Desviación y despatologización


Vale la pena recordar ahora que la Psiquiatría nació en época de la Ilustración y que fue gracias a ella y a ciertos medicos observadores y clasificadores de la conducta humana los que arrancaron la locura de la teología en cuyas garras y enredada en el tema del pecado había permanecido intacta desde la Antigüedad. La epilepsia dejó de ser un trance de posesión, la histeria dejó de ser un trato entre brujas y el demonio, las psicosis en general dejaron de ser una degeneración moral al ser observadas desde el enfoque naturalístico. Se llegó así a una conclusión: las enfermedades mentales tenían causas naturales igual que las enfermedades somáticas.

No cabe duda de que la Ilustración supuso una revolución no solo en el campo de las ideas sino tambien en los derechos y la dignidad de los enfermos mentales, pero evidentemente existen muchos flecos por revisar. Por ejemplo el tema de las desviaciones sexuales (parafilias) se encuentran hoy tan desubicadas como antaño. Ni el pecado ni la enfermedad como paradigmas han logrado aportar una mayor comprensión de estos problemas clasicamente conceptualizadas como psicopatías.

Aun hoy las parafilias se encuentran ubicadas en los sistemas clasificatorios psiquiátricos. Las parafilias según estos sistemas (DSM-V o CIE-10) son enfermedades (o trastornos). Poco a poco han ido arrancándose de este cluster sexual algunas condiciones como la homosexualidad. Hoy ser homosexual ya no está considerado una patología pero siguen ahi todas las demás. ¿Es la pederastia una enfermedad?

Es precisamente la pederastía la responsable del estigma y descrédito de las parafilias, Hoy hay autores que sostienen que las parafilias representan solamente gustos excéntricos y no hay ninguna prueba de que constituyan trastorno mental y más aun desde eso que ha venido en llamarse “normalización”. Las parafilias están tan extendidas entre las practicas sexuales de la población general que resulta difícil sostener la idea de que representan alguna patología. El problema teórico que se plantea es el siguiente: si la pederastía es también un gusto raro como los demás no debería ser despatologizado como lo fue la homosexualidad en su día?¿Es la pederastia una forma de orientación sexual guiada por la edad?

Si -por el contrario- la consideramos una conducta criminal sin más y cae fuera del campo de la ciencia y dentro del campo de la judicialización y del castigo, no estaremos volviendo de nuevo a la edad media a la hora de catalogar a los desviados sexuales? ¿Por que estos si y los otros no?

Claro es fácil contestar a esta pregunta desde el punto de vista jurídico: las sociedades no toleran el abuso a niños como es obvio, pero hubo un tiempo en que tampoco toleraban las conductas homosexuales (y aun hoy no son toleradas en medio mundo). Es simplemente un cambio de opinión publica lo que da a una conducta un sesgo de tolerable o intolerable?. Claro que no, existe un pathos y un ethos y a nosotros los psiquiatras nos interesa el pathos, si una conducta es desposeída de alguna de estas partes corremos el riesgo de ignorarlo todo sobre ella. Que la pederastia sea subsidiaria de reproche penal no dice nada sobre su pathos.

Por ejemplo, hoy sabemos que la homosexualidad y la pederastia no tienen nada que ver entre sí: hay pederastas homo y heterosexuales. Pero sin embargo en el imaginario de muchas personas ambas condiciones están unidas. ¿Estaría usted dispuesto a llevar a su hijo a un pediatra gay? ¿Dejaría a su hijo acudir a un vestuario deportivo donde su entrenador fuera gay?. No hace falta que me conteste porque esto ya ha sido investigado por Gallup, y el grado de incomodidad es bastante alto dependiendo del oficio del gay, naturalmente fluctúa entre varias profesiones: entrenador, pediatra, profesor, etc.

El mismo Gallup además plantea otro problema de indudable interés: se trata del tema de la homofobia. Si la homosexualidad es algo que nos viene de serie como parece a todas luces que es, en el sentido de que nadie elige ser homosexual, ¿que pasa con la homofobia? Pues lo que pasa es que la homofobia parece que es una condición tan heredable como la homosexualidad o quizá más. El homófobo tampoco elige serlo.

Por cierto que la palabra “homofobia” se usa más como un insulto que como una descripción puesto que no se trata de una fobia (miedo) sino de una aversión o incomodidad. Los homófobos simplemente no se sienten cómodos con la presencia de gays alrededor suyo y menos si tienen trato con sus hijos.

Claro que alguno de ustedes podrá decir que es una cuestión de educación y quizá de cambios sociales que “normalicen” este tipo de conductas, pero también advierte Gallup que la normalización aparentemente social no implica aceptación en el nivel individual. Podemos fingirnos tolerantes sin serlo, simplemente para parecer más morales que los demás.

Un dilema similar presentan las psicopatías. ¿Qué es un psicópata? ¿Es un enfermo, un inmoral, una persona inadaptada o un delincuente? ¿Es su lugar la cárcel, el manicomio, el convento o el diván del psicólogo?. Están equivocados los que creen que un psicópata es un criminal en serie, solo los psicópatas sexuales (volvemos al sexo) o con un alto grado de agresividad son esos casos extremos, esos que salen en los medios. La mayor parte de los psicópatas son funcionales tal y como podeís leer en este post.

¿Pudo el psicópata asesino de mujeres hacer otra cosa distinta a la que hizo?

Para contestar esta pregunta en lector deberá navegar por el gráfico de arriba y ver como conceptualizamos la desviación. Por una lado, en el eje vertical valoramos si la desviación es voluntaria o involuntaria. Si es voluntaria entonces estamos frente a un loco o un inadaptado (un trastorno de personalidad diríamos hoy), un alienado dirían los clásicos. Pero si es voluntario entonces estaríamos frente a un desalmado que en cualquier caso merecería un castigo ejemplar para proteger a la sociedad de él.

Por alguna razón que se me escapa, los psicópatas no están en las clasificaciones psiquiátricas sino con otros nombres, el que más se aproxima es el “trastorno antisocial de la personalidad”, una figura menor aplicable a todos los que están en la cárcel pero no se trata de diagnósticos que encajen bien el uno con el otro. Todo lo que sabemos de los psicópatas hoy no procede tanto del ámbito de la psiquiatría sino de los criminalistas. Lo cierto es que mientras un esquizofrénico que comete un crimen tiene beneficios penales un psicópata no los tiene, pues se le supone que “sabe lo que hace”. Ese “saber lo que hace” me parece un argumento muy débil, si recordamos ahora que esa palabra nació precisamente en el siglo XIX referido a dos cuestiones: las psicopatías sexuales descritas por Kraft-Ebing y las personalidades psicopáticas descritas por Kurt Schneider. Para estos autores clásicos, la psicopatía era una patología, hoy desplazada por otros constructos teóricos, el de perversión en el caso de los psicópatas sexuales y el de trastornos de personalidad en el caso de las personalidades psicopáticas de Schneider. Pero en cualquier caso había en sus observaciones un detalle común: se trataba de desviaciones producidas o bien por una degeneración hereditaria (lo que hoy llamaríamos genética) o bien por una alteración en el desarrollo de la personalidad a partir de factores ambientales o una mezcla de ellos con los genéticos. Dicho de otra manera: tampoco los psicópatas son responsables del todo de ser psicópatas.

Como el lector sagaz ya habrá pensado, no hemos sido capaces de aclarar las causas de todas las desviaciones que he citado hasta este momento y sin embargo hemos llegado a ciertos consensos sociales sobre lo tolerable, lo intolerable, lo que parece debido a una enfermedad y lo que parece movido por la codicia, etc. Pero haber llegado a un consenso no significa que nos hayamos aproximado a la verdad, quizá hemos sorteado los casos y hayamos decidido que “este es para ti y este es para mi”.

Pero nos falta otra variable en la ecuación: lo moral. El cuadrante de abajo y de la izquierda. El paradigma del pecado ha sido abolido precisamente por la ciencia en continua lucha con la religión. Los locos no son culpables de estar locos, pero ¿la maldad  qué tiene que ver con la locura?¿Quién se ocupa hoy de gestionar la maldad?

Como el lector sabe en nuestro país consumir drogas no es delito, pero si lo es almacenarlas, traficar, vender o facilitarlas. Lo que está penado no es el consumo sino el tráfico. De manera que si usted comete un delito por consumo de drogas su pena será siempre menor que si no las consume. Dicho de otra manera: el consumo de drogas tienen muchos alicientes pues se considera una patología. Y todo lo que se considera una patología tiene beneficios jurídicos: se supone que el padecer una patología de esta naturaleza oscurece la voluntad de tal modo que puede uno librarse hasta de las multas de tráfico si consigue demostrar que e sun dependiente.

El problema es que los médicos estamos desnudos en cuanto herramientas para tratar a estos pacientes, solo salen de la droga aquellos que quieren salir. Y no estamos hablando de una población que destaque por sus fuertes motivaciones. Los planes que la administración sanitaria planeó para los toxicómanos han fracasado, el indice de rehabilitaciones es muy bajo y el de recidivas muy alto. ¿Pero qué sucedería si en lugar de tratarlo como un problema médico lo tratáramos como un problema moral?

Me viene ahora a la cabeza la idea de que “Alcohólicos anónimos” tiene indices de rehabilitación superiores a cualquier tratamiento médico y me hace recordar una vez más que quizá ese reparto de funciones entre abogados, médicos, psicólogos y sacerdotes haya sido un error o al menos arbitrario.

Hay pruebas suficientes para comprender como determinadas conductas van navegando por los cuatro cuadrantes del gráfico de arriba e incluso van apareciendo otras nuevas entidades para reemplazar a aquellas que se caen de las nosografías. La desaparición de la moral cristiana tradicional ha dado lugar a multiples escenarios de morlaización, donde el sujeto moralizante ha ido cambiando de lugar. Todo pareciera indicar que los humanos necesitamos guías de conducta que vayan más allá de ese concepto voluntario-involuntario o de simples normas-valores. Necesitamos una nueva dimensión que añadir a fin de que ese plano de dos dimensiones se transforme en un cubo. Es decir necesitamos nuevas razones para ser buenos, prudentes, empáticos, comprensivos y tolerantes, al tiempo que tendremos que definir aquello que es intolerable, no porque nos lo parezca de cara a nuestra moral particular sino porque la ciencia haya aclarado sus orígenes.

Hoy asistimos a una plétora de diagnósticos psiquiátricos o psicológicos que vienen a rellenar un vacío moral. Muchos de los diagnósticos son problemas o adversidades cotidianas que los sujetos son incapaces de manejar por si mismos por falta de referentes morales. Pero despatologizar no es una buena idea pues hay que saber que todo aquello que despatologicemos caerá en el cuadrante inferior izquierdo transformándose en una neo-moralidad o hipermoralidad que por sí misma también es capaz de generar muchas patologías tanto físicas como mentales.

Y si, podríamos hablar de enfermedades morales, del mismo modo que hablamos de patología carcelaria.

Bibliografía.-

Gordon Gallup (1996) “Attitudes toward homosexuals and evolutionary theory: The role of evidence”

Psicología de los sentimientos morales

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7 pensamientos en “Desviación y despatologización

  1. Cambian las formas, lo que no cambia es el fondo. Si en la antiguedad eran las garras teologales, hoy existen otras garras incluida cierta ciencia, también zarpas ideológicas. Ahora bien habria que saber si existe realmente la desviación voluntaria,?. Alguien sabe de algun pedrastra, psicopata, pecador de la pradera, delincuente, inadaptado, que haya escogido serlo, ?. Y una vez respondida la pregunta se abre todo un mundo de posibilidades. Igual hasta el cuadrante inferior desaparece junto a todas sus garras asociadas, sin que exista merma alguna a la legitimidad de prevenir y defenderse, pero sin cuadrante inferior todo seria mas sencillo y natural.

    • Bueno, lo que planteas es un tema de mucho calado e involucraría al libre albedrío, un tema del que no me gusta hablar porque nos llevaría a un callejón sin salida. Yo prefiero pensar que siempre será más cómodo robar gallinas que criarlas y aunque el ladrón de gallinas no haya elegido serlo lo cierto es que su posición le da ventaja sobre el criador, de modo que si este se defiende tampoco podríamos decir que lo ha elegido. Es mejor quedarse en el círculo de abajo y no especular demasiado con eso.

      • Es cierto profesor, el tema del libre albedrio se nos sale de cuadro. El enfoque sin mucho tino que intentaba plantear, es la paradoja de que no hay elección. Estamos abocados a asumir y objetivarnos que somos una entidad psicologica con suficiente libre albedrio, independientemente de que sea cierto. Un entidad por otro lado invisible, imponderable e imposible de ubicar que se encuentra al mando de un cuerpo mecanico a imagen de un conductor.

        La inevitabilidad de asumir que somos una entidad psicologica con libre albedrio, nos situa en un supuesto cuadrante. Lo hace por que crea la culpa y el pecado, el castigo y el premio. Crea al juez y el juicio. Crea la moralidad, el que escoge bien y el que hace todo lo contrario. Crea la bondad y la maldad, enfermedad o resposabilidad. Crea los cuadrantes, y crea un marasmo llamado sociedad humana.

        Lo unico que se, es que han cambiado las formas y el desplazamiento en el cuadrante, pero el fondo que es el cuadrante mismo se ha impuesto sin la mas minima oportunidad de liberarnos de el, ni tan siquiera el desafiarlo. Para cuando preferimos pensar esto u lo otro, lo hacemos ya desde una preferencia previa que no ha sido escogida si no que se ha impuesto. Tamoco es tan descabellado pensar que el ladron de gallinas no tiene opción alguna mas que serlo, del mismo modo que el ganadero de romperle la crisma. No mas que la hipotesis de tener libre albedrio. Solo apunto que el cuadrante ya es en si una especulación en la que andamos perdidos, solo que es preferible perderse en lo que mas le interesa a esa supuesta entidad psicologica, por que le da la sensación de tener el control. Al fin y al cabo esa entidad psicologica escoge lo que evolutivamente le es mas favorable para su superviviencia, en tanto su talon de aquiles es el miedo, al intuir que pensar lo contrario no le traeria nada bueno. La verdad parece que anda por otros lares. La mente es muy poderosa, tanto que puede crear a un entidad psicológica que solo es virtual, es una posibilidad.

        Usted siempre me hace pensar profesor, le estoy muy agradecida.

      • PUes quizá tengas razón, de hecho hoy muchos piensan que el libre albedrio es una ilusión, pero yo personalmente creo que aun siéndolo es una ilusión muy práctica, o dicho de otra manera: en la escala donde suceden los eventos que importan a nuestra especie (como robar o defender nuestras gallinas) la elección es posible, hasta cierto punto claro. La elegibilidad no es en cualquier caso un valor constante y universal.

  2. Excelente el Post profesor, sencillo y muy lucido. Es una incomodidad para la persona sus conclusiones «Risas». La elegibilidad no es una constante, y no lo es por que a la postre todo esta influyendo sobre todo. La elegilibidad existe es indudable, lo que no esta claro, es que de la misma manera que emerge la incomodidad o no, emerga de manera similar la elegibilidad.

    !Si, «Yo he elegido carne en vez de pescado», puede ser una simple apropiación de la accion de la elegibilidad a toro pasado, cuando es posible que emerga por si misma dependiendo de la cadena de influencias.

    Lo de la incomodidad no es algo vanal, lo mismo que la sensación de elegibilidad, igual que concluir que no hay libre albedrio. El miedo a no tener el control, es el miedo a la muerte, al vacio. Y no somos ubicables mas alla de un cuerpo. Un cuerpo impermanente y fragil. Una vez sin galinas, y el ladron se ha las comida estofadas, llega la noche y una se pregunta.

    !Quien soy Yo?, esa es la unica espiritualidad que conozco. La unica que despatologiza, por que el silencio no te envia a ningun cuadrante. Un abrazo profesor.

    Pero acaso podemos vernos a nosotros mismos?
    !No podemos ver lo que no esta ahi.
    Que es entonces lo que podemos ver?
    Tal vez lleguemos a ver nuestra propia ausencia,
    que es eso que esta mirando, y que los sabios denominan,

    !Vacuidad.

    Aryan Path

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