La psiquiatría en tiempos de la “new age”


En este post he escrito mucho sobre la postmodernidad y sobre cómo las ideas sociales compartidas generan cambios en la subjetividad humana, pero nunca había leído nada tan esclarecedor como este post de Pablo Malo que recomiendo desde ya, leer a todo aquel que quiera comprender el mundo de hoy y que incluye una metafísica y una epistemología nuevas tal y como propone eso que hemos venido en llamar la postmodernidad, la caducidad de todos valores en que creímos mientras fuimos modernos.

La postmodernidad puede resumirse en algunos items sin ánimo de ser exhaustivo:

1.- Negación de la realidad.

Según Kant la realidad tiene dos partes, una parte es la realidad fenoménica de la que tenemos noticia a partir de nuestras experiencias perceptivas, aquello que podemos saber precisamente porque obtiene un premio de representación mental sensible. Solo podemos conocer lo fenoménico y el resto al que llamó “noumeno” es aquella parte de la realidad que resulta incognoscible. El “noumeno” es algo que no pertenece a nuestra experiencia sensible sino que es una experiencia intelectual, algo que puede ser pensado pero no experimentado.

Lacan le llamó “lo Real”, para Lacan “lo Real” seria uno de los tres registros de la mente junto con lo imaginario y lo simbólico. Para Lacan lo Real es aquello que no existe, ni podemos pensar, es decir inconceptualizable. Se trata pues de un desarrollo extremo de la idea kantiana. Para Lacan lo Real es también un lugar, un espacio psíquico donde aparece aquello que no ha podido ser simbolizado.

Los postmodernos se acercan mucho a la concepción kantiana sobre la realidad pero van más allá al sostener la idea de que gran parte de la realidad es un misterio que no podemos llegar a conocer y es por eso que la “construimos”. La realidad por tanto es una construcción en gran parte social o consensual determinada por las relaciones de poder.

2.- Relativización de cualquier conducta: el sentimiento vale más que la razón.-

Si la razón es repudiada, lo que queda es el sentimiento individual como suprema verdad. No tener en cuenta la realidad es la explicación de muchos fenómenos actuales como por ejemplo el proceso independentista de Cataluña. No importa si podemos ser o no ser independientes, no importa la ley, no importa la economía, no importan los tratados internacionales, no importa el empleo, lo único que importa es mi sentimiento independentista.

Poner por encima el sentimiento provoca una hipertrofia de la subjetividad y la negación del principio de la realidad. En otro orden de cosas este fenómeno podemos encontrarlo en la clínica diaria. Por alguna misteriosa razón algunas personas creen que pueden tener el cuerpo que desean, no importan las señales que ese cuerpo nos remita dando claros indicios de sufrimiento. “El yo quiero ser esto” se lleva al extremo cognitivo a propósito de “Yo siento así” que se inviste de una legitimidad claramente paranoica y el repudio de la realidad se recubre de una racionalización que se vive como un derecho inalienable.

El resultado es la victimización y un buen grupo de enfermedades que se enroscan sobre la vivencia del cuerpo.

3.- Actitud desafiante contra cualquier autoridad y negación de cualquier saber.

La ciencia no es superior a la pseudociencia, las técnicas new age a la Psicología, los remedios exóticos a la medicina de calidad, la verdad no puede hallarse ni conocerse por tanto todas las cosas que creemos lo son precisamente porque responden a una lógica de poder que unos imponen a otros: las verdades son siempre imposturas que se imponen desde las élites a los gobernados. Un ejemplo de esta imposición, es la negación que hacen ciertos grupos postmodernos al tema del sexo binario: no existen dos sexos sino al menos 112 géneros intermedios que se ofrecen (incluso desde la ONU) como matrices o formas de ser sexual, todas ellas legítimas.

Esta idea, que se opone a lo que sabemos hoy a través de la Neurociencia acerca de las diferencias entre la sexuación cerebral de hombres y mujeres, obtiene tal grado de aceptación que uno no puede sino preguntarse hasta que punto la negación colectiva no influye también en los cerebros individuales de las personas concretas e incluso de universidades de prestigio. Otro ejemplo es el rechazo de la teoría de la evolución de Darwin a la que en no pocos foros se la califica de autoritaria y derechista y va siendo sustituida por una especie de creacionismo laico. Otro ejemplo es la ideología de la corrección política: hay cosas que ni se pueden decir ni se pueden pensar sin ser anatemizado.

4.- Aceptación de cualquier identidad.-

En el devenir de una persona lo importante no es ubicarse en la sociedad o formarse o instruirse para encajar en un sistema que se basa en la dominación/sumisión de unas élites frente a unos individuos frustrados, lo que importa es educarse para saber quién se es, para desenredar y diseminar el ovillo de las identidades claramente no-reproductoras. Naturalmente la postmodernidad proporciona la coartada mejor para un despliegue efectivo de otras muchas identidades periféricas que ahora ocupan el centro. No importa lo que uno sea pues todas las identidades tienen el mismo valor y ocupan el mismo lugar en la linea de salida.

La postmodernidad es contraria al esfuerzo y reniega del valor añadido de unas personas sobre otras, pues ha desplazado el centro de atención desde el individuo a lo colectivo. El individuo no importa lo que importa es el colectivo, naturalmente colectivos que otrora carecerían de voz, minorías “oprimidas” por tanto, como pobres, mujeres, negros, homosexuales, colectivo LGTBi etc.

El mantra de la igualdad ha sustituido a las demandas sociales basadas en la necesidad o en las desigualdades corregibles que en la modernidad acapararon tantos esfuerzos.

5.- Ausencia de contradicción y construcción de la postverdad.

Todos sabemos que hay proposiciones contradictorias, A no puede ser B. Solo en nuestro tallo cerebral que es preverbal y afásico pueden convivir dos tendencias contradictorias simultáneamente, por ejemplo una persona puede desear beber alcohol y no beberlo, comer y no engordar, aprobar sin estudiar, etc. Ambas tendencias se contradicen entre si, o se hace una cosa u otra, no es posible fácticamente llevar a cabo las dos opciones.

En el mundo postmoderno si es posible al menos conceptualizarlo, pues uno de los ejes en que descansa ese pensamiento es que no es posible vivir sin contradicciones internas o entre uno mismo y la realidad (pues no existe realidad mas que imaginariamente), por tanto la contradicción no es en sí misma un engorro que hay que liquidar para resolver un problema epistemológico sino más bien profundizar en el conflicto.

En este sentido la postmodernidad es una interpretación amputada y muy “sui generis” de la dialéctica hegeliana, cuando dice que:

Todas las cosas son contradictorias en sí mismas y ello es profunda y plenamente esencial. La identidad es la determinación de lo simple inmediato y estático, mientras que la contradicción es la raíz de todo movimiento y vitalidad, el principio de todo automovimiento y solamente aquello que encierra una contradicción se mueve. (para comprender mejor esta idea de Hegel, el aufheben, deberá el lector visitar este post)

No cabe ninguna duda de que ciertas patologías psiquiátricas y malestares actuales están relacionados con esos profundos cambios que ha sufrido nuestras sociedades desde los años 70 del pasado siglo hasta aquí. La histeria fue la enfermedad mas prevalente en el siglo XIX y principios del XX y el lector de este blog me habrá oído decir en muchas ocasiones que la histeria no era en si misma una enfermedad sino algo así como una estructura de malestar sobre el cual aparecían y desaparecían síntomas que en general remedaban enfermedades físicas (neurológicas en su mayoría). Usualmente se trataba de malestares femeninos aunque la histeria en los hombres se descubrió en la primera guerra mundial y se nombró como neurosis de combate o neurosis traumáticas. Se demostraba que los hombres también podían desarrollar síntomas de la serie histérica.

postmodernismo

Gráfico extraído del post de Pablo Malo anteriormente citado

Lo importante es recordar ahora que la histeria fue prevalente mientras los humanos europeos vivían bajo la coerción de prohibiciones bien de naturaleza teocrática o bien de la hegemonía de la razón tal y como aparece en el gráfico, pues la histeria es en cierto modo la denuncia subversiva de esa prohibición y un intento de negar la responsabilidad de la transgresión. Una prohibición sexual en las mujeres que acataban en nombre de la autoridad falocentrica o bien de normatividad social, pero no me refiero sólo a la sexual sino también al malestar por la negación del papel histórico y político que acumulaban los hombres para sí. La histeria femenina era un grito de rebelión contra el poder masculino y médico de la época.

Y para los combatientes también existía una prohibición: el no poder escapar de las trincheras sin recibir un tiro por la espalda de algún oficial por cobarde.

La novedad que aporta la postmodernidad es que los síntomas de los malestares psíquicos ya no se enroscan en el eje de lo prohibido-permitido sino en el eje de lo posible-imposible.

Al desaparecer la prohibición los malestares psíquicos se han hecho más profundos, precisamente por la desaparición del goce falocéntrico que ha dejado a muchas personas frente a un vacío-vacío.

Si no hay realidad entonces todo es posible, todo es un constructo social y por tanto “yo soy el que creo ser”, se produce una hipertrofia de la subjetividad y del deseo y el hombre queda solo consigo mismo a merced de caprichos que muchas veces rozan lo imposible como tener el cuerpo que se desearía tener.

Conclusiones.-

Caracterizan a la modernidad, la racionalidad, la esperanza en la ciencia, el abandono de la religión, la educación como método de alcanzar los ideales sociales de igualdad, el culto a la libertad y la emergencia de la responsabilidad como recambio de la antigua y difusa culpabilidad religiosa. La modernidad alumbró (cuando pudo) una sociedad laica, racional, igualitaria y republicana, también una nueva poesía, una nueva literatura, música, y artes plásticas que renegaron de los moldes antiguos y que propugnaban no un nuevo patrón sino en ocasiones la desaparición de los moldes mismos.

No es de extrañar que la psiquiatria emergiera precisamente en este terreno politico y social señalado como “modernidad”, un territorio afin a las descripciones que buscaban encontrar respuestas “naturales” a la idea de la antigua alienación mental teñida de la idea de castigo o de predestinación de origen religioso. Asi, hoy somos psiquiatras y ya no alienistas, médicos y no sacerdotes, cuidadores y no monjes.

Pero después de la segunda guerra mundial el mundo viró hacia una sociedad bien distinta a la que habia dado origen la modernidad del siglo XIX. Una sociedad que podriamos llamar de la opulencia y de los excedentes y que marcó una linea roja en la evolución de la subjetividad y de los Yoes individuales. A esta sociedad presidida por el individualismo feroz, el consumismo como nueva religión, la relativización de lo biológico y de las diferencias, la caducidad de los ideales de la modernidad y la decepción por la ciencia se le llamó postmodernidad (Lyotard). En ella estamos.

En cierto modo la postmodernidad no es sino el paroxismo, el éxito de la modernidad. Si la modernidad con la aparición de nuevas subjetividades (pienso ahora en el efecto Bovary, una de las heroínas de Flaubert que encarna el nacimiento de nuevas frustraciones para el imaginario femenino) puso a muchas mujeres en el diván de los psicoanalistas, siendo la histeria el lugar común de reivindicaciones sobre el cuerpo y el lugar de la mujer en el mundo, la postmodernidad ha propiciado la emergencia de nuevas enfermedades -histerias modernas y multifrénicas- mucho más desorganizadas que las anteriores y que se caracterizan por lo que Erickson ha llamado la “difusión de la identidad”. 

Es por esa razón que algunos autores como Francisco Varela y también Steven Pinker proponen una vuelta atrás , una vuelta ilustrada con nuevos argumentos no teocráticos y una nueva organización de lo humano a partir de las ideas evolucionistas que son en definitiva la verdadera filosofía para nuestra especie.

Hemos de encontrar un sistema de pensamiento y una manera de relacionarnos con los demás que no tome como referencia ni al Yo, ni a Dios.

Algunos post relacionados.-

El triunfo edipico.

La difusión de la identidad.

El trastorno limite de la personalidad y la postmodernidad.

¿Es la anorexia mental la histeria de la postmodernidad? (tres post consecutivos)

 

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7 pensamientos en “La psiquiatría en tiempos de la “new age”

  1. Me sorprende Paco esta toma de postura tan radical sobre la postmodernidad, que obvia evidentemente los excesos de la modernidad y la razón y la ciencia pergeñada por estos y también la dificultad que tiene para acercarse a o humano. Te pongo una cita de Ortega: «la mayor parte de los hombres de ciencia se han dedicado a ella por terror a enfrentarse con su vida. No son cabezas claras; de aquí su notoria torpeza ante cualquier situación concreta».

  2. 2 noticias desde EE.UU. que indican que el mundo ‘se encamina hacia la locura’, o la postmodernidad.
    La primera es la ya mencionada de que EE.UU. reclutará para el ejército a personas con trastornos mentales.
    La segunda es que crean una nueva inteligencia artificial (IA) diseñada para ser mentalmente inestable
    https://elrobotpescador.com/2017/11/16/2-noticias-desde-eeuu-que-indican-que-el-mundo-se-encamina-hacia-la-locura/#more-19271
    Aunque diseñada para trabajos artísticos, bien mirado, quizás se le puedan encontrar a la I.A. inestable, notables aplicaciones médicas para simulaciones en investigación psiquiátrica, aunque también pudiera ser que alguien la dedicase a ideas no muy sensatas. Todo depende de la utilidad que se le dé, o que se tome.

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