El mito del amor materno


“Deberían los hombres buscar otra manera de engendrar a la prole sin sexo femenino, y así no sufriría mal alguno el varón” (Euripides en boca de Medea).

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Claro que una madre puede arrepentirse de haber sido madre

Todo el mundo sabe que el arquetipo materno contiene un tabú universal, la madre es un intocable cercano a lo sagrado y por eso, la maternidad es también un hecho que se supone arcangélico, algo más allá de lo humano. Pero la verdad es que también sabemos todos que las madres no solo aman a sus hijos sino que también les rechazan y muchas veces les odian. En casos extremos -como Medea- les asesinan.

Pensar otra cosa sería inhumano, ¿pues qué razones deberían tener las madres para amar y solo amar a sus hijos? ¿Por qué una mujer deberia acceder a una maternidad ideal sin tener en cuenta sus intereses?. Intereses que muchas veces se hallan lejanos con respecto a los del hijo.

Una de las razones por las que las madres aman a sus hijos y quizá la de mayor peso es que los hijos son suyos. La naturaleza ha previsto que la maternidad sea un hecho seguro, la madre sabe que sus hijos son sus hijos, una certeza que el hombre no tiene. es el nepotismo el principal aliado del amor materno. “Lo amo porque lleva mis genes” aunque lo más corriente es que “le amo porque es mio” y “depende absolutamente de mi”. Hay algo en el recién nacido que nos conmueve y nos moviliza la ternura. Son tan vulnerables.

Otra de las razones naturales por las que las madres aman a sus hijos es una tormenta de hormonas y neurotransmisores que se desencadenan durante el embarazo,parto y puerperio y que cambian la conectividad cerebral privilegiando el cuidado, la lactancia y la protección del pequeño. Una verdadera inundación de prolactina,oxitocina, hormonas de filiación y de estrés incluyendo a las beta-endorfinas acuden al rescate para favorecer el vínculo.

Por ultimo las madres aman a sus hijos porque existe una prescripción social para que asi sea.El amor materno es algo así como un mito al que se le supone por defecto a las mujeres como el valor a los reclutas. Y un mito ya se sabe que es una historia verdadera contada con un lenguaje equivocado.

Pero para decir toda la verdad,  existen conflictos de intereses entre madre e hijo y son transversales a toda la escala animal siendo más obvios entre los vivíparos sometidos a la “cruel atadura” es decir a la necesaria convivencia entre madre -portadora en su propio vientre de un feto- y la necesaria inversión de recursos más allá del destete.

Es por eso que algunos autores hablan de la relación madre-hijo como una competencia agonística.

El embarazo es un paradigma excelente (Haig, 1973) para las explicaciones evolutivas de cómo deriva y se reactivan los conflictos no resueltos de rivalidad de la madre En este sentido se ha señalado que más del 70% de los huevos fertilizados no llegarán a implantarse (Nesse y Williams 1994), se sabe que la madre aborta usualmente fetos con malformaciones o fetos a veces incompatibles con la vida o al menos con escasas
probabilidades de llegar a la edad adulta y reproducirse. El aborto espontáneo es pues un mecanismo fisiológicoque la evolución ha preservado para reducir las inversiones maternas en la crianza de hijos con escasas posibilidades de supervivencia, se trata en este caso –contemplado desde la óptica evolutiva-de un triunfo de la madre en su conflicto agonístico con su feto, su inversión genética, en este caso superflua. Lo mismo sucede conel aborto voluntario, se trata en todos los casos de la hegemonía de la decisión de la madre que prevalece sobre los “intereses” del feto y del padre.
Los conflictos de intereses entre madres y sus crías son comunes en toda la escala animal, las “campañas de reducción de la natalidad”que organizan los estorninos en sus constantes y escandalosas reuniones antes de la época de reproducción tienen como propósito realizar periódicos censos de población, a fin de hacer balance entre los recursos alimentarios esperados, la densidad demográfica y el tamaño de las nidadas (Wynne-Edwards 1962).
El embarazo de la hembra humana no ha sido nunca contemplado en clave de un conflicto de intereses, quizá porque a la maternidad se le supone un origen divino que ha dejado en el tintero la evidencia de que la reproducción para la hembra humana tiene un coste adicional a la de cualquier otra hembra. Para empezar el parto es en la mujer doloroso a consecuencia de la estrechez de su canal del parto y de la bipedestación, por no hablar de los costos en vidas maternas ocasionados
por los partos y que actualmente y gracias a la moderna obstetricia han desaparecido por completo en los países desarrollados. Se ha pasado por alto que las
enfermedades de la gestación pueden contemplarse enclave evolutiva como un conflicto agonístico entre la madre y el hijo y en todo conflicto agonístico hay
alguien que gana y alguien que pierde. La eclampsia, la diabetes, o las malformaciones tumorales de la placenta no han sido jamás interpretadas en clave de este
conflicto de intereses, aunque algunos autores han señalado que:
1.- No sabemos como la madre “reconoce” o “sabe”que su feto contiene malformaciones graves que pueden poner en peligro su supervivencia, pero es evidenteque los abortos espontáneos y su frecuencia hacenpresumir
que existe algún mecanismo de “reconocimiento” al menos celular de tal evidencia (Buss 1999).
2.-Las mujeres que presentan hiperemesis del primer trimestre, es decir aquellas que desarrollan durante el embarazo aversiones o preferencias alimentarias (de
l 75-89% según autores) tienen un índice de abortos espontáneos menor que aquellas que no presentan esta curiosa enfermedad (Profet 1992). Es posible suponer
que la nausea o el vómito sean una manera fisiológica de desprenderse de posibles toxinas alimentariasteratógenas o a un fallo del reconocimiento de las

mismas especifico y muy activo durante la fase de formación de órganos.

3.-El feto también tiene estrategias de competir con la madre, por ejemplo puede segregar un exceso de gonatropina coriónica (HcG) para hacerle saber a la
madre que se encuentra bien fijado al útero y librarse así de un aborto espontáneo (Buss 1999).
4.-El feto absorbe sus nutrientes del torrente sanguíneo de la madre, muchas veces al precio de enfermarla, es el caso de la hipertensión o preeclampsia materna o de
la propia diabetes. El mecanismo para extraer nutrientes que utiliza el feto es liberar substancias que tienen efectos sobre la presión arterial de la madre, a través de la
vasoconstricción (Buss 1999), de hecho existe una correlación negativa entre hipertensión materna y el aborto espontáneo (Haig, 1993).
Pero existen más razones por las que una madre podria rechazar a su hijo. Al fin y al cabo tener un hijo supone aparcar los propios proyectos, carreras, trabajo, sexo y enredarse en una tarea hercúlea para la que se precisarán grandes apoyos sociales que pueden estar o no estar disponibles. La implicación y el compromiso de la pareja en esta tarea es una variable critica cuya ausencia, desinterés o falta de compromiso puede disparar una depresión post-parto.
La depresión es una de las máscaras en la que se oculta el rechazo, pues aquello que no puede ser verbalizado acaba en el inconsciente reprimido y vigilado no sólo por los mecanismos de censura individuales sino también con los grupales: los vigilantes de la norma y la norma es que las madres amen a sus hijos incondicionalmente y si no les aman es que algo anda mal en sus cabezas.

El periparto es un periodo crítico para la díada madre-hijo, en realidad puede pensarse como escaladas de rivalidad entre ambos protagonistas. El niño exige,llora, mama, defeca y mantiene la atención permanente de su madre que pierde horas de sueño, nutrientes, capacidad y autonomía física y muy frecuentemente menoscabos en su autoestima.

Es un periodo critico para la madre, porque en ella se han activado no solamente las pulsiones de nursing y de apego sino también las pulsiones agresivas derivadas de las exigencias de su hijo contra el que no puede luchar y del que no puede tampoco huir debido a la “cruel atadura”que prevalece en todos los vivíparos y con más
evidencia entre los humanos necesitados de cuidados durante un tiempo mucho mayor que el resto de las crías de toda la escala animal. Se conoce este periodo como
postpartum blues, un estado subdepresivo muy frecuente y que tiene que ver con las dificultades de la madre con respecto al manejo de su hijo.modelo que encuentra refrendo clínico en las teorías de Brown (Brown et alt 1986) y Goldberg (Goldberg 1991).
Por no hablar de la pobreza, de la ignorancia, de la falta de experiencia, de los embarazos forzados o de conveniencia. Todos ellos son pistas que nos ayudan a comprender que el amor de las madres por sus hijos no es algo que debieramos dar por descontado. La tarea que encuentro más importante de salud mental en este campo es ayudar a las madres a soportar las cargas de sus embarazos, asistirlas a través de las redes sociales que aun puedan mantenerse vivas y sobre todo mostrarles que los sentimientos negativos contra el feto son normales, que el amor y el odio van en un mismo paquete y que no es conveniente privilegiar a uno y desatender al otro. Ayudar a las madres a comprender que no hay un amor mítico sobrevolando los partos y que en cualquier caso la ambivalencia frente al hecho de ser madre es algo completamente natural, tan natural como el hecho de ser madre, algo que en cualquier caso supone el nacimiento de una subjetividad nueva no necesariamente en sinergia con la otra identidad de la mujer: la de ser mujer, persona o sujeto.
Y ayudarles a comprender que los hijos un dia u otro nos defraudarán.
Bibliografía.-
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