La pureza


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Portada del libro de Rudolf Bell sobre la anorexia santa

La pureza es la condición de las cosas que tienen una esencia única. Se trata de una virtud fundamentalmente Cristiana. Y vinculada al sexo ( lujuria) como castidad y a la comida (gula) como templanza.

O sea que en nuestro mundo no existe la pureza, más que como una idealización o abstracción. Ni nuestro cuerpo, ni nuestras emociones, ni nuestros proyectos, ni nuestros ideales ni nuestros sentimientos son puros: todos están contaminados por otra cosa. Ni la compasión, la generosidad o la empatía, tres de nuestras emociones más valoradas son puras y siempre se encuentran infiltradas de otra cosa que intentamos mantener oculta. Estamos condenados a la desintegración, a la degradación y a a la putrefacción esa es nuestra condición de seres compuestos.

El libro de Rudolf Bell explora una dimensión hasta hace poco tiempo poco investigada por la ciencia: se trata de la relación entre ciertos trastornos alimentarios como la anorexia mental y la espiritualidad, esa espiritualidad tan cercana a la santidad que habla del forcejeo de ciertas personas por aislar esas dos condiciones que aparecen en nuestro cuerpo de manera tan obstinadamente repetitiva : el espíritu y la carne, el cerebro de la mente, la maldita dualidad.

Catalina Bonancasa mas conocida como Santa Catalina de Siena, nació en aquella ciudad italiana en el año 1347 de un parto gemelar en el que logró sobrevivir a su malograda hermana.

Segun Rudolph Bell, el investigador que escarbó en la vida de la santa, su  libro “Holy anorexia” (La santa anorexia) vino a iluminar no pocos de los recovecos mentales de Catalina, gracias a él conocemos hoy muchos detalles biográficos y clínicos de interés para considerar si la anorexia mental es una enfermedad reciente o si por el contrario era una enfermedad conocida desde la antigüedad y más allá de eso si ha cambiado o permanece intacta plásticamente.

Catalina a pesar de haber nacido en una familia noble es evidente que tuvo una infancia bastante triste , una vida presidida por las calamidades de salud, alguna que otra peste recidivante y la muerte de su hermana mayor Bonaventura que fue la que en definitiva le hizo de madre y la que la preparaba para el matrimonio: la única “salida profesional” junto con la religión para una mujer de su extracción social.

A los nueve años Catalina que era una niña muy piadosa ya tuvo su primer contacto con la divinidad a través de una alucinación religiosa, a los 12 años ya habia emprendido una severa dieta a base de pan, agua y verduras, a los 14 años ya habia manifestado su intención de renunciar al matrimonio y un poco más tarde ante la insistencia de su madre por casarla decidió entrar en religión, concretamente en las dominicas.

Su personalidad era fuerte y decidida con un ligero tinte entrometido y mesiánico, por ejemplo sentía que tenia en la vida una misión: nada menos que superar los conflictos de los estados pontificios divididos por el Cisma de Occidente,para ello  se entrevistó con reyes, prelados y papas siempre con la intención de resolver el conflicto. Naturalmente fracasó en su tarea.

Su vida oscilaba entre sacrificios corporales (se flagelaba con una cadena), un ascetismo alimentario que fue progresando en intensidad y restricción y una actividad fisica incesante. Más tarde comenzó a vomitar lo poco que ingería metiéndose en el esófago una rama de hinojo. Como le sucedería años más tarde a nuestra Santa Teresa de Jesus Catalina acaparó adhesiones y enemistades, hubo quien la acusó de brujería (una acusación muy seria en aquella época) pero poco a poco fue forjándose una imagen de santidad.

Murió a los 33 años a causa de las secuelas de su inanición y un poco más tarde se proclamó oficialmente su santidad, hoy se la considera una doctora de la Iglesia.

¿Existe alguna relación entre este cuadro medieval y la anorexia actual?

La pureza teológica tiene dos delegaciones abiertas en nuestro psíquismo: uno se ubica en las emociones (el asco) y otra en la personalidad: el perfeccionismo. Tanto el asco como el perfeccionismo son franquicias que el anhelo de pureza, es decir el anhelo de aquellas personas que descubren bien pronto “que la vida es un timo” y que pretenden soslayar lo que en ellas hay de material para transformarse en un ente espiritual, exploran. En este sentido, el cuerpo y sus apetitos son siempre un obstáculo para alcanzar esa perfección espiritual a la que aspiran los santos y no solo ellos, sino también hoy algunas muchachas decepcionadas de la vida por una u otra razón.

El asco es una emoción poco estudiada si la comparamos con el miedo o la rabia y parece que se computa en un lugar bien distinto a la amígdala, tiene, por así decir, un procesador propio. El asco evolucionó para protegernos (como el resto de las emociones) y señalizar los peligros de la comida ponzoñosa o los venenos de animales y plantas. Gracias al asco comenzamos a discriminar a pesar de que somos omnívoros los alimentos buenos de los venenosos y a evitar el contacto con todo aquello que pudiera poner en riesgo nuestra salud. Más tarde el asco se hizo moral como también sucedió con el miedo que se hizo simbólico cuando dejamos de ser amenazados por cuestiones naturales. Hoy el asco que experimentamos los humanos es el asco moral, es decir la repugnancia frente a actitudes, conductas, opiniones o hechos que nos resultan peligrosos para nuestra supervivencia.

Hasta tal punto que podemos hablar hoy de enfermedades morales: a partir del momento en que estas emociones se desvincularon de su objeto original y pasaron a formar parte de lo simbólico e interpersonal, en este momento pasaron a formar parte de nuestro patrimonio moral, de nuestro ethos.

.Jonathan Haidt es un psicólogo social del que he hablado a lo largo de este blog en muchas ocasiones, mas información sobre su obra más importante- la mente virtuosa- la podeís encontrar en este post donde habla de la ética de la divinidad, el quinto pilar de la moral:

Etica de la divinidad.-
Pureza-santidad.-
La ética de la divinidad o de lo sagrado existe porque existe descomposición, degradación y corrupción en las cosas y hemos desarrollado profundas defensas de repugnancia frente a las mismas, incluyendo la repugnancia moral. Defensas que son inconscientes y fuera de toda lógica racional, se trata de una repugnancia que procede de las tripas y no de la razón, razones que buscan la recomposición, la integración de los restos y los detritus. Es por eso que a esta fundación se le conoce como ética de la divinidad o de lo sagrado, pues opera con entidades inconmensurables, invisibles, con algo que se sitúa mas allá de la reflexión o del raciocinio.
Por eso pueden existir repugnancias morales y no sólo alimentarias, pues ha habido un proceso de moralización y de desmoralización en la genealogía de nuestra concepción de la moral. El asco es una mueca de desprecio.

Sigamos con las ideas de Jonathan Haidt sobre la moral: para Haidt la moral no es una cuestión binaria, no es algo que se tiene o no se tiene, sino una categoría dimensional. Son bien conocidas las ideas de Haidt sobre las que ya he hablado en este blog lo suficiente como para insistir, pero una vez más voy a tomar esta tabla que resulta muy ilustrativa de estas ideas y dimensiones.

tablahaidt

Tomado de este post

Como puede observarse el asco es la emoción que se vincula con ese cluster de variables que Haidt ha denominado pureza- santidad y que está destinado a evitar contaminantes. Esta es la razón por la que todas las religiones tienen prescripciones alimentarias casi siempre arbitrarias como comer carne de cerdo o evitar el alcohol.

Según Paul Rozin (1987) existirían tres niveles en el asco: uno relativo a lo concretamente ponzoñoso, otro relacionado con nuestra propia naturaleza animal y detritus propios y otro asco que pertenece ya a un nivel puramente simbólico: el asco moral.  Jonathan Haidt es el autor que más ha investigado sobre las relaciones de vecindad del asco con lo moral.

De manera que no es raro que ciertas patologías se encuentren enroscadas en esta emoción -aun mal identificada- destinada a preservarnos de los venenos y ponzoñas de otros seres vivientes y que se manifiesta en un temor a lo desconocido como sucede con la xenofobia. La paradoja de esta cuestión es que estas adaptaciones se produjeron en entornos ancestrales, obsoletos ya para nosotros, de manera que hoy muchas de sus características precautorias han terminado y se convierten en estorbos y muchas veces en manías o patologías que lejos de ser adaptativas resultan inadaptativas e interfieren en la vida de muchas personas, como sucede por cierto con la homofobia.

Gran parte de los trastornos de ansiedad, el TOC (con sus temores a la contaminación), algunos trastornos alimentarios, la hiperemesis del primer trimestre y probablemente los vómitos cíclicos se encuentren enroscados en esta emoción del asco en su origen. Pues el asco se encuentra vinculado muy frecuentemente con las funciones corporales, comer, defecar, orinar, sangrar, y con los fluidos corporales, semen, saliva, menstruacion, etc.

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Es decir con todo lo que nos recuerde la irrevocable degradación de nuestra naturaleza que Winfried Menninghaus ha explorado en un magnifico tratado sobre esta emoción paleolítica a través de múltiples puntos de vista derivados y conducidos por el Geist de cada tiempo o época: psicoanalíticos, antropológicos, estéticos,(lo bello como opuesto), artísticos, políticos, la poesía y la tragedia, explorando sobre todo la poesía de la putrefacción en Kafka, Baudelaire y otros.

Si quereís conocer como andan vuestros pilares de la moral podeís cumplimentar este test de Haidt en linea:  Tu moral.

Mi conclusión es que ciertas patologías que hoy entendemos como alimentarias y que efectivamente plantean dilemas nosográficos importantes tal y como contaré más abajo pueden tratarse de desarrollos hiperempáticos que llevan al individuo a explorar -por razones de decepciones de la vida-, una vía que podríamos llamar espiritual en la misma linea que las santas medievales llevaron a cabo: una disciplina ascética para enmudecer al cuerpo con sus imperiosas necesidades destinadas a la supervivencia, algo que nos recuerda constantemente como contaba Cioran en su “Breviario de la podredumbre” cual es nuestro destino.

Sí existe una enfermedad humana que conocemos con el nombre de anorexia mental es porque existe una posibilidad biológica de enfermar  -dejando de comer- y no sólo de resultar vulnerable a otras enfermedades por la propia inanición. Dejar de comer parece que activa algun tipo de programa neural autónomo que implica determinadas cogniciones que tienden a reforzar esa conducta que en términos lógicos -jasperianos o comprensibles- resulta inexplicable. Más allá de eso aun resulta más inexplicable el que la anorexia mental no reclute entre sus seguidoras una mayor cantidad de enfermedades infecciosas que se suponen relacionadas con la inanición.

En el citado artículo señalaba la paradoja de que la conducta alimentaria restrictiva desafiaba la psicopatología en el sentido de que no podía considerarse una fobia, ni una obsesión-compulsión, ni una forma de suicidio, ni una psicosis o una neurosis vulgar y corriente sino una enfermedad en la que lo psíquico y lo físico se anudaban en una extraña combinación que recordaba en cierto modo a nuestra vieja conceptualización de las enfermedades psicosomáticas por más que la anorexia mental recuerde más bien a una enfermedad puramente mental debido a la imperturbabilidad y la resistencia del paciente a renunciar a sus practicas restrictivas por encima de cualquier consideración bienintencionada. O que aun contando con la voluntad decidida del paciente resulte tan difícil recuperar el peso perdido.

Con todo el lector no deberá interpretar que la anoréxica deja de comer por temer ser envenenada (esto sucede en algunos delirios pero no en la anorexia). La anoréxica nos dirá que teme engordar que es la única forma que tiene de referirse a un anhelo de dejar de ser cuerpo como le sucedió a Eco después de su decepción amorosa con Narciso.

Bibliografía.-

Rozin  Paul: “Moralidad y salud”.

Rozin, P y A, Fallon (1987): «A perspective of Disgust», Psychological Review, nº 94,pags. 23-4.

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