Kant y la red neuronal por defecto


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Si nos imaginamos la mente como un espejo de la naturaleza -tal y como se la imaginaba Kant- nuestra mente seria sencillamente una máquina pasiva que procesaría datos externos, los transformaría en símbolos que guardaría y luego recuperaría de nuevo para dar una respuesta dirigida hacia la realidad, pero este tipo de representacionismo de la mente se encuentra en franco retroceso.

Hoy tendemos a pensar la actividad mental en términos de enacción o autopoyesis (Maturana y Varela), de manera que cuando percibimos un color no estamos representándonos ese color en nuestro cerebro sino que lo que estamos haciendo es adelantar una hipótesis perceptiva sobre lo que vamos a ver, de manera que la autopoyesis puede definirse como una percepción guiada por el movimiento, por la intencionalidad. En este sentido veríamos el color cuando nuestro cerebro previamente se ha movilizado en términos de percibir ese color concreto y no otro. Este es el concepto de autopoyesis que en parte se opone al modelo representacionista donde la mente-cerebro seria una especie de receptáculo pasivo de algo que nos viene pre-dado en la realidad. En este modelo de pensar la percepción la realidad es en parte una construcción de nuestra mente que percibe aquel mundo que su percepción puede guiar y no otra y digo en parte porque la realidad tiene leyes que escapan a nuestra intencionalidad como la existencia de la luz o la gravedad.

Vale la pena recordar el concepto de enacción de Francisco Varela un verdadero adelantado en esta misma hipótesis de que el cerebro no se limita a procesar la realidad sino que tiene una actividad intrínseca.

Esta ha sido la idea “politicamente correcta” que ha defendido la neurociencia hasta hace poco tiempo, sobre todo hasta que Raihcle descubriera la “red neuronal por defecto“, un concepto que puedes refrescar en este post.

La idea central de Raichle es que existen en nuestro cerebro ampliamente distribuidos dos circuitos que se encargan de cosas bien distintas, una red ejecutiva central que se encarga de procesar datos de la realidad, de esa realidad que requiere atención y que está guiado por los input externos, es decir la que está orientada a la realidad externa. Junto a ello hay una red neuronal que se activa precisamente cuando no hacemos nada, es decir cuando dejamos de prestar atención ejecutiva a esa misma realidad, cuando descansamos, oímos música, o simplemente contemplamos el mar o paseamos. Es decir cuando hacemos algo no orientado a propósito alguno.

Lo interesante de este concepto es que la actividad de la red neuronal por defecto equivale a la actividad intrínseca del cerebro y que es inversamente proporcional a la vía atencional, es decir se activa cuando la otra se inhibe y se inhibe cuando la otra se activa. Este descubrimiento se debe a Raichle un investigador que se dio cuenta mientras trabajaba con imágenes funcionales por resonancia magnética que cuando los pacientes no hacían nada que requiera atención activaban el circuito “por defecto” que volvía a inhibirse cuando se le ordenaba alguna tarea.

Otra cuestión interesante es que el gasto de energía (oxigeno y glucosa) es similar en ambos casos de lo que se deduce que la red neuronal por defecto no está diseñada para “descansar” sino para pensar de otra manera. En realidad nuestro cerebro no descansa nunca pero como contrapartida se lava los platos sucios el solo sin necesidad de un lavavajillas externo.

Dar de comer al precúneo.-

Emiliano Bruner es un paleoneurobiólogo del grupo de investigadores de Atapuerca que recientemente (2014) ha publicado (junto con otros) ciertas hipótesis evolutivas acerca de nuestro cerebro. Aquí hay una entrevista muy interesante sobre sus hallazgos que tienen relación con esta red neuronal por defecto. Para Bruner y -por explicarlo de una forma breve-, la enfermedad de Alzheimer seria el precio que pagaría nuestra especie por disponer de esa red neuronal que cuando se bloquea quizá a consecuencia de esos complejos amiloides que se consideran causales en esa red, impiden que funcione adecuadamente pues existen interferencias eléctricas en la comunicación entre neuronas. En este sentido lo que nos hizo humanos es precisamente esta capacidad de nuestro cerebro para divagar cuando no hacemos nada. En otro orden de cosas hoy se sospecha que la esquizofrenia y el TDH supondrían una hiperfunción de esta red neuronal mientras que el Alzheimer o lo que en el post anterior llamé “cerebro preocupado” serian subproductos de una hipofunción de la misma.

Y el nucleo central de esa red se llama precúneo.

El precúneo es una estructura escondida en un repliegue parieto-temporal de forma cuadrada (que podeís ver en la fotografía de arriba) y que es por así decir la estación de termino de un circuito que recorre el cerebro de atrás-adelante implicando a otras estructuras, como el hipocampo, la corteza cinglada, el neocortex y el lóbulo parietal. Bien, el precúneo seria el lugar donde reside nuestro autoconocimiento, algo así como la conciencia de si, que mantiene relaciones de circuiteria con la memoria personal y la formación de memorias nuevas. Al parecer la función de este circuito está relacionada con la idea del “conócete a ti mismo” y la introspección, el único viaje que al parecer de Rilke podíamos emprender en nuestra vida: un viaje hacia dentro.

Lo interesante de este circuito es que cada persona lo va a utilizar de una manera diferente – suponiendo que lo ejecute de vez en cuando- las personas con una historia personal de formación poética o musical podrán ejecutarlo siguiendo las mismas propiedades que rigen en otras estructuras. El experto seguirá siendo experto aun utilizando su red neuronal por defecto. Algo así le sucedía a Newton: no podía dejar de ser un físico-matematico ni siquiera cuando especulaba viendo caer a la manzana.  Eso mismo pasa en nuestros sueño: si nos interpelan es porque recrean nuestros escenarios, nuestros recuerdos, nuestras ideas, los personajes que conocimos y los estímulos diurnos. Es por eso que nuestros sueños nos pertenecen del mismo modo que los ensueños diurnos, se trata de patrones entrelazados no por el azar sino por la no-linealidad de nuestra conductividad cerebral. No todo el mundo puede soñar cualquier sueño , ni todo el mundo puede agrupar patrones del mismo modo, unos originalmente y otros de forma enloquecedora. Es por eso que el genio y la locura se muestran tan cercanos.

Mantener tu precúneo encendido el mayor tiempo posible es la labor de cualquier persona que quiera mantenerse creativa y sana.

Haz lo que quieras pero hazlo sin propósito alguno, todos los datos d los que disponemos señalan en la dirección de que eso que llamamos inspiración es un proceso que lleva  acabo nuestro cerebro mientras descansa y a veces de forma inconsciente, posteriormente cuando retomamos la tarea atenciones que se requiere para componer un poema por ejemplo, las ideas fluyen de una manera aparentemente mágica, pero el trabajo ya viene hecho de atrás. Componer un poema, una idea científica o el movimiento de una sinfonía, se lleva a cabo mientras nuestro cerebro descansa, cuando no hace nada: un verdadero elogio de la holgazanería.

 

Bibliografia.-

El articulo de “Investigación y ciencia” donde Raichle describió la red neuronal por defecto

Emiliano Bruner, Gizéh Rangel de Lázaro, José Manuel de la Cuétara, Manuel Martín-Loeches, Roberto Colom, Heidi I. L.”Midsagittal brain variation and MRI shape analysis of the precuneus in adult individuals”. Jacobs. Journal of Anatomy DOI: 10.1111/joa.12155. 8 de enero de 2014.

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Un pensamiento en “Kant y la red neuronal por defecto

  1. No sé si hay indicaciones serias al respecto, pero mi impresión (basada solo en auto-observación, nada científico) es que hay dos cuestiones relacionadas en el texto que igual no están tan relacionadas.

    Una es un funcionamiento que ocurre por defecto cuando no hay atención (via no atencional), ese funcionamiento es consciente aunque no intencional, vamos pensando y elucubrando (lingüísticamente) sin parar y nos “oimos” (aunque no nos atendemos), y muchos de esos pensamientos son aflictivos (y de ahí el mindfulness anti-estress) porque revivimos o creamos situaciones futuras que nos afligen con el ánimo de resolverlas de forma reiterada.

    Pero hay otra función (macro función más bien pues deben ser muchas), que no es en absoluto consciente y que “trabaja” todo el tiempo (independientemente de si hay atención o no), está función de inteligencia es la que nos permite conducir, caminar, y también parece ser la de las ideas geniales o la que te hace surgir a la consciencia esa palabra que no te salía hace unos minutos… sin saber como… el famoso efecto Eureka…

    Parece demostrable en nuestra propia experiencia que eso ocurre independientemente de si a nivel consciente estamos en el modo “por defecto” o en modo “atencional”.

    Otra reflexión por si sirve de algo es que el modo atencional parece ser “el modo de aprendizaje”. Siempre que queremos aprender algo (incluso no conceptual, como patinar) pasamos al modo atencional. El modo “por defecto” parece más bien usar patrones de funcionamiento ya conocidos y es notablemente reiterativo.

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