Trauma y estrés


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Cuando un niño aprende una nueva palabra su corteza cerebral se estresa, cuando llora o siente hambre el cerebro del niño se estresa de forma conjunta con su aparato digestivo, cuando hacemos footing nuestro sistema vascular se estresa, cuando suena el despertador nuesto organismo se estresa y es precisamente porque se estresa que nos levantamos de la cama.

Con estos ejemplos basta para entender que el estrés es un sistema hormonal y neuroquimico que se dispara en ciertas condiciones y se calma y desactiva en otras, hasta que adquiere la ritmicidad día/noche propia de nuestra especie y es un equivalente de la perfomance y adaptación que lleva a cabo nuestro cerebro y nuestro organismo entero, en una oscilación continua entre estrés/calma, muy parecido al entrenamiento diario que lleva a cabo el atleta para rendir en las pruebas de su disciplina que también precisa de descansos entre series de ejercicios. El rendimiento muscular es un buen ejemplo para entender que un músculo sin estrés es un musculo atrófico que iria perdiendo sus fibras de no ser que lo ejercitemos a diario. El estrés viene definido por el uso-respuesta del órgano y por su mejor rendimiento.

El estrés es una exigencia, el trauma una sobrexigencia.

Pero a veces el estrés cuando es muy continuado en el tiempo puede devenir en trauma si no se introducen las correcciones pertinentes para su desactivación. Un ejemplo de estrés para un niño de 1 año de vida es el abandono,  la desatención o las discontinuidades de cuidados..

¿Cómo regula nuestro organismo el estrés?.-

El estrés se regula a través del eje hiipofiso-hipotalamo-adrenal, tal y como podemos observar en el gráfico de más arriba. Una exigencia o un estertor medioambiental pone en marcha una cascada de hormonas que se autoregulan en forma de bio-feedback y que implica tanto a órganos cerebrales (hipófisis-hipotalamo) como a órganos a distancia como las cápsulas suprarrenales que son los grandes almacenes de catecolaminas (adrenalina y nor-adrenalina) y cortisol , el otro circuito implicado en esta respuesta de estrés -que e una respuesta de adaptación en cualquier caso es el sistema nervioso vegetativo.

Esto explica por qué en el estrés agudo existen al menos dos grupos de síntomas predecibles: los que proceden de la hiperexcitación y los que proceden de la disociación o congelación. El primero mediado por las catecolaminas y el segundo grupo de síntomas mediados por las endorfinas como en el caso de Amber de mi ultimo post.

Es importante comprender que ambos tipos de hormonas o neurotransmisores se derraman a la vez, tantos las catecolaminas como las endocrinas y sucede porque ambos grupos proceden de un precursor común: la proopiomelanocortina, un neuropéptido también conocido como ACTH gigante.

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Trauma y estrés durante el primer año de vida.-

Los humanos nacemos con una vulnerabilidad superior a cualquier otros ser vivo, nacemos dependientes y lo seguimos siendo durante al menos 20 años más. Dependemos primordialmente de nuestra madre, de nuestros cuidadores y posteriormente de nuestros educadores o instructores, de ellos proceden no solamente los bienes sino también los males que podemos recibir. Es posible afirmar que si recibiéramos amor y solo amor no existirían traumas ni enfermedades o malestares mentales. Todo vinculo es el haz y el envés del cielo y del infierno y la figura más importante en esta carrera de cuidados y/o negligencias o discontinuidades es la madre o su equivalente.

No es extrañar puesto que hoy sabemos que las neuronas del tallo cerebral y del mesencéfalo que ya están sembradas en el lugar que les corresponde han de realizar sinapsis, contactos entre ellas, siguiendo un proceso secuencial que va de abajo-arriba, de lo más antiguo a lo más moderno. El niño en su primer año de vida ha de regular estas conexiones a partir de los aportes que le llegan de su medio ambiente, es decir de la madre. también sabemos que lo más importante de la tarea materna no es la alimentación, sino el contacto físico, la regularidad de los estímulos recibidos, la repetición y la sincronización de tal manera que se configure un patrón predecible. Un bebé recién nacido no está sincronizado con su medio ambiente, ni siquiera es capaz de discriminar el día de la noche y su tallo cerebral ha de comenzar a regular su patrón de sueño. Al principio dormirá casi todo el día pero paulatinamente comenzará a necesitar menos sueño hasta que logrará con el tiempo sincronizar sus horas de sueños con el ritmo día-noche.

Para ello precisará de una amplia gama de estímulos entre los que nombraré el balanceo rítmico que espontáneamente las madres llevan a cabo con sus hijos, las melodías y las canciones que sirven para calmar el estrés hasta que el niño es capaz de asociar la calma y la seguridad con el hecho de estar en brazos, ser mecido o tranquilizado con prosodias. les hablamos a los niños por la misma razón que les hablamos a los perros, ellos no entienden el contenido de lo que decimos pero son capaces de apresar la entonación para después asociarla a algún tipo de emoción tranquilizadora.

Hay adultos o adolescentes que no permiten que les toquen, este tipo de personas son aquellas que no fueron acariciados, tocados, abrazados o tenidos en brazos, no llevaron a cabo ese aprendizaje esencial que todos en mayor o menor medida empezamos a entender en nuestro primer año de vida. Asociar el contacto físico con la calma, la proximidad y la protección.

Ver los trabajos de Harlow y la naturaleza del amor en este post de Pablo Malo

Los estragos en el primer año de vida.-

René Spitz fue un psiquiatra austriaco que escribió un libro acerca de sus observaciones en un orfanato después de la segunda guerra mundial. Aquí escribí algo sobre su teorización sobre los organizadores del psiquismo, una especie de etapas o hitos que una vez alcanzados abrían nuevas posibilidades de aprendizaje. En este sentido, madurar y también crecer es los mismo que establecer conexiones neuronales, asociaciones entre las estructuras más profundas del cerebro en busca del cerebro más moderno, allí donde habitan las palabras: la corteza cerebral.

Spitz describió los cuadros clínicos que desarrollan esos niños institucionalizados que o bien habían quedado huérfanos durante la guerra o bien eran hijos de madres solteras y que seguían distinta suerte según la madre les visitara o no, también en función de la ventana plástica de cada edad y el tiempo que podía esperar a que siguiera abierta. Describió un síndrome común a todos ellos que llamó hospitalismo y que era una manera disimulada de nombrar sobre todo al abandono por parte de sus madres. Aunque en el orfanato había una buena alimentación, higiene y cuidados reglados, observó que los cuidados impersonales, es decir llevados a cabo por personal poco motivado para la empatía con los niños tenia efectos colaterales a largo plazo. Describió también un síndrome que llamó depresión anaclítica que se revertía si la madre volvía a reunirse con el bebé y que volvía a aparecer si desaparecía, del mismo modo que describió la forma maligna de este evento: dependiendo del tiempo transcurrido en la separación el niño ya no volvía a recuperarse. También observó que algunos morían en un estado de marasmo o inanición.

Describió también otro fenómeno desconcertante: el retraso en el desarrollo ponderal iba las más de las veces acompañando al retraso psicomotor, a pesar de que los niños estaban bien nutridos y avanzando la hipótesis demostrada ya hoy  de que los niños necesitan que la comida vaya acompañada del placer de darla. Comer no es un acto mecánico o vacío sino que es rellenado con muestras de afecto, juego y compañía agradable. El hambre puede saciarse pero el placer de comer (la recompensa cerebral) no puede llevarse a cabo si el que nos alimenta lo lleva a cabo como si fuera un robot o lo hace como una rutina desagradable o siente excesiva ansiedad.

Los efectos a largo plazo del trauma.-

Lo importante es saber que a cada trauma no le corresponde un efecto concreto, pues las variables que intervienen en lo traumático son demasiadas para poder llevar a cabo una tabla de equivalencias: todo parece comportarse como un proceso caótico o no.lineal, una especie de efecto mariposa para entendernos. Así las variables más conocidas son las siguientes: 1) la vulnerabilidad individual, 2) La ventana plástica (la edad de desarrollo), 3) si el trauma fue único (tipo I) o continuado (tipo II).

Por ejemplo, un hogar con un padre alcohólico o violento que maltrata a la madre y aunque ese maltrato no implique al hijo genera un entorno de miedo, desamparo, rabia y desvalimiento que tendrá consecuencias a largo plazo (pero no sabemos cuales ni con qué intensidad), aunque en el corto plazo no haya habido maltrato directo hacia el niño.

De manera que podemos concluir que para que haya trauma e necesario un estado mental concreto: el miedo, la rabia y ser vividos además con esa impotencia que psicológicamente llamamos indefensión. esa sensación de que hagamos lo que hagamos no podremos evitar el daño.

Esta idea requiere cierta explicación, ¿por qué existen consecuencias postraumáticas de los traumas después de muchos años de que sucedieran?

Habituación y sensibilización.- 

Un organismo vivo responde de dos formas ante un estresor, son dos formas de aprendizaje ya implícito en los organismos inferiores (ver en este post), una es la habituación y otra la sensibilización.

La habituación es una forma de adaptarse a los entornos tóxicos y la sensibilización por el contrario es una manera de hacerlo a ambientes nuevos o peligrosos. Lo importante es resaltar que tanto una como otra forma de aprendizaje tienen efectos a largo plazo. Por ejemplo un adicto a la cocaína requiere cada vez más droga para conseguir los mismos efectos, la euforia o “subidón” que busca. Este hecho se conoce como habituación pero la cocaína tiene además otros efectos más a largo plazo, la sensibilización a la misma es la responsable de la paranoia, sensibilización en este caso del sistema dopaminérgico.

Es por esta razón que los efectos de un trauma son duraderos y a veces se difieren durante años, hasta que algún acontecimiento reciente gatilla de nuevo aquella respuesta traumática tal y como sucede con los recuerdos traumáticos, esos flashbackss que parecen que solo responde a las asociaciones de nuestra memoria.

De manera que los síntomas de una patología traumática puede participar de estos tres tipos de variantes:

  1. La reexperimentación
  2. La hiperexcitación, hipervigilancia o tendencia a los sobresaltos.
  3. La desconexión, el desinterés y el aislamiento.

Sin embargo el TEPT que es una estructura patológíca mas común de desarrollos traumáticos en los adultos no aparece en esta forma típica en los niños. En ellos la patología adquiere tintes especiales sobre todo en trastornos de la conducta (hiperexcitación) o de desconexión (deficit de atención) o de ambos (TDH completo con hiperactividad y deficit de atención). El trastorno oposicionista desafiante e otro de los cuadros clínicos sospechosos de causa traumática. Y si el niño ha sido diagnosticado de todo ello podemos estar seguros de que tenemos un sufrimiento traumático ante nosotros.

Sólo hay que buscarlo y la mejor forma de encontrarlo es preguntando a la madre o cuidador principal. Pero para buscarlo hay que pensar en ello. Nadie busca lo que no sabe que existe y obviamente los traumas infantiles se caracterizan por haber seguido una historia de olvidos recurrentes, no solo por sus víctimas sino también por la sociedad en general.

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