Madre, virgen, puta


madrevirgen

Estella Welldon es una psiquiatra y psicoanalista de origen argentino que trabaja en el Reino Unido y que ha desarrollado su carrera alrededor de temas forenses, especializándose en casos de desviación sexual y criminalidad.

La perversión es un término mal conocido y en cierta manera repudiado por la psiquiatría actual y que según Welldon explica gran parte de los sintomas que padecen los supervivientes de traumas infantiles, pero hay ciertas diferencias entre las formas clínicas que presentan hombres y mujeres.

Antes de Freud no se hablaba de perversiones sino de desviaciones, vicios, inmoralidad o degeneración. Fue Freud quién conceptualizó el término oponiendo perversión a la neurosis, de tal forma que la perversión seria el negativo de la neurosis. “El neurótico sufre por lo que el perverso hace sin sufrimiento”.

Según Freud existen tres posiciones o estructuras psíquicas: la neurótica, la psicótica y la perversa. Cada una de ellas utiliza un mecanismo nuclear fundamental como defensa de los afectos, ideas, emociones o sentimientos que entran en conflicto con el Superyó: los neuróticos utilizan la represión, es decir ese no saber que pregunta, que interroga y que plantea dilemas. El psicótico utiliza el rechazo absoluto, lo que Lacan ha llamado la forclusión, una especie de obturación del agujero psíquico que se agranda con cada embestida libidinal y el perverso que utiliza el “repudio” que Freud llamaba “verleugnung”, que es un saber que ya sabe y que por tanto no pregunta ni inquiere, un desmentido de la ignorancia. El perverso sabe que sus actos son inmorales, abyectos, irresponsables o ignominiosos pero no le importa pues se comporta como un hombre hueco, una conciencia vacía, a cambio mantiene la apariencia, la máscara de normalidad, incluso su capacidad de dar una buena impresión a los demás, pues conoce perfectamente las leyes que gobiernan entre las personas.

Las estructuras psíquicas son diferentes maneras de decir “no”.

Probablemente la palabra “perversión” ha sido excluida del discurso psiquiátrico y psicológico por mala conciencia. Está demasiado vinculada a lo sexual. Y lo políticamente correcto hoy es considerar que todos somos en cierta forma pervertidos sexuales, en el sentido de que el sexo oral, los juegos sadomasoquistas o el fetichismo de la lencería están tan extendidos en nuestras pulcras sociedades que prácticamente todos estaríamos de acuerdo como dice Jesse Behring en que todos somos perversos, sin embargo lo que define la perversión no son las prácticas sexuales en concreto sino la manera en que volvemos la espalda a un significante (usualmente la mujer), deshumanizándolo, convirtiéndolo en una extensión de uno mismo y parcializándolo como una “cosa ” inanimada”. Negándole en cualquier caso la totalidad de un ser completo.

Perversión es poner algo de revés, significa una escisión entre objetivo/objeto. No todas las perversiones son sexuales aunque es cierto que en los hombres, la palabra “parafilia” ha blanqueado el término freudiano de perversión que supone un itinerario aberrante del deseo y sobre todo una organización pulsional que tiende a ocultar el sentido histórico del sufrimiento.

Las parafilias, es decir las perversiones sexuales son más frecuentes en hombres y lo son por razones que más abajo veremos y entre las cuales la más importante es la parcialización, el aspecto parcial del objeto mujer. Pero las perversiones femeninas existen si bien están bien ocultas entre algunas actividades y funciones vinculadas a lo femenino: la maternidad y la prostitución.

El fetichismo es la parafilia central donde los aspectos parciales quedan más a la vista. Y es más frecuente en hombres. Los pies (la parte) es tomada como el todo (la mujer venerada o temida) sin el riesgo de mantener relaciones totales con la mujer propietaria del pie. Aqui hay un post sobre el fetichismo del pie. Es como si algunos hombres (y algunas mujeres) solo pudieran mantener relaciones con ciertos aspectos parciales de la mujer o el hombre (pie, vagina, ano, heces, pene, orina, ojos, etc), pero no con un objeto en su totalidad. En el masoquismo masculino de Sacher-Masoch podemos observar como la veneración hacia la mujer (la Virgen) es el objeto parcial que pone en un segundo plano el acceso carnal que deviene -para el deseo- en algo inalcanzable. Lo que al masoquista (varón) le interesa es precisamente esta denegación: el no poder acceder sexualmente a la mujer venerada. Algo que nos recuerda vagamente al amor cortés medieval y también al arquetipo de la virgen, de la mujer consagrada. Algo relativo a lo sagrado (idealizado) y donde el sexo está excluido.

La madre perversa.-

Pero si existe idealización de la mujer tambien existe denigración de la misma. No es posible la existencia de una sin contar con la otra.

John N. Rosen fue un psiquiatra americano que desarrolló un tratamiento de la esquizofrenia (sin fármacos) a través de interpretaciones de los delirios que para Rosen eran simbolizaciones que aludian directamente a las construcciones inconscientes de los pacientes que habian sido criados por madres inadecuadas. Le llamó análisis directo.

Para Rosen la madre del esquizofrénico es una madre perversa que “no entiende las demandas de su hijo al que no percibe sino como una extensión de sí misma”, es decir existiria como una incapacidad de reconocer las necesidades del bebé induciendo en estas madres conductas que tenderian al rechazo, al ataque o a la deprivación del bebé. El vinculo entre madre e hijo se rompería precisamente por esta perversión materna, pues es en la maternidad donde la mujer va a revivir sus conflictos precoces con su propia madre.

Welldon recupera esta idea de “madre perversa” que describiera Rosen si bien no la aplica directamente a la esquizofrenia sino a un amplio grupo de personas que se caracterizarian por conductas violentas o incoherentes, inacapacidad para someterse a limites, ausencia de referentes y un estilo relacional basado en deshumanizar el cuerpo del otro que se convierte asi en una prolongación del propio (por ejemplo en la relación madre-hijo) o bien en la parcialización del deseo sexual, por ejemplo en la relación de un cliente con la prostituta.

La diferencia entre la perversión masculina, que toma su objeto del mundo exterior, y la femenina, que lo hace con el propio cuerpo o bien con lo que este genera (hijos), es fundamental en la teorización de Welldon. Y es por eso que las autolesiones, los trastornos alimentarios y los trastornos psicomáticos (síndrome de Briquet), son desarrollos más propios de mujeres que de hombres, debido precisamente a esa relación especial y parcial que la mujer tiene de su propio cuerpo. Probablemente el sindrome de Munchausen por poderes es el paradigma más potente para entender el odio de algunas madres hacia sus hijos, un odio que es naturalmente transgeneracional.

El incesto y las madres.-

No cabe duda de que el incesto padre o padrastro hijo/a es mucho más frecuente que el incesto madre/hijo/a. También es más profundamente rechazado por la sociedad y también existen estadísticas sobre el tema. Estadísticas que han terminado por sacar a la luz que no son los padres biológicos los que más frecuentemente abusan de sus hijas sino los padrastros o padres adoptivos. Es lo que se conoce como el efecto Cenicienta descrito por Daly y Wilson..

Pero lo que es cierto es que no disponemos de estadísticas sobre la frecuencia de incestos madre/hijo o hija. Esta falta de investigación puede interpretarse de muchas formas, pero la psiquiatría y el psicoanálisis son buenas plataformas para observar este fenómeno en el entorno clínico. Para Welldon este “olvido” acerca de la capacidad de las madres para abusar de sus hijos tiene mucho que ver con el tabú que abraza a la maternidad, algo sagrado. Se supone en esa creencia que las madres son todas buenas por definición y que no existen este tipo de abusos sexuales abiertos entre madres e hijos. Pero esta idea no es cierta, las madres abusan sexualmente de sus hijos de forma directa y abierta y probablemente mucho más frecuentemente de forma indirecta.

Meterse en la cama con sus hijos o hijas, acariciarse, rascarse, arrancarle promesas del tipo “nunca de dejarás”, contarles sus desgracias o  delegar en el o ella responsabilidades maternales que se rechazan son actividades que generalmente pasan desapercibidas en el escrutinio social. Solo los psiquiatras que se ocupan del trauma pueden haber escuchado historias de este tipo. Y no cabe duda de que Welldon tiene razón cuando dice que la madre recurre a este tipo de seducción para asegurarse una dependencia absoluta y de por vida por parte del hijo o la hija. la perversión de este tipo de madres consiste en impedir que ese objeto parcial (el hijo) que para la madre es una prolongación de si misma no escape de su dominio.

A lo largo de mi vida profesional he visto casos de niños y niñas abusados en este sentido, con independencia de que el incesto se consume o no, lo cierto es que tiene los mismos efectos y que aquellos que han sido victimizad@s por sus madres tienen menos posibilidades de emancipación que aquellos que lo fueron por sus padres o padrastros.

Una explicación a esta diferencia puede ser que las muchachas que son víctimas de incesto en el hogar por parte de sus padres o padrastros acaban huyendo de él, mientras que aquellos que han sido víctimas de su madre se quedan para siempre.

Bibliografía.-

Leopold Von Sacher- Masoch: La Venus de las pieles

Sigmund Freud: “Los tres ensayos para una teoria sexual”

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