Luz de gas (XXVII)


trauma y recu

Luz de gas es una película de 1940 en la que un hombre trata de enloquecer a su esposa a través de una serie de trucos y es el término informal para definir una serie de estrategias domésticas para el dominio de un miembro sobre el otro, usualmente por parte del hombre hacia la mujer (o de un progenitor frente a su hijo) y es equivalente a lo que entendemos como violencia doméstica, maltrato doméstico, abuso emocional y en su grado más grave, crímenes de género.

“Luz de gas” es tambien una estrategia de tortura (consciente o inconsciente) que consiste en llevar a cabo acciones destinadas a socavar el principio de realidad de la victima al mismo tiempo que se niega la autoría de tal estrategia. Algo asi como un asesinato de la percepción, un percepticidio. Algo asi como “no lo hice yo”, o “no fue mi propósito” o “lamento que lo hayas tomado asi”

Judith Herman es una psiquiatra de Harvard de orientación feminista y seguidora de las tesis originales de Janet  que se ha especializado en los temas de estrés postraumático y sobre todo incesto, maltrato de género y abuso sexual infantil. Su libro “Trauma y recuperación” es hoy un clásico del género y en él propone la necesidad de un nuevo diagnóstico que de cuenta de otras variantes de abuso que puedan explicar la atipicidad de ciertos trastornos psiquiátricos incomprensibles -según ella- con las herramientas diagnósticas al uso.

Pone el énfasis en los criterios diagnósticos del TEPT (trastorno por estrés postraumático. Para el diágnóstico de este trastorno es necesario cumplir el criterio A.

El primero (criterio A) se refiere a la delimitación del trauma, señalando que un evento traumático es definido como tal si: (a) la persona ha experimentado, presenciado o le han explicado uno o más acontecimientos caracterizados por muertes o amenazas para su integridad física o la de los demás; y (b) la persona ha respondido con temor, desesperanza u horror intensos.

Es decir ha de haber una estrés identificable, intenso, objetivo y que causaría síntomas en la mayoría de la población que lo haya sufrido, como sucede por ejemplo en los desastres naturales, violaciones, ataques con armas, sucesos de guerra, accidentes de tráfico, perdidas múltiples, participación o presencia en atrocidades, etc.

Pero aquellos que hayan seguido esta serie sobre el trauma ya habrán observado que la variedad de eventos que pueden llevar a un sujeto a una situación traumática es inmensa, y lo es de tal modo que hoy consideramos que es traumático cualquier evento que convoque dos elementos fundamentales 1) el intenso miedo que compromete la integridad física y 2) la situación de helplessness, es decir la indefensión, o lo que es lo mismo, una situación es la que el sujeto siente que haga lo que haga no podrá cambiar con sus esfuerzos la situación en la que vive.

De manera que existen al menos dos tipos de traumas, uno que es único y agudo (traumas tipo I) y otros que son continuados, expectativa habitual e insidioso con periodos libres de miedo/indefensión y reconciliaciones con el perpetrador o dudas con las propias apreciaciones. Todo parece indicar que cada tipo de trauma generan un cuadro clínico bien diferente. El ejemplo de la cautividad es paradigmático tal y como conté en anteriores episodios de esta misma serie.

Judith Herman propone que los diagnósticos actuales se quedan cortos para comprender los cuadros clínicos que se derivan de la cautividad doméstica o aquellos traumas continuados que suceden en la infancia o la adolescencia y es por eso que propone un nuevo diagnóstico: El trastorno por estrés postraumático complejo comprendería.

(1) Alteraciones en la regulación de los impulsos afectivos. Incluye dificultad para modular la rabia y las conductas autodestructivas. Este síntoma indica déficit en la regulación emocional y el autocontrol e incluye las adicciones y comportamiento autolesivo, que son, paradójicamente, a menudo, usadas como salvavidas.

(2) Alteraciones en la atención y la consciencia, tales como embotamiento, lentitud de procesamiento, dificultades atención y concentración, amnesias, episodios disociativos y despersonalización. Se considera que la disociación tiende a ser un mecanismo de defensa ante el abuso interpersonal prolongado y severo ocurrido durante la infancia.

(3) Alteraciones en la autopercepción, así como un sentido crónico de culpabilidad y de responsabilidad personal, que cursa con sentimientos de intensa vergüenza. Los individuos abusados crónicamente, a menudo interiorizan el abuso como una forma de autovaloración (Courtois, 1979a, 1979b; Pearlman, 2001).

(4) Alteraciones en la percepción del maltratador. Incluye aceptación, dependencia e incorporación de su sistema de creencias. Estas características organizan las relaciones complejas, el sistema de creencias y posibilitan los abusos premeditados que continúan de forma repetitiva a manos de los cuidadores primarios, en caso de menores.

(5) Alteraciones en las relaciones con los otros. Dificultades para confiar e intimar, desarrollo de fuerte sensación de vulnerabilidad y peligro cuando inician nuevas relaciones afectivas en la medida que se hacen más intensas e intimas. Perciben que las personas con las que se relacionan afectivamente pueden utilizarlos y dañarles sin respeto y consideración de sus propias necesidades.

(6) Somatización y/o problemas médicos. Estas reacciones somáticas y condiciones médicas pueden explicar directamente el tipo de abusos sufridos y algún daño físico, o bien puede ser más difusa y aparecer como somatizaciones.

(7) Alteraciones en el sistema de significados. Los individuos abusados crónicamente, a menudo sienten una gran desesperanza acerca del mundo y del futuro. Así mismo creen que no encontraran a nadie que les entienda o entienda su sufrimiento. Mantienen un gran conflicto interno, con niveles de angustia altos, e intentan encontrar a alguien que les ayude a recuperarse de su angustia psíquica.

Podríamos considerar que algunos de estos síntomas tratar de organizar el significado del mundo y de las relaciones en un proceso de aprendizaje patológico, que está siendo legitimado por el resto de personas consentidoras. De esta manera, los síntomas disociativos proporcionan una respuesta protectora natural a la arrolladora experiencia traumática, que surgen como una respuesta automática al estrés, en este sentido aparecen como reacciones disociativas primarias el olvido, la fragmentación y el embotamiento emocional (Kisiel y Lyons, 2001), precediendo o acompañando a la despersonalización, desrealización y amnesia. Si es complicada la evaluación del TEPT en la infancia, más difícil resulta encontrar instrumentos de evaluación adecuados y psicométricamente fiables para analizar los diferentes síntomas del trastorno por estrés postraumático complejo.

Algunos autores consideran que las tendencias suicidas, las conductas de riesgo, la revictimización, la labilidad emocional, la impulsividad y la inestabilidad afectiva, generada como respuesta al estrés grave, coinciden con las características del trastorno límite de la personalidad y también encajan con las personas que han sufrido de forma crónica maltrato doméstico.

Que Judith Herman describe con este ítem en sustitución del criterio A:

A.- El sometimiento a un poder totalitario en un periodo de tiempo prolongado (de meses a años) Los ejemplos incluyen rehenes, prisioneros de guerra, supervivientes de campos de concentración e incluyen a aquellos sometidos a sistemas totalitarios en la vida sexual y doméstica, abusos en la infancia y explotación sexual organizada.

Herman incluye un listado de síntomas abigarrado y completo que abarca toda la psiquiatría y aquí se encuentra precisamente su punto más débil. Parece  aceptar el hecho de que cualquier síntoma psiquiátrico puede derivar de una situación traumática lo que convierte las descripciones sintomáticas en un bucle que parece buscar su causa.

Según Herman el 60% de los pacientes psiquiátricos internados y entre el 40-60% de los pacientes externos tienen historiales de abusos físicos, sexuales o ambos. En un estudio en una sala de urgencias psiquiátrica (Briere y Zadi, 1989) el 70% tenían un historial de abuso.

Y cuando uno lee estos datos no puede sino preguntarse cómo es posible que después de 40 años de ejercicio de la psiquiatría no haya caído en tal evidencia. Lo cierto es que en nuestro entorno no hemos observado tales correlaciones y esto solo puede deberse a dos razones, o bien en España (y Europa) en general tenemos distintas clases de población psiquiátrica o bien nos encontramos frente a un sesgo de confirmación y uno encuentra lo que quiere encontrar.

Para finalizar el trastorno de estrés postraumático complejo es un buen nicho nosotáxico para encajar los síndromes continuados de maltrato en la infancia más que el síndrome de maltrato doméstico y hay que sospecharlo en aquellos casos que los diagnósticos psiquiátricos son múltiples y diversos o incluyen, trastornos de personalidad (sobre todo el TLP) ,las dificultades de los niños para relacionarse con sus iguales y con sus educadores, el consumo de drogas, la disregulación del humor y las dificultades para regular los impulsos, así como los trastornos de la conciencia y los trastornos de la autopercepción.

 

5 pensamientos en “Luz de gas (XXVII)

  1. Ese porcentaje entre el 40% y el 60% de pacientes psiquiátricos con historial de abusos no me parece nada descabellado, y seguramente se cumpla también en España.

    Una cosa que he notado yo como paciente (también víctima de maltratos continuados en la infancia) es que psicólogos y psiquiatras tienen dificultad para entender que los maltratos son reales y no son fabulaciones ni exageraciones del paciente. Por lo general, la persona que puede sacarse una carrera universitaria (sobre todo una de prestigio como Medicina) suele provenir de hogares donde los maltratos no se dan, por lo tanto le resulta inconcebible el relato de los abusos continuados sufridos por un paciente. No dan crédito, sencillamente.

    • Es verdad que existe una minimizacion de lo traumatico pero esas estadísticas no me las creo. Por otra parte lo cuantitativo no hace más transparente lo cualitativo, poner el énfasis en la cantidad no hace más verosímil el relato pues no coincide con lo observable

  2. El artículo me ha gustado, aunque justamente en respuesta a tu respuesta anterior @pacotraver, me he paseado por el resto del blog por el interes que me ha despertado y pude casualmente ver, mediante hipertexto, los otros datos acerca del porcentaje real de abusos sexuales vs los porcentajes de abuso por neglicencia y abuso psicologico

    Quizas el comentario que vos mismo haces en la reseña de como este 60% /60-40% no solo incluye lo sexual sino el abuso fisico, escuda el sesgo de confirmación al respecto de como se forman las memorias en los pacientes de Judith

    La revisión de lo metodológico (lo cuantitativo vs lo cualitativo) siempre es un buen camino para revisar eh

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