La histeria del trauma (IX)


Nuestra especie es probablemente la más vulnerable de todas las que pueblan la tierra y lo es porque nacemos muy inmaduros. Necesitamos al menos 12 o 13 años (en condiciones de una buena alimentación) para llegar a la madurez sexual. Pero aun asi y debido a la complejidad con que hemos hilvanado nuestras sociedades necesitamos aun algunos años más para emanciparnos de nuestros progenitores, para conseguir las destrezas necesarias para mantener y retener una pareja, para conseguir las suficientes habilidades a fin de poder mantenernos a nosotros mismos y a nuestros hijos y que, a su vez,  estos lleguen a la madurez sexual.

Pero el camino está lleno de peligros y lo está porque la infancia es un territorio de una gran vulnerabilidad. Y aunque no es la única causa posible podemos afirmar que la mayoria de las enfermedades mentales existen porque existe ese algo que llamamos infancia. Entendiendo infancia como ese periodo de tiempo que va desde que somos engendrados hasta que logramos emanciparnos del nuestro hogar. Además hay que contar con otra infancia: la infancia de la humanidad, que es el soporte biológico que nos viene de serie y uno de esos soportes es precisamente la disociación. El almacén de adaptaciones de nuestra especie es el inconsciente.

De tal manera que es posible afirmar que la disociación está siempre señalando a un trauma, un daño recibido (bien en forma de herida o bien en forma de toxicidad) durante ese periodo que llamamos infancia con distintas reactivaciones en la edad adulta o retraumatización. No es que los adultos no podamos ser traumatizados -como hemos visto ya en los procesos postraumáticos de guerra o de combate o desastres naturales-, sino que el trauma infantil y el trauma del adulto tienen distintas consecuencias tal y como conté en anteriores capitulos (recordemos el trauma en dos tiempos de Freud). Asi, es bueno recordar que para Freud, el trauma es siempre el trauma infantil, aquel que se sufre en edades bien vulnerables donde el pensamiento, el Yo o las distintas estrategias que están ensayándose, se están conformando y no acaban de estar disponibles. La infancia es el lugar donde se codifica la concepción del mundo y es por esta razón que la infancia es un periodo vulnerable y con pocos recursos psicológicos para neutralizar el daño que podamos recibir.

Aunque los niños existieron siempre, la infancia es algo reciente. Me refiero a su entidad jurídica. No es posible conocer el concepto que se tenia de los niños en la Edad media pero es posible imaginar que los niños solo han sido vistos como portadores de derechos desde hace poco tiempo y no es un fenómeno universal a juzgar por los niños abandonados que pueblan las calles del tercer mundo,  o son obligados a trabajar como esclavos, a guerrear como soldados o a servir como esclavas sexuales -en el caso de las niñas- en algunos paises del mundo.

Lo importante es saber que no podemos saber nada de los niños o de sus sufrimientos y traumas mientras estos niños no sean sometidos a cierta tutela por parte del estado. Dicho de otra manera: el maltrato, abuso o negligencia con respecto a los niños solo es posible cuando la infancia es reconocida como algo con entidad juridica propia. Lo mismo sucedió con las mujeres: se suponía que no tenian sexualidad hasta que emergío la histeria del XIX. La histeria siempre existió pero solo fue reconocida como enfermedad en el momento en que la mujer -merced a la Ilustración- comenzó a tener voz. Algo parecido sucedió con la histeria masculina: solo comenzó a reconocerse cuando se cambió la percepción que de la guerra tenian las respectivas sociedades. De cobardes a victimas, de victimas a pacientes psiquiátricos y de ahi a supervivientes, ha sido un largo viaje donde el trauma con sus amnesias selectivas ha jugado más de una mala pasada.

Las condiciones politicas y sociales configuran y validan o rechazan el sufrimiento traumático. Y validar una experiencia es necesario para que la experiencia se integre en algo más abarcativo. Si no hay validación emerge la disociación.

Siguiendo a Putman consideraremos que los estados disociativos son un continuo, que va desde los más simples (como este fenómeno que mas abajo pudimos clasificar como absorción) hasta los mas complejos. Lo importante es que no todos los fenomenos disociativos son destructivos, algunos son benefactores o incluso en cierto modo noéticos (experiencias de pasividad y estados segundos), mientras que otros son neutrales (como el amigo imaginario o el dejà vu). Otros son muy disadaptativos como la fuga disociativa, la amnesia psicógena o los estados de despersonalización-desrealización. Naturalmente estos estados son mucho más perniciosos en función de su duración y de los secuestros cognitivo-mnésticos involucrados, siendo el trastorno disociativo múltiple el que afecta de un modo más global a toda la conciencia.

Un ejemplo de absorción.-

¿Pues cómo traducir en palabras ese instante de júbilo, de felicidad inexplicable que no responde a ningún dato objetivo de la realidad, que no puede asociarse con nada concreto?. No se trata de una comprensión súbita al estilo del insight, es más parecido al éxtasis. Pero tampoco es un éxtasis propiamente dicho pues no va unido a imágenes, ni a recuerdos, no hay memoria, ni existe aquella quietud que describen los místicos con el nombre de arrobamiento o “pajarismo” y que invoca una contemplación preñada de quietud o de estrechamiento del campo visual. Al contrario, es una experiencia sensible pura, sin cognición, ni memoria y que no impele a conducta alguna. Ningun observador podria apercibirse de que “eso” está ahora en mi. Pues uno sólo puede saber algo de “eso” cuando eso está en él, desafortunadamente la mayor parte de las personas reaccionan como yo al principio de todo, con miedo o con indiferencia. (Extraido de este post)

En cualquier caso los trastornos disociativos se parecen de forma siniestra a lo que en el medioevo se conocia como posesión. No sabemos cuantos “endemoniados” fueron asesinados por la Inquisición o perseguidos por instancias religiosas o políticas. Lo que es cierto es que las personas que han sido sometidas a traumas infantiles repetidos y graves desarrollan una especial facilidad para disociarse, dicho de otra manera la hipnotizabilidad (el trance) es más frecuente entre personas que han sufrido abusos infantiles del tipo que sea.

La función parental.-

En la buena crianza los padres han de proporcionar al menos 1) Alimentación, 2) Seguridad y 3) Certidumbre.

Cuando estas tres condiciones se cumplen hablamos entonces del establecimiento de la confianza básica, en palabras de Balint, el apego seguro en palabras de Bowlby o la madre lo suficientemente buena de la que hablaba Winnicot. Y cuando no sucede así hablamos de negligencia y abuso (maltrato) o abuso sexual. Aunque lo más probable es que los tres tipos de abuso coexistan en una misma crianza. La constelación que con más frecuencia da lugar a este tipo de entornos familiares son: la pobreza extrema, la enfermedad mental de uno de los padres o de los dos, el alcoholismo y la violencia doméstica usualmente del padre. El incesto es particularmente desestabilizador y sabemos que es mas frecuente de padrastro a hijastra. También sabemos que existen constelaciones intergeneracionales que predicen abusos y maltratos.

Wilson y Daly (1982) son dos psicólogos canadienses que han publicado en pareja articulos relacionados con la elección, el mantenimiento de la pareja, el cuidado de los hijos, los celos y el homicidio doméstico siempre desde una perspectiva evolucionista. A ellos debemos un artículo esencial (abajo indicado) donde explican el por qué los celos son distintos en el hombre y la mujer (siempre desde una perspectiva evolucionista). Y tambien una conocida y controvertida explicación sobre el abuso y maltrato de niños –el efecto Cenicienta– que encontraron más frecuente entre los padres adoptivos que en los genéticos.

Lo cierto es que la violencia de los hombres y de las mujeres contiene diferencias tanto cuantitativas como cualitativas. Es poco frecuente que las mujeres asesinen a sus parejas pero es mucho más frecuente que las mujeres dañen a sus hijos (antes o despues de nacer). La agresividad del hombre está vinculada a la defensa de un territorio mientras que la agresividad de la mujer está más relacionada con su nido y como usualmente no hay victimas llamativas pareciera como si la agresión femenina no existiera: lo cierto es que se encuentra enmascarada en otro tipo de fenómenos como el aborto, el abandono o descuido de los hijos, la agresión destinada a no dejarles emancipar, el infanticidio, la sobreprotección o la educación diferente entre niños y niñas, una diferencia de trato que a mi parecer se encuentra en si no en la base si en los aprendizajes colaterales de la agresión de los hombres hacia sus parejas.

Los hombres son más agresivos con las mujeres que al revés pero estas lo son más con sus hijos, bien es cierto que sin resultados visualmente dramáticos, es lo que llamamos algunos y en clave psicoanalítica, el estrago materno, los daños colaterales de la crianza materna.

Y es lógico que asi sea -es lo que cabe esperar en una interpretación evolutiva del fenómeno-, no tanto por la famosa testosterona sino porque la agresión simiesca de los humanos está distribuida de forma que el hombre defienda un territorio y la mujer un nido donde las hembras de todas las especies se emplean con inusitada fiereza contra cualquier intruso.

Bien es cierto que la agresión de los hombres hacia sus parejas tiene una lectura más psicológica: los hombres creen que las mujeres les pertenecen, son de su propiedad. Algo parecido les sucede a las madres con sus hijos. Ambos pues son víctimas de errores cognitivos fuertemente interiorizados y que representan la hegemonía de un cerebro reptiliano que parece funcionar de modo autónomo al raciocinio del Sapiens.

Pero hay además un punto de vista complementario: los hombres tambien creen que los hijos son propiedad de la madre (como ellos mismos saben) y las mujeres llegan a creerse que son propiedad de su macho. Sin legitimación del otro, estas ideas tendrian sus dias contados. El problema no está sólo en que los hombres tratan a sus parejas como propiedades sino que hay algo en las mujeres que les legitima en esa creencia errónea.

Todo aquello que afecte a las anteriores condiciones es una amenaza para la vida, la integridad física del niño que pondrá en marcha mecanismos ancestrales para su defensa: el más conocido sea la disociación pero hay otros vinculados a la mentalidad y cogniciones infantiles del niño de los que hablaremos mas adelante.

Bibliografia.-

Christopher Badcock, 1994: “The new synthesis: Darwin and Freud”. Harper Collins. London.

Daly M, Wilson MI, Weghorst SJ (1982) Male sexual jealousy. Ethology & Sociobiology 3: 11-27.

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