La revolución industrial y sus efectos secundarios en la salud mental


I Revolución industrial

Existen al menos dos teorías que explican la esquizofrenia desde el punto de vista de las causas remotas, la de Timothy Crow para el que la esquizofrenia sería una enfermedad ligada a la misma hominización y que precisamente por eso la esquizofrenia existe en todas las culturas y su prevalencia sigue siendo esa invariable cifra 1% de la población general afectada.

La otra posición es la de Edward Hare que sostiene la idea de que la esquizofrenia es una enfermedad reciente y concretamente una enfermedad que se conoce solo desde 1800 y que Hare sitúa su emergencia coincidiendo con la revolución industrial. Hare cree que no está en absoluto demostrado que la esquizofrenia existiera antes de esa fecha y que no aparecen sus síntomas nucleares en ningún documento histórico a diferencia de la depresión o las alucinaciones visuales.

Es indiscutible que la revolución industrial provocó cambios en la arquitectura del cerebro del hombre moderno, pero más allá del diagnóstico concreto de la esquizofrenia existen pocos trabajos de investigación en este sentido,

En un post anterior y a partir de un libro de G. Clark ya hablé de la importancia de la revolución industrial en la génesis de la mentalidad moderna y en el impacto positivo que tuvo el capitalismo en el bienestar de la población general.

Gregory Clark, historiador de economía en la Universidad de California, tras un estudio de dos décadas, recabando todo tipo de datos que le ayudaran a reconstruir las características y la evolución de la economía inglesa entre los siglos XIII y XIX, ha llegado a una conclusión, brillante para unos y polémica para otros.

Según Clark, la Revolución Industrial, entendiendo el aumento de crecimiento económico producido en Inglaterra a partir de la segunda mitad del siglo XIII, tuvo lugar a causa de un cambio en la naturaleza humana, un cambio que él postula genético.
La transformación desarrollaría de forma gradual unas nuevas conductas en la población, que permitiría unas condiciones de viabilidad para el funcionamiento de una economía moderna adquiriendo “un repertorio de aptitudes y disposiciones” muy distintas de las del mundo preindustrial o agrario.

Clark con este estudio de neuroeconomía se desmarca, de alguna manera, de los estudios sobre las causas ideológicas, tecnológicas y culturales del cambio, y especulando que ese mismo cambio surgió desde una transición del modelo tribal hacia un modelo de estado nacional.

Clark defiende que el origen de la Revolución Industrial y de la era del capitalismo, se asienta tanto en nuestros genes como en nuestra ideología o en nuestra racionalidad.

Inglaterra fue la primera nación (ver gráfico) que implantó la llamada “revolución industrial” Fue allí y no en Nigeria o en Corea donde se estableció esta revolución que llevaría  a sus habitantes hacia unas mejores condiciones de vida y a un aumento de la riqueza de sus habitantes.

Fue de tal modo así:

revolucion industrial

Hasta el periodo de la revolución industrial casi todo el mundo estaba inmerso en una división entre ricos y pobres. La mayor parte de la población mundial moría joven, entre penurias y miseria, la mayor parte de sus hijos sobrevivían pocos años y solo los ricos -una minoría- disfrutaba de un modo de vida cómodo, con expectativas de longevidad, alimentación suficiente, excedentes económicos que podían legar a sus descendientes y supervivencia de sus vástagos. Como puede observarse en el gráfico el despegue de ingresos económicos de la población sufrió un empujón muy importante tras la revolución industrial, las condiciones de vida de la mayor parte de la población mejoraron notablemente pero lo importante es conocer qué pasaba antes, ¿por qué las sociedades antes de la revolución industrial eran tan parecidas con respecto a su miseria? ¿qué las hacía tan parecidas en términos económicos? Para eso tenemos que recurrir a un concepto: la trampa malthusiana.

La trampa malhtusiana.-

Según Malthus, la población crecería en progresión geométrica, mientras que los recursos solo crecerían en progresión aritmética; llegando, en un momento dado, a una ruptura del equilibrio entre población y recursos, dando lugar a una catástrofe malthusiana que haría caer a la población hasta llegar de nuevo a un punto de equilibrio.
Clark demuestra que en las economías preindustriales se encontraban encerradas en una trampa malthusiana. Cada vez que la producción crecía, la población lo hacía a una escala muy superior, consumiendo los excedentes de producción y cayendo, por tanto, los ingresos medios al nivel anterior al aumento de productividad, siendo muy bajos en relación directa a la adquisición de trigo para el consumo.

Tomando cifras como referencia, en 1790, el consumo del inglés medio era de 2.322 kilocalorías diarias, mientras que el de los ingleses pobres se limitaba a sólo 1.500 kilocalorías al día. Teniendo en cuenta que una dieta variada para un hombre adulto de unos 70 kilos es satisfactoria en todos los aspectos cuando su valor calórico es de unas 2600 -2700 kilocalorías diarias, (según Grande Covián), y que las sociedades caza-recolectoras actuales tienen un consumo de 2.300 kilocalorías o más, llevan a Clark a observar que “el hombre primitivo comía bien en comparación con una de las sociedades más ricas del mundo en el siglo XIX”.

En este sistema, la única tregua llegaba con los desastres cíclicos correspondientes a los periodos de catástrofe maltusiana. La caída de población, a consecuencia de desastres como la peste negra, daba la oportunidad de comer mejor a unas cuantas generaciones.

Guerra y enfermedades eran pues los inhibidores naturales de la demografía y lo que permitía coyunturalmente escapar de la trampa malthusiana.

En este sentido la revolución industrial permitió “escapar” de la trampa malthusiana de un modo definitivo. En lo sucesivo los incrementos demográficos ya no serian necesarios para equilibrar recursos y consumo. Había nacido un invento para terminar con las limosnas: la productividad industrial y el trabajo asalariado.

Sobre todo por uno de los beneficios que lleva consigo el capitalismo: producir más y más barato.

¿Pero por qué en Inglaterra?

Los ingleses fueron los primeros en abolir el poder absoluto de los reyes y someterlos al Parlamento, fue concretamente en 1688 – la Revolución Gloriosa- cuando sustituyeron a Jacobo II un rey extractivo por un Guillermo de Orange, una dinastía extranjera pero inclusiva. Con ello estaba preparando el terreno para la llegada de la revolución industrial y gracias a los que podríamos llamar una “cultura de tenderos” germen de la burguesía y ricos por decirlo así aunque no aristócratas.

Es indudable que aquellas naciones donde se estableció la revolución industrial y el trabajo asalariado han progresado más y mejor al haber podido escapar de la trampa malthusiana, mientras que aquellas que no la hicieron son hoy pobres, se encuentran sumidos en guerras tribales o bien mantienen regímenes extractivos y corruptos, al tiempo que mantienen un incremento de su demografía. Un incremento que traduce perfectamente las ideas de Malthus: mucha gente que alimentar y pocos recursos.

Hasta ahora hemos hablado pues del capitalismo bueno pero ahora vamos a hablar del capitalismo malo.

Es evidente que los primeros obreros fabriles que acudieron en masa a las fábricas de los condados de Lancashire, Midlands o Yorkshire procedían de zonas rurales depauperadas aun hoy se considera a Birmingham como el “taller del mundo” y el centro de la revolución industrial. No conocemos como era la vida de esos trabajadores cuando aun eran campesinos sometidos a servidumbre pero podemos pensarla poniendo un poco de imaginación. También es obvio que las condiciones laborales, las condiciones de salubridad o de alimentación en las que vivieron estas personas después de desplazarse a las fábricas y convertirse en proletarios no serían muy deseables, pero el caso es que hubo un éxodo del campo a la ciudad y no al revés.

Recientemente se ha publicado un articulo en Phys.org donde el autor sostiene ciertas ideas que ya Clark adelantó pero de sentido contrario. La revolución industrial generó una especie de daños emocionales que se “imprimieron” en los cerebros de aquellos obreros modificando la herencia a largo plazo de sus descendientes y que puede perseguirse a través de la zona carbonifera que alimentó la revolución industrial. La hipótesis es muy osada y muy lamarckiana por decirlo así.

Los resultados de este trabajo muestran que, generaciones después de que el calor blanco de la Revolución y décadas después del declive de la minería de carbón Industrial, las poblaciones de  donde las industrias basadas en el carbón dominaron en el siglo XIX retienen una “adversidad psicológica“.

Los investigadores sugieren que este es el producto heredado de las migraciones selectivas durante la industrialización masiva, agravado por los efectos sociales del trabajo severo y las condiciones de vida.

En el articulo citado más abajo, los autores concluyen que:las personas que viven hoy en las antiguas zonas industriales de Inglaterra y Gales están más dispuestos a emociones negativas como la ansiedad y estado de ánimo depresivo, son más impulsivos y tienden a mostrar pocas estrategias destinadas a  la planificación y la auto-motivación, según un nuevo estudio de casi 400.000 personas en los que se han aplicado distintas pruebas de personalidad.

Si esto resultara cierto no solo seria relevante en el sentido de apoyar cambios epigenéticos heredables a través de las generaciones sino que eso que hemos venido en llamar revoluciones: agrícola, industrial, sexual y tecnológica serían hitos de bifurcaciones en la salud mental de la población y frente a los beneficios obvios de estas revoluciones habría que comenzar a pensar en sus efectos secundarios a fin de diseñar estrategias de salud mental especificas para las áreas más afectadas.

Bibliografía.-

La dañina huella psicológica que dejó la revolucion industrial

G. Clark: Una explicación biológica al origen de la revolución industrial

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3 pensamientos en “La revolución industrial y sus efectos secundarios en la salud mental

  1. Hola Paco, como siempre muy interesante lo que escribes. Hay un párrafo que me parece central y que no me encaja muy bien. Primero afirmas que el cambio para Clark es “genético” y luego en el párrafo siguiente se dice: “Clark con este estudio de neuroeconomía se desmarca, de alguna manera, de los estudios sobre las causas ideológicas, tecnológicas y culturales del cambio, y especulando que ese mismo cambio surgió desde una transición del modelo tribal hacia un modelo de estado nacional”.
    La transición de un modelo estamental al Estado nacional que se produce en Europa en el cambio del siglo XV al XVI, es decir al final de la Edad Media, es un cambio bien estudiado por ejemplo por Paolo Prodi, hermano del ex-presidente europeo, pero desde luego no es un cambio genético, sino claramente cultural. Supongo que se pretende hablar de un modo muy amplio, y no se si preciso, desde la tribu hasta la organización en Estados, pero Roma muchos siglos antes era ya claramente un Estado. Así que el núcleo central del argumento me queda confuso.

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