparece a través de nuestro sentir, no del pensamiento racional que es solo una herramienta pedagógica.

        No nos paramos a sentir. A vivir desde la sensibilidad. En resumen no somos como sociedad artistas de la vida; donde la alegría esta en el acto mismo de la practica y no en lo que nos puede reportar objetivamente para ser un alguien de éxito social, para acabar con las manos vacías en el cansancio y la tristeza del corazón.

        !Vivimos un déficit de Arte. La nexus causal es solo para artistas sensibles con mentes claras y observadoras.

  2. Al respecto del interesante post sobre el cambio social, quizá convenga releer:
    “El discurso de la servidumbre voluntaria, de Etienne de La Boétie,
    http://tratarde.org/wp-content/uploads/2011/10/Etienne-de-la-Boetie-Discurso-sobre-la-servidumbre-voluntaria.pdf
    que plantea la cuestión de la legitimidad de cualquier autoridad sobre un pueblo y analiza las razones de la sumisión (relación dominación/servidumbre). Su discurso prefigura la teoría del contrato social cuya esencia (según la propuesta de Rousseau) es que para vivir en sociedad, los humanos acordamos un contrato social implícito que nos otorga ciertos derechos a cambio de abandonar el grado de libertad que disponemos en estado natural. Entonces el Estado es la entidad que se crea para hacer cumplir el contrato.

    Cabria pensar que una de las policasualidades principales sea el hecho de que los estados han roto el contrato social con la sumisión y servidumbre a las corporaciones multinacionales que actúan como neodéspotas equivalentes a las monarquías absolutistas de antaño. (Existe un universo legal paralelo: el ISDS, la justicia secreta que regula el mundo
    http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2016-08-30/el-universo-legal-paralelo-isds-la-justicia-secreta-que-regula-el-mundo_1252430/ )
    Esta rotura, no pactada, produce una gran sensación de desamparo en la sociedad, de modo que sus individuos intentan resistir debatiéndose entre la sumisión o la rebelión, con todos los problemas psicológicos expuestos en el post.

    Desgraciadamente es de prever que hasta que consigamos llegar a un nuevo contrato social y un ‘reseteo’ social, quizás mediante tecnología del ‘blockchain’ (si logra minimizarse su consumo energético) (Guía básica para entender de una vez qué es eso del ‘blockchain’
    https://retina.elpais.com/retina/2017/07/13/tendencias/1499945987_724507.html )
    nuestros problemas existenciales y sociales no mejorarán.

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