¿Por qué somos heterosexuales?


La identidad sexual no existe, son los padres  (Jose Carlos Vaqué)

testosterona

La verdad es que esta es una pregunta más interesante que esta otra ¿A que se debe la homosexualidad?. En realidad lo que necesita una explicación es la heterosexualidad o lo que es lo mismo la sexualidad humana, ¿Nos viene de serie?¿Que es innato y qué es adquirido en la sexualidad? ¿Se aprende a ser heterosexual u homosexual?

Este post tratará de responder a estas preguntas aunque advierto al lector que para comprender este asunto debe practicar cierta epoché, es decir la suspensión del juicio, tanto ideológico como moral y aceptar además otra consideración: no hay una repuesta lineal a todas estas cuestiones, es necesario que se ponga las gafas de leer en clave no-lineal o policausal y aprenda a combinar mentalmente los datos que conocemos, tanto de la neurobiologia, como de la genética, epigenética y socialización medioambiental, políticas de Estado y otros que proceden del uso “racional de la razón” para comprender al menos parte de este enigma de las sexualidades humanas.

Lo que sabemos con seguridad es que no existe ningún gen que regule ni la heterosexualidad ni la homosexualidad. Sin embargo la homosexualidad es una condición parcialmente heredable, aqui en este post puede el lector averiguar más sobre esta cuestión.

Heredabilidad de la orientación sexual.-

Sobre la heredabilidad de la homosexualidad dicen Le Vay y Hamer (1994):

  1. Reuniendo los datos referentes a varones se encuentra que en el caso de gemelos monocigóticos homosexuales la probabilidad de que sus otros hermanos gemelos sean también homosexuales es del 57%, mientras que en el caso de gemelos dicigóticos homosexuales es del 24% y del 13-14% la probabilidad de que sea también homosexual un hermano no gemelo de un varón homosexual;

  2. Los datos referentes a la homosexualidad en mujeres indican que los porcentajes de hermanas lesbianas son de un 50% para el caso de gemelas monocigóticas homosexuales, de un 16% para el de gemelas dicigóticas y del 13% la probabilidad de que también sea lesbiana una hermana no gemela de una mujer homosexual;En conjunto, la heredabilidad del carácter “orientación sexual” resulta ser de un 53% (con un rango de variación del 31% al 74%) en varones y de un 52% (27-76%) en mujeres. Por heredabilidad de un carácter se entiende la proporción de variación fenotípica del carácter observado en la población que es atribuible a la variación genotípica.

¿Pero si no existe un gen para la orientación sexual qué es lo que se hereda?

La herencia de la orientación sexual puede explicarse a través de la epigenética, es decir los polimorfismos (alelos) que adquieren los genes cuando se expresan en el cerebro:

Un gen se expresa en un órgano diana, en este caso el gen -sea el que sea- se expresa en el cerebro. Significa que en nosotros, una especie diploide, somos portadores de dos juegos de genes, hay uno de ellos que se expresará con mayor intensidad que el otro. La pareja de un gen cualquiera puede operar como silenciador o como adversario del otro gen. Lo que suponemos que sucede con el “gen gay” es que hay uno (el de la madre probablemente) que le gana la partida al del padre, puesto que los polimorfismos compiten entre si para llevarse el gato fenotipico al agua. La consecuencia que tiene esta batalla entre genes es que el cerebro de ese niño va a recibir menos testosterona. Hay otras posibilidades que se han barajado en el caso de los gemelos, es probable que uno de ellos se lleve la mayor parte de testosterona circulante dejando al otro deprivado, bien por la posición que ocupa en el útero o bien por cualquier otra razón.

Tener un cerebro masculino es haber recibido testosterona durante el periodo fetal. Contrariamente a esta idea la feminización del cerebro no depende de las hormonas femeninas (que no atraviesan la barrera hematoencefálica) sino de la deprivación de las masculinas. Una niña, en este sentido es un feto deprivado de testosterona.

El candidato más probable es aquel grupo de polimorfismos que se expresan en el cerebro del feto y que inducen la síntesis de receptores de testosterona. Si esta idea resultara cierta tendriamos que convenir que la masculinización de un cerebro no es algo que funcione de modo binario (si o no) sino que puede funcionar como un continuo, con un amplio espectro de posibilidades que irian de muy macho (100%) a muy hembra (O%).

Estamos hablando del cerebro, no del sexo genital o gonadal. Y estamos comenzando a entrever que son posibles ciertas discrepancias entre la sexuación del cerebro y la sexuación del cuerpo.A esta discrepancia se la conoce como “disforia de género”

¿Cuantos sexos hay?.-

La mayor parte de la población estaria incluida en el centro de campana de Gauss que incluiria a hombres con cerebros más o menos femeninos (empáticos) y a mujeres con cerebros masculinos (sistematizadores), en la terminología de Baron-Cohen, es decir cerebros tipo B o balanceados..

Baron-Cohen publicó en ese libro su ya celebre teoría del cerebro masculino extremo. En síntesis la idea de Baron-Cohen (que antes ya había sido promulgada por Asperger) es que el autismo representaría la supervivencia genética de ciertas habilidades instrumentales que determinarían un cerebro masculino extremo. Para aquellos que deseen profundizar en esta idea de Baron-Cohen pueden visitar este post que titulé “La gran diferencia”.

La idea de Baron-Cohen ha sido apoyada por muchos investigadores evolucionistas que han llegado a la conclusión de que en la especie humana -en las sociedades de cazadores-recolectores- emergieron dos tipos de talentos ligados al sexo. El primero de ellos, fue llamado talento sistematizador y es el talento que construye instrumentos, se orienta en el espacio y presta atención al por qué  funcionan las cosas. En el extremo opuesto habría un talento social, empático, que presta atención a los vinculos y las relaciones entre las cosas y que se preocupa sobre todo del cómo funcionan. A este talento se le ha llamado mentalizante

Ahora bien Baron-Cohen llevó a cabo su investigación en relación con los talentos masculinos o femeninos no en relación con la orientación o la identidad sexuales. ¿Podriamos pensar en una especie de espectro sexual del mismo modo que hablamos del espectro autista-mentalizante? ¿Podriamos pensar que no hay dos sino múltiples identidades y orientaciones sexuales?

Lo curioso de los cerebros balanceados de Baron-Cohen donde coexisten rasgos masculinos y rasgos femeninos en lo cognitivo es que coexisten en paz, es decir no producen en el sujeto portador ningún tipo de malestar subjetivo.

Podriamos pensarlo asi, sobre todo en los casos extremos, pero qué sucede en el centro de esa campana? ¿Por qué la mayor parte de nosotros somos heterosexuales?

Existen personas que piensan -sobre todo los ideólogos del género- que la orientación sexual es una construcción social, lo que equivale a decir que ser hombre o ser mujer es una especie de conformidad con las reglas sociales de asignación de género. Esta idea contiene algunas gotas de verdad y otros errores de sesgo ideólogico. Pero antes de meterme en esta idea me gustaria refrescar una vieja idea de Freud que dice asi: “la libido es bisexual”, lo que significa que el amor-sexo no tiene en principio objeto y que es tan posible que un hombre o una mujer amen tanto a una mujer como a un hombre. El propio Kinsey era de esta misma opinión y existe incluso una pelicula que habla de ello. De manera que para Kinsey la idea del espectro sexual no sería hoy descabellada.

La idea es la siguiente: todos naceríamos siendo bisexuales, es decir indiferenciados, la orientación sexual dependeria en parte de las experiencias sociales y en parte de una “facilitación genética”. Esta idea que cada vez tiene más evidencias vendría en parte confirmada por Baumeister quien habló de la plasticidad erótica de la mujer. Dicho de otra manera, para Baumeister la bisexualidad es más evidente entre las mujeres, aunque paradójicamente hay menos mujeres lesbianas que hombres gays.

Seria ingenuo pensar que la sociedad en su conjunto no presiona para que cada sexo tenga asignado un rol y vigile que nadie se escape de ese lecho de Procusto. Claro que esa presión existe, hay dos sexos y hay la reproducción, por tanto el grupo debe presionar para que estos dos sexos se encuentren, se emparejen, tengan hijos y mantengan el compromiso el mayor tiempo posible a fin de hacer a las comunidades cohesionadas y laboriosas. Claro que existe esa vigilancia y esa prescripción y claro que existe la homofobia, del mismo modo algunas culturas han prescrito y tolerado la homosexualidad a fin de mantener controlada la reproducción, lo que era intolerable para los griegos no era la conducta homosexual en sí misma sino la homosexualidad absoluta, es decir el hombre soltero y sin hijos o esposa. La homofobia ha de contemplarse como una presión del grupo para evitar las desviaciones de sexualidades fugitivas y no tanto como una fobia individual. Y del mismo modo la tolerancia griega ha de contemplarse como un modo de asegurar la reproducción.

La sociedad presiona pero los niños y las niñas tambien aportan de forma innata sus propias preferencias. Baste ir al recreo de cualquier colegio para observar que los niños prefieren jugar con otros niños y que eligen juegos más violentos que las niñas, que a su vez se agrupan entre sí a la hora de jugar en grupo. Tampoco hace falta ser un investigador en niños para saber que niños y niñas prefieren determinados juguetes ya desde muy temprana edad. No es que los niños prefieran jugar con camiones o mecanos porque la sociedad les obligue a ello, simplemente si pueden elegir harán esa elección y no otra. Del mismo modo las niñas preferirán las muñecas, los recortes de figuras humanas y conversar con sus iguales. Cada uno de nosotros nace marcado con un determinado polimorfismo que le inducirá a seguir determinadas preferencias en sus juegos y no otras. No se trata de una construcción social pura sino que existe una facilitación innata para que niños y niñas elijan distintos juegos.

¿Es la orientación o la identidad sexual algo adquirido?

Me gustaria ahora transcribir al pie de la letra una sesión que mantuve recientemente con un paciente heterosexual.

“Soy el primogenito de una familia convencional, tengo un hermano y una hermana menores que yo. De pequeño me crié entre mujeres, mi madre, vecinas, abuelas, tias, primas, etc. Habia una ausencia casi militar de hombres, a mi padre le veia poco y estaba siempre malhumorado, de manera que podria decir que las mayores influencias que recibí vinieron de la mano de mujeres.

Recuerdo que me gustaba imitarlas en sus gestos y su manera de andar, y que me encantaba calzarme aquellos zapatos de tacones altos con los que pretendia caminar por el pasillo, tambien me gustaba espiarlas y verlas desnudarse o mirarles las bragas por debajo de la mesa. Recuerdo haber tenido erecciones a muy corta edad. A veces las veia pintarse las uñas y recuerdo que intenté hacerlo un par de veces siendo reprendido duramente por mi madre. “Eso es de mariquitas” me espetó, luego me castigó. En otra ocasion traté de calzarme las medias de mi madre y las eché a perder, mi madre me castigó por ello y volvió a hablar de mariquitas. Desde entonces comprendi que ser un mariquita era una cosa muy mala y yo no queria ser mariquita. “Tu has de ser un machote”.

Vemos como en el caso anterior el sujeto (un niño varón) relata dos hechos contradictorios, por un lado su excitación sexual al contemplar o espiar desnudos y bragas y por otra cierta tendencia a imitar a las mujeres de su familia. También podemos observar como la madre extingue la conducta al considerarla inadecuada y dirige conductualmente al niño hacia el lecho de Procusto de su sexo.  También podemos pensar qué hubiera sucedido si en lugar de extinguir esta conducta la madre la hubiera reforzado pintándole ella misma las uñas.

¿Quién estaria equivocada, la madre que extingue o la madre que refuerza?

Naturalmente si la identidad sexual viniera determinada del todo, es decir si fuera innata e irreversible entenderíamos que la madre del paciente anterior habría forzado, torcido la inclinación natural del muchacho. Pero la identidad sexual no existe sino una especie de compromiso pulsional entre el Yo, y sus objetos, un posicionamiento frente a la seducción, frente al amor y frente a lo que nos gusta e imitamos. Y a esta edad no hay todavía una cristalización de ninguna creencia identitaria, el niño imita y se excita sin saber exactamente a qué se debe su excitación que por si misma puede resultar aterrorizadora.

También se sabe ya que la maquinaria de nuestra facultad de conocer sufre desviaciones y saltos. Podemos cometer errores sistemáticos, configurar creencias a partir de simples impresiones, obrar con ilusiones cognitivas, tomar atajos y prestar una atención focalizada a cualquier capricho u ocurrencia. Especialmente interesante a este respecto es uno de los llamados heurísticos intuitivos: cuando tenemos que enfrentarnos con una cuestión difícil procedemos usualmente a contestar una más fácil en su lugar, y ello sin darnos cuenta de que damos con ello un cambiazo cognitivamente fraudulento. Hablando claro: si la madre del niño anterior le hubiera preguntado, ¿te gustaría ser una niña? y el niño contestara, estaría contestando a otra cosa. En esta manifestación un niño diría sí y otros dirían no pero seguramente no a la misma cosa.

Es verdad que la mayor parte de nosotros somos heterosexuales por razones del medio ambiente siempre y cuando el medio ambiente no contradiga la pulsión sexual y siempre la contradice pues la sexualidad, recordemos está prohibida, o al menos regulada y modelada socialmente.

Pero antes de concluir que la sexualidad de los humanos es algo diverso y no-binario deberíamos saber un poco más de eso que llamamos medio ambiente y como se articula con nuestra predisposición genética. Será en el próximo post.

Bibliografía.-

LeVay, S. y Hammer, D. (1994). Evidence for abiological influence in male homosexuality.Science American, 270, 20-25.

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