De espaldas al mal (XXVIII)


Si usted ha tenido hijos sabrá lo mal que lo pasamos los padres con esas salidas nocturnas de nuestros hijos y que acaban ya al despuntar el día, sin saber donde se han metido nuestros jóvenes adolescentes siguiendo los dicterios de esa estúpida moda de vivir de noche.

Y no cabe duda de que la noche es el principal aliado de los perpetradores.

Si usted tiene hijas, es seguro que sufrirá por esos malos encuentros que pueden dar al traste con su vida y si usted tiene hijos se preocupará más probablemente por la posibilidad de que se metan en líos, en peleas o en desencuentros con la ley. Y un sufrimiento común: los accidentes de tráfico, el alcohol y las drogas.

Es seguro que usted les ha advertido y les advierte de los peligros de la noche en cada salida y es también seguro que ellos no le escucharán, y no le escuchan por varias razones: la primera porque las advertencias vienen de usted y son recibidas como muestras de control por su parte, le dirán que es usted un pesado y que no debe preocuparse. Todo intento por su parte de señalarle los peligros de la vida quedarán en nada y la razón más importante por la que no le escucharán es porque ellos viven de espaldas al mal, es decir se encuentran instalados en la creencia ingenua de que son libres.

Atrás quedaron aquellas recomendaciones de cuando eran niños, usted les enseñó a cruzar la calle mirando a ambos lados de la calzada, les enseñó a cruzar por pasos cebra o a respetar los semáforos, también a ir en bicicleta, no pudo evitarles alguna caída, pero en aquella época ellos asimilaban sus advertencias de una forma más activa, ahora parece ser imposible, cualquier enseñanza de este tipo de peligros que les acechan hoy es sentida como una retahila pesada de augurios bien ajenos a su condición.

Pero vivir de espaldas al mal no solo es cosa de adolescentes, pasa en los conductores de vehículos, pasa en los peatones, en los ciclistas y en las mujeres. No cabe duda de que vivimos en un mundo donde todos las cautelas se han disipado o adormecido, como si vivir en un entorno seguro, una democracia, bien tutelados por el Estado hubiera hecho desaparecer todos los controles anticipatorios individuales que debemos engrasar continuamente para evitarnos malos encuentros.

En este sentido dice Camilla Plaglia:

En mi época de estudiante (1963), declara, las estudiantes universitarias debían estar en sus dormitorios antes de las 11.00 P.M. Luchamos para combatir ese reglamento, queríamos que se nos deje decidir lo que haríamos con nuestras vidas, lo que incluía nuestra vida sexual. Luchamos para que las autoridades universitarias no se metieran en nuestras vidas, en nuestras relaciones personales. Queríamos correr con el riesgo de la decisión”.

“Hoy -dice- ocurre lo contrario. Con la bandera del feminismo reclaman que sus derechos no son respetados, que sufren acoso sexual, y solicitan la intervención de las autoridades cuando no saben cómo manejar sus relaciones”.

Tener preferencia en los pasos cebra no significa que hayamos de cruzar sin mirar, hemos de estar seguros de que el vehículo parará o de que nos ha visto. La preferencia del peatón en un paso cebra no le inmuniza frente al atropello y aunque “la culpa” sea del conductor del vehículo la peor parte se la lleva el más débil en este caso el peatón, el peatón ha de tomar ciertas cautelas antes de cruzar un paso cebra. La mayor parte de ustedes estará de acuerdo en esto pero lo que probablemente nunca hayan pensado es que la existencia de muchos pasos cebra en una ciudad correlaciona con un mayor número de peatones atropellados en esa misma ciudad, aunque no necesariamente en pasos cebra. Es como si nuestro cerebro se sintiera demasiado seguro cuando somos peatones y minusvaloráramos el riesgo.

La prevención de la violación y los abusos sexuales.-

No cabe ninguna duda de que ninguno de nosotros hemos enseñado a nuestras hijas qué hacer en caso en este tipo de malos encuentros, damos por sentado que no sucederán si confiamos en el grupo de personas de su entorno o de que ellas sabrán qué hacer en el caso de que se vean en un problema de este tipo y lo que no sabemos es que nuestras hijas están muy mal equipadas para defenderse de una agresión sexual, no sólo porque no dominan ningún tipo de arte marcial sino sobre todo porque no son capaces de detectar el peligro y si lo detectan no serán capaces de atender a esta primera señal de peligro que su cerebro les manda y menos aun si han tomado alcohol.

La doctrina políticamente correcta de prevención de los abusos sexuales pasa por el adoctrinamiento de los hombres, una creencia ingenua de tipo Rousseauniano que consiste en suponer que reformando a los hombres, eliminado las diferencias entre los sexos, purificando los roles sexuales, reinará la armonía y la felicidad. y desaparecerán todas las lacras de la sexualidad: el abuso, la violencia de genero, la pederastia y otras lacras.

Naturalmente esta creencia es falsa y se inscribe en otra de carácter jurídico sancionada por la Ley, se trata de la teoría de la visibilidad. Según dicha teoría hay que luchar para hacer emerger todas las formas de maltrato sexual que aun se encuentran ocultas en la sociedad. Para los defensores de esta teoría el origen de este tipo de agresiones son debidas al “heteropatriarcado” -un constructo teórico nuevo- que viene a señalar en la dirección de la causalidad: si hay agresiones sexuales es porque existe un poder masculino que se transforma en “micromachismos” por un lado y en agresiones sexuales por otro. Según esta idea los hombres (todos) somos sospechosos de ser violadores y las mujeres (todas ) son inocentes víctimas que nada tienen que ver con lo que les suceda.

Esta teoría predice que a más denuncias y a más visibilidad social más conciencia se extenderá por todos los rincones de la sociedad y llegará un momento en que los hombres dejarán en paz a las mujeres y dejarán de abusar de ellas.

Los hechos parece que desmienten esta teoría y le dan la razón a la teoría del copycat.. Esta teoría enfatiza el carácter de contagio de este tipo de actitudes violentas. La excesiva visibilización que se da en los medios, la televisión y los informativos con un enorme cantidad de detalles biográficos de la vida corriente de estas personas “da ideas” a otros que siguen su pasos, no sólo en el crimen planeado sino también en la forma en que se lleva a cabo. Este fenómeno que se ha estudiado mucho en los casos de suicidio y que se conoce con el nombre de “efecto Wherter” es calcado del efecto copycat y que permite predecir que a menos visibilidad mediática de estos crímenes estos disminuirían.

De manera que estar en contra de la teoría de la visibilización no es ponerse al lado del secretismo sino del contagio social. Las víctimas han de ser atendidas por policías, jueces y psicólogos pero no por periodistas ni mucho menos por políticos. Es difícil entender la publicidad que se da a este tipo de casos tan truculentos que estamos acostumbrados a ver en los informativos y qué ventaja pedagógica puede existir en la divulgación de sus detalles.

Hay muchas opiniones sobre qué podemos hacer para disminuir las agresiones sexuales pero tengo la impresión de que se trata de un “wicked problem” es decir de un problema complejo que no admite soluciones simples y que como buen problema endemoniado parece empeorar con cada solución propuesta. La solución más sensata aparentemente es la pedagógica: enseñar desde la escuela a no abusar de nadie y mucho menos de los más débiles. Esta solución que curiosamente es la que funcionó durante décadas se encuentra hoy en franco retroceso por varias razones. la principal es la idea de la igualdad, una igualdad basada más en el género que la condición de ciudadano. Los chicos en la escuela y movidos por esa idea de igualdad tienden a maltratar o acosar igual a las chicas que a los chicos más débiles (y lo mismo sucede con ellas) y como al parecer esos abusadores de patio de colegio no desaparecen por más que lo deseemos, lo cierto es que cada vez los acosos son más frecuentes y más graves, sobre todo desde que han aparecido nuevas formas de acoso como las redes sociales.

Otra de las ideas interesantes puede verse en este video de Ted:

Lo que propone Jackson Katz para resolver las agresiones o abusos sexuales es superar el énfasis en la díada víctima/perpetrador y pasar a un enfoque donde los hombres tomen a cargo este problema que según él solo afecta a los hombres. Se trata de un asunto de hombres, dice.

Esta idea es calcada del programa Kiva que recientemente se ha implantado en las escuelas finlandesas con un -dicen- gran éxito. Se trata de convertir a los “espectadores inocentes” en agentes del cambio. Los niños que presencian abusos en la escuela no deben mirar hacia otro lado, sino que han de participar en desactivar estas agresiones. Pero el entorno de un aula no es el mismo de la vida real: siempre habrá agresiones sexuales (de hombre a mujer u a otro hombre) del mismo modo que siempre habrá mujeres que tratarán de eludir su responsabilidad con denuncias falsas o que tratarán de beneficiarse de su posición de ventaja sea sexual o sea en el ámbito familiar.

La ventaja de este programa es que elude centrarse y enfocar el problema tanto en los abusones como en sus víctimas, traspasando el relevo a esa masa critica de personas que “miran y saben pero no ven”. Es desde luego una buena idea pero en el caso -y ahora vuelvo al video de Katz- fiarlo todo al concurso o a la pedagogía de los hombres no me parece una buena idea. ¿Por qué los hombres?

Poner el énfasis del cambio de este tipo de actitudes en los hombres es una gran ingenuidad que parece relacionarse más con un castigo infantil: “ponerlos cara a la pared” que con una estrategia bien pensada y que funcione a largo plazo

Antes de seguir con mis argumentos me gustaría intercalar un axioma sobre la conducta masculina: “El abuso, la intimidación y la amenaza son parte del repertorio de tácticas empleadas en situaciones competitivas de los hombres”. Dicho de otra manera el cerebro masculino está cableado para la rivalidad con otros machos, es decir para la rivalidad intrasexual.

Algo que podemos ver crudamente en las interacciones de los chicos en la escuela y luego más sutilmente en otras escalas como en el mundo del trabajo, del deporte o explícitamente en la guerra. La pregunta que viene a continuación es ésta: ¿por qué los hombres desvían hacia las mujeres esa hostilidad cableada para lograr un puesto en la jerarquía de los hombres? ¿Qué ha sucedido para que las rivalidades intrasexuales se proyecten en rivalidades extrasexuales y se conviertan en ese acoso detestable que algunos hombres llevan a cabo son sus parejas?.

Otra razón es que las mujeres han dejado de ser consideradas “intocables” y han pasado a verse como rivales intrasexuales en una especie de ceguera sexual  De hecho la mayor parte de agresiones de hombres hacia mujeres se realizan por hombres que ocupan un bajo lugar en la jerarquía social  ( y tampoco sabemos cuantos de ellos son españoles o extranjeros), los vencidos o perdedores en la competencia agonística con otros hombres son los adultos más peligrosos para las mujeres. En suma los hombres deprivados de sexo y oportunidades, peor si pertenecen a etnias o culturas donde la mujer no es vista como un sujeto de derechos.

Por otra parte y como es obvio el hombre ha de disponer de más iniciativa que la mujer para conseguir emparejarse de tal modo que es previsible que exista mas acoso (más insistencia) del hombre hacia la mujer que de la mujer al hombre, pero de todos modos lo que es previsible es que existan más hombres que mujeres que son víctimas de otros hombres. Concretamente en 2014 hubo en España 324 asesinatos (el 64,7 de los asesinados eran hombres) y solo 53 mujeres fueron asesinadas por sus parejas o exparejas. Con respecto a la violación no he encontrado cifras oficiales y si muchos posts donde se da por cierto que en España se produce una violación cada 8 horas y una suposición gratuita: solo una violación de cada cinco se denuncia. Lo que no sabemos (si no se denuncian) es de donde salen estas cifras. Aqui hay una web sobre el tema.

Dicho de otro modo_ los valores patrifocales fueron protectores para las mujeres de tal forma que lo que estamos viendo hoy no es sino la consecuencia del colapso de estos valores patrifocales.

Pero hay mujeres que ya no quieren ser protegidas, quieren ser tratadas como iguales por los hombres, no quieren ser menores de edad como sus madres y se oponen a cualquier solución que pase por una vuelta atrás en el sentido de una educación diferenciada en la escuela, del signo que caracterizó a nuestra generación, donde se nos enseñaba: “a las chicas ni tocarlas”.

Es por eso que Kingsley Browne que es un profesor de leyes  y que incorpora ciertas intenciones de psicólogo evolucionista en sus trabajos,  ha escrito una serie de artículos y de libros esenciales para comprender el tema del acoso, sobre todo en el ambiente laboral del que es, por su profesión, experto.

Y que comienza con una declaración polémica y en cierto modo provocadora: “Los hombres acosan sexualmente a las mujeres, porque ya no son sexistas”. En otras palabras, los hombres no están tratando a las mujeres de manera diferente a como tratan a otros hombres  pero legalmente sucede lo contrario: los hombres acosan a las mujeres precisamente porque no hay discriminación entre hombres y mujeres.

La solución más sensata es repensar qué es eso de la igualdad sexual. Es decir una igualdad que tenga en cuenta las diferencias biológicas, las estrategias que cada sexo pondrá en marcha para maximizar sus resultados, las diferentes expectativas respecto al sexo que tenemos hombres y mujeres, sobre todo en el corto y largo plazo y sobre todo enseñar donde están los riesgos  y los peligros que una mujer debe saber evitar cuando se encuentra sola: en suma aprender a discriminar los entornos seguros de los inseguros y sobre todo aprender a gestionar sus emociones y a no lanzar mensajes contradictorios en sus juegos de seducción. El No o el Si, son mensajes que en gran parte de las ocasiones no son verbales.

Para terminar este post donde he tratado de resumir algunas consideraciones sobre las paradojas de la igualdad me gustaría añadir algunas recomendaciones que da Judith Herman en su libro esencial “Trauma y recuperación” para la autoprotección de las mujeres:

“La mayor parte de la gente se arriesga sin necesidad, con frecuencia las mujeres corren riesgos ingenuamente, ignorando el peligro o mostrándose rebeldes y desafiando el peligro. La mayoría de las mujeres no reconocen el grado de hostilidad masculina hacia ellas y prefieren pensar que la relación entre sexos es inofensiva. También les gusta pensar que tienen mas libertad y un estatus más alto del que tienen en realidad. Una mujer es especialmente vulnerable a la violación cuando actúa como si fuera libre, cuando no respeta las restricciones convencionales sobre vestido, movilidad física e iniciativa social. Las mujeres que se comportan como si fueran libres a menudo son descritas como “sueltas” o ” que no significa sólo a que no están atadas sino a que son provocativas sexualmente.”

En el próximo post analizaré porqué este tipo de mujeres son el blanco preferido por algunos hombres.

 

 

 

Bibliografía.-

Un articulo de KIndsley Browne http://general.utpb.edu/FAC/hughes_j/Browne_2002.PDF

 

Un pensamiento en “De espaldas al mal (XXVIII)

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