La anorexia, una locura con sentido (I)


locuras razonantes

Aquellos de ustedes que leyeron el post anterior seguramente compartirán la idea ilustrada de que las enfermedades mentales son asimilables a las somáticas u orgánicas. Se trata de una idea que ha sobrevivido dos siglos a la marea científica, pero ¿es esto verdad?¿Son las enfermedades mentales enfermedades como las somáticas?

Existen algunas diferencias, la primera es que las enfermedades somáticas son entidades discretas, es decir discontinuas. Si usted acude a Urgencias a un Hospital con dolor abdominal, puede ser debido a muchas patologías e incluso a ninguna concreta, lo que no es posible es que su dolor sea una apendicitis y un cólico biliar al mismo tiempo. O es una cosa o es otra. Sin embargo las enfermedades mentales presentan una novedad con respecto a las somáticas, son entidades indiscretas, es decir discontinuas y pueden haber mezclas. Las más comunes son la ansiedad-depresión, la esquizofrenia-trastorno bipolar (trastorno esquizoafectivo), la esquizofrenia- TOC, etc. Y lo mismo sucede en los trastornos de personalidad, suelen haber mezclas y sobre todo comorbilidades que señalan hacia varios items de diversos taxones. Desde tiempos clásicos los psiquiatras han venido observando este fenómeno hasta que algunos propusieron un concepto con cierta base empirica: la psicosis única. Dicho de una manera fácil de entender, quiere decir que cuando la mente pierde la cordura lo hace reaccionando como un todo y con una sopa de síntomas, una macedonia donde se extraen síntomas de una serie y otra. Es por esta razón que hablamos de comorbilidades, siendo las mas frecuentes las combinaciones entre trastornos alimentarios (bulimia) junto con abuso de drogas, depresión y rasgos del TLP (trastorno border-line de la personalidad). Esta cohabitación de síntomas de distintas series nos está contando una historia de la que no nos gusta hablar: las enfermedades mentales no tienen la consistencia taxonómica de las enfermedades somáticas.

Pero hay algo más: el sufrimiento mental puede enroscarse en acontecimientos vivídos y en realidades objetivas de tal modo que parece dotarlas de un cierto sentido. Todo el mundo estaría de acuerdo en que es comprensible tener una depresión si alguien pierde a un hijo. Es algo esperable y que tiene sentido y moviliza nuestra empatía. Hablamos entonces de trastornos adaptativos, el individuo ha de adaptarse a su nueva situación y necesita un periodo de duelo. Este periodo de duelo le objetivamos como un síndrome depresivo.

Habrá quien diga que los síndromes depresivos no son la verdadera depresión y es verdad. Sólo que… no hay manera de diferenciarlos salvo por los antecedentes. Dicho de otra manera, la depresión verdadera, unipolar y/o recurrente tiene la misma forma que el proceso adaptativo que describí anteriormente. Sólo el curso es diferente, uno se resuelve espontáneamente y con el tiempo y el otro no. Claro que esto tampoco es verdad del todo, pues un trastorno bipolar puede debutar con una depresión adaptativa y no sabemos cuales de ellas van a seguir un curso tórpido o van a convertirse en una enfermedad “verdadera”.

Y no sólo sucede con la depresión: algunas paranoias son absolutamente comprensibles según la experiencia del paciente: existen algunas experiencias como por ejemplo la cautividad prolongada que dan sentido a la desconfianza y la sospecha posteriores, e incluso a interpretaciones delirantes sobre todo ideas persecutorias. Incluso Capgras y Serieux describieron una forma de paranoia a la que llamaron “delirio interpretativo” que se daba en personas que por otra parte aparentaban estar totalmente sanas e incluso con prestaciones cognitivas superiores a la media como el caso de Rousseau. Se trataba de las locuras razonantes. El individuo estaba sano excepto en una pequeña parcela de su vida cognitiva donde empezaba a delirar.

De manera que podríamos decir que otra de las diferencias que existen entre las enfermedades mentales y las somáticas es que las primera tienen sentido, mientras que las enfermedades somáticas no lo tienen en absoluto.

Claro que no es fácil encontrar sentido a los desvaríos que presenciamos en clínica y solo lo podemos hacer con un conocimiento muy profundo e intimo de la vida del paciente. Una de las enfermedades que presentan una mayor confusión en este sentido es la anorexia mental o los trastornos alimentarios en general.

Pues qué sentido tiene una enfermedad que se da casi siempre en niñas de 13-20 años (cada vez más jóvenes) y que tiene como principal síntoma el dejar de comer o bien comer en forma de atracones para después vomitar, o bien: oscilar entre actividades destinadas a adelgazar y maniobras de purga, en forma de laxantes o deporte excesivo. Si lo que pretende la anoréxica es adelgazar, ¿por qué no parar después de haber perdido el peso que se pretendía?, ¿por qué no puede contemplar su cuerpo con objetividad? ¿por qué es tan difícil tratar a una anoréxica sea restrictiva a o purgativa? Si lo que la anoréxica quiere es ser atractiva en esa edad en que las niñas pugnan por adquirir una identidad grupal compatible con la belleza y el éxito o la popularidad ¿porqué llegar al extremo de quedar cadavérica?¿Que clase de distorsión ocurre en el cerebro de estas niñas para que su inanición no les resulte por sí misma aversiva?¿Quieren ser atractivas o en realidad quieren ser rechazadas?

No cabe duda de que la anorexia mental es una enfermedad misteriosa y que se encuentra además desubicada en la nosografía, de hecho ha sido necesario inventar un nicho para dar cuenta de estos “trastornos alimentarios” tan frecuentes entre las jóvenes de hoy, que no son psicosis, ni neurosis, ni un trastorno a medio camino entre ambas. Ni es un delirio, ni una alucinación, ni una depresión. Los trastornos alimentarios mantienen cierta vecindad con la obsesividad (la psicastenia de Janet) y con la histeria por su capacidad de mimetización pero no son ni una cosa ni otra a pesar de que sus descriptores (Lasègue 1874) la catalogaran de “histeria gástrica”.

Lo cierto es que la anorexia ha venido para quedarse y es muy probable que el servicio que haya hecho y esté haciendo a la Psiquiatria es hacernos cambiar de opinión sobre las conceptualizaciones que tenemos de las enfermedades mentales, pues lo cierto es que si es verdad que las enfermedades mentales son entidades indiscretas entonces no tiene sentido construir categorías discretas para clasificarlas, mas bien parece ser un obstáculo para conocerlas mejor. El futuro de la Psiquiatría pasa sin duda por identificar, las dimensiones -zombie por zombie- que intervienen en la génesis de un trastorno mental y no quedarnos atrapados en la idea de que estamos hablando de la misma enfermedad en una niña que en otra. La evidencia señala en la dirección contraria: la anorexia y los trastornos alimentarios en general son policausales.

Pero policausales no debe interpretarse solo en el sentido de tener varias causas, sino que existen razones para pensar que se trata de la aparición de multiples conflictos simultáneos que suceden en distintos niveles de definición y que la anorexia es una solución de compromiso para lidiar con distintos sufrimientos, contrariedades, ansiedades y confusiones de la vida corriente.

sentido

Recientemente ha caído en mis manos el libro de Torres Cacho que vinculo en la bibliografía y he de decir que es uno de los libros que más me han gustado de todos los que he leído sobre esta “misteriosa enfermedad” que no sólo es una patología del siglo XX sino que es además una metapatología, es decir una presentación clínica que nos advierte y señala por donde van a ir las enfermedades mentales del futuro, algo que ya está sucediendo con las autolesiones por ejemplo. Difícil ubicación para las macedonias que nos vienen.

¿Qué significa, sin embargo la palabra sentido?

El sentido es la coherencia a la hora de procesar estímulos sensoriales de distinta procedencia, algo así como encontrar una forma mental de cohesionar informaciones contradictorias entre sí o irracionales o ambiguas. El libro de Torres explora algunos de estas informaciones que los niños y adolescentes de hoy tienen que procesar a veces sin tener los recursos necesarios para ello. En un próximo post analizaré algunos de estos eventos de la vida y las contradicciones que podemos encontrar entre ellos.

¿Qué trata de resolver una paciente con anorexia?

Algunos de estos zombies * si no todos a la vez, tomados del libro de Torres Macho:

  • Dificultades en la relación madre-hija, padre-hija y en el ámbito del apego.
  • Dificultades en asumir alguno de los múltiples cambios que la pubertad supone.
  • Dificultades en el ámbito del narcisismo
  • Problemas de identidad-
  • Dificultades en las relaciones de poder
  • Intensas sensaciones de falta de control sobre el entorno y uno mismo –
  • Ansiedades relacionadas con la sexualidad femenina.
  • Problemáticas relacionadas con el equilibrio familiar.
  • Dificultades relacionadas con el rol cambiante, ambiguo y contradictorio que la sociedad actual asigna a la mujer.

Nótese como no se trata de un problema categorial sino dimensional y como cualquiera de estos items pueden encontrarse en otros contextos clínicos, lo que nos lleva de nuevo a la composición de la macedonia y no sólo a la marca de la fruta.

hablo de zombies en el sentido de Eagleman que presupone módulos diversos en el funcionamiento mental, módulos que compiten entre si como los parlamentarios del Congreso y que no tienen otro propósito que manifestarse (si o si, sin ausencia de contradicción) a la espera de un director de orquesta que los regule. Los zombies ni están vivos ni están muertos pero se activan cuando entran en contacto con un cerebro.

Bibliografía.-

Eduardo Torres Macho. La anorexia, una locura con sentido

Capgras y Serieux. Las locuras razonantes

2 pensamientos en “La anorexia, una locura con sentido (I)

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