Fantasmas en el cerebro


Vilanayur Ramachandran es un neurólogo investigador de Neurociencia de origen hindú y es uno de los mayores expertos en el mundo en el tema de “miembros fantasma”. Se trata de esos dolores inexplicables que presentan los amputados y que se muestran muy resistentes a la extinción y que plantean el siguiente problema ¿Cómo es posible que duela un miembro que ya no existe?

Obsérvese como ciertas partes del cuerpo tienen una mayor representación que otras: manos y boca destacan sobre el resto.

Para explicar este misterio se han propuesto muchas teorías enfocadas hacia la explicación del dolor de origen periférico (el muñón) pero todo parece indicar que se trata de un problema cerebral, de desaferentización de la corteza somatosensorial, que como podemos ver en el esquema de arriba adjudica a cada trozo de esa corteza un órgano o miembro concreto. El lector podrá advertir que la anatomia representada en ese homúnculo -llamado de Penfield- no sigue los patrones con los que percibimos nuestro cuerpo, solo que alli, cara y brazos son vecinos, del mismo modo que pie y genitales.

El mapa no es pues el territorio pero lo más interesante de este doble cuerpo (el material y su representacion cerebral, el real y el virtual) no se solapan completamente. Lo que sucede en la corteza del desaferentizado es que los mapas vecinos invaden el territorio de otro cuando este pierde contacto nervioso con la periferia..

Ramachandran conjeturó (y lo demostró usando MEG) que cuando un brazo es amputado, el área cortical liberada que correspondía al brazo perdido es “invadida” por neuronas que responden a la estimulación en la cara que normalmente sólo se activarían en la región de la cara en el homúnculo cortical. Las señales de la cara se activarían entonces en el área de la mano original del córtex y los centros cerebrales superiores interpretarían esta activación como proveniente de la mano fantasma. Los resultados prueban que el cerebro es altamente flexible, y que no está determinado desde el nacimiento tal y como se creía anteriormente.

La mayoría de los pacientes con brazos fantasma sienten que pueden mover estos miembros, pero en muchos el fantasma está fijado o “paralizado”, a menudo en una postura forzada que resulta tremendamente dolorosa. Ramachandran sugirió que esta parálisis se debe a que cada vez que el paciente intenta mover el miembro paralizado, recibe información sensorial (a través de la visión y de la propiocepción) de que el miembro no se mueve. Esta información queda fijada en el circuito cerebral a través de un proceso de aprendizaje hebbiano de modo que, incluso cuando el miembro ya no está presente, el cerebro ha aprendido que el miembro (y el subsiguiente fantasma) está paralizado. Para superar esta parálisis aprendida, Ramachandran creó la caja espejo en la cual un espejo se coloca verticalmente frente al paciente e hizo que los pacientes mirasen el reflejo en el espejo del brazo normal, de modo que el reflejo se superponía ópticamente a la localización imaginada del fantasma (creando así la ilusión óptica de que el fantasma había resucitado). Curiosamente, si el paciente movía su mano normal al tiempo que miraba su reflejo, no sólo veía moverse al fantasma (como era de esperar), sino que también notaba como se movía. En algunos pacientes esto parecía eliminar el dolor en el fantasma. (Extraido de la wiki).

Naturalmente estas ideas no solo tienen importancia para el tratamiento y la comprensión del “miembro fantasma” sino tambien para comprender esos sintomas sin explicación médica que llamamos de “conversión” o de somatización y otros mucho más desconocidos.

Joseph Babinsky fue un neurólogo francés de la Salpètriere para más señas compañero de Charcot y Janet entre otros que describió un curioso síndrome en pacientes que habian sufrido un ictus y presentaban una hemiplejia izquierda. Le llamó anosognosia y consistía en la sensación subjetiva del paciente de no reconocer la parálisis de ese miembro o bien hablaba de él en tercera persona como si no le perteneciera o tuviera autonomia propia, se trataria de un extrañamiento y la incapacidad para reconocer un déficit. Hoy suponemos que la anosognosia es una forma de negación que tiene su sede de cómputo en el lóbulo parietal derecho y está emparentada con la negación de la enfermedad que presentan muchos de nuestros pacientes psiquiátricos.

El propio Babinsky que estaba muy interesado en encontrar signos que demostraran la organicidad o psicogenia de algunos trastornos describió tambien la anosodiaforia, más conocida como “belle indiference de l´histérique”, ese estado mental característico de las histerias de conversión donde el paciente aparece con un tono emocional indolente, sin preocupación por sus déficits sensoriales o motores. Entre nosotros Paco Orengo ha hipotetizado que la anosodiaforia y la anosognosia utilizan el mismo mecanismo cerebral

Por alguna razón que no acabo de comprender hoy llamamos somatoparafrenia a la vieja anosognosia, si bien se le han añadido algunas variantes que por si mismas no justifican el cambio que deja en el olvido a Babinsky y su descripción..

No es la primera vez que vemos esta confusión entre el sustrato físico y el semántico (entre el cerebro y “la mente”). El hecho de que lavarnos las manos pueda de alguna forma lavar también nuestra conciencia, podría explicarse porque los circuitos neuronales que se ocupan de ambas funciones (la limpieza física y la limpieza moral) estén muy relacionados. Las sinestesias que afectan a algunas personas y que les llevan a ver los números como colores o degustar sonidos, podrían también tener su origen en una organización defectuosa del cerebro (o virtuosa: al parecer algunos sinestéticos desarrollan una capacidad fuera de lo común para la música).

Edmund Husserl (junto a muchos otros) definió como dos niveles distintos de procesamiento cerebral, refiriéndose al sustrato físico de las ideas y a las propias ideas (“no es lo mismo el mecanismo que la calculadora utiliza para sumar que el concepto de suma”), se confunden continuamente. En realidad la calculadora no sabe cuando ha de sumar.

Porque en realidad, no existen dos niveles, existen dos lenguajes distintos: el que nosotros usamos para expresar, por ejemplo, algo tan abstracto como ‘libertad’ y el que utiliza el cerebro para “saberse” libre. Si el segundo no pudiese codificar este concepto, nosotros no sabríamos lo que es la libertad.

Obviamente, cuando se trata de un cerebro sano, estos fenómenos son anecdóticos, ya que de no ser así, los seres humanos no habríamos llegado demasiado lejos ¿Pero qué pasa cuando el mapa se rompe? Así, pacientes que han sufrido daños en el lóbulo parietal derecho demuestran una total aversión por uno de sus miembros o por un lado entero de su cuerpo (somatoparafrenia). No lo aceptan como suyo, y se lo atribuyen al doctor o a su asustada mujer o incluso a alguien que no se encuentra en la habitación. Es totalmente ilógico ¿verdad? Pero estas personas sólo tratan de cuadrar la realidad con su mapa cerebral: el lóbulo parietal derecho está directamente implicado en la construcción de la imagen que tenemos de nuestro propio cuerpo. Y si esta imagen se ve distorsionada, el paciente argumentará hasta el absurdo en contra de la realidad.

También existen casos en los que esta distorsión es congénita y no se debe a un traumatismo. En ellos, la persona crecerá con el deseo de que la extremidad en cuestión le sea amputada (apotemnofilia).  Pero ningún médico cuerdo le cortaría una pierna a nadie sin una buena razón, incluso aunque el paciente se los pusiese fácil y le especificase exactamente por dónde quiere que se le realice la intervención (así de claro lo tienen estas personas). Así que lo que acaban haciendo muchos de estos pacientes es intentar automutilarse, provocando daños irreparables en la extremidad y forzando la (ahora sí) necesaria amputación por parte de un cirujano con más práctica que ellos.

El precúneo.-

Emiliano Brunner es un neuroanatomista del CNIEH, que se dedica a la investigación evolutiva de la anatomia cerebral de los hominidos y que tiene en Atapuerca un filón. Fue Brunner el primero en intuir que el lóbulo parietal -que hasta ese momento habia sido descuidado por los anatomistas evolutivos- por andar escondido en un lugar bastante inaccesible a la observación directa, era la estructura cerebral mas reciente en la escala evolutiva. Ningún simio, ni el Neandhertal, ni el homo Erectus disponian de un precúneo. Sólo el Sapiens lo habia desarrollado en un lugar del lóbulo parietal.

Al parecer esta estructura neuronal es clave para la comprensión de muchos fenómenos de nuestra mente pues está relacionada con la autoconciencia, la percepción visual (no olvidemos que el precúneo es una estructura vecina del lóbulo occipital) y con la memoria. De hecho parece que la enfermedad de Alzheimer -característica de nuestra especie- comienza en ese lugar. Es por esta razón que Brunner ha propuesto que el Alzheimer seria el peaje que nuestra especie paga por tener un cerebro con tantas prestaciones. En la misma linea otro investigador Timothy Crow habló de la esquizofrenia.

En conclusión: la capacidad de nuestro cerebro para construir representaciones de sí mismo que duplican al cómputo simple de sí mismo es una de las caracteristicas de nuestra especie. Significa que el cuerpo fisico se solapa con la representación del mismo que se acopla más o menos como un molde sin que termine de encajar del todo con él.

Esta idea del doble cuerpo y del doble procesamiento de la información podria explicarse a través de esta nueva funcionalidad que deriva del precúneo, del mismo modo que podria explicar la autoconciencia, es decir la conciencia que se sabe a sí misma: la conciencia recursiva.

Pero Freud ya habia hablado de esto, le llamo Spaltung, que significa escisión, para Freud venimos de serie cableados para escindirnos o mejor escindidos ya, pero lo que nos escinde no es nuestra inteligencia, ni el lenguaje como dicen los lacanianaos, sino el precúneo, que anatómicamente parece una estructrua desencarnada.

Anatomía del espectro.

Cuerpo y corporalidad son cosas distintas. No voy a insistir en ellas sino decir tan sólo que la corporalidad es una abstracción tal y como dije en aquel lugar pero una abstraccion algo especial. No es una idea como la idea de la “libertad”, la “belleza” o la “pureza”, sino una idea que además de sentido -significación- tiene forma, es un objeto, una cosa. Una forma que suele coincidir con la idea del cuerpo propio que cada uno tengamos, es decir se trata de una idea pegoteada al cuerpo, un duplicado o sosias que lo envuelve como un papel de celofán, algo que lo empaqueta y lo zurce duplicando su anatomia, aunque -por ser virtual- se trata de una anatomia especial como más abajo explicaré.

Una anatomia, la del espectro o esquema que más que esquema es un borrador casi siempre en forma de tapiz o de velo que oculta pues en realidad este alter ego está constantemente haciéndose y deshaciéndose y no es ajeno a los inventos humanos que han incidido sobre su modelado. Desde el invento del espejo -quizá por los egipcios- hasta el cine o la televisión que nos han acercado ese constructo a nuestro consumo e imaginario diario, es evidente que el esquema corporal ha sufrido intensos cambios y vaivenes en su delimitación conceptual: de tal manera que hoy ya no hablamos más de esquema corporal (un término antiguo de la neurología clásica) sino de simulacro: de un cuerpo que es simulado por nuestra actividad cerebral y que tal y como dice Victor Stoichita:

El simulacro es un objeto hecho, un artefacto, capaz de producir un efecto de semejanza y de enmascarar la ausencia de modelo con la exageración de su propia hiperrealidad.

Lo que viene a decir lo anteriomente explicitado: que eso que llamamos esquema corporal es un artificio que tiene la misma existencia que este post, algo que no puede perseguirse en la pantalla del ordenador pues no se encuentra ahi aunque podamos leerlo precisamente ahi, algo que está sin estar, que existe sin tener más existencia que la virtualidad de nuestra atención, algo que ni podemos negar ni apresar en una estructura anatómica, quizá lo mas cercano a la verdad sea decir que el esquema corporal es una construcción virtual dirigida por nuestra intencionalidad y que tienden a simular un modelo original.

Y la función del simulacro es la de oscurecer el modelo original.

Ahora ya podemos comprender porque en nuestro cerebro habitan los fantasmas y tambien para qué.

Bibliografía.-

Orengo García F., “Conversión y Anosognosia: Un mecanismo fisiopatológico común, PSIQUIS, año XIII, vol. 12 (1),11-26.1991.

Orengo Garcia F, “Aspectos clínicos comúnes entre síntomas de conversión y el síndrome de Anton-Babinski”. ARCHIVOS DE NEUROBIOLOGIA. LIII (5), 177-188. 1990.

Sacks Oliver,. “El hombre que confundió a su mujer con un sombrero

Emiliano Bruner, Gizéh Rangel de Lázaro, José Manuel de la Cuétara, Manuel Martín-Loeches, Roberto Colom, Heidi I. L.”Midsagittal brain variation and MRI shape analysis of the precuneus in adult individuals”. Jacobs. Journal of Anatomy DOI: 10.1111/joa.12155. 8 de enero de 2014.

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5 pensamientos en “Fantasmas en el cerebro

  1. En su trabajo ” Somatoparafrenia: Presentación de 3 casos”, comenta Archibaldo Donoso y cols. (Rev Chil Neuro-Psiquiat 2005; 43(4): 337-343), lo siguiente:

    “Distintas lesiones cerebrales pueden causar alteraciones del esquema corporal. En forma ca-
    racterística, las lesiones del hemisferio izquierdo pueden causar autotopoagnosia (muy infrecuente), agnosia digital y desorientación derecha izquierda (que también pueden verse con lesiones derechas).

    Las hemiasomatognosias (defectos lateralizados del esquema corporal) se observan generalmente –o son más evidentes– cuando hay lesiones del hemisferio derecho (1,3). Entre los defectos incluidos en esta categoría podemos mencionar la hemiasomatognosia no consciente (descuido con un hemicuerpo, como parte de un síndrome de negligencia unilateral), la anosognosia de la hemiplejia (no tener conciencia de la parálisis), la anosodiaforia (indiferencia afectiva frente al defecto motor), la personificación del hemicuerpo paralizado (el enfermo lo mira como algo extraño, ajeno), la misoplejia (el paciente expresa disgusto por ese hemicuerpo, e incluso lo castiga), el fantasma supernumerario (el paciente siente que existe una extremidad distinta a la paralizada) y finalmente la somatoparafrenia (SP), término acuñado por Gertsmann en 1942 (3), un delirio en que el paciente cree que ese hemicuerpo
    (o parte de él) pertenece a otra persona. Pero la historia de la SP comenzó antes de acuñarse ese término. Karl Jaspers, en su psicopatología editada en 1917, refiere que un enfermo de Pötzl, con hemiplejia izquierda declaraba que su mano paralizada probablemente era de otro paciente; en otros momentos sentía que a su izquierda ha-
    bía un extraño que quería echarlo a un lado (4).

    Esta alteración de la conciencia del yo corporal puede ser clasificada como delirio, ya que es un juicio patológicamente falseado, con certeza absoluta, incorregible e impermeable a la experiencia propia y ajena (4). Es un delirio dirigido a un hemicuerpo y desencadenado por una lesión cerebral focal, generalmente vascular. Hemos observado sólo 3 casos, que nos interesa comunicar porque, a semejanza de lo que vimos en el síndrome de Capgras, muestran la disociación entre la percepción y el reconocimiento (5). …”

  2. Pues bien, las alteraciones o modificaciones reversibles de la coincidencia o superposición sensorial entre esquema o imagen corporal lnternos y anatomia vera, son múltiples y relativamente frecuentes.

    Las de pequeña escala que se pueden originar de manera casual (por ejemplo cuando nos vemos reflejados en un espejo teniendo las piernas cruzadas y se nos antoja que hay una inversión de la lateralidad de nuestras piernas), o las de mayor escala como las debidas a ictus y ACV´s en evolución o a síndromes de conversión.

    En el caso de estos últimos, presenté la hipotesis en su dia (que menciona Paco Traver en este post), que sugería que el mecanismo que desaferencia de manera central (cerebral) una parte de nuestra anatomia via manipulación interna de nuestra imagen o esquema corporal, tiene que ser el mismo para casos de conversión histérica y para lo que, desde su primera mención por Babinski, se llaman sindromes anosognosicos / anosodiafóricos.

    En otras palabras, la semiología del fenómeno “belle indifference” y el de la llamada anosodiafória, es equivalente. Esta hipotesis tiene un significado inmediato en el ámbito de la histéria de conversión: el mecanismo disociativo que permite la creación del síntoma conversivo es aquel que separa la imagen interna corporal de la anatómica. Se separa “la sombra del cuerpo”, dicho metafóricamente, y la sombra (la imagen corporal subjetiva, vaga por la mente creando nuevas asociaciones. Éstas, confieren al que tiene que experimentarlas la consciencia o noción de que se percibe / vivencia a si mismo de forma distinta a como le dice su anatomia que debería percibirse.

    Ésta “Spaltung der Wahrnehmung” (escisión de la percepción) genera una continua vivencia doble del si mismo a partir de la extraña experiencia de que lo que uno siente en su cuerpo no es lo que su cuerpo le trasmite por los cauces habituales, naturales, sanos.

    Así, por ejemplo, una paciente no sabía, no comprendía, porque tenia una alergia, con sintomatología aparatosa al vino que probaba, a partir de un determinado momento de su vida…hasta que comprendió que no era al vino, sino al alcohol propiamente dicho. Sobre todo desde que su vida se constituyó en una pesadilla cuando su esposo se trasformó en un alcohólico irreversible…

    • Muy bueno, gracias. Me interesa sobre todo ese “ir mas allá del delirio”, los sindroems de negligencia no son efectivamente delirios. ¿Puede considerarse la disforia de genero tambien un sindorme de negligencia?

      • AHORA UN ADDENDUM QUE CONFECCIONO AHORA, PACO:

        IMPLICACIONES SOBRE LOS LLAMADOS SÍNDROMES DE NEGLIGENCIA (Neglect syndromes)

        La separación de una parte de la anatomía del cuerpo, por razones que llamamos “psíquicas”, del esquema corporal que la representa a nivel cerebral, ocurre o puede ocurrir también como consecuencia de los llamados síndromes de denegación o de negligencia corporal.

        Como ejemplo de lo que esto supone, deseo referir la siguiente anécdota:

        Contemplando en una ocasión, hace años en EEUU, la cadena de TV PBS en la que se emitía una entrevista con la famosa escritora de color Tony Morrison, ésta contestó lo siguiente a una pregunta que se le hizo sobre el devenir de la minoría afroamericana en América del Norte:

        “Mire Vd., la actitud del resto de la nación americana y, sobre todo, de sus dirigentes, respecto a la minoría afroamericana es la misma que Vd. o yo tendríamos si reposáramos nuestra mano y brazo en nuestro regazo y olvidáramos intencionada y reiteradamente que la tenemos ahí “apartada”. Con el tiempo la abandonaríamos fuera de nuestro campo de atención y reconocimiento y quedaría prácticamente fuera de nuestro esquema o imagen corporal”.

        Este comentario trajo a su vez a mi mente otro síndrome que había tenido oportunidad de conocer anteriormente y que se conoce como “Síndrome del puño apretado” o “Clenched fist síndrome”. Se trata de una contracción masiva y constante, crónica, de los músculos flexores de la mano, creando un puño permanente imposible de abrir.

        Pues bien, en una caso de esta patología que traté mediante sugestión hipnótica y psicoterapia, fue posible en el lapso de unos dos meses que la paciente fuera abriendo paulatinamente la mano hasta recuperar por completo la movilidad.

        La razón última que se escondía detrás de este síndrome era que la paciente se había pasado media vida usando una llamada “pistola de pintura” para tintar calzado. Mantenía el puño apretado horas y horas rodeando con su mano y dedos la culata de dicha pistola hasta que, en el marco de un conflicto emocional familiar muy serio, dejó la mano “cerrada” permanentemente, olvidándola así de su campo de atención y uso, sin poder volver a trabajar.

        La paciente ésta convirtió disociativamente el conflicto psíquico en un calambre ocupacional muy efectivo que le permitió dejar de hacer la tarea que odiaba y que la mantenía socialmente atada a una cadena de producción agotadora, al contrario que otros familiares que gozaban de una muy buena posición social.

        ¿DONDE Y CÓMO SE PRODUCE LA ESCISIÓN PERCEPTIVA DISOCIATIVA / ANOSOGNOSICA?

        En trabajos anteriores (1,2,3) me centré en la cuestión de la posible localización anatómica y funcional de este mecanismo escisor / disociante / anosognósico. A mi juicio, y siguiendo también lo que describe Paco Traver en su post sobre el lóbulo parietal y el precuneo, la acción del mecanismo debe tener dos lugares o regiones de actuación a nivel cerebral:

        Una debe ser necesariamente separadora de la comunicación interhemisférica o en el plano horizontal de derecha a izquierda y de izquierda a derecha. La otra, en el plano vertical, de abajo a arriba y vice versa, debe aislar selectivamente las vías aferentes sensoriales que se integran a nivel talámico y continúan integradas hacia el lóbulo parietal derecho como “pilas de monedas” que decía MacDonald Critchley, de los tractos eferentes motores que representan y ejecutan las funciones a convertir / disociar / agnosognosificar.

        En cuanto a la primera, la desconexión entre cuerpo anatómico y su imagen corporal debe encontrarse en los lugares que comunican el lóbulo parietal derecho (principalmente) con sus áreas asociativas correspondientes en los centros de la ejecución motora e ideo motriz del hemisferio opuesto. Es decir, en la corteza sensoriomotriz, motora y en los centros subcorticales izquierdos, en diestros puros. En personas que mantienen cierto grado de zurdera y dexteridad, se reparte esto algo más.

        Por otro lado, no olvidemos, en todo caso, que la decusación de las pirámides o vía piramidal motora por excelencia a nivel bulbar, pasa en condiciones normales solo un 15% de fibras de la vía de derecha a izquierda y casi un 85% de izquierda a derecha, en diestros puros.

        EL PAPEL DEL NUCLEO RETICULAR DEL TÁLAMO EN TODO ESTO

        Una cuestión central que se menciona poco en todos estos procesos es el hecho de que en su génesis y mantenimiento, por efecto del propio proceso disociativo, se produce un cierto grado de alteración del nivel de consciencia en lo que se llama un microtrance o trance a secas.

        En efecto, la desconexión / escisión que acontece “se lleva” un porcentaje de lucidez o vigilia y el paciente está discretamente afectado en su nivel de consciencia. Se crea así el famoso “estado oneroide” o “segunda condición” que Bernheim y todos los clásicos describían durante la hipnosis. Como sabemos, las hipnosis es el estado que se genera por sugestión más aparecido al trance histérico / disociativo.

        El lugar perfecto donde todo esto junto podría suceder, con la mayor economía de recursos posible, es el núcleo reticular del tálamo y la zona protuberancial donde se alojan los llamados núcleos de Cajal y Darschewitsch, según pude estudiar en su día (4).

        LITERATURA

        (1) Orengo García F., “Conversión y Anosognosia: Un mecanismo fisiopatológico común, PSIQUIS, año XIII, vol. 12 (1),11-26.1991.

        (2) Orengo García F, “Aspectos clínicos comúnes entre síntomas de conversión y el síndrome de Anton-Babinski”. ARCHIVOS DE NEUROBIOLOGIA. LIII (5), 177-188. 1990.

        (3) Orengo, F. .”Sueño, trance y disociación”. Vigilia – Sueño, 9 (2),131 – 136. 1997.

        (4) Orengo Garcia F. “Sobre las bases anatomofisiológicas del trance y la disociación”. Actas Luso-Esp. Neurol. Psiquiatr., 26, 4 (247-253), 1998.

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