¿Qué hay del albedrío?


Somos libres, porque somos impredecibles porque estamos determinados (@pacotraver)

 

Creo que fue ayer mismo cuando leí el interesante y documentado articulo de mi  amigo y colega Pablo Malo (@pitiklinov) en la web de psyciencia. En él aborda Malo, el problema del libre albedrío y sus implicaciones filosóficas, jurídicas y sobre todo psiquiátricas.

Suelo estar casi siempre de acuerdo con las ideas de Pablo Malo, pero en esta ocasión no lo estoy y es por eso que me he decidido a dar mi punto de vista sobre este tema que llevo bastante tiempo rumiando, pues cualquier psiquiatra ha de hacerlo si quiere aproximarse -aun de lejos- a las consecuencias de cualquier acción humana sea patológica, enloquecida o regularizada.

El libre albedrío es una condición psíquica que nos hace sentirnos libres respecto a las elecciones que llevamos a cabo y es algo que va más allá de nuestros gustos o preferencias. Cuando yo elijo macarrones en el restaurante en lugar de arroz estoy eligiendo pero no es este el albedrío que tiene enjundia filosófica. El albedrío es según Pablo Malo:

La definición de libre albedrío que voy a usar es la capacidad de poder hacer otra cosa (dado un estado del mundo determinado). Se le llama en filosofía la definición contrafactual. Para la mayoría de autores, una voluntad libre implica también:

  1. que hablamos de un poder racional, es decir que el sujeto usa la razón para valorar un curso de acción y decide racionalmente. Si alguien decide sin razones se supone que no es una elección libre. Habitualmente, se acepta que los animales no tienen libre albedrío porque no son racionales;
  2. una voluntad libre implica control, si las cosas ocurren por razones sobre las que yo no tengo control, no son mis actos y no se me pude pedir responsabilidad.

Personalmente no me gusta esta definición porque no tiene en cuenta al inconsciente: la mayor parte de nuestras decisiones no son racionales, es decir no proceden de nuestro raciocinio ni de nuestra voluntad. El problema es que hasta que no apareció la palabra “saliencia” no disponíamos de un verbo para sustituir al de “elegir” que suponemos siempre un acto consciente y voluntario. Y las cosas que suceden por fuera de nuestro control siguen siendo nuestras (del mismo modo que sucede en los sueños). Podemos ser agentes de algo sin ser conscientes pero eso no nos irresponsabiliza de nuestros actos. Y más aun: un acto inconsciente puede ser intencional sin ser consciente ni voluntario. Un ejemplo de ello puede ser un síntoma conversivo: es intencional (dice algo a alguien), pero es inconsciente (de su motivo) y es involuntario  (el síntoma no puede ser dirigido a voluntad).

En cualquier tipo de conducta hay tres ejes, el eje voluntario-involuntario, el eje consciente-inconsciente y el eje intencional-no intencional, en el siguiente cuadro puede el lector observar las diferencias entre un síntoma conversivo, un síntoma psicosomático, un síntoma facticio como el síndrome de Munchausen  y la simulación simple.

cubo

De manera que tenemos al menos cuatro formas de disimular que algo que hemos hecho no nos pertenece en realidad, como si alguien lo hubiera puesto ahí.

Los neurocientíficos y filósofos de la mente están divididos respecto a este tema y se clasifican en tres especímenes:

  • Libertarios: creen que las leyes del Universo no son deterministas (no reconocen el determinismo causal que implica que toda causa tiene una causa previa y así hasta el origen del Universo) y que tenemos libre albedrío.
  • Compatibilistas: reconocen que el determinismo causal es cierto (o puede serlo) pero creen que el libre albedrío es compatible con un Universo donde las leyes son deterministas.
  • Escépticos del libre albedrío o incompatibilistas duros (Pereboom):son los que creen que no existe el libre albedrío. Consideran que las leyes del universo son deterministas y que el determinismo es incompatible con el libre albedrío. Tanto los libertarios como los escépticos del libre albedríos son incompatibilistas, es decir creen que determinismo y libre albedrío no pueden existir a la vez. La diferencia es que los libertarios creen que lo que no existe es el determinismo mientras que los escépticos del libre albedrío creen que lo que no existe es el libre albedrío.

En esta clasificación Pablo Malo seria escéptico o incompatibilista y yo personalmente me encuentro mas cerca del compatibilismo.

Compatibilismo significa que creemos en que existe un segmento de la decisión en la que el individuo pudo hacer otra cosa. Aceptando de entrada que la determinación existe pero que no se concreta en nada tangible, sino que existe un menú de respuestas que siendo todas ellas adaptadas o disadaptadas nos permiten “elegir”. Todos los seres humanos podemos en ultima instancia elegir pues de lo contrario el cambio seria imposible.

Dice Malo:

LOS SERES HUMANOS NO ELEGIMOS COSAS TAN IMPORTANTES COMO NUESTRA INTELIGENCIA, NUESTRA ORIENTACIÓN SEXUAL, NUESTROS PENSAMIENTOS, NUESTROS DESEOS, NUESTRAS CREENCIAS, NUESTRA PERSONALIDAD, NUESTRAS EMOCIONES.

¿Entonces cómo explicar que la educación mejore los rendimientos?, ¿cómo explicar los cambios en la orientación sexual acaecidos espontáneamente (de hetero a homo y de homo a hetero)?¿Cómo explicar las curaciones psíquicas acaecidas en psicoterapia? ¿Cómo explicar los cambios que sufrimos en nuestra vida y que están relacionados con experiencias concretas?

Yo no soy el mismo hoy que cuando tenia 18 años y a pesar de que conservo una sensación de continuidad y mis genes no han cambiado. Mis ideas políticas, mis convicciones morales y mis creencias han cambiado y lo han hecho porque las experiencias que he tenido durante mi vida me han cambiado pero también porque esas mismas experiencias me han llevado a elegir. La vida está llena de bifurcaciones, caminos que no tienen vuelta atrás, decisiones que nos obligan a abandonar ciertos tránsitos y a elegir otros que nos parecen -en el momento de la elección- mucho más atractivos para nuestro proyecto vital. Pero también es cierto de que la mayoría de esas elecciones son inconscientes, por ejemplo no sabemos porque nos enamoramos de una persona y no de otra pero eso no significa que no dispongamos de libertad para elegir a no ser que nuestro inconsciente movido por la necesidad de la repetición nos lleve hacia la pendiente de la reexperimentación del trauma original.

Si usted tuvo una madre que le atendió y le amó es muy probable que elija una esposa que le atienda y le ame. Pero si usted tuvo una madre que le desatendió o le rechazó es muy probable que repita esta situación con más de una pareja. Son las leyes del Karma, que Freud llamó compulsión repetitiva ,una especie de demonio determinista. La elección tanto en un caso como en el otro es inconsciente, pero no son inconscientes iguales, hay uno que guarda un anhelo: el de ser amado pero que no cree merecer el amor y por eso se las arreglará para hacer notar que tiene mala suerte.

Y hablando de la suerte vuelvo al texto de Pablo Malo, dice:

La suerte es un factor del que nuestra cultura no quiere hablar. Existe la llamada “hipótesis del mundo justo que plantea que el mundo es justo y que a la gente buena le pasan cosas buenas y a la gente mala le pasan cosas malas. Y que si te pasa algo malo pues será porque algo malo habrás hecho. Es la filosofía del “si quieres puedes”, de que todo el mundo puede llegar a presidente de Estados Unidos y de que si te esfuerzas triunfas, y si eres pobre es porque eres un vago. Evidentemente esto es absolutamente falso. Es verdad que la gente que triunfa se ha esforzado pero también lo es que la mayoría de los que se esfuerzan no triunfan. Pero no podemos dar ese mensaje a la gente porque cundiría el pánico. No podemos decir a la gente que la pobreza se hereda, que tus ingresos y riqueza dependerán del país del mundo en el que hayas nacido y de la clase social en la que hayas nacido.

Bueno, esto es falso, me refiero a la hipótesis del mundo justo. No podemos aspirar a cualquier cosa  porque nuestra vida está condicionada: por nuestra clase social, por el lugar donde nacimos, por la educación que recibimos, por el barrio en que nos criamos, por la atención e inversión parental de nuestros padres y por un sinfín de cuestiones adyacentes de las que es muy difícil escapar pero esto no justifica el determinismo radical. El individuo puede salir del barrio, aprender a tocar el saxo, escribir poemas o convertirse en una estrella del rock. Hay multitud de ejemplos que nos pueden convencer de que determinadas coordenadas sociales son en realidad indeterminadas. Un barrio pobre puede dar lugar a adolescentes marginales con mayor probabilidad pero también a un genio de cualquier disciplina.

Y ahora viene el argumento moral:

Creer en el libre albedrío implica seguir manteniendo un dualismo, es seguir creyendo que hay algo “espiritual” “mental”, etc., que está al margen del cuerpo. Todo tiene causas previas pero si creemos en el libre albedrío pensamos que hay algo que no es afectado por genes, ambiente y azar; algo que está ahí “flotando” valorando todo fría y racionalmente y decidiendo al margen de la historia causal previa que tienen los actos. Esto es científicamente imposible, la neurociencia no ha encontrado ningún homúnculo en el cerebro, ningún núcleo que no este conectado con todos los demás y que por lo tanto no se vea influido por todas las causas previas.

No creo que creer en un cierto segmento de albedrío sea a costa de mantener el dualismo, pero siempre que oigo la palabra “dualismo” casi como un insulto me asusto. Todos los científicos que conozco están en contra del dualismo pero no hay ninguno que  haya resuelto el problema. Desde mi punto de vista que es materialista y que por supuesto no cree en el alma ni en ninguna entelequia que sobrevuele por encima de la materia cerebral, es obvio que la mente humana no equivale al cerebro, se trata de algo más, un salto cualitativo que me parece adecuado contemplar como una pantalla de ordenador llena de iconos (tal y como propone Hoffman en su teoria del interface). A nadie se le ocurriría decir que Hoffman es dual, para él la mente es material solo que se trata de una materia distinta a los mecanismos internos del ordenador.

Cuando pinchamos un icono o una app de nuestro móvil en realidad estamos poniendo en marcha un mecanismo invisible del cual no tenemos ni idea si no somos informáticos, lo que nos interesa es abrir un programa determinado, a nadie se le ocurriría decir que la pantalla donde se muestran los iconos es inmaterial. Sigue siendo material pero es una materia organizada de otra manera.

La mente es pues un interface que nos sirve para relacionarnos con el medio ambiente y que ha de vérselas con el azar, al tiempo que atiende las demandas internas que gran parte de ellas son inconscientes de manera que la mente tiene mucho trabajo, no es raro que consuma más recursos que el propio cerebro.Recursos que en gran parte no están en el propio cerebro sino fuera de él en esa base de datos que llamamos cultura. Y es por eso que a veces la mente se cuelga como un ordenador anticuado.

EL CEREBRO NO ES LIBRE, NO ES UNA TABLA RASA Y NACEMOS CON UNA SERIE DE REGLAS, PROGRAMAS, Y ALGORITMOS IMPLEMENTADOS.

¿Qué duda cabe? Pero existe la crianza, la atención temprana, la escuela y los aprendizajes, existe la socialización, la amistad, las identificaciones, la red familiar, el apoyo social, pero también enfermedades, abandonos, traumas infantiles, elementos que introducen variables de impredictibilidad en ese sistema cerrado con el que nacimos y que nos llevan de cabeza a múltiples intersecciones en las que consciente o inconscientemente elegimos aunque es cierto es que estas elecciones no son predictivas, es decir no sabemos si hemos elegido bien o mal. Por eso Freud solía decir que el psicoanálisis no era una ciencia predictiva sino postdictiva.

Acaba Pablo Malo su articulo con un epígrafe destinado a hacernos pensar en las consecuencias que tendría abandonar nuestra creencia en el libre albedrío para la psiquiatría. No podemos saberlo con seguridad pero si concluyéramos -abrazando la idea de que solo somos marionetas en manos de nuestros genes, el medio ambiente y el azar- ¿qué sentido tendría cualquier tratamiento psiquiátrico o psicológico? Lo mejor seria aceptar lo que nos viene de serie y conformarnos con la lotería de la vida.

Mi opinión, la de los probabilistas del albedrío es que en el humano existe un cierto aunque no un enorme potencial de cambio que aun no sabemos como manipular para que los individuos dejen de sufrir sin sentido. Naturalmente no pretendemos eliminar todo sufrimiento pero al menos podemos hacer que la vida de algunos individuos sea menos desgraciada.

Si creemos en el cambio, es decir si creemos en cierto potencial para elegir. Y parece que no hay mas remedio porque El libre albedrío parece necesitar del determinismo, porque de lo contrario el agente y la acción no estarían conectados. 

Un post relacionado: Libet y la libertad

 

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12 pensamientos en “¿Qué hay del albedrío?

  1. Aunque todo estuviera decidido, aunque el destino de cada uno no pueda ser otro que el que és, aunque los genes que recibamos sean nuestro destino etc., el problema es que no somos constantemente conscientes de nuestro grado de libertad ante las miles de decisiones que tomamos a lo largo de nuestra vida. Vivimos un 90% de nuestra vida en “piloto automático”, por lo que el libre albedrío no nos ocupa más que en contadisimas ocasiones en las que nos vemos obligados a enfrentarnos al determinismo de una decisión.

  2. Hay algo “espiritual” “mental”, etc., que está al margen del cuerpo, hay algo que no es afectado por genes, ambiente y azar; algo que está ahí “flotando”. Esto es ni más ni menos que la definición de vibración o frecuencia electromagnética inherente a toda la materia, y aunque variable, sí existe una interafectación entre genes, y ambiente, todo ello materia (y por ende también vibración), quizás producto del azar o quizás de una tendencia a las sincronizaciones.
    Nada es científicamente imposible, tan solo aun no hemos logrado comprenderlo. La neurociencia ya ha encontrado en el cerebro algo que está conectado con todo lo demás, y esto son las ondas cerebrales, por lo tanto si existe una cierta interacción o interferencia con todo lo demás.
    Pero en lo que se refiere a la cuestión del libre albedrio, mi opinión seria más bien que se trata de un determinismo indeterminado, esto es determinado por algoritmos o creencias producto de nuestras vivencias, pero a la vez indeterminado por las siempre existentes interferencias electromagnéticas ambientales (como demostró el casco de dios de Stanley Koren y Michael Persinger), ya sean estas de índole social (a modo de égregor), terrestre (tipo resonancia Schumann) o cósmica (los distintos rayos cósmicos con sus múltiples afectaciones sobre la materia).
    Resumiendo podría decir, más o menos parafraseando, que más que libres somos impredecibles porque estamos determinados a ser indeterminados.

    • Y, ese indeterminismo que argumentamos como causa del libre albedrío, ¿puede ser otra cosa que azar? ¿cómo? Y si solo hablamos de determinismo+azar, ¿tiene sentido usar para llamar a eso “libre albedrío’? 🙂 ¿se nota que soy incompatiblista’ 😀 el indeterminismo cuántico nos ha ido muy bien para los compatibilistas, pero no debemos olvidar que no hay voluntad, ni intención, en él… asumir eso es viable, pero es una mera creencia, una cuestión de fé. Un abrazo.

      • Desde luego siempre deberíamos entender el sentido del libre albedrio más bien como “grado de libertad” del sistema biológico humano.
        Ciertamente, en el fondo todo se basa en creencias, y la ciencia, no deja de ser un gigante con pies de barro.
        Por lo que a la intención y la voluntad se refiere, si tenemos en cuenta el bioelectromagnetismo humano, y de modo especial a las ondas cerebrales, quizás estos dos importantes componentes del libre albedrio sean tan solo manifestaciones de interferencias o inferencias exteriores sobre nuestro particular nodo de frecuencias pseudoestable.
        De este modo, podría ser que lo que denominamos azar fuese una manifestación, a modo de intento, del fenómeno de la sincronización. Todo lo que oscila, esto es lo que resuena, vibra u ondula a cierta frecuencia, tiende a sincronizarse: desde los relojes de péndulo, hasta distintos cerebros humanos. Ya en 1967, el biólogo estadounidense Arthur Winfree propuso un modelo matemático para reproducir el fenómeno natural de la sincronización colectiva, que se da, por ejemplo, cuando un grupo de personas aplaude. Esta sincronización colectiva seria lo que en religión se denomina “comunión”.

  3. A mi modo de ver, en sentido absoluto no poseemos libre albedrío, pues la acción biológica de actividad celular se reduce a la acción química de ciertas moléculas, pero la acción química se reduce a su vez a una acción física: por ejemplo, el enrollamiento de las proteínas, su modificación en la apertura o cierre de sustancias a la célula, depende en último término de las cargas eléctricas de sus partículas interactuando con las cargas de las partículas de los ambientes considerados.
    Algo semejante a lo dicho para una célula en particular ocurre para las redes neuronales, aunque la complejidad explicativa aumente, pero no su esencia, que es la misma: los pensamientos, las razones, los sentimientos, las emociones, las decisiones, son reducibles a acciones químicas, que se reducen a acciones físicas, y, consecuentemente, la acción mental es determinismo puro en la medida en que los fenómenos físicos lo son.
    Por otro lado, el experimento de Libet puso de manifiesto que la decisión de llevar a cabo un acto se toma en áreas sobcorticales de cuya acción no somos conscientes. La conciencia actuaría a posteriori en mera labor notarial. En el subterráneo de la conciencia y en asamblearia concurrencia de emociones, sentimientos, deseos, temores y razones del intelecto, cada cual con sus razones y conveniencias, pugnan decir la última palabra en la decisión a tomar. Pero esto no niega que desde la conciencia no podamos elegir, pues intelectivamente podemos evaluar un asunto y encontrar razones para asegurar que cierta elección es la correcta, lo que ocurre entonces es que la información de tal elección ha de ser procesada posteriormente en el subconsciente (en esa asamblea ya dicha), que puede dar el plácet o no a las razones que aduce la conciencia. Cada vez que enciendo un cigarrillo tengo razones para creer que no debería hacerlo, pero la ansiedad me puede y lo enciendo; puedo elegir pero mis razones carecen de la fuerza necesaria para hacerlo. Así que en este sentido poseemos libre albedrío, aunque las fuerzas que se oponen a la resolución que toma la conciencia son tan enormes que suelen salir vencedoras y dejan a ésta en paños menores. Es decir, que en aunque a veces la pasión, la emoción, el deseo (de cuya emergencia solo somos conscientes a posteriori) cieguen y anulen la función intelectiva, ahí la tenemos, y por existir esa potencialidad podemos decir que existe la posibilidad de elegir libremente, es decir, que tenemos capacidad para responsabilizarnos de nuestros actos y decisiones. Y en esto el cuadro expuesto, con los tres ejes, me parece que aclara y profundiza.
    Sin embargo, si se mira más a lo profundo, en otro nivel más oscuro, si miramos al experimento de Robert Heath (esquemáticamente, la estimulación de la actividad de una zona del sistema límbico originó un cambio de pensamientos y de sentimientos en un paciente), pudiera ser que el mismo pensamiento surgiera sin razones conscientes para ello. Los que se dedican a escribir hablan de que en cuanto toman el bolígrafo surgen en su mente las ocurrencias sin que la conciencia tome parte en ello. Es decir, pudiera ser que nuestro razonar y nuestro escudriñar y nuestro pensamiento mismo pudiera deberse a razones del inconsciente, con lo cual el libre albedrío estaría a ese nivel más en entredicho.

      • A lo que yo sé, el experimento no contiene nada azaroso. Mediante electrodos colocados en el cerebro de cierto paciente, este doctor estimuló áreas concretas del sistema límbico, el septum, provocando en el sujeto respuestas placenteras de contenido sexual. Lo extraordinario del caso es que, además, se originaron en el paciente pensamientos acordes con ellas. El hecho es descrito así: «un paciente, casi entre lágrimas, estaba describiendo la enfermedad terminal de su padre, y se estaba inculpando de esa situación. Cuando la región septal de su cerebro fue estimulada, terminó abruptamente con esa conversación y en menos de quince segundos sonrió picarescamente y empezó a hablar de sus planes para citar y seducir a una amiga suya». Según confesión propia, los planes acudieron de pronto a su cabeza».

    • Porqué no, pero hay algo más:
      Los astrónomos saben que cuando la actividad solar es alta, la radiación cósmica alrededor de la Tierra es relativamente baja, y cuando es baja, esta radiación aumenta.
      Los agujeros negros supermasivos, la fusión de estrellas de neutrones, las corrientes de gas caliente que se mueven cerca de la velocidad de la luz (…) son algunos de los fenómenos que generan radiación de rayos gamma, la forma más energética de la radiación, miles de millones de veces más energéticos que el tipo de luz que es visible a nuestros ojos”.
      Tanto las exposiciones masivas extremas o acumuladas de rayos X y rayos gamma, ya sean provenientes del Sol o de los rayos cósmicos, alteran la biología de los seres vivos. En modo inmediato las dosis extremas pueden producir quemaduras en la piel, caída del cabello, cáncer, retraso mental y hasta la muerte, de acuerdo a la OMS.
      Según la Agencia de protección del ambiente (EPA) de EE.UU.- la radiación ionizante, entre ellas la radiación de neutrones, “tiene suficiente energía para causar cambios químicos en las células y dañarlas”, es decir puede causar diversos trastornos llegando incluso a la muerte celular.
      Los poderosos rayos gamma derivan de fotones emitidos luego de ciertas interacciones de átomos de nitrógeno y oxígeno. Son ondas superiores porque viajan a longitudes mucho menores y con frecuencias mucho mayores que los rayos X, que a su vez son 50 a 50000 veces superiores a las ondas de luz visible. También los rayos X derivan de los átomos. La física espacial explica que cuando los rayos cósmicos chocan con la alta atmósfera, a su vez destruyen los átomos de Nitrógeno y Oxígeno, dando como resultado la emisión de muchas partículas que se desplazan a diferente velocidad, con diferentes grados de energía.
      Una parte de estas partículas son los neutrones que no se recombinan, sino viajan hasta chocar con los gases de la atmósfera, que los frenan. Si algunos osados neutrones siguen su viaje y golpean la superficie de las naves aéreas y algunos más osados, llegan a la Tierra. Estos suelen ser registrados por los instrumentos instalados en el Ártico y Antártida, donde el número es mayor.
      El problema es que existen neutrones de alta energía que son más dañinos y basta un solo neutrón para afectar los circuitos electrónicos.
      Estudios han mostrado que la mayoría de los neutrones que llegan a la superficie terrestre no afectan los circuitos electrónicos, pero basta que alguno pase por ejemplo cerca de átomos de silicona y ahí los afectan. “Como resultado se produce la creación de partículas secundarias”, que afectan el sistema electrónico. Esto se ha demostrado con daño en las células de memoria de los equipos industriales, como las memorias SRAM.
      Evidentemente todos estos fenómenos deben también afectar a la materia y electromagnetismo de los seres vivos creando disfunciones tipo Glitch o glitsh (literalmente en idish “resbalar”, “patinar” o “caer en picado) que muy probablemente afecten a nuestra capacidad de libre albedrio.
      Es todo esto azar o tan solo algoritmos que aún desconocemos.

  4. De acuerdo Paco, me gustaría preguntarte si los tres ejes que mencionas (voluntad, conciencia e intención) son de tu propia cosecha o si lo has recogido , así como lo expones, de algún autor en concreto, si fuera este caso me gustaría si pudieras mncionar la referencia, siento que ordena ideas en el campo fenomenológico.
    PD. SI por curiosidad deseas saber mi postura al respecto, le hice un amplio comentario a Pablo al final de su artículo en Psyciencia, saludos.

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